La historia detrás de la soberanía china sobre Hong Kong

La historia detrás de la soberanía china sobre Hong Kong

Quienes apuestan por la secesión desconocen el valor que la reunificación tiene para los chinos.

Hong Kong

Un manifestante en Hong Kong enfrenta los chorros de agua y gases lacrimógenos con un paraguas.

Foto:

Reuters

Por: Guillermo Puyana Ramos
05 de diciembre 2019 , 09:20 p.m.

Faltando un minuto para el 1.° de julio de 1997, en Hong Kong sonó el himno Dios guarde a la reina, que se entonaba desde 1841 cuando se materializó la usurpación militar británica luego de la primera Guerra del Opio, que los ingleses se vieron 'obligados' a hacer porque China no permitía la venta del narcótico controlada por traficantes ingleses; se trataba de proteger el libre comercio. La osadía china se castigó con la guerra, que al perderla significó que les quitaron la isla y luego otros territorios en una segunda Guerra del Opio.

Doce segundos después de terminado el himno británico y arriada la Union Jack se oyó La marcha de los voluntarios, el himno chino, y se izaron las banderas de China y la neonata Región Administrativa Especial de Hong Kong. Quince minutos más tarde, el príncipe Carlos y el ya exgobernador Chris Patten abordaron el HMY Britannia. El imperio británico sobre Hong Kong terminaba como empezó, en barco.

Siendo gobernador, Patten adquirió en los últimos dos años de régimen colonial una súbita preocupación por la democracia de Hong Kong y presentó un proyecto de constitución que los ingleses habían negado a los hongkoneses durante los 150 años anteriores.

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Lo hizo a pesar de que la Asamblea Nacional Popular china ya había expedido cuatro años antes la ley básica de Hong Kong, con lo que la jugada de Patten se interpretó como un intento inglés de postergar su influencia más allá del retorno, pero sobre todo creando dudas sobre el compromiso de los ingleses de hacer una transición pacífica de su presencia en Hong Kong. Imposible no recordar a Gandhi diciendo que los británicos nunca se retiran sin dejar problemas, refiriéndose al plan Mountbatten que dividió a Pakistán de la India, barrunto confirmado por el caso de Palestina; Hong Kong no sería la excepción.

Se trata de un pequeño territorio extremadamente rico, nada extraño en las regiones ultramarinas del más impresionante imperio de la historia, en el que nunca se ponía el sol. Los británicos lo consiguieron por la fuerza de las armas, iniciando el peor momento de la historia china, la era de los tratados desiguales entre 1842 y 1901, que laceró la dignidad de los chinos de manera tan profunda que se propusieron recuperarla costara lo que costara y tomara el tiempo que tomara.

Acabar con el oprobio empezado con la primera Guerra del Opio les tomó a los chinos 100 años, cuando en 1949 se fundó la República Popular China y uno de sus pilares fue terminar con el colonialismo occidental.

Hong Kong

En esta foto del 2004, veinte edificios de la historia de Hong Kong son iluminados con varios colores celebrando la devolución por parte del Reino Unido a China de la isla de Hong Kong.

Foto:

AFP. Archivo

El historiador Hu Sheng resume la importancia de ese momento diciendo que “se puso fin al aparentemente inmutable destino de China, sugerido en los anales de la historia, de perder siempre en sus guerras contra las agresiones armadas extranjeras”.

En términos más prosaicos, lo sucedido en China en 1949 tuvo un enorme impacto en la configuración política mundial, pues una cuarta parte de la humanidad salió de la esfera de control de Inglaterra, Estados Unidos y otras potencias occidentales menores.

Pero con eso también empezó el incesante esfuerzo de estas potencias por recuperar los privilegios obtenidos con los tratados desiguales, que el nuevo gobierno chino denunció que daría por terminados de inmediato para recuperar la soberanía perdida.

En la configuración política mundial posterior a 1949, esa contradicción se refleja en la importancia estratégica que países como Inglaterra y Estados Unidos le dan a contener o dominar a China y lesionar su soberanía. Así, en una magnitud similar a la importancia que para China tiene el respeto de su soberanía, está la importancia que Occidente le da a erosionar o destruir su soberanía e integridad territorial.

Algunos analistas de los hechos recientes de Hong Kong proponen una tesis errada e irresponsable que ignora la importancia que China le da a su soberanía y asumen que el gobierno de Pekín no podría ser radical para acabar con la secesión, porque le importa más la prosperidad de la isla y el prestigio internacional de China y evitaría una crisis diplomática y comercial para no 'repetir' el desenlace del incidente de Tiananmen en 1989, como si fueran situaciones asimilables.

Pero en esos años pasó lo contrario: Estados Unidos promovió un bloqueo diplomático que China superó en tres años estableciendo relaciones diplomáticas con 23 países, entre ellos Corea, Singapur, Israel y Arabia Saudita, y en los cinco años siguientes su comercio internacional se duplicó.

Según la jefa del Ejecutivo, Carrie Lam, se está llegando a un punto de no retorno, que realmente se cruzó cuando, retirado el proyecto de ley de extradición, la respuesta de los organizadores de las protestas fue ampliar sus demandas revelando que su plan era desconocer la soberanía china, convirtiendo un problema de orden público a cargo de la Policía en uno de seguridad nacional del que se encarga el Ejército.

La República Popular China resultó de una revolución tridimensional que incluyó la abolición del colonialismo y la reunificación de los territorios usurpados por Occidente. En 1949, la soberanía se había recuperado casi que en todo el país y dos años más tarde ya estaba consolidada sobre todo el territorio continental, quedando pendientes Hong Kong, Macao y la isla de Taiwán.

Al principio, la opción del nuevo gobierno de Pekín para la reunificación fue militar, pero desde junio de 1954 propuso la negociación pacífica, sin renunciar a la opción militar. En 1980 presentó la muy creativa fórmula de un país, dos sistemas, diseñada por Deng Xiaoping, con altos grados de autonomía económica, política y judicial para los territorios pendientes de unificación, pero bajo un solo país. Hong Kong fue el primer ensayo de esta fórmula.

Hong Kong

En la imagen, una hongkonesa lleva un cartel en protesta contra la represión policial.

Foto:

Lillian Suwanrumpha. AFP

Apostarle al caos en Hong Kong es querer el fracaso de la reunificación pacífica. En los disturbios, los chinos han mostrado una contención enorme, esperando que el gobierno local pueda controlar las cosas con los mecanismos de la ley básica y con la policía. Pero si la situación supera al gobierno local, la soberanía y seguridad nacional de China estarán en riesgo y la solución quedará en manos de las unidades del Ejército acantonado desde 1997.

La oleada de protestas 'prodemocracia' omiten varios hechos esenciales. Primero, el apoyo chino al desarrollo económico de Hong Kong; segundo, la evolución de la democracia desde 1997 de una manera mucho más fuerte que en 150 años de colonia británica, y, tercero, la historia patriótica de Hong Kong.

Para los chinos la soberanía y la prosperidad hacen parte de un todo, y el desarrollo económico de la isla depende de que haya estabilidad y paz, que se amenazan si se pone en entredicho la soberanía. Así fue reconocido en la declaración conjunta sino-británica, sobre Hong Kong de 1984. Desde que recuperaron la soberanía, los chinos han defendido la estabilidad económica de Hong Kong una y otra vez, como en la crisis financiera de 1997, o los efectos socio económicos por las epidemias de Sars y H5N1.

La relación entre la soberanía china y la prosperidad de Hong Kong es estructural, la dependencia económica de Hong Kong respecto del continente se traduce en que la mitad de las cosas que se venden en Hong Kong provienen del continente, la mitad de las cosas que exportan van al continente y la cuarta parte de la inversión que se hace en la isla viene también del continente. Sin China no hay prosperidad en Hong Kong.

Tampoco corresponde a los hechos que la restitución de la soberanía vaya a causar fuga de capitales o el empobrecimiento, fantasma que ya deambuló cuando se avecinaba 1997. Al contrario, en la medida en que se acercaba la restitución, Hong Kong se hacía más próspera. Según el Banco Mundial, el ingreso per cápita de Hong Kong en 1980 fue de 5.700 dólares. Cuando se suscribió la declaración conjunta sino-británica era de 6.200, cuando se expidió la ley básica en 1990 se duplicó a 12.800, volvió a duplicarse para 1997 con 27.000 con la restitución y llegó a 48.000 el año pasado.

Con la democracia la paradoja es increíble, pues las instituciones de democracia representativa se han desarrollado más en 22 años de soberanía china desde 1997, con el retiro de los ingleses, que en 150 años de colonia, cuando la corona designaba un gobernador que siempre era un inglés, no había elecciones ni Legislativo porque el LegCo era solo un cuerpo asesor formado por funcionarios públicos y particulares nombrados por el gobernador; y el sistema judicial tenía su última instancia en el Privy Council, que sesionaba en el Middlesex Guildhall en Parliament Square, en la lejanísima Londres.

HONG KONG

Un hombre es detenido en una calle de Hong Kong por la policía.

Foto:

Bloomberg

No había constitución, sino las letters patent de 1843 con instrucciones de su majestad sobre cómo le parecía que debían manejarse sus dominios. Toda la democracia de Hong Kong (elecciones, Legislativo, poder judicial y ley básica) nació con la soberanía china, la herencia inglesa es ninguna y recordemos que el último gesto británico a Hong Kong fue revocar los pasaportes de la mancomunidad con los que quienes hoy extrañan el régimen colonial hubieran podido irse a Londres.

Margaret Thatcher quiso imponer a los chinos la coadministración de la isla luego de 1997, supuestamente inquieta por la preservación de una democracia inexistente y porque los chinos no entendían las reglas de funcionamiento del capitalismo. Deng Xiaoping le dijo que si tenía que recuperar la soberanía y sacar a los británicos, lo hacía en 24 horas; en ese momento.

'La señora', como la llamaba, entendió que los chinos solo aceptaban recuperar lo que les había sido arrebatado siglo y medio antes; “si no se logra en 100 años, lo lograremos en 1.000”, le dijo Deng al magnate hongkonés y Caballero de la Gran Cruz de la Excelentísima Orden del Imperio Británico Chung Sze-yuen para que no quedara duda de la decisión china de poner fin a ese problema “dejado por la historia”.

Lo otro que la prensa occidental omite es que la lucha contra el colonialismo británico no fue solo de los comunistas chinos, sino de los patriotas hongkoneses, desde empresarios hasta un pueblo con fuertes vínculos a la otra orilla del delta del río de las Perlas. Las expresiones secesionistas son marginales aunque violentas, peligrosas y muy publicitadas, pero sin eco inclusive entre muchos partidos liberales que no adoptan ni mucho menos una agenda separatista, porque va contra el sentido histórico del patriotismo chino arraigado en la isla.

Muchas cosas han cambiado en Hong Kong desde 1997, para bien de la isla y sus habitantes, gracias al éxito de la política de un país, dos sistemas, marco de ejercicio de la soberanía china que ha enriquecido a Hong Kong y le ha dado las instituciones tan preciadas de la democracia representativa que la corona británica les negó a los isleños por centurias. Lo que no ha cambiado es el reclamo chino de su soberanía desde que el comodoro Bremmer izó la bandera británica en medio del fire of joy de los fusileros de su majestad en Possession Point, tremendo nombre para un acto de usurpación territorial.

Quienes apuestan por la secesión de Hong Kong desconocen el peso histórico que la reunificación tiene para los chinos; o lo saben, pero no les importa porque buscan crear el caos y atacar las bases de la legitimidad política de China para debilitarla, pero esa es una historia para otro momento.

GUILLERMO PUYANA RAMOS

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