Japón pagó el precio del fin de una guerra

Japón pagó el precio del fin de una guerra

Los bombardeos a Hiroshima y Nagasaki, hoy hace 75 años, dejan conciencia del mal uso de la ciencia.

Japón

Nube provocada por la explosión.

Foto:

Getty Images

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
06 de agosto 2020 , 10:23 p. m.

Agosto 6 de 1945 - 8:15 a. m. El oficial estadounidense de las Fuerzas Aéreas Robert Eatherly apoya el sobrevuelo, en el Pacífico, del bombardero B-29 Enola Gay, comandado por el coronel Paul W. Tibbets y ordenado por el presidente Harry Truman, con la misión de lanzar sobre la ciudad de Hiroshima la primera bomba atómica, apodada Little Boy. En el marco de estas acciones, Churchill, Truman, Attlee y Stalin se habían reunido en Potsdam una semana antes para acordar la rendición del ejército alemán y de las fuerzas militares japonesas desplegadas a lo largo del sudeste asiático.

(Lea el Especial de los bombardeos a Hiroshima y Nagasaki)

Sin embargo, Truman, ansioso por el repentino relevo presidencial, tras la muerte de Roosevelt, ordena el ataque a Japón; cuatro toneladas de uranio-235 caen sobre Hiroshima, ciudad sede del segundo cuartel general del Ejército, que comandaba la defensa de todo el sur de Japón.

Tres días más tare, el 9 de agosto, un segundo bombardero apodado Bockscar arroja la bomba Fat Man, de plutonio, sobre Nagasaki. Un mes después, Japón firma su rendición.

A la mañana siguiente, el la nube ardiente sobre Hiroshima, captada por el artillero de cola George Caron, recorre los principales periódicos del mundo. Las dramáticas imágenes, acompañadas por titulares como ‘La bomba atómica ha pulverizado todos los seres vivos’, ‘La bomba que ha cambiado el mundo’, ‘La ciudad de 300.000 personas desaparecida en una gran bola de fuego’, generaron interrogantes sobre la guerra, el significado del progreso y el precio de implantar la democracia liberal en Japón.

(Lea también: ¿Por qué Hiroshima y Nagasaki son habitables y Chernóbil no?)

El piloto Eatherly, el primero en cuestionar el sentido altruista y pacifista de su obra, rechazó la condecoración militar por su acción “heroica”. La reflexión personal sobre el lanzamiento de la bomba y su papel como responsable en la ejecución de miles de vidas lo condujeron a un intento de suicidio y a otros desórdenes, hasta finalmente ser internado contra su voluntad en el Hospital de Waco, Texas, bajo el diagnóstico de esquizofrenia y ansiedad. Por su parte, Oppenheimer, padre de la bomba atómica, le expresó a Truman, 11 días después de Hiroshima, la necesidad de prohibir las armas nucleares en el mundo.

Los bombardeos sobre estas dos ciudades representaron para la historia el uso irresponsable de la ciencia y la tecnología y la coalición de modelos políticos irreconciliables que luego se fraguarían a lado y lado del muro de Berlín.

Tal fue el altísimo precio depositado por la humanidad para alcanzar la doctrina de la democracia liberal. A lo largo de los continentes asiático y europeo vinieron procesos largos y dolorosos de reconstrucción urbana y social, con el miedo constante de repetir un episodio de destrucción masiva.

Homenaje a víctimas y sobrevivientes fue opacado por la pandemia

Los peores augurios indicaban que, tras la bomba atómica, nada crecería en Hiroshima durante 75 años, pero la conmemoración, tres cuartos de siglo después, dio fe de la resiliencia de esta ciudad. El ataque estadounidense provocó unos 140.000 muertos el mismo día y en fechas posteriores, pero los estimados elevan a 400.000 el número global de víctimas.

Los actos de ayer se realizaron en un contexto especial, debido a la pandemia de coronavirus, que obligó a limitar los homenajes a las víctimas.

El alcalde de Hiroshima, Kazumi Matsui, recordó el ataque nuclear que sufrió la ciudad tres días antes de que otra bomba atómica destrozara Nagasaki, y relató que “se rumoraba en ese momento que nada crecería aquí durante 75 años. Sin embargo, Hiroshima se recuperó y se convirtió en un símbolo de la paz”.

El acto, en el parque de la Paz de Hiroshima, sirvió para insistir en la necesidad de que el Gobierno de Japón, el único país que ha sufrido un ataque atómico, se decida a firmar el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares aprobado hace tres años en la ONU, iniciativa en la que ese país quedó al margen desde el principio.

Matsui pidió, ante unas 800 personas, entre ellas el primer ministro nipón, Shinzo Abe, y representantes de los hibakusha o supervivientes del ataque nuclear, que el Gobierno dé ese paso.

Pido al Gobierno que acate el llamamiento de los hibakusha para firmar, ratificar y ser parte del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares

“Pido al Gobierno que acate el llamamiento de los hibakusha para firmar, ratificar y ser parte del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares”, afirmó Matsui. Este fue aprobado en la ONU en julio de 2017 por 122 Estados, pero para que entre en vigor precisa ratificación de al menos 50 naciones y hasta hoy solo lo han hecho 40. Ni Japón ni las potencias nucleares lo han suscrito.

Por su parte, el papa Francisco afirmó ayer que para conseguir la paz “es necesario que todos los pueblos depongan las armas de guerra, y especialmente las más poderosas y destructivas: las armas nucleares”, en el mensaje enviado con ocasión del 75.º aniversario del bombardeo. En mensaje dirigido al gobernador de la Prefectura de Hiroshima, Hidehiko Yuzaki, Francisco quiso saludar de manera especial a los hibakusha.

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