Sacar a África de la pobreza cuando la demografía juega en su contra

Sacar a África de la pobreza cuando la demografía juega en su contra

De acuerdo con las cifras, este continente va a triplicar su actual población de aquí al año 2100.

Población africana

Entre 2020 y 2025, el grueso de los países africanos tendrá entre 3,5 y 7 hijos por mujer, para el 2100 casi el 40 % de la población global vivirá allí.

Foto:

Aris Messinis. AFP

Por: Adair Turner - Project Syndicate
18 de abril 2020 , 10:01 p.m.

Cada dos años, Naciones Unidas emite su estimación actualizada sobre las tendencias demográficas. Su proyección 2019 revela una fuerte división. En toda Asia, Europa y las Américas ya se ha logrado, o pronto se logrará, la estabilidad poblacional, con una proyección mediana que sugiere un aumento de la cantidad de pobladores de 6.400 millones en la actualidad a 6.500 millones en el año 2100, un aumento de tan solo el 2 %. En contraste, la ONU proyecta que la población de África se elevará de 1.340 millones a 4.280 millones.

Después de transcurridas unas cuantas décadas, las tendencias demográficas dependen fundamentalmente de los pronósticos de las futuras tasas de fertilidad (número de nacimientos estimados por cada mujer a lo largo de su vida), que son inherentemente inciertas. Pero en todas las economías desarrolladas del mundo, el patrón de fertilidad actual se ha mantenido durante un tiempo tan largo que parece probable que siga siendo una característica estable.

En todos los países económicamente avanzados, las tasas de fertilidad cayeron rápidamente entre finales del siglo XIX y la década de 1920, a medida que la disponibilidad de la anticoncepción se incrementaba, y se elevaba cada vez más la cantidad de mujeres que se liberaban de la esfera doméstica como consecuencia de la educación que recibían y su mayor participación en la fuerza laboral formal.

Pero después de caer en muchos países por debajo de dos durante el período entre las guerras mundiales, las tasas de fertilidad aumentaron nuevamente en la era inmediata de posguerra, alcanzando alrededor de 2,4 en el norte y oeste de Europa, y algo más de tres en América del Norte. Sin embargo, en el medio siglo transcurrido desde el año 1970, ha reinado un patrón notablemente constante en todos los países. Dado que las tasas de fertilidad en el norte y el oeste de Europa cayeron por debajo de dos a principios de la década de 1970, y que las tasas en el sur de Europa bajaron a dichos niveles una década más tarde, las tasas en Europa nunca volvieron a subir por encima de dos, llegando al actual promedio europeo de 1,6 y con ni un solo país por encima de 1,85.

La tasa de fertilidad de Canadá nunca ha sido mayor a dos desde principios de la década de 1970 y actualmente es de 1,53; y la tasa de fertilidad de Estados Unidos, tras haber caído por debajo de dos en la década de 1970, se elevó apenas por encima de esa marca en la década de 1990, solo debido a que los inmigrantes recién llegados de América Latina inicialmente tenían tasas de fertilidad más altas que la población no hispana. Sin embargo, ahora que las tasas de fertilidad de los hispanos están cayendo rápidamente, el promedio actual en Estados Unidos es 1,78.

Educación y libertad

En todos los países que han alcanzado un estatus de ingresos medios, y en aquellos donde las mujeres están bien educadas y tienen libertad reproductiva, las tasas de fertilidad están en o por debajo de los niveles de reemplazo. Todo indica que las sociedades humanas ricas y exitosas eligen tasas de fertilidad que implican una disminución gradual de la población.

La mayoría de los análisis convencionales lamentan la inevitable consecuencia de que la población en ‘edad de trabajar’, a menudo definida rígidamente como personas de 15 a 64 años, disminuya como proporción frente a aquellas personas de 65 años o más. Y se argumenta que si las tasas de fertilidad no pueden ser forzadas a ser más altas, la inmigración debe ser aceptada como la única respuesta a la inminente escasez de mano de obra.

Los mayores desafíos demográficos no se encuentran en los países que enfrentan una estabilización de la población, sino en África, que aún enfrenta un rápido crecimiento de la población

Sin embargo, en un mundo con un potencial de automatización en rápida expansión, la contracción demográfica es, en gran medida, una bendición, no una amenaza. Nuestra creciente capacidad para automatizar el trabajo humano a lo largo de todos los sectores (agricultura, industria y servicios) hace que la idea de una fuerza laboral en constante crecimiento sea cada vez más irrelevante para las mejoras en el bienestar humano. Por el contrario, la automatización hará que sea imposible lograr el pleno empleo en países que aún enfrentan un rápido crecimiento de la población.

Incluso en la India, la tasa general de fertilidad ha bajado a 2,24, y está por debajo de dos en todos los estados económicamente más exitosos del país, como Gujarat, Maharashtra y Kerala. El promedio nacional solo se mantiene por encima de dos, debido a que se tienen tasas mucho más altas en los estados pobres de Uttar Pradesh y Bihar. Pero las altas tasas de fertilidad del pasado se traducen en que la población de la India, que actualmente es de 1.380 millones, probablemente alcanzará la estabilidad, en torno a los 1.650 millones, solo en la década de 2050. Y, durante varias décadas, la población en edad de trabajar de este país continuará creciendo aproximadamente en 10 millones de personas por año. Este rápido crecimiento, a menudo aclamado como un bienvenido dividendo demográfico, es, de hecho, uno de los principales problemas económicos de la India. Si bien el crecimiento anual del PIB ha alcanzado un promedio de alrededor del 7 % durante los últimos cinco años, este crecimiento ha sido impulsado por empresas líderes que utilizan tecnología de punta. Esta expansión casi no ha generado nuevos empleos, y una proporción cada vez mayor de la población de la India está desempleada o subempleada en el enorme sector informal.

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Por el contrario, China y Japón, que ahora enfrentan importantes disminuciones en la población en edad de trabajar, están en una mejor posición para adoptar la automatización sin temer consecuencias con respecto al empleo. Por lo tanto, los mayores desafíos demográficos no se encuentran en los países que enfrentan una estabilización de la población y luego un descenso gradual, sino en África, que aún enfrenta un rápido crecimiento de la población.

La automatización hará que sea imposible lograr el pleno empleo
en países que aún enfrentan un rápido crecimiento de la población

Una única ruta conocida

Desde una perspectiva de la historia económica de los últimos 70 años, conocemos solamente una ruta comprobada que lleve de la pobreza a una situación de ingresos medios y altos, y esta ruta implica una fase en la cual se crean grandes cantidades de empleos en sectores manufactureros orientados a la exportación. Corea, Taiwán y China siguieron este modelo de desarrollo, y muchos países africanos ahora también buscan hacerlo. Pero ese modelo está bajo amenaza en un mundo donde la manufactura puede ser casi completamente automatizada, y donde gran parte de los trabajos de producción manufacturera, aunque sean muy pocos empleos, pueden regresar a los países desarrollados.

Etiopía, por ejemplo, es uno de los países de África con las mejores políticas y perspectivas, pero incluso allí será casi imposible crear empleos con la suficiente rapidez para absorber a una población en edad laboral que se proyecta aumentará de 43 millones en el año 2015 a 110 millones en el 2050. Y las perspectivas de Etiopía son mucho mejores que las de Níger, donde se proyecta que la población total crezca de 24 millones en la actualidad a 66 millones a mediados de siglo, y a 165 millones en el 2100.

No hay respuestas fáciles al desafío demográfico que amenaza el desarrollo económico de África. Pero al menos debemos reconocer que es en este continente donde reside la verdadera amenaza demográfica. La automatización ha puesto de cabeza la sabiduría económica convencional: ahora hay mayor prosperidad cuando se tiene menores cantidades de habitantes.

ADAIR TURNER*
© Project Syndicate
Londres
* Miembro del Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico y expresidente de la Autoridad de Servicios Financieros del Reino Unido. Su último libro se llama ‘Entre la deuda y el diablo’.

Langostas y coronavirus

Once países de la costa oriental de África, y especialmente Kenia, Somalia y Etiopía, sufren un ataque de langostas de proporciones bíblicas desde febrero. Y hoy, una segunda oleada, aún más fuerte que la primera, está en curso. Millones de personas están quedando expuestas al hambre y la ONG Oxfam calcula que en algunos de los países afectados la inflación podría llegar hasta el 75 %.

Paralelamente, la pandemia de coronavirus ya está presente en 52 de los 54 países del continente africano y todos los expertos advierten que si se sale de control tendrá efectos devastadores, no solo en vidas, sino sobre las precarias economías de la inmensa mayoría de las naciones africanas.

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