Trump, en apuros: ¿qué tan probable es que termine siendo destituido?

Trump, en apuros: ¿qué tan probable es que termine siendo destituido?

Presión a un mandatario extranjero para ensuciar a un rival por interés personal, clave del proceso.

Donald Trump

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, atraviesa un serio problema por la presión al presidente de Ucrania para que investigue al hijo de Joe Biden.

Foto:

Efe

Por: SERGIO GÓMEZ MASERI
29 de septiembre 2019 , 06:50 p.m.

“Quisiera pedirle un favor”.

Esas cuatro palabras, que sin contexto parecen más bien inocuas, causaron esta semana un terremoto político en Washington que tiene contra las cuerdas, literalmente, al presidente Donald Trump.

La frase es parte de una conversación telefónica entre el mandatario estadounidense y el presidente de Ucrania, Vladímir Zelensky, en la que le pide abiertamente (ese es el favor) investigar al exvicepresidente Joe Biden y a su hijo Hunter por un supuesto caso de corrupción y tráfico de influencias.

Biden, como se sabe, es el más probable contrincante de Trump en las elecciones del 2020. Y la sola idea de que el republicano utilizó el poder de la Casa Blanca para recopilar información en contra de su rival llevó a la Cámara de Representantes a iniciar esta semana un proceso de destitución contra Trump.

Un paso dramático, con muy pocos antecedentes en la historia (ver infografía), y que podría desatar una crisis constitucional en un país fracturado tras el polémico triunfo de Trump en el 2016.

El escándalo, al que ya apodaron ‘Ucraniagate’, empezó a gestarse hace unos 15 días cuando The Washington Post publicó una historia que hablaba de una denuncia radicada por un informante de la comunidad de inteligencia y expresaba su alarma por las comunicaciones de un alto funcionario de la Administración con el líder de otro país y que, a su juicio, constituía una amenaza para la seguridad nacional y una interferencia en el proceso electoral.

La queja fue avalada por el inspector general de esta misma comunidad, que la consideró “grave y creíble” y la transmitió al director nacional de Inteligencia, Joseph Maguire. El director, sin embargo, no envió la denuncia al Congreso, como se lo exige la ley, sino a la misma Casa Blanca y al Departamento de Justicia, que hoy encabeza Robert Barr, un aliado de Trump.

El domingo de la semana pasada, y ante la enorme presión, Trump reconoció que el alto funcionario era él y que si bien había mencionado a Biden en la conversación con Zelensky, no existía nada inapropiado.

Paralelamente a eso, también corría el rumor de que el presidente había frenado el desembolso de casi 400 millones de dólares en asistencia militar para Ucrania con el objetivo de presionar al recién electo Zelensky para que investigara a los Biden.

‘Encubrimiento’

Antes que calmar los ánimos, la aceptación del hecho por Trump provocó todo un tsunami que intentó apaciguar revelando este miércoles un borrador de la transcripción de la llamada en la que, efectivamente, no solo le pide que indague sobre el exvicepresidente y su hijo, sino que le ofrece la colaboración del fiscal Barr.

Trump y Zelensky

Trump negó que haya presionado a su homólogo de Ucrania, Vladimir Zelensky (i.).

Foto:

Saul Loeb. AFP

La teoría de Trump es que cuando Biden era vicepresidente, este habría presionado para que se destituyera a un fiscal que estaba investigando a una compañía de gas en Ucrania de la cual hacía parte su hijo Hunter. A la fecha, nadie, ni en Ucrania ni en EE. UU., ha acusado formalmente a los Biden de haber cometido un crimen.

Pero la verdadera ‘bomba nuclear’ estalló el jueves cuando se hizo pública la denuncia del informante. En esta, aparte de hablar sobre la conversación telefónica, sostiene que los abogados de la Casa Blanca intentaron suprimir del registro electrónico la transcripción de la llamada, pues estaban muy preocupados por lo dicho en ella.

Algo que Nancy Pelosi, la líder de los demócratas en la Cámara de Representantes, catalogó de inmediato de “encubrimiento” (cover up), una palabra que en EE. UU. por lo general se asocia con el escándalo de Watergate, que le costó la cabeza al presidente Richard Nixon.

El informante, que según de The New York Times trabaja en la CIA, presenta además toda una trama que se extiende por más de cuatro meses e involucra a decenas de personas. Aunque confiesa que no estuvo presente durante la llamada, afirma que por lo menos seis funcionarios de la Casa Blanca le proporcionaron información, y menciona con nombre propio a un funcionario del Departamento de Estado y dos embajadores de EE. UU. que habrían jugado un papel.

Documenta, además, múltiples contactos de Rudy Giuliani, abogado de Trump, con funcionarios y exfuncionarios de Ucrania que tuvieron como fin recopilar evidencia contra los Biden y presionar para que se los investigara.

Y también pone en contexto una serie de decisiones que tomó Trump, como cancelar el viaje del vicepresidente Mike Pence a la posesión de Zelensky para dejar claro que la investigación de los Biden era clave para la relación bilateral.

Tanto Trump como sus aliados más cercanos en el Congreso salieron de inmediato a refutar las acusaciones e insistieron en que se trata de una nueva “cacería de brujas”, como dicen fue la investigación sobre la influencia de Rusia en las elecciones del 2016.

Joe Biden

Joe Biden, exvicepresidente de EE.UU. y actual precandidato demócrata.

Foto:

Bloomberg

Para los demócratas, lo que hay son claras evidencias de que el presidente abusó de su poder y elementos más que suficientes para activar procedimientos de destitución. Lo cual representa un giro de 180 grados para Pelosi, que llevaba meses resistiendo las presiones del ala más liberal de su partido para que iniciara procedimientos de destitución contra Trump por obstruir la investigación sobre Rusia que adelanto el fiscal especial, Robert Mueller.

Aunque la Cámara es el órgano de poder facultado para iniciar ese proceso, es el Senado el que realiza el juicio y tiene la última palabra. Para Pelosi no tenía mucho sentido meterse a semejante batalla sabiendo que al final terminarían perdiendo, ya que no tienen, ni están cerca, de los 67 votos necesarios para una condena.

De hecho, Pelosi estaba convencida de que el impeachment podía garantizar, en cambio, la reelección de Trump y hasta costarles la supremacía en la Cámara de Representantes, pues el público, según todas las encuestas, se opone mayoritariamente a que se utilice el mecanismo de destitución.

Proceso en firme

¿Por qué cambió de parecer? Es motivo de controversia. El grueso de los analistas sostienen que no tuvo más opción, pues casi todo su bloque en la Cámara, compuesto por 235 congresistas, pidió al unísono los procedimientos tras conocerse los detalles de la llamada con Zelensky.

Otros como Thomas Mann, de The Brookings Institution, creen que las acusaciones son tan graves que no investigar a Trump no solo debilitaría al extremo el concepto de separación de poderes, sino que desinflaría las bases de su partido a un año de las elecciones. Y también hay algunos, más pragmáticos, que ven en los acontecimientos una oportunidad de oro para debilitar a Trump e impedir su reelección.

Nancy Pelosi

Cara a cara entre la presidenta demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y el presidente de EE. UU., Donald Trump.

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AFP

Pero el presidente y muchos de sus asesores lo ven de otro modo: insisten en que el escándalo activará las bases del partido, que se volcarán en masa hacia las urnas. En público, la estrategia del liderazgo republicano ha sido la de cerrar filas en torno a Trump, mientras se pinta a los demócratas como revanchistas.

Sin embargo, en privado ya han comenzado a presentarse fisuras. Muchos legisladores, según reportes en medios de comunicación de EE. UU., creen que esto los puede hundir porque los pone a la defensiva y hace más difícil hablar de los éxitos económicos y otros logros que buscaban resaltar en las campañas.

Y eso cada vez será más difícil una vez inicien sus trabajos las seis comisiones de la Cámara que investigarán a Trump y comience el desfile de audiencias y testigos –entre ellos el propio informante, que ya dijo estar dispuesto a comparecer ante el Congreso– que se robarán el ciclo noticioso.

De hecho, ya van por lo menos tres senadores republicanos –Mitt Romney, Ben Sasse, y John Thune– que abiertamente se han mostrado “muy preocupados” por las revelaciones.

También fue muy diciente la actitud de los republicanos durante la audiencia con Maguire el jueves: ninguno salió a defender a Trump y se enfocaron en preguntas sobre las filtraciones a la prensa y otros temas de procedimiento.

Donald Trump

El presidente estadounidense Donald Trump en la Oficina Oval en la Casa Blanca.

Foto:

AFP

“Están locos quienes piensan que esto le conviene a Trump. Así haya gente que diga que no les parece justo que lo destituyan, su percepción puede terminar siendo que con Trump hay mucha zozobra, mucha inestabilidad, y que quizá sea mejor una persona más predecible. Esto es especialmente cierto entre los votantes de centro e indecisos”, afirma Christopher Ruddy, analista político republicano y director de Newsmax, una agencia de noticias conservadora.

Quisiera pedirle un favor

Porque en el fondo, dice Ruddy, esto terminará siendo una batalla por el corazón de la opinión pública con miras a las elecciones, que ganará quien mejor posicione su caso.

Por ahora, los sondeos se inclinan por Trump. En el último de ellos, de Quinnipiac, solo un 37 por ciento pedía su destitución. Pero fueron muestras tomadas antes de la hecatombe de esta semana y, por lo tanto, habrá que mirar en los meses por venir.

El desenlace de este escándalo es, sin duda, impredecible. Pero Trump ya ha ingresado al club de presidentes bajo amenaza de destitución. ¿Podría ser el primero?

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
WASHINGTON
@sergom68

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