¿Volverá la Copa Mundial a Suramérica…? (Opinión)

¿Volverá la Copa Mundial a Suramérica…? (Opinión)

Brasil, Argentina, Uruguay, Colombia y Perú llevan el peso de la representación del área.

10 de junio 2018 , 07:30 p.m.

Desde 1930 a la fecha, la Copa Mundial ha tenido únicamente campeones europeos (11) o sudamericanos (9). Africanos, asiáticos, oceánicos o del área de Concacaf nunca alcanzaron la cima. Sólo dos veces llegaron “extraños” a una semi: Estados Unidos en Uruguay 1930, un torneo por invitación con 13 equipos y apenas cuatro europeos, y Corea del Sur en 2002, cuando fue local y tras ser ayudado por un bochornoso arbitraje frente a España, al que no le convalidaron dos goles perfectamente legítimos. Sería edificante que siguieran evolucionando hasta pelear la corona; harían aún más fuerte y atractivo el torneo. Si China, Japón o la India llegaran a una final la Copa Mundial ingresaría en otra dimensión, una infinitamente más grande aún.

No obstante, si algo nos atrevemos a vaticinar es que, en Rusia, el título debe recaer de nuevo en manos de los dos continentes dominantes. De las 13 selecciones no europeas o sudamericanas, apenas Nigeria nos parece que podría dar un golpe por sorpresa. Ocupa el puesto 48 del Ránking Mundial, aunque por mentalidad, fuerza física y rebeldía podría avanzar en el cuadro. El resto, con mayor o menor suceso, carece del poderío necesario. Incluido México, que siempre amenaza y nunca ha concretado. Porque el fútbol tiene una lógica y para alcanzar las cumbres se necesitan grandes jugadores de verdad. Varios.

Planteado ese marco, vemos esta vez muy posible que Sudamérica levante nuevamente la corona. También lo pensábamos en 2014 debido a la localía de Brasil, cuando aconteció uno de los cataclismos futboleros más increíbles: el Brasil 1 - Alemania 7. Aún así, Argentina acarició el sueño en la final, tuvo más situaciones de gol que los muchachos de Löw. No supo meterla y dilapidó lo que pudo ser un empate Europa 10 - Sudamérica 10. Hubiese sido meritorio: Sudamérica tiene 10 asociaciones y 455 millones de habitantes, Europa 55 afiliadas, una población de 743 millones… y el poder político.

Brasil vuelve a ser el favorito principal al título y con ello lidera las aspiraciones de nuestra región. ¿En qué se basa…? Ante todo, en su técnico, porque con los mismos jugadores y Dunga marchaba sexto en la Eliminatoria, jugaba mal y peligraba su boleto. Llegó Tite y le cambió el chip, devolviéndolo a un primerísimo plano.

Estableció un sistema de juego que está en el ADN del futbolista brasileño, recuperó la confianza, la armonía, el poder de fuego adelante. Y Brasil siempre puede juntar once buenos, muy buenos. Además, Neymar demostró que está de vuelta en plenitud física y descansado mentalmente. Puede ser la estrella de la Copa. Veremos si confirma todo lo bueno que suponemos de antemano.

A la Argentina la situamos segunda en el análisis no por poderío sino por tradición. Y por Messi. Él es la única y exclusiva explicación de que haya llegado al Mundial, de que sea respetada como potencia y posea alguna posibilidad de éxito. A su ya típica desorganización como asociación, le suma que perdió dos titulares: el arquero Romero y el volante Lanzini. Los dos que lo reemplacen van sólo para completar la lista. No tiene una identidad de juego y llega casi sin jugar amistosos (apenas uno con Haití). Cuando tuvo uno serio, perdió 6 a 1 con España. El técnico lleva apenas 11 partidos con el equipo. Y da la sensación de que muchas de las decisiones de Sampaoli no responden a sus ideas o a sus convicciones sino que buscan agradar al grupo. La única esperanza es Messi. Aunque no es un deporte individual, la gente espera que él sólo logre el campeonato. Tampoco le sobran los buenos jugadores. Otra llamita de ilusión es que ya otra vez Argentina llegó en pésimas condiciones a un Mundial -en México ’86- y luego fue campeón. Cuando comience a rodar el esférico se verá. Pero el pronóstico no es halagüeño.

Por historia, por el carácter de sus futbolistas, su apego al sacrificio y su compromiso con la camiseta, también por su extraordinario entrenador Óscar Tabárez, Uruguay es una selección más que respetable. Tuvo suerte, le tocó el grupo más accesible: Arabia Saudita, Rusia y Egipto sin Salah. O con un Salah que sale del taller y no tiene rodaje. Se cree que el crack del Liverpool no alcance a jugar ante la Celeste. Suárez y Cavani representan una delantera temible. Y atrás Uruguay siempre será fuerte, por instinto y determinación para defender. Ya en octavos, el Paisito debería enfrentarse a España o Portugal y ahí tendría su primera prueba de oro. Pero como decía Lugano, “el mejor Uruguay aparece en el partido límite”.

Colombia ha cambiado su fisonomía del Mundial anterior a este. De aquel equipo vistoso que brilló en la Eliminatoria previa a Brasil y en el Mundial mismo, aparece ahora como una fuerza compacta, más sólida que estética, con mucha marca en el medio y menos juego arriba, donde Falcao navega en soledad. Tiene la misma excelente columna vertebral del 2014: Ospina-Zapata-Carlos Sánchez-James-Falcao. Y más experiencia. Es difícil superar a Colombia, y ese será su principal argumento. También le resulta complicado llegar al gol. Será su desafío. La baja de Fabra le quita un poquito de fútbol por izquierda. Juan Fernando Quintero puede ser el soplo de frescura que necesita el equipo en tres cuartos de cancha. Él parecer ser el aglutinador de intenciones. Su inclusión depende de un Pekerman que se ha vuelto un tanto retranqueiro. Es un equipo fuerte mentalmente.

Por juego, Perú podría ser una de las revelaciones del Mundial: juega bien. Gracias al sensacional trabajo de búsqueda y adoctrinamiento de Gareca, pasó de tener tres jugadores de selección a doce o trece. Y un estilo. Como los buenos equipos de siempre, sabe a la perfección su libreto, que comulga con la manera peruana de sentir el fútbol: defensa zonal con achique de los volantes, muy buen trato de balón, toque preciso, mucha solidaridad entre todos, llegada en bloque y exquisita técnica individual en varios futbolistas. Además, no tiene ninguna duda, hasta un chico de diez años puede recitar de memoria el once inicial: Gallese; Advíncula, Ramos, Alberto Rodríguez y Trauco; Renato Tapia y Yotún; Farfán, Édison Flores, Cueva y Paolo Guerrero. Más de un extranjero que sabe poco de la selección incaica va a quedar prendado con su elegancia.

Como ocurre tantas veces, puede salir todo al revés: que Brasil defraude, que Argentina gane, que Colombia deslumbre, que Uruguay se quede en octavos y que Perú pierda y desilusione. Entonces este análisis se autodestruirá en cinco segundos. Pero es lo que pensamos hoy, sin el diario del lunes.




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JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO
En Twitter: @JorgeBarrazaOK

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