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Crisis en Cuba, una papa caliente para el gobierno de Biden
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Protestas de cubanoestadounidenses frente a la Casa Blanca

Efe

Crisis en Cuba, una papa caliente para el gobierno de Biden

No ha podido revertir las duras medidas de Trump ni avanzar en el deshielo con la isla.

Latinoamérica y el Caribe, temas que por lo general no están en el radar de Washington, al menos en los primeros lugares de las preocupaciones geopolíticas, al parecer se han metido a la fuerza en la agenda del presidente Joe Biden.

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Están la crisis en Haití, que se desató tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse, y el deterioro de la situación de la democracia en Nicaragua. A eso se suman las penurias económicas que atraviesa la región como consecuencia del coronavirus y que han provocado fuertes jornadas de protesta social en varios países; entre ellos, Colombia, su principal aliado.

Todas son graves y trasnochan a una administración que tenía sus ojos puestos en complicados temas domésticos y en otros rincones del planeta, como China y Rusia.

Pero ninguna causará tanto impacto como la que se está cocinando en Cuba, donde miles salieron a las calles a protestar contra el régimen comunista de la isla, lo que desató una oleada de represión que dejó un muerto, cientos de detenidos y jornadas de movilización de seguidores de la revolución.

Incluso, el líder Raúl Castro salió de su retiro para asistir el sábado a una de las contramarchas.

El retirado líder de la Revolución cubana Raúl Castro, reapareció este sábado durante una marcha en apoyo del régimen, en la Habana.

Foto:

Eliana Aponte / EL TIEMPO

En suma, Cuba se está convirtiendo en toda una papa caliente para Biden por las grandes connotaciones que el tema de la isla tiene para la política interna del país.

Durante la campaña que lo llevó a la Casa Blanca, el líder demócrata había prometido regresar a sendero de aproximación diplomática y apertura económica que él mismo empujó en los años como vicepresidente de Barack Obama y que tuvo su cúspide con el restablecimiento de las relaciones bilaterales, la eliminación de sanciones económicas y la primera visita de un presidente de EE. UU. a La Habana desde 1928.

Con el arribo de Donald Trump a la Oficina Oval en el 2016, las relaciones volvieron al congelador. Biden, o eso se esperaba, rectificaría el curso una vez tomara las riendas del país en enero.

Sin embargo, el resultado de las elecciones –especialmente en la Florida– alteró esos planes iniciales. Trump y los republicanos les propinaron una derrota tremenda no solo a Biden, sino a los demócratas, que perdieron varias curules al Congreso con las que contaban.

En total, el expresidente le sacó casi 400.000 votos, que en su mayoría llegaron de la comunidad hispana. Entre ellos, cubanoestadounidenses, colombianos y venezolanos que se volcaron a su favor acogiendo el discurso de miedo empujado por Trump de que Biden y los demócratas son socialistas que quieren acabar con la empresa privada y las libertades individuales.

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Dados el peso que tiene Florida con sus 29 votos al Colegio Electoral –que elige al presidente– y la gran delegación legislativa que va al Capitolio –27 representantes y dos senadores–, el estado del sol se ha convertido en un problema para los demócratas.

Trump le sacó casi 400.000 votos, que en su mayoría llegaron de la comunidad hispana. Entre ellos, cubanoestadounidenses, colombianos y venezolanos.

Muy consciente de esa realidad, Biden puso en remojo cualquier cambio en su aproximación a la isla, dejando en vigor gran parte de las duras medidas implementadas en el cuatrienio del expresidente republicano.

Hace poco, cuando se le preguntó a uno de los asesores del presidente por la política hacia Cuba, contestó que no había nada nuevo en el horizonte.

Pero en su propio partido la presión para que cumpliera con sus promesas de campaña venía creciendo. En marzo, un grupo de más de 80 legisladores le pidió acabar con las “crueles políticas” de Trump y restablecer el envío de remesas a la isla y acabar con las restricciones de los viajes, entre otras solicitudes.

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La tesis de estos, que fue la misma de Obama-Biden durante el período 2008-2016, es que el embargo económico no ha provocado la caída del régimen en más de seis décadas y solo contribuye a la miseria del pueblo. La apertura, por el contrario, lo expone a voces del exterior y acelera la transición a la democracia.

El régimen cubano convocó a sus simpatizantes para marchar en apoyo de la revolución.

Foto:

Eliana Aponte / EL TIEMPO

Las protestas contra el régimen en La Habana y las denuncias de brutal represión contra los manifestantes vuelvan casi un imposible que Biden avance por este sendero, pues sería visto como un salvavidas para un gobierno opresor que el pueblo –o una parte de él– ya no desea.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington
En Twitter: @sergom68

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