China y América Latina: amigos íntimos que borran la lejanía / Opinión
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China y América Latina: amigos íntimos que borran la lejanía / Opinión

La distancia a veces parece tan infranqueable que resulta difícil ser optimista sobre el futuro.

Esportaciones en China

En el 2017, el volumen comercial entre China y América Latina superó los 250.000 millones de dólares.

Foto:

Stringer / Reuters

05 de septiembre 2018 , 12:14 p.m.

Esa distancia entre nosotros toma muchas formas. La distancia geográfica es una de esas manifestaciones. Escucho con frecuencia de colegas que preferirían viajar a cualquier otra región del mundo en vez de tomar el vuelo de más de 20 horas de un lado del Pacífico al otro. En el español, hasta usamos la expresión de que algo o alguien está “en la China” para denotar esa distancia.

Pero es la distancia en la imaginación colectiva de nuestros pueblos que resulta aún más intensa y problemática. Esto proviene de una percepción que por historia, lengua, costumbres y religión las dos partes comparten poco en común.

Dado estos retos, ¿cómo pueden China y América Latina profundizar sus lazos en un momento en el que los dos tienen tanto que ganar de trabajar juntos en temas de interés común?

Recientemente hice una visita al Museo Nacional de China, y recorriendo sus amplias galerías di con una exhibición que me dejó con impresiones profundas sobre cómo responder esta pregunta compleja.

La exhibición, titulada 'Acogiendo el Oriente y el Occidente: Cuando la Ruta de la Seda se encuentra con el Renacimiento', reúne 200 reliquias culturales y obras de arte de decenas de museos italianos y chinos para contar una historia compartida entre el Este y el Oeste—y todas las comunidades entre las dos—tejida a partir del intercambio que dio lugar siglo tras siglo a través de las antiguas rutas de la seda.

El curador de la exhibición, Li Jun, profesor de la Academia Central de Bellas Artes, empieza la exhibición con una cita famosa del poeta británico e imperialista J.R. Kipling: “Oh, el Este es el Este, y el Oeste es el Oeste, y nunca los dos se encontrarán…” La exhibición procede a deshacer esta afirmación de Kipling mostrando las maneras infinitas en las que las civilizaciones orientales y occidentales se encontraron una y otra vez, inspirándose las unas a las otras y entrelazándose íntimamente.

La seda, por supuesto, jugó un rol central en esta historia. Una de las piezas más tempranas en la colección, el fresco Flora di Stabia del siglo I EC, muestra a una mujer de espaldas, tomando una flor del lado del camino mientras el viento hace fluir su túnica de seda.

Más allá de la seda, otros bienes como la cerámica y el compás, imágenes como la de la flor de loto y la del fénix, ideas del budismo y cristianismo y personajes famosos como Zheng He y Mateo Ricci tuvieron su propio rol en lo que el curador describe como “un Renacimiento que fue transcultural por naturaleza”.

De la misma manera que la exhibición pone al descubierto las muchas interacciones Este-Oeste que se produjeron por el comercio y el intercambio en la ruta de la suda, nosotros también debemos dar mayor consideración a todas las áreas de encuentro entre China y América Latina. Hacer esto revela que las cosas que nos unen son más fuertes que aquellas que de otra manera nos separarían.

Los intercambios que se han dado entre nosotros por más de 500 años ya de por sí constituyen puentes que son campo fértil de estudio. Tomen la comida como ejemplo. Muchos de los ingredientes que son usados en famosos platos chinos trazan su origen al continente americano, incluyendo la papa, el maní, los tomates y el ají. El maíz permitió que los chinos abrieran nuevas tierras al asentamiento y la agricultura, particularmente en el occidente chino alrededor de la actual provincia de Sichuan. Los platos chinos, por su parte, han entrado al paladar latinoamericano y han sido transformado por gustos locales, produciendo híbridos fascinantes, como la chifa de la cocina peruana.

Los patrones migratorios también han hecho mucho para cerrar la brecha entre China y Latinoamérica. Aunque gran parte de la migración histórica china a la región ocurrió bajo condiciones de extrema dureza, es un hecho innegable que los chinos fueron centrales—hasta indispensables—para construir la América Latina moderna. En la construcción del Canal de Panamá, abriendo las minas de salitre en Chile, en las plantaciones azucareras de Cuba y en el comercio minorista argentino, chinos híbridos estuvieron ahí desempeñando un papel decisivo.

Las cosas que nos unen son más fuertes que aquellas que de otra manera nos separarían

Hoy, la migración bilateral está más fuerte que nunca, con aproximadamente 1,21 millones de chinos en el continente y más y más personas de la región viajando a China para estudiar, trabajar y visitar, incluyendo a través de programas de intercambio como “Puentes para el futuro”. Los cerca de 40 Institutos Confucio en la región, junto a la creciente omnipresencia de productos chinos de alta calidad de marcas como Huawei, Lenovo y FAW, han llegado a complementar los históricos barrios chinos de Lima, México D.F., La Habana y Buenos Aires como los marcadores de lazos de larga data entre los pueblos de China y Latinoamérica.

Darle prioridad a este y otros puentes en la construcción de la relación sinolatina será entonces clave para disipar las distancias—reales e imaginadas—que frecuentemente se interponen en el camino a una amistad genuina entre nosotros.

Pero podemos y debemos ir más un paso más allá, porque nuestros pueblos comparten más que encuentros ocasionales. China y la región latinoamericana siempre han estado conectados por intereses y valores más profundos. Ambos pueblos valoran la idea de la comunidad, aprecian a la familia como la unidad básica de la sociedad, desean autonomía en su búsqueda por caminos que correspondan a sus condiciones nacionales únicas y sueñan con el desarrollo—en estas y muchas otras formas, los latinoamericanos y los chinos somos realmente un solo pueblo, la base para una auténtica comunidad de destino común.

Las distancias pueden suponer un gran reto, y no pueden ser superadas fácilmente. Sin embargo, al describir la relación China-América Latina podemos referirnos con confianza a las palabras del poeta de la dinastía Tang, Wang Bo, al despedir a un amigo: 海內存知己,天涯若比邻 (siempre que haya en este mundo amigos íntimos, estarán tan cerca como simples vecinos, aunque se encuentren en los confines más remotos).

DAVID CASTRILLÓN KERRIGAN
Docente Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

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