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Migrantes haitianos, otra crisis que golpea a Biden
Inmigrantes en la frontera de EE. UU.

Agentes montados de EE. UU. evitan que inmigrantes haitianos ingresen a un campamento.

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Paul Ratje. AFP

Migrantes haitianos, otra crisis que golpea a Biden

Agentes montados de EE. UU. evitan que inmigrantes haitianos ingresen a un campamento.

El gobierno ha sido criticado por el mal trato y la deportación masiva de miles de personas.

Desde hace un mes el presidente de EE. UU., Joe Biden, enfrenta una crisis mayúscula por su decisión de poner fin a la guerra en Afganistán y el éxodo masivo de migrantes que eso desató. Al día de hoy, son miles los ciudadanos de ese país que están hacinados en bases militares de varios países esperando a que se resuelva su situación.

(Lea aquí: La crisis haitiana se expande por México y refleja tragedia migrante).

Pero esta semana al mandatario estadounidense le estalló en sus manos otro trance, que, guardadas las proporciones, podría ser aún más explosivo. En gran parte porque se está cocinando en la puerta de entrada a EE. UU.

A Ciudad Acuña, una población en la frontera entre México y Texas, comenzaron a llegar miles de haitianos que se aglomeraron bajo un puente e intentaban cruzar el río Grande para buscar asilo en EE. UU. Aunque la cifra –unas 15.000 personas– palidece en comparación con las que se registran en otros pasos entre ambos países, las brutales imágenes de miembros de la patrulla fronteriza impidiendo su ingreso le han dado la vuelta al mundo y desatado un intensa polémica.

A caballo y con fuete en mano, se vio a los agentes persiguiendo a los inmigrantes, soltando improperios y arriándolos como si fueran ganado. “¿Usan a sus mujeres para esto? Por eso es que tu país es una cloaca”, se oye decir a uno de los guardias en un video.

(Le puede interesar: Biden considera 'escandalosa' la represión de migrantes en EE. UU.).

Tanto la vicepresidenta Kamala Harris como el secretario para la Seguridad Interna, Alejandro Mayorkas, se declararon horrorizados por los sucesos y prometieron una investigación. “Bajo ninguna circunstancia a un ser humano se le debe tratar así. Es inaceptable”, dijo Harris.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

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Eduardo Muñoz. EFE

Paralelamente, sin embargo, la administración Biden optó por deportarlos de manera masiva y sin proceso judicial previo. Más de 1.000 diarios estaban siendo enviados rumbo a Puerto Príncipe (Haití), donde su llegada generó caos en este empobrecido país que aún se recupera de los estragos que causó el último terremoto y la inestabilidad política que existe desde el asesinato de presidente Jovenel Moïse.

Desde entonces, las críticas contra Biden han caído como un diluvio. Y provienen de todos los flancos: amigos y enemigos.

Para los republicanos, se trata de una crisis manufacturada por el propio presidente y políticas que estimulan la llegada de migrantes. Para los demócratas es inconcebible que un mandatario de su partido sea el responsable del cruel trato hacia estos desfavorecidos.

Esto parece un guión sacado de la presidencia de Donald Trump y su postura antiinmigrante. Biden, de hecho, hizo campaña prometiendo que acabaría con esas políticas. Y está sucediendo todo lo contrario”, dijo Marisa Franco de Mijente, una organización que trabaja por los derechos civiles de los latinos en EE. UU.

Para complicar aún más las cosas, el hecho de que los inmigrantes sean personas de color ha generado repudio entre la población afroestadounidense. Muchos sienten que se les trata aun peor por su color de piel. Si bien durante la administración Trump se encerró en jaulas a los inmigrantes que llegaba a la frontera –la mayoría eran de origen hispano– se trata en tema muy sensible en EE. UU. por las connotaciones raciales que existen y que le están restando apoyo a Biden entre uno de los sectores más fieles a su partido.

Entre los liberales la sensación es que Biden ha traicionado sus ideales progresistas al asumir una posición de mano dura. En otras palabras, en un abrir y cerrar de ojos, el presidente se convirtió en blanco de afros, latinos, liberales y republicanos. Para rematar, el tema tiene dividida a su propia administración.

(En otras noticias: Cámara Baja de EE. UU. aprueba proyecto que protege el derecho al aborto).

Un sector cree que si hay algo que puede hundir su presidencia, y los chances demócrata de retener el Congreso es una crisis migratoria. Y recuerdan cómo ese fue el argumento que llevó a Trump a la Casa Blanca en 2016. Pero otro cree que EE. UU., por principio, es una nación de inmigrantes, debe abrir sus puertas a los más necesitados y romper de plano con la visión nacionalista que usó el expresidente para ponerle un candado a la frontera.

Inmigrantes tratan de cruzar hacia Estados Unidos a través del Río Grande.

Foto:

Allison Dinner. EFE

Esa fisura quedó en evidencia el jueves con la renuncia del enviado especial para Haití, Daniel Foote, que llevaba dos meses en su cargo. De acuerdo con Foote, le era imposible seguir trabajando en una administración que recurría a la “expulsión masiva de inmigrantes de manera tan inhumana”.

Todo un dolor de cabeza para un presidente que ya tenía el plato lleno con Afganistán, la crisis con Francia por la venta de submarinos nucleares a Australia y el posible cierre del gobierno federal si los republicanos insisten en no subir el techo de la deuda y EE. UU. entra en default o el incumplimiento de sus pagos.

Según un editorial de The Washington Post de esta semana, la nueva crisis es producto de la disfunción que existe en Washington frente a sus políticas migratorias y la incapacidad de los partidos para ponerse de acuerdo en un conjunto de medidas que ofrezcan un camino a la residencia para los indocumentados, pero a su vez un proceso claro, transparente y justo para emigrar legalmente a EE. UU. Pero también, a las “incongruencias” del mismo Biden desde que llegó a la presidencia.

“Los haitianos no llegaron por accidente. Lo que condujo a la mayoría hacia la frontera –además de inescrupulosos traficantes– fue la falsa promesa de que con la llegada de un nuevo presidente, comprometido con dar un trato más humano a los migrantes, relajaría las políticas draconianas de la anterior administración”, dice este diario.

Efectivamente, desde que arribó a la Casa Blanca, ha desarticulado parcialmente algunas de las medidas más polémicas que dejó Trump. Acabó con el veto a los musulmanes de ciertos países, amplió de 25.000 a 65.000 el cupo de asilados y refugiados (para el año entrante serían 125.000) y acabó con la política de separar familias en la frontera. Y desde entonces ha permitido la permanencia en EE. UU. de miles de personas, especialmente familias centroamericanas con hijos.

(Vea aquí: Haití: crisis migratoria lleva a renuncia del enviado especial de EE. UU.).

Según un editorial de The Washington Post de esta semana, la nueva crisis es producto de la disfunción que existe en Washington frente a sus políticas migratorias

Al mismo tiempo, no obstante, viene advirtiendo que quienes lleguen a la frontera sur serán deportados sin dilación. Y para hacerlo ha dejado en vigor dos de las disposiciones más complejas que heredó de Trump. La primera es el Título 42, una medida sanitaria que le permite deportar de manera instantánea los inmigrantes para evitar la propagación del covid-19. La segunda es ‘Quédate en México’, un acuerdo al que se llegó con su vecino bajo el cual los migrantes deben permanecer en este país mientras EE. UU. procesa sus casos.

Ambas son vendidas por la administración como políticas disuasivas para desmotivar la inmigración ilegal. Pero es un mensaje que no está calando en los migrantes de Centroamérica y ahora de Haití. La inmigración ilegal y las solicitudes de asilo, de hecho, están en el momento más alto de las últimas dos décadas.

En el caso de los haitianos, los expertos sostienen que son migrantes que salieron en el 2010 tras el devastador terremoto que acabó con el país. La mayoría se había reubicado en Suramérica, pero el deterioro de las condiciones económicas en estos países como consecuencia de la pandemia los ha empujado a buscar otro destino.
La llegada de Biden al poder y su decisión de otorgar asilo temporal (TPS) a los haitianos que ya estaban en EE. UU. terminaron siendo catalizadores en esta nueva oleada.

“Si eres haitiano y ves que Biden está dando asilo a familias de Centroamérica y TPS para otros ciudadanos de su propio país, es fácil entender por qué están migrando. El problema es que ambas premisas son falsas. Las leyes de asilo y refugio solo contemplan la reubicación por persecución basada en raza, religión, nacionalidad o posturas políticas. No por pobreza. Y el TPS es solo para los que ya están en EE.UU. Aún así, siguen llegando”, afirma Jessica Bolter, del Instituto para las Políticas Migratorias.

El peligro para Biden es que está frente a un problema casi insoluble en el corto y mediano plazo. Muchos demócratas quieren que acabe con el Título 42 y desmonte ‘Quédate en México’. En el caso de esto último, algo que ni siquiera puede hacer por que un juez federal se lo prohibió. Pero aun si pudiera, desataría un éxodo masivo hacia una frontera que ya de por sí está que arde y a lo que se suman los 100.000 afganos que ya van camino a EE. UU. Algo que lo dejaría expuesto a críticas constantes de los republicanos, que ven en esta crisis un camino para recuperar el Congreso en las elecciones del 2022 y de la Casa Blanca en 2024.

Por el otro lado, continuar con su aproximación de mano dura quizá silencie en algo las voces de sus rivales, pero lo vuelve vulnerable ante la base del partido, que necesita unificada si quiere perseverar. Una encrucijada de proporciones épicas para una administración que apenas arranca, pero que ya parece naufragar.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
WASHINGTON

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