Secciones
Síguenos en:
El ascenso y caída de la dama de Rangún
Golpe de estado Birmania

Tras el golpe de Estado en Birmania, miles de simpatizantes piden la liberación de la nobel Aung San Suu Kyi.

Foto:

Philip Fong. AFP

El ascenso y caída de la dama de Rangún

La nobel birmana Suu Kyi fue símbolo de lucha, pero su papel en la crisis rohinyá empañó su figura.

Para el pueblo birmano y para la comunidad internacional, la nobel de paz Aung San Suu Kyi es un personaje de luces y sombras. La dama de Rangún, como es conocida, es considerada como un baluarte de la lucha democrática. Sin embargo, también ha sido criticada por su papel en la campaña de limpieza étnica lanzada en 2017 por el Ejército de Birmania contra la minoría rohinyá.

(Lea aquí: Birmanos protestan en masa contra el Ejército por el golpe de Estado)

Muchos birmanos la consideran como una figura clave que ha intentado mantener a raya al Tatmadaw, como se les conoce a los militares de ese país, quienes arrastraron a Birmania por casi cinco décadas de dictadura y que el pasado 1.º de febrero protagonizaron un nuevo golpe tras capturar a los principales líderes políticos de Birmania, incluida la nobel, cuya figura es fundamental para entender la historia reciente de este país.

“Ella ha sido el símbolo de la democracia, el símbolo de la lucha y perseverancia para el avance hacia la democratización en el país”, le explicó a EL TIEMPO Ruvislei González, jefe del equipo de investigación de Asia y Oceanía del Centro de Investigaciones de Política Internacional (Cipi), de Cuba.

Para González, la nobel heredó la imagen que su padre, un héroe de la independencia birmana que fue asesinado en 1947, intentó proyectar en el país. Ella, de hecho, tuvo que huir al exilio. Primero vivió en India y luego en el Reino Unido. En 1988 volvió a su país, gobernado entonces por militares, para tratar de traer la democracia.

“No podía, como hija de mi padre, mantenerme indiferente a todo lo que pasaba”, dijo Suu Kyi durante su primer discurso, considerado el símbolo de su entrada en política. La represión del ejército de 1988 en Birmania mató a unas 3.000 personas, pero marcó el nacimiento del ícono, el de Suu Kyi precisamente, según recuerda la agencia AFP.
Años después, en la década de los 90 fue puesta en arresto domiciliario durante casi dos décadas, hasta su liberación en 2010, lo que la convirtió en un símbolo para la democracia y le valió el Nobel en 1991.

Ella ha sido el símbolo de la democracia, el símbolo de la lucha y perseverancia para el avance hacia la democratización en el país

“Suu Kyi también es recordada por sus años de enfrentarse a las dictaduras militares, se la ve como una vela en la oscuridad. Mientras se le permita presentarse a las elecciones, siempre ganará”, le dijo a este diario Phil Robertson, director para Asia de la oenegé Human Rights Watch.

Desde el 2016, Suu Kyi ejercía varios cargos importantes en el país debido a que en 2015 su partido, la Liga Nacional para la Democracia (LND), ganó unas elecciones históricas tras finalizada la dictadura militar en 2011. Ella, pese a que no podía ser presidenta porque la Constitución prohíbe a los hijos de birmanos extranjeros detentar ese cargo (ella tiene nacionalidad británica por su exilio), se desempeñaba como consejera de Estado, una suerte de jefa de gobierno de facto.

Y aunque los militares seguían teniendo una enorme influencia en el país al estar al frente de tres de los ministerios más importantes (el de Defensa, el de Fronteras y el del Interior) y Birmania transitaba por una frágil democracia, el gobierno de Suu Kyi logró avances económicos y geopolíticos relevantes para el país.

Con Suu Kyi se mejoraron las relaciones con Occidente, específicamente con EE. UU., el Reino Unido y la Unión Europea, gracias a su posición proactiva como canciller

Aung San Suu Kyi

Foto de archivo de Aung San Suu Kyi, durante una comparecencia en La Haya sobre los rohinyás.

Foto:

Koen Van Weel. AFP

“Con Suu Kyi se mejoraron las relaciones con Occidente, específicamente con EE. UU., el Reino Unido y la Unión Europea, gracias a su posición proactiva como canciller. Además, pese a que China sigue teniendo relaciones con los militares, la nobel también fortaleció la relación con Pekín, elevando la relación comercial hasta los 12.000 millones de dólares”, comentó González.

(Le interesa: Lo que pasa en Birmania, país que sumó otro golpe en su historia)

De hecho, el investigador menciona que Suu Kyi visitó durante su periodo en el gobierno (2016-2020) cinco veces a China. Incluso, el primer destino en 2020 del presidente Xi Jinping fue Birmania. “También se avanzó en las relaciones con Japón e India (…). Durante este periodo de democracia, el país estaba creciendo más del 5 por ciento. Incluso, en 2020, junto con Vietnam tuvieron un crecimiento real del producto interno per cápita en la región durante la pandemia”, agregó González.

Sin embargo, si bien intento democratizar el país y conducirlo por una buena senda geopolítica y económica, uno de los episodios más oscuros que carga consigo la dama de Rangún es la crisis de los rohinyás.

La comunidad internacional la ha criticado por el papel que desempeñó durante las investigaciones de lo que la ONU ha calificado como un “intento de genocidio”.
Los rohinyás en 2017 huyeron desde Birmania hacia Bangladés, luego de que el Tatmadaw los atacó sistemáticamente. Los expertos coinciden en que ella le restó importancia a la crisis, que Amnistía Internacional catalogó de “limpieza étnica”.

“Mientras se desarrollaba el genocidio, decidió quedarse callada y se negó a llamar a los rohinyás por su nombre. También hizo oídos sordos a los cargos de violación militar de personas étnicas en el país. Ella asume la responsabilidad por negligencia y negación”, le dijo a EL TIEMPO Michael Charney, profesor de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos (Soas, por su sigla en inglés) de la Universidad de Londres.

Ante este panorama, las autoridades calculan que unos 750.000 rohinyás huyeron del país por los abusos del ejército. Incluso, en 2019, Suu Kyi asistió a la Corte Internacional de Justicia para responder por estos hechos, tribunal en el que ella misma dijo que “jamás hubo una intención genocida” del ejército.

“No hay información de que Suu Kyi tuviera conocimiento previo de estos ataques (…). Pero Suu Kyi ayudó a negarlos, luego trató de encubrirlos y finalmente les restó importancia, convirtiéndola en parte del problema. (…) Entonces, claramente, Suu Kyi tiene que responder por qué decidió defender a los militares en lugar de cooperar con los investigadores de la ONU y dejarlos ingresar al país”, acotó Robertson.

Para el director de HRW en Asia, las acciones de Suu Kyi fueron “la mayor traición a muchas personas” en todo el mundo, quienes la consideraban una líder verdaderamente comprometida con la defensa de los derechos humanos. A juicio de Robertson, estos actos empañaron gravemente su reputación internacional de una manera “de la que nunca se recuperará”.

Pero, de hecho, Charney va mucho más allá en criticar las actuaciones de la nobel: “Ella nunca buscó la democracia real, sino principalmente el poder para sí misma. Si hubiera tenido éxito, Birmania habría terminado con una especie de líder autoritario”.

Ella nunca buscó la democracia real, sino principalmente el poder para sí misma. Si hubiera tenido éxito, Birmania habría terminado con una especie de líder autoritario

Golpe de estado Birmania

La dirigente de facto de Birmania, Aung San Suu Kyi, fue detenida el primero de febrero.

Foto:

STR. AFP

(Le puede interesar: 'Dust in the wind' se vuelve un himno de protesta en Birmania)

Sin embargo, el académico reconoce que muchos manifestantes solo la apoyan porque la ven como la única alternativa para dejar atrás el legado militarista, “no porque les guste”. Esto se debe, principalmente, porque Birmania ha intentado a toda costa dejar atrás la pesadilla de los golpes de Estado.

Militares versus Suu Kyi

Y aunque en el plano internacional muchos coinciden en que Suu Kyi trató de encubrir el papel de los militares en la crisis rohinyá, también trató de quitarles influencia en del país. “Toda la estructura del gobierno (de Birmania) fue diseñada para facilitar el control militar de la política, pero ella frustró el plan militar a través de las victorias aplastantes de la LND en 2015 y noviembre de 2020. El resultado fue un gobierno de dos cabezas, con el ejército controlando muchas cosas, y Suu Kyi y los civiles controlando los ministerios y el Parlamento. Finalmente, los militares tuvieron suficiente e inventaron una excusa para dar este golpe militar”, comentó Robertson.

El mismo ejército fabricó un golpe de Estado el 1.º de febrero bajo la premisa de que el partido de Suu Kyi ganó unas elecciones a finales del 2020 de forma fraudulenta, una tesis que no tiene fundamento probatorio, según expertos. No obstante, el ejército también la acusó de importar ilegalmente unos ‘walkie-talkies’ (artefactos de comunicación) en un juicio en el que, según se ha denunciado, no le han permitido tener un abogado. Un juicio que podría darle tres años de prisión.

La junta militar que dio el golpe de Estado y depuso a Aung San Suu Kyi tiene diversos intereses económicos en Birmania. MEHL es uno de los dos conglomerados de propiedad militar y junto con la Myanmar Economic Corporation (MEC) tienen tentáculos en actividades como la minería, la cerveza, el tabaco, el transporte, la industria textil, el turismo y la banca.

Por su parte, la comunidad internacional ha presionado a la cúpula con diversas sanciones para pedir el regreso de la democracia. Recientemente, el Gobierno británico anunció represalias contra el general Min Aung Hlaing, comandante de las Fuerzas Armadas, y otros de sus allegados. Días atrás, EE. UU. elevó sanciones y les bloqueó más de 1.000 millones en activos a los militares birmanos.

(En otras noticias: Paso a paso: ¿cómo se dio el golpe de Estado en Birmania?)

Lo cierto es que el ejército no solo vio amenazado su control político del país con las múltiples victorias de la LND, sino también el control de económico del país.

Lo que aún no está claro es qué tanta presión podrá hacer la ciudadanía en las calles, qué tanta maniobrabilidad tendrá la LND con su máxima líder en prisión domiciliaria y qué futuro le depara a la dama de Rangún.

Para Robertson, la clave para que la democracia de Birmania sobreviva es que los gobiernos de todo el mundo expresen su solidaridad y tomen acciones firmes y concertadas contra los militares birmanos y sus empresas. “En el siglo XXI, los días de golpes militares y tomas de poder deberían terminar”, aseveró.

China podría tener la llave en este conflicto, debido a su gran influencia comercial en Birmania. Pekín mejoró su relación con Suu Kyi durante los últimos años, pero también ha sido durante años un aliado natural del ejército. Sin embargo, el gigante asiático ha sido uno de las pocas potencias mundiales que no han expresado su rechazo al golpe militar y se ha limitado a calificarlo como un “asunto doméstico”. Lo que no parece probable, por ahora, es que los militares dejen en libertad a la dama de Rangún.

CARLOS JOSÉ REYES
REDACCIÓN INTERNACIONAL
EL TIEMPO

También le recomendamos:

-El príncipe Bin Salmán aprobó el asesinato de Khashoggi, según EE. UU.

-Tras ataque de EE. UU. en Siria, proiraníes prometen represalias

-¿Por qué la ONU se quedó sin su incónico tapiz del 'Guernica'?

Sigue bajando para encontrar más contenido

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.