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Asalto al Capitolio: un año de la peor crisis democrática estadounidense
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¿Qué fue la toma del Capitolio de Estados Unidos? | El TiempoEl Tiempo reconstruye los días previos que desencadenaron la toma del Capitolio de los Estados Unidos en Washington, el 6 de enero de 2021. El hecho, sin precedentes en la historia americana, terminó con la vida de 5 personas.
Asalto al Capitolio de Estados Unidos

ALEX EDELMAN / AFP

Asalto al Capitolio: un año de la peor crisis democrática estadounidense

La ‘gran mentira’, como muchos llaman a este hecho, repercutió en la percepción ciudadana.

Este jueves 6 de enero se cumple el primer aniversario de lo que sin duda fue la crisis más severa que ha enfrentado la democracia estadounidense en casi 200 años. Ese día, el mundo presenció con horror cómo una turba de trumpistas se tomó con violencia el Capitolio de EE. UU. para tratar de impedir que el Congreso ratificara la victoria de Joe Biden en las elecciones presidenciales de noviembre del 2020.

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Durante más de cuatro horas, los simpatizantes del expresidente Donald Trump -que se negaba a aceptar su derrota en los comicios- provocaron caos en los corredores del recinto mientras cientos de legisladores, y hasta el vicepresidente Mike Pence, se atrincheraron en las oficinas.

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La policía del Capitolio, encargada de la seguridad del Congreso, fue completamente avasallada, y la calma solo regresó tras una tardía respuesta de la Guardia Nacional, que aún hoy es materia de críticas, cuando ya cinco personas habían perdido la vida.

“La insurrección del 6 de enero fue la peor amenaza que ha sufrido nuestra democracia desde la Guerra Civil”, dijo el presidente durante una sombría inauguración de dos semanas, pues aún había temor de un nuevo asalto contra el Capitolio.

Mucho ha pasado desde entonces. Y en varios frentes. A la fecha, el Departamento de Justicia ha elevado cargos contra más de 700 personas por su participación en los hechos y ya se han presentado las primeras condenas, que van entre dos y cinco años de cárcel en algunos casos.

Diversas agencias, entre ellas el Pentágono, vienen realizando investigaciones internas para determinar los errores que se cometieron a la hora de proteger al venerado recinto y si las autoridades del momento actuaron con negligencia o dolo a la hora de reaccionar.

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Muchos de estos personajes tomaron su irrupción violenta en el Capitolio como una broma.

Foto:

EFE

En la arena política también se han presentado muchos movimientos. La Cámara de Representantes, controlada por los demócratas, creó una comisión para investigar no solo los eventos del 6 de enero, sino las circunstancias que lo antecedieron. Así mismo, la Comisión Judicial del Senado realizó su propia pesquisa enfocada en cómo Trump trató de utilizar al departamento de Justicia para bloquear el triunfo de Biden.

Y las conclusiones han sido devastadoras. Según el informe del Senado, Trump intentó, al menos en nueve ocasiones, torcer el brazo de las autoridades judiciales -que son independientes- para que declararan que se había cometido fraude en los comicios y así poder "suspender” la certificación de Biden o declarar un estado de excepción. En palabras de Dick Durbin, el presidente del Comité., EE. UU. estuvo a “medio paso” de una crisis constitucional que solo se pudo evitar gracias a que algunos funcionarios resistieron la presión.

“El asalto sucedió en tres fases. En la primera Trump fue a las cortes alegando que había existido fraude. Cuando todas rechazaron sus demandas por falta de méritos optó por tomarse el Departamento de Justicia y al Fiscal General para que estos apoyaran su narrativa ante los estados e impidieron el envío de la certificación del triunfo del Biden al Congreso, Y cuando eso fracasó, y nuestro reporte describe de manera gráfica estos esfuerzos, la tercera fase fue lanzar a una turba contra el Capitolio para impedir que se contaran los votos”, dijo Durbin.

Por el lado de la Cámara, cuya investigación es mucho más extensa, también se han presentado desarrollos. Dos de las personas más cercanas a Trump, su exasesor Steve Bannon y su último jefe de gabinete, Mark Meadows, fueron acusados de desacato al Congreso por resistirse a colaborar con la investigación y serán enjuiciados a lo largo de este 2022.

Donald Trump y su exasesor Steve Bannon, acusado de desacato al Congreso.

Foto:

MANDEL NGAN / AFP

A pesar de ello, la Comisión ha recopilado miles de documentos, videos y testimonios que dejan mal parados a Trump y sus lugartenientes. Apartes de la pesquisa han sido filtrados a la prensa. Entre ellos archivos en los cuales se describen estrategias para bloquear la certificación del Congreso, declarar la ley marcial y mantener a Trump en la Casa Blanca.

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Así mismo han documentado la manera en que el presidente republicano ignoró durante horas lo que sucedía en el Capitolio, pese a que legisladores de su propio partido, e incluso sus propios hijos, le imploraban que condenara la toma y pidiera a los manifestantes que se retiraran.

También han circulado videos, hasta ahora inéditos, de las violentas golpizas de la turba contra la policía y las armas que utilizaron, pese a que Trump sigue insistiendo que fue una protesta pacífica.

La Comisión, además, ha comenzado a recopilar récords bancarios pues cree que la manifestación no fue un acto espontáneo sino algo financiado y dirigido por personas en el círculo político del ex presidente.

Los simpatizantes del expresidente Donald Trump provocaron caos en los corredores del Capitolio.

Foto:

EFE/EPA/JIM LO SCALZO

A pesar de la evidencia, y de que los mismos republicanos se declararon horrorizados en su momento, el trabajo de la Comisión se ha visto obstaculizado desde el comienzo. De hecho, el partido boicoteó la pesquisa y solo dos de sus miembros terminaron integrando el equipo de investigadores.

Y con el paso de los meses han comenzado hasta minimizar lo sucedido alineándose con la visión de Trump de que le robaron las elecciones y que la verdadera insurrección fue el fraude que se cometió en los comicios.

Por supuesto se trata de una falacia descartada por jueces republicanos y demócratas en todo el país, incluida la Corte Suprema de Justicia, donde tres de los nueve magistrados fueron nombrados por Trump y la propia Fiscalía cuando estaba encabezada por Bill Barr, uno de los más leales funcionarios del expresidente.

Pero la “gran mentira”, como muchos llaman a este fenómeno en EE. UU., ha ido penetrando el imaginario de los estadounidenses. De acuerdo con una encuesta de la Universidad de Massachusetts publicada esta semana, casi el 75 por ciento de los republicanos cree que Biden es un presidente ilegítimo y dos de cada tres opina que lo sucedido el 6 de enero no fue tan grave como lo que han querido mostrar.

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Los manifestantes violaron la seguridad y entraron al Capitolio mientras el Congreso debatía la Certificación de Voto Electoral para las elecciones presidenciales de 2020.

Foto:

AFP

Así mismo, en lugar de movimientos para fortalecer el sistema electoral y evitar un desafío semejante en el futuro, muchos estados dominados por republicanos han aprobado leyes que dificultan el acceso al voto bajo la premisa de que están tratando de evitar un fraude que -según los cortes- nunca ocurrió.

Desarrollos que prueban la profunda polarización que existe en un país donde la realidad parece basada en intereses políticos y teorías de conspiración.

De hecho, y en cierto sentido, la Comisión está en una especie de carrera contra el reloj. Esta semana dieron a entender que entregarán un reporte preliminar en junio de este año y uno definitivo poco antes de las elecciones legislativas de noviembre.

La prisa, en gran parte, es porque los republicanos han dejado claro que piensan desmantelarla si ganan las elecciones. Lo cual, según los sondeos, es muy probable a estas alturas.

Lo grave, dice la historiadora Joanne Freeman, de la Universidad de Yale, es que al ignorar la gravedad de lo sucedido se está arando el terreno para una debacle en el futuro próximo.

“La esencia de una democracia es la idea de que los que están en el poder responden por sus acciones y que las violaciones serán castigadas para evitar una repetición. Cuando eso no sucede se erosiona la confianza en el gobierno y sin confianza los gobiernos democráticos pierden el poder. Eso es lo que está en juego”, dice Freeman.

Una encrucijada que ya está viviendo Estados Unidos y de la cual no se sabe cómo saldrá.

SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON

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