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Nevado del Cocuy uno de los perjudicados del cambio climático

Miércoles 28 de diciembre de 2016

Módulo infografía

Apertura

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Luis Alejandro Herrera, de 48 años y originario del departamento del Huila, no dice ‘cambio climático’; para él, el nombre de este fenómeno medioambiental es “clima climático”. Sin embargo, y si bien no dice correctamente la expresión, sí tiene claras sus consecuencias en el entorno donde ha pasado casi toda su vida, dedicado a las labores del campo.

Se trata de la Sierra Nevada del Cocuy, Boyacá, quizás uno de los lugares de Colombia en los que el impacto del aumento de la temperatura es más notorio e inquietante. En este parque nacional, como en la mayoría de zonas montañosas del mundo cubiertas por glaciares, la capa de hielo ha desaparecido significativamente por culpa del aumento de la temperatura; tanto, que es posible ver las marcas sobre la piedra que este ha dejado en su retroceso, las denominadas morrenas, algo preocupante para científicos y comunidades, pues estos lugares son una de las principales fuentes de agua potable.

“El ‘clima climático’ ha sido muy duro desde hace unos años, porque cuando nosotros estábamos criándonos por acá, era mucho más frío. El nevado era toda la cordillera, era más extenso en nieve”, cuenta Luis Alejandro, hombre de baja estatura y bigote, y quien lleva puesto un sombrero negro y una ruana típica boyacense que lo protege del intenso frío.

No obstante ser testigo directo de la transformación del Cocuy, la más grande de las seis masas de hielo del país (junto con la Sierra Nevada de Santa Marta y los volcanes nevados de Santa Isabel, en el Tolima, el del Huila y el del Ruiz), Luis no sabe que lo más probable es que de sus descendientes, los nietos serán los últimos en ver el manto blanco que hoy cubre las montañas del Cocuy. La razón: de acuerdo con el Ideam, el glaciar solo estará acá unos 40 años más, por causa de los 20 metros lineales de hielo que se pierden cada año, equivalentes al cinco por ciento del volumen glaciar.

“Toda la cordillera como la estamos viendo allá –dice Luis señalando los picos nevados que se asoman detrás de él– tenía nieve. Por el paso del Cusirí teníamos una finca y en ocasiones nos tocaba pasar por nieve, pero ya no hay más”.

El clima nos cambió para siempre: Sierra Nevada del Cocuy

El clima nos cambió para siempre: Sierra Nevada del Cocuy

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Lo que cuenta Luis se puede comprobar con una caminata a través la sierra para intentar ver de cerca la nieve, que es la capa más superficial del glaciar, al cual ya no se puede acceder, pues el Cocuy fue cerrado por Parques Nacionales en enero del 2016 por petición de los indígenas residentes en municipios cercanos como Güicán y Cocuy. Ellos argumentan que el flujo de turistas acelera el derretimiento del glaciar; en este momento, parques sostiene mesas de trabajo para reabrirlo.

La excursión por el improvisado sendero de tierra y piedra es guiada por Andrés Sepúlveda (32 años), montañista güicanense y conocedor como pocos del devenir de este ecosistema en los últimos años. Habla señalando el lugar de la montaña hasta donde llegaba la nieve hace unos pocos siglos y en el que ahora solo quedan como vestigios esas piedras gris claro.

El hombre, conocido en su tierra como ‘flaco’, pese a su imponente físico, con más de 180 centímetros de estatura acompañados por una amplia espalda, ha tenido que ver cómo su negocio de alojar y acompañar a los turistas, por medio de la Asociación de Servicios Ecoturísticos de Güicán y del Cocuy, se ha venido abajo por el cierre del parque.
“Nos hemos quedado sin recursos para el sostenimiento de la cabaña, y si esto sigue así, lo mejor va a ser acabar con la asociación”, comenta.

Sepúlveda recuerda como años críticos para el derretimiento del Cocuy a 1985 y el 2008; el primero, a raíz de la caída sobre la nieve de las cenizas provenientes de la erupción del Nevado del Ruiz; y el segundo, debido a otro cierre del parque, durante casi tres meses, por causa del fuerte y prolongado verano de la época. Sepúlveda asegura que, en aquel momento, el repliegue del hielo en el Ritacuba Blanco (el más alto de la sierra, con 5.333 metros sobre el nivel del mar) fue de aproximadamente siete metros.

Adiós a la nieve del Cocuy

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Otro año clave que evidencia el cambio del ecosistema fue el 2013, cuando se instalaron registros del agua para el cobro de este servicio en municipios aledaños al parque. El propósito era obligar a las personas a aprovechar de manera más responsable el líquido. La medida generó airadas protestas entre la comunidad, acostumbrada hasta ese momento a disponer del agua con una tarifa fija mensual.

A todo lo anterior hay que sumarle la posibilidad de que aumente la frecuencia e intensidad del Niño, fenómeno que reduce la cantidad de nubes e impide la caída de nieve, que es el ‘alimento’ del glaciar y sin la cual no puede sobrevivir.
“Esto, más la subsiguiente intensa radiación solar, derrite el glaciar más de lo normal”, explica el Ideam.

Los indígenas de la zona ven con gran preocupación el momento en el que se encuentra el que ha sido su hogar por generaciones. Claudia Milena Tegría, de la etnia u’wa y habitante de la comunidad de Bachira, asegura que les inquieta cómo el legado natural y cultural frente a ellos, se pierde todos los días.

“Para nosotros es importante que conozcan este sitio. Queremos que toda la comunidad lleve el nevado en el corazón, que lo preserven y que nos ayuden a cuidarlo. A mí, que estoy más joven, me gustaría que mis hijos lograran conocerlo”, concluye la mujer.

¿A usted también le ha cambiado la vida con el clima? ¿Quiere aportar para evitar la degradación ambiental en su comunidad? Escríbanos a laubet@eltiempo.com y a @ElTiempoVerde.

Le quedan 40 años al nevado

'El daño es irreversible'

'El daño es irreversible'

Para explicar la salud de los glaciares, compuestos por nieve y hielo, Jorge Ceballos, glaciólogo del Ideam, hace una analogía con la de los humanos. “La nieve es el alimento de los glaciares, pues solamente si esta cae durante el tiempo suficiente para convertirse en hielo, los nevados permanecerán”, explica Ceballos. Agrega que el impacto del cambio climático sobre este ecosistema es totalmente irreversible. “El daño ya está hecho”, sentencia.

Sin embargo, considera que, aunque alarmante, el fenómeno forma parte de un ciclo y la mejor medida que pueden tomar los humanos es adaptarse a las nuevas dinámicas del clima.

“La principal preocupación que surge cuando se piensa en la afectación de los nevados es el agua, pues este ecosistema es uno de los principales proveedores del líquido a las poblaciones. Pero se debe tener en cuenta que el cambio climático no causará que el agua se acabe; lo que va a pasar es que el planeta se adapte, como ya lo está haciendo”, explica el especialista.

Para Ceballos, los glaciares funcionan como la alarma de un carro: “Si ésta se activa, no significa que se estén robando la alarma; significa que se están robando el carro”. En esta medida, los nevados son buenos indicadores de cómo está el clima en el resto del planeta; por eso, en su opinión, hay que prestar atención a fenómenos como el del Niño, los cuales se dan en mayores extensiones del territorio y tienen mayor afectación global.

Con el apoyo de la Tercera Comunicación Nacional de Cambio Climático, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (IDEAM) y el Programa de las Naciones Unidas Para el Desarrollo (PNUD).

Final

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