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Lo bueno y lo malo en el primer discurso de Biden ante el Congreso
Discurso de Joe Biden ante el congreso

En la víspera de sus 100 días en el poder, el presidente Joe Biden le habla a la nación.

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Chip Somodevilla / Bloomberg

Lo bueno y lo malo en el primer discurso de Biden ante el Congreso

El presidente de EE. UU. puso un tono optimista y destacó grandes logros en sus primeros 100 días.

Jennifer Rubin, una de las columnistas estrellas del diario Washington Post, describió el discurso de este miércoles del presidente Joe Biden ante una sesión conjunta del Congreso como el retorno a la normalidad en EE. UU. y prueba de que, finalmente, "hay un adulto de regreso en la Casa Blanca".

No solo por el tono, sino por el énfasis en los valores que siempre han identificado a la democracia estadounidense.

Por supuesto, no todos están de acuerdo. Especialmente los políticos republicanos, que criticaron su visión altruista y expansiva del gobierno y los pocos esfuerzos que dicen ha hecho para unificar al país en estos 100 días que lleva en la Oficina Oval.

Lea más: Biden defiende ante el Congreso que EE. UU. 'vuelve a estar en marcha'

Aunque todavía no hay muchas encuestas, las publicadas demuestran que quienes lo vieron están más en la línea de lo dicho por Rubin.

Varias muestras del Post, CNN, CBS y otros indican que una gran mayoría de estadounidenses le dieron marcas positivas y casi un 75 por ciento dijo sentir que el país va en la dirección correcta.

El siguiente es un balance de los momentos más destacados de una intervención que se extendió por más de 60 minutos y en la que Biden identificó una larga lista de objetivos y prioridades para los años que le restan en la presidencia.

Discurso marcado por un gran simbolismo

Que el recinto de la Cámara de Representantes estuviera medio vacío (solo asistieron unos 200 legisladores de los 535 que hay) y que todos llevaran tapabocas y mantuvieran el distanciamiento social dejó claro el momento tan particular que vive no solo EE. UU., sino el mundo desde que la pandemia irrumpió el año pasado y transformó las vidas de millones.

Pero el retorno triunfal de Biden a un espacio que fue casi destruido hace menos de cuatro meses por una turba de trumpistas que se oponían a su triunfo y amenazaban con acabar con uno de los pilares de la democracia sin duda fue un alivio para muchos.

Un momento que el presidente describió como la peor amenaza contra la democracia del país desde la guerra civil, pero que los estadounidenses habían sorteado y derrotado con altura.

Fue histórico, además, que Biden estuviera flanqueado por dos mujeres que hoy ocupan los puestos más relevantes en la estructura de poder de EE. UU. La vicepresidenta Kamala Harris y la presidenta del Congreso, Nancy Pelosi, primera y segunda en la línea de sucesión presidencial.

Algo que el mandatario demócrata resaltó en sus primeras palabras en el Capitolio. Puede que su discurso pase pronto al olvido, pero esa imagen permanecerá por siempre como un hito en la historia de este país.

Pasó la cuenta de cobró

El presidente, como se esperaba, aprovechó el momento para destacar los logros de su joven administración en estos 100 días, haciendo énfasis en lo más tangible. Que ha sin duda han sido los éxitos en la lucha contra el coronavirus y la recuperación económica del país.

Esta semana, el Buró para el Análisis Económico (BEA) reveló que en los tres primeros meses del año la economía creció en 6,4 por ciento y que todas las pérdidas que ha dejado la pandemia se recuperarán para este verano.

Algo que suma a la decreciente tasa de desempleo y el número cada vez menor de personas que solicitan subsidios estatales. En gran parte, el alza se debe al paquete de US$ 1,9 billones de dólares que aprobó hace poco el nuevo congreso, pero también a otros estímulos que se aprobaron a finales del año pasado.

Si bien no todo es autoría de Biden, se ha traducido en una panorama económico más alentador cuyos frutos ha comenzado a cosechar.

Paralelamente, el parte de Biden sobre los avances para frenar el covid-19 fue muy positivo. Las tasas de infección vienen en caída libre, la mortalidad se ha reducido de manera dramática y la vacunación avanza por buen camino.

EE. UU. llega a más de 200 millones de dosis aplicadas de vacunas anticovid.

Foto:

Michael Reynolds / EFE


Ya son casi 100 millones de personas, o un tercio de la población, las que cuentan con inmunidad plena frente al virus (dos dosis), y EE. UU. cuenta con reservas suficientes para vacunar a toda persona mayor de 16 años que lo desee.

Un panorama que contribuirá a la recuperación económica y el regreso a cierto tipo de normalidad en el diario vivir. Insistió, no obstante, en que aún falta camino por recorrer en alusión a los millones que aún tienen reservas frente a la vacuna y que podrían frenar la meta de inmunidad de rebaño que se ha puesto su administración.

Lo más novedoso

En su discurso el presidente soltó una larga lista de prioridades. Entre ellas la aprobación de un aumento del salario mínimo a 15 dólares la hora, el pago equitativo para hombres y mujeres, más controles a la venta de armas, reformas a la policía para evitar casos de brutalidad, reforma migratoria y millonarias inversiones en infraestructura.

(Lea más: Crisis migratoria, una prueba de fuego para Joe Biden)

Muchas de esas metas se han traducido en proyectos de ley que hacen curso en el Congreso y que ya se conocían. En ese contexto, lo más novedoso en las propuestas de Biden fue su nuevo plan en educación, que reveló esta semana.

Aunque tiene muchos componentes, el más revolucionario es la idea de expandir la financiación pública para que ahora incluya dos años gratuitos en preescolar y otros dos universitarios. Es decir, pasar de 12 años gratuitos a 16 años.

Según el presidente, los 12 años actuales no son suficientes para preparar a las nuevas generaciones en un mundo donde la competencia es feroz y otros países han comenzado a sacar la delantera.

Como con la mayoría de sus propuestas que involucran gasto, la pregunta es de dónde saldrán los fondos de un paquete que costaría US$ 1,8 billones.

Expansión masiva del gobierno

En total, si se suma el paquete de recuperación económica ya aprobado, las propuestas de gasto de Biden suman más de US$ 6 billones de dólares.

Una inversión sin antecedentes en la historia reciente y que para muchos es una especie de regreso a la era del 'gran gobierno' que siguió a la Gran Depresión de los años 30 en el siglo pasado. De allí que al presidente se les está comparando con las administraciones de Franklin Delano Roosevelt y Lyndon B. Johnson.

Biden sostiene, y así lo vendió, que se trata de un plan para beneficiar a la clase media que creará millones de empleos y permitirá al país dar el salto al futuro que tanto necesita.

Con inversiones en energía renovable, puertos, autopistas, puentes, carros eficientes, edificios 'verdes', cubrimiento a la salud y cien ítems más.

Encuestas publicadas muestran que una mayoría le dieron marcas positivas a su discurso y casi un 75 por ciento dijo sentir que el país va en la dirección correcta.


Y sostiene que todo se podría lograr con una reforma tributaria que elimine las reducciones de impuestos que se aprobaron en el 2017 y se eleven las tasas de impuestos a los que ganen más de US$ 400.000 dólares anuales y a las grandes corporaciones. A niveles, dice, que no son distintos a los existentes cuando George W. Bush, un republicano, era presidente.

Pero su costosa visión tiene pocos chances de prosperar. Aunque cuenta con la mayoría en el Congreso, no tiene los votos suficientes para aprobarlas sin la participación de la oposición, que ya dejó claro su poco apetito para un gasto semejante.

Sobre todo en momentos en que la economía está apenas saliendo del hueco en el que cayó producto de la pandemia.

Para ponerlo en contexto, la contra propuesta de los republicanos al plan de infraestructura de Biden por US$ 2,3 billones es de solo 600.000 millones, o una cuarta parte.

En otras palabras, muchas de las propuestas de Biden terminarán siendo solo eso.

Los republicanos, de hecho, ya las están usando para mostrar que Biden es un socialista radical y es muy probable que termine siendo el grito de la campaña para las elecciones legislativas del 2022 y las presidenciales del 2024.

La postura es un poco irónica pues durante los años de Trump en la presidencia el déficit creció en más de US$ 3 billones de dólares y nunca tuvieron problemas para financiar sus prioridades, pese a venderse como el partido de la responsabilidad fiscal.

Pero así es la política, y Biden, mientras tenga márgenes tan estrechos en el Congreso, es poco lo que puede hacer.

La reforma migratoria

El tema no fue el más relevante en su discurso, y lo dejó casi para el final. Algo que muchos le criticaron, pero que obedece a una realidad que es también política.

La llegada de miles de migrantes a la frontera sur ha causado toda una crisis en estos tres primeros meses y hay mucha preocupación entre la opinión pública.

Si bien Biden volvió a insistir en que es necesario una reforma y que la propuso desde su primer día en la Casa Blanca, también, por el tono, dejó claro que no es un tema al que piense invertirle mucho capital político en este momento. Sabe que es explosivo y que fue precisamente una situación semejante la que marcó el camino para el triunfo de Trump en 2016.

En ese sentido, el presidente optó este miércoles por una vía más pragmática al pedir a los legisladores aprobar solo algunos componentes de ellas. Los que a su juicio son menos controvertidos.

Entre ellos, una ley para finalmente dar estatus legal a los llamados dreamers, o personas que llegaron ilegalmente al país siendo muy jóvenes, y dar carácter más permanente al Estatus de Protección Temporal, que se les ha concedido a ciudadanos de países como Venezuela que han huido de sus naciones a causa de dictaduras, crisis humanitarias o desastres naturales.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington
En Twitter @sergom68

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