'Estamos frente al shock económico más salvaje desde 1945'

'Estamos frente al shock económico más salvaje desde 1945'

El historiador Adam Tooze habla sobre el papel de los estados en una economía que cae en picada.

Tooze

Adam Tooze se doctoró en la London School of Economics con una tesis sobre la historia estadística de Alemania

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Cortesía.

Por: Idafe Martín Pérez. Bruselas - Para EL TIEMPO.
24 de mayo 2020 , 08:57 a.m.

Adam Tooze nació en Londres en 1967 y creció entre Inglaterra y la ciudad alemana de Heidelberg. Historiador, es profesor invitado en la Universidad estadounidense de Yale, donde sucedió a Paul Kennedy, un mito en el estudio de las relaciones internacionales, como director de Estudios de Seguridad Internacional. Se formó en el King’s College de Londres y en la Universidad de Cambridge y pasó por la Universidad Libre de Berlín y por la London School of Economics, donde se doctoró en historia de la economía.

Tooze es autor de ‘Crash: cómo una década de crisis financieras ha cambiado el mundo’, una de las obras clave para entender el estallido y la evolución de la crisis financiera desatada en 2008. En esta conversación con ‘El Tiempo’ habla del nuevo papel de los Estados en una economía en derrumbe y de cómo Europa puede levantarse de esta crisis económica.

¿Esta crisis verá la vuelta del Estado?

Soy de alguna forma escéptico con esta idea de la “vuelta” del Estado porque no creo que se hubiera ido realmente. La revolución del mercado fue siempre una revolución del gobierno. Incluso las privatizaciones fueron con frecuenta tanto sobre “hacer más pequeño el Estado” como sobre restaurar un Estado fuerte dando espacio a empresas en las que los sindicatos no tuvieran una influencia indebida. Prefiero pensar en términos de una constante evolución de las formas de gobierno. El covid-19 sí ha ampliado el tamaño de los balances de los bancos centrales, que ya estaban inflados desde 2008. Expandirá los presupuestos pero las deudas quedarán ahí como un peso muerto para futuras acciones gubernamentales. Y todavía nos falta por saber si la movilidad será restringida y si se mejorará la capacidad de trazar los contactos. Lo que está claro es que por ahora no volveremos al status quo anterior.

¿Europa puede apostar a reindustrializarse?

Lo veo poco probable. Es cierto que podría haber algunos ajustes, por ejemplo relocalizando producción de material sanitario. Pero por ejemplo para una empresa como de automoción como Volkswagen tener fábricas por todo el mundo es beneficioso. Ahora mismo las únicas fábricas de autos que están produciendo autos a su ritmo normal son las que están en China. Podemos esperar que se reparta un poco más la producción pero el control de los departamentos de I+D y de finanzas centralizado, sea en Europa, en Estados Unidos, en Asia o en América Latina.

Muchas voces importantes en Europa hablan de un peligro existencial para la Eurozona. ¿Ve reacción?

El presidente francés Emmanuel Macron dijo algo similar recientemente y muchos esperamos excitados que París fuera a lanzar un verdadero ultimátum a Berlín, que Francia liderara una coalición de los países que quieren al menos una emisión conjunta de coronabonos, con Italia, España, Portugal y otros aliados. Pero no sucedió. Francia se retiró a su papel de socio menor de Alemania, mediadora entre el norte y el sur. Así que no espero ninguna ruptura radical. Lo que habrá será un deterioro del ambiente político. Cuando hablas con gente influyente en Madrid o en Roma, ves que hay una desilusión nueva.

¿1,5 billones de euros serán suficientes para la recuperación? (Es el montante que Bruselas estudia para el nuevo fondo).

Si es así probablemente será insuficiente. Estamos frente a lo que ya parece como el shock económico más salvaje desde 1945. Y con los paquetes europeos el diablo está en los detalles. Muchas veces es dinero viejo empaquetado de nuevo y ‘apalancado’ a través de avales y garantías. El efecto positivo de esos paquetes es debatible incluso en tiempos de bonanza. Dada la recesión que esperamos no apostaría porque garantías para préstamos sean suficiente para activar las inversiones que necesitamos.

El fondo se alimentaría principalmente con emisiones de deuda y el dinero iría a los países en forma de préstamos y de transferencias. ¿Le parece correcto?

Muchos querríamos ver a la Unión Europea desarrollándose como el emisor de una nueva clase de activos seguros, bonos de la UE respaldados por sus ingresos. Beneficiaría al equilibrio de la economía mundial y daría sustancia a la soberanía europea. Desafortunadamente lo que está proponiendo la Comisión Europea no es eso. Es demasiado pequeño. La idea de préstamos sirve a los dirigentes del norte como Merkel y Rutte pero no es la solución al problema que enfrentamos. El problema es que las cuentas públicas italianas están demasiado cargadas con el pago de la deuda. Añadirles nuevos préstamos no va a ayudar.

No parece muy optimista.

Me temo que soy pesimista. Sólo veo deseos de un mayor activismo en el Banco Central Europeo.

Dice el FMI que hay que gastar pero guardar las facturas. La Comisión Europea asegura que el peligro ahora mismo es no gastar lo suficiente. ¿Y la deuda?

Tenemos que hacer todo lo necesario ahora mismo para combatir la pandemia y apoyar a nuestras economías y sociedades. El cómo se va a pagar es una pregunta subordinada. La ingeniería financiera es fácil y colectivamente nos debemos las deudas a nosotros mismos, así que al final es cuestión de decisión política a quién se le paga y cuándo. El virus es diferente. No nos debe nada. Tenemos un enemigo común. Así que necesitamos, de forma colectiva, encontrar la forma de combatirlo y de restaurar nuestras vidas. Esa es la inmensa dificultad científica y el problema técnico. Hasta que hayamos solventado eso y vuelto a algo parecido a nuestras vidas pre-crisis, debemos aplazar cualquier discusión sobre deudas y la mejor forma de hacerlo es aparcarlas en los balances de los bancos centrales.

La UE tiene instituciones ‘federales’ (Banco Central, Comisión Europea, Parlamento) que parecen estar reaccionando de forma adecuada. Y una institución ‘intergubernamental’ (el Consejo, que reúne a los gobiernos), que arrastra los pies. ¿Necesita Europa más integración?

Sí. Está claro que la construcción en la que tenemos profunda integración monetaria y financiera en la esfera de una institución federal como el Banco Central Europeo e inter-gubernamentalismo para todo lo demás no funciona bien. Fue el compromiso que desafortunadamente surgió del rechazo de holandeses y franceses (a la Constitución Europea) y del compromiso de 2007 para el Tratado de Lisboa. Angela Merkel fue más responsable que ningún otro dirigente al negociar aquel acuerdo y sigue personificando el inter-gubernamentalismo.

Se está rescatando a grandes empresas con miles de millones de euros, en algunas ocasiones sin ponerles condiciones. ¿No sería mejor obligarlas por ejemplo a cumplir ciertos criterios como no operar en paraísos fiscales o cumplir objetivos de reducción de emisiones contaminantes?

Yo estaría a favor de eso, pero es un asunto de táctica política y de quién tiene el poder de imponer condiciones en este momento. En Europa, dado el acuerdo general de avanzar en el Acuerdo Verde parecería a la vez atractivo y funcional. En Estados Unidos a lo que más podemos aspirar es a un esfuerzo defensivo para evitar que enormes cantidades de dinero terminen dirigidas a defender los intereses de los combustibles fósiles.

La crisis climática seguirá ahí cuando se vaya el virus. ¿Debe seguir la lucha contra esa emergencia o debe dejarse de lado por ahora para enfrentar esta crisis?

No, no podemos olvidarla. Si lo hacemos sólo empeoraremos nuestros problemas. La crisis del covid-19 es la primera crisis económica del antropoceno, la era en la que nuestra masiva movilización de recursos naturales nos golpea de forma desestabilizadora e impredecible. El covid-19 no es un desafío como el calentamiento global pero es inmediatamente letal. Y su daño económico será enorme. La Agencia Internacional de la Energía estima que provocará 8% de reducción de emisiones contaminantes sólo este año, algo sin precedentes. Pero para ponerlo en perspectiva: necesitamos la misma reducción en los próximos diez años si queremos llegar a la neutralidad de carbono lo suficientemente rápido como para estabilizar el calentamiento global en 1,5 grados centígrados. Diez años como este. Eso te da una perspectiva de la medida del desafío.

Idafe Martín Pérez. Bruselas - Para EL TIEMPO.

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