Mundial 2014: Mundial Brasil 2014 >Copa Mundial Brasil 2014

Un especial de EL TIEMPO y Futbolred

La fe del 'Tigre', la ilusión de un país

EFE

Delantero de moda, estandarte de uno de los proyectos más ambiciosos del balompié europeo y referente de una selección llamada a ser protagonista en Brasil. Este era el panorama de Radamel Falcao García en enero. El 22 de ese mes, el Chasselay, conjunto amateur, figuraba como rival del Mónaco en la Copa de Francia. Una victoria fácil en el horizonte del colombiano.

La previsión se cumplió. Corría el minuto 29 cuando Falcao perforó la portería rival: 0-1. Radamel, que desconoce el conformismo, quería más. Cerca del descanso, el punta de Santa Marta enfilaba la portería tras un preciso control cuando el desconocido Soner Ertek logró espacio mediático de la manera que nunca hubiera deseado. Sin mala intención, se estiró en el área para impedir la progresión de Falcao. La pierna izquierda del atacante quedó clavada en el suelo y el ligamento cruzado anterior de su rodilla se quebró.

Falcao fue retirado en camilla. Las ilusiones mundialistas de un país entero naufragaban. José Carlos Noronha, médico de confianza, confirmó los presagios más funestos: seis meses de baja. Adiós casi seguro a Brasil 2014. En esa encrucijada, cuando las esperanzas agonizaban, Falcao se agarró a la fe en Dios, uno de los pilares de su vida. Se negaba a considerar el Mundial como un anhelo imposible. Buscaría el milagro. La cuenta atrás para acortar los plazos médicos había comenzado.

Lorena Cos, reputada psicóloga española, distingue cinco fases en una lesión desde el punto de vista anímico: “La primera es la negación, seguida de ira, negociación, desánimo e incertidumbre sobre el futuro, y, por último, aceptación. En esta última, el deportista acepta al fin la gravedad de la lesión”. Falcao se saltó las cuatro primeras. Aceptaba su destino y se encomendaba a Dios. En Él descansan sus sueños y expectativas desde niño.

Así lo confirma su amigo Nicolás Peñaloza, con quien comparte horas en la iglesia desde que eran jóvenes en Bogotá. “Conozco a pocos famosos que vivan tanto su fe. Cree mucho en Dios y eso no es algo de ahora –cuenta su compañero, hijo de pastor–. Es una persona muy creyente y con unos valores innegociables, que le permiten ser humilde y valiente al mismo tiempo. Con él nunca te vas a equivocar, su carácter es muy claro”, resalta sobre alguien que no tiene reparos en poner versículos de la Biblia en sus perfiles de Twitter y Facebook. Un factor que contrasta con su dificultad a la hora de exteriorizar otros detalles: “No tiene problema en hablar de Dios, pero sí en comentar posibles fichajes o preocupaciones. Con ese tipo de temas es igual de prudente con sus cercanos y con la prensa”.

Amigo y condiscípulo de Kaká

Hombre de firmes creencias, es un clásico de la Iglesia Evangélica Salem cuando se encuentra en Madrid. Junto con Marcos Vidal, su pastor y afamado cantautor, el jugador y el resto de la comunidad suelen celebrar los cultos en el auditorio de un centro de rehabilitación de drogadictos, en Carabanchel. Allí se juntan cada fin de semana más de mil feligreses. En ese ambiente conocen bien a Falcao y a su amigo Kaká. Antes de que el brasileño regresara a Milán resultaba bastante usual verlos coincidir en dichos actos. “Falcao nunca ha escondido su fe, aunque a veces deba ir de incógnito a la iglesia”, reconoce el Consejo Evangélico local.

Radamel ya había experimentado la adversidad. Con 15 años abandonó Colombia al ser reclutado por el River Plate. En el club ‘millonario’ comenzó una progresión imparable interrumpida por el quirófano antes de cumplir los 20. En el 2003 se rompió los ligamentos del tobillo derecho; tres años más tarde, el ligamento cruzado de su rodilla derecha. Aquellos desagradables hechos guardan bastantes similitudes con la situación que envolvía a Falcao tras ser operado en Oporto por el reputado Noronha. La ilusión de su padre, exfutbolista, por verlo despuntar en uno de los equipos con más historia del planeta fue uno de sus principales motores entonces. Ahora, los sueños de millones de colombianos para que su ídolo liderase la aventura mundialista ejercían de motivación.

Una vez operado en la ciudad portuguesa que lo colocó en el mapa del fútbol europeo, Radamel se trasladó en febrero a Madrid. Allí, donde se consolidó como uno de los mejores ‘9’ del mundo, comenzó una rehabilitación contrarreloj, con la fecha del 14 de junio (debut de Colombia en el Mundial, contra Grecia) tatuada en el alma. El encargado de supervisar el proceso es Joaquín Juan, un fisioterapeuta español cuya juventud no le impide ser uno de los mejores del mundo. De su efectividad dan fe deportistas del prestigio de Pau Gasol y Cristiano Ronaldo.

Joaquín Juan, que el jueves se mostraba optimista aunque consciente de que no llegará al 100 por ciento a Brasil, le impuso un coctel de difícil digestión pero de resultados probados: paseos, gimnasio y piscina en cantidades industriales. Con disciplina militar, el ‘Tigre’ sale de su cama cerca de las 7 de la mañana (está viviendo en un céntrico hotel de la capital española), se pone su sudadera ajustada y marcha hacia el parque de El Retiro. Aprovechando el silencio cómplice de una ciudad adormilada, camina durante cerca de una hora por el ‘pulmón de Madrid’, cuyos orígenes se remontan a 1630. Para eludir posibles paparazzi, se cubre con una capucha. No quiere distraerse.

Tras el paseo, Radamel camina hacia la clínica Castellana 28, especializada en tratamientos de recuperación, y llega puntual. Nunca hay retrasos ni ausencias. Tampoco, una mala cara. Sus ojos muestran la ilusión de alguien con un objetivo claro. Allí, el ariete pasa cerca de dos horas en el gimnasio para fortalecer su cuerpo, especialmente la zona afectada. Es en esos momentos cuando debe recordar los consejos de los psicólogos. “Hay que permitirse estar triste. Expresar la pérdida que experimentas por una lesión así es clave”, recomienda Lorena Cos. Para ello, es fundamental “marcarse metas realistas”, manteniendo una actitud positiva que acabe notándose en la fisiología.

La piscina aguarda tras una mañana ajetreada. No hay tiempo para la siesta. A las 4:30 p. m., el futbolista realiza trabajos de esfuerzo físico en el agua para que el corazón mantenga la actividad. “Se necesita entrenar al jugador en imaginación, para que no pierda el gesto técnico. Es decir, hay que facilitar una estimulación constante de la conexión neuromuscular”, recuerda Cos.

Prudente optimismo

La carrera de persecución que comenzó el 22 de enero está cerca de culminar. Las señales esperanzadoras se suceden en el tortuoso camino. Pero aún es pronto para responder a la pregunta que cualquier colombiano se hace a diario. “La recuperación va muy bien. Espero continuar así”, afirmó Falcao hace unos días, después de recibir el trofeo Comunidad Iberoamericana, del Consejo Superior de Deportes. Comentario positivo al que supo poner freno en relación con el Mundial: “Falta tiempo. Cuando llegue el momento para tomar la decisión se verá si estoy disponible”. A finales de abril, Noronha, su cirujano, utilizó una estrategia dialéctica muy similar. “Pienso que irá a Brasil, pero es natural que con cuatro meses y 19 días (de recuperación) haya limitaciones”, aseguró el médico a la agencia portuguesa Lusa.

Los motivos para ser precavido se resumen en uno: Falcao podría estar a disposición de Pékerman menos de cinco meses después del desgraciado lance copero en Francia. Algo que podría calificarse de milagro. “En estos casos se suele recuperar la normalidad a las tres semanas. Después se comienza a hacer ejercicios para recobrar la fuerza. A los tres meses se puede incluir la carrera continua, pero como mínimo deben pasar seis meses para iniciar la actividad deportiva”, afirma Pedro Palazón, jefe de Traumatología del Hospital La Luz, de Madrid. El galeno insiste en que jugar el Mundial “podría ser una decisión precipitada y riesgosa. No es lo común para un ser humano normal”.

“Mi impresión es que va a llegar. Está convencido de hacerlo. Algunos médicos son favorables porque no ha habido recaída. Se siente fuerte, de cabeza y de rodilla. Al inicio estará como al 70 por ciento. No será titular, pero irá entrando en la dinámica. Su buen estado me lo ha confirmado Joaquín Juan, aunque él no quiere comprometerse hasta saberlo con certeza”, explica Juan Castro, periodista del diario ‘Marca’, quien habló el jueves con el colombiano. “Es admirable su capacidad para recuperarse. Si lo logra sería un récord mundial. Hace unos años esta lesión se curaba en 8 o 9 meses y ahora quizá en 7, pero lo suyo no es normal. Su inteligencia, salud, tranquilidad y la estabilidad de su entorno están teniendo mucho que ver”, asegura alguien que lo conoce bien.

Mientras Radamel se vuelca en una lucha personal contra el reloj, sus compatriotas no paran de mandarle ánimos. Como un video con el lema #FuerzaTigre que tocó su fibra. Estas numerosas e improvisadas muestras de apoyo responden también a las cualidades humanas de Falcao, quien suma 20 dianas con la selección colombiana desde su debut, en el 2007. “En su época en el Calderón demostró ser no solo un jugador de calidad, sino también una persona valiosa por cómo era en el vestuario”, cuenta Gabi Fernández, capitán del Atlético de Madrid.

Durante los dos años que pasó Falcao en el cuadro rojiblanco, el interés que despertó fue tal que Juanjo Anaut, responsable de comunicación, tramitaba más de 60 solicitudes de entrevista al mes. “Sabe mejor que nadie que, como estrella mundial que es, tiene que cuidar lo que dice. Se lo piensa mucho antes de abrir la boca, pero intenta ser honesto siempre”, cuenta el periodista.

Ya en la cancha, ‘Rada’ no se ahorra nada. De ello pueden dar testimonio los 50.000 fieles que acudían al Vicente Calderón a contemplar en vivo sus cacerías. “Es un delantero que está en la historia del Atlético, sobre todo por las noches de Bucarest (final de la Europa League contra el Athletic) y Mónaco (frente al Chelsea en la Supercopa de Europa). Aquello fue memorable”, destaca Manuel Malagón, redactor de ‘Marca.com’ que cubre al equipo madrileño.

Estos días, cuando mira por la ventana del hotel donde se aloja no solo aprecia unas bonitas vistas de la capital española, sino que alcanza a vislumbrar los anhelos de grandeza de millones de compatriotas, que llevan 16 años esperando la presencia de su país entre las mejores selecciones del globo.

Falcao sólo tenía 12 años cuando Colombia disputó su último Mundial. En Francia 98, el planeta futbolístico asistió al ocaso de una generación inolvidable. La del 0-5 a Argentina. La que se presentó en Estados Unidos 94 dispuesta a desafiar a las potencias tradicionales. Valderrama, Rincón, Valencia y Asprilla formaban parte del combinado en ambos eventos. En ninguno de ellos superaron la primera fase. Una decepción que perdura en la memoria colectiva de un país expectante.

Dieciséis años después, Colombia ya no descansa en la voluminosa melena del ‘Pibe’. Ahora se protege del enemigo con las garras de un tigre. El país entero suplica por la recuperación a tiempo de Radamel Falcao García. Sus plegarias encuentran respuesta en la lucha diaria de un animal enjaulado en salas de rehabilitación. Un cazador que prepara los colmillos mientras las manos de Joaquín Juan moldean una recuperación en tiempo récord, para un desafío de proporciones históricas.

NACHO LABARGA
Para EL TIEMPO

Más noticias sobre Selección Colombia

Publicidad

Publicidad

Publicidad