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Historias de dolor sobre exilio fronterizo fueron escuchadas
Comisión de la Verdad

Además de dar su testimonio, los indígenas Ziobain del Putumayo armonizaron el reconocimiento e hicieron cantos ancestrales.

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Rafael Jaller

Historias de dolor sobre exilio fronterizo fueron escuchadas

Víctimas del conflicto que huyeron a países vecinos fueron escuchadas por la Comisión de la Verdad.

Las reiteradas pausas que hacía David dando su testimonio de vida daban cuenta de lo que significó la desaparición de sus padres cuando tenía apenas 8 años. Una historia de dolor que continuó cuando la guerrilla intentó reclutarlo en varias oportunidades aún siendo niño hasta que se vio obligado a cruzar el tapón del Darién para llegar a Panamá y de allí a Costa Rica.

Él fue una de las 8 personas que ompartieron su historia como exiliados en el marco del conflicto armado en Colombia, durante el reconocimiento que realizó la Comisión de la Verdad el pasado 27 de febrero en Ibarra, ciudad en el norte de Ecuador.

“Este acto es para reconocer a todas las personas a las que les ha tocado caminar y atravesar las fronteras en medio de circunstancias inimaginables para muchos de nosotros”, dijo el comisionado de la Verdad, Leyner Palacios.

Una familia que se dedicaba a la panadería en Nariño y que por las extorsiones de la guerrilla huyó a Ecuador; una mujer trans de Medellín que fue discriminada, abusada y amenazada por los paramilitares y tuvo que salir a Costa Rica; y los Ziobain, pueblo indígena transfronterizo también conocidos como Siona, cuyo territorio ancestral está en Colombia y Ecuador, han sido afectados históricamente por la guerrilla, paramilitares y el Ejército, separándolos en su territorio, confinándolos en Colombia y desplazándolos de manera forzada a Ecuador, fueron algunos de los testimonios que se oyeron en el reconocimiento, que si bien no son todos los casos, sí reflejan parte de lo vivido por quienes se han tenido que exiliar en los países vecinos

Este acto es para reconocer a todas las personas a las que les ha tocado caminar y atravesar las fronteras en medio de circunstancias inimaginables para muchos de nosotros

Además, la salida de Colombia es tan solo un paso más en el doloroso exilio, pues a la llegada al otro país muchas veces se encuentran con rechazo, estigmatización y falta de oportunidades.

“Hemos escuchado historias duras, el sufrimiento de una Colombia olvidada, que nos convoca porque quiere ser escuchada. El primer paso para cualquier reconstrucción de la convivencia es que tu historia sea tenida en cuenta. El exilio en los países en frontera es una realidad invisible, en donde Ecuador, Venezuela, Panamá, Brasil y Perú han sido más testigos de estos procesos que la misma Colombia”, dijo el comisionado de la Verdad, Carlos Beristain.

El llanto invadió a David al recordar los hechos que vivió en su niñez, por lo que un grupo de la comunidad Ziobain lo ayudó a calmar su dolor con rituales de incienso y cantos de sanación.

Hemos escuchado historias duras, el sufrimiento de una Colombia olvidada, que nos convoca porque quiere ser escuchada

¿Por qué fue en Ecuador?

El subregistro reina en los casos de exilio en países vecinos, pero cifras de Acnur (Agencia de la ONU para los Refugiados) muestran que al menos 524.496 colombianos solicitaron protección internacional para recibir refugio en los cinco países fronterizos. De esta cifra, 240.901 fueron en Ecuador.

Ibarra está a poco más de dos horas de Ipiales, Nariño, en la frontera colombo-ecuatoriana, y en esta ciudad se encuentra la casa de acogida de la Misión Scalabriniana, lugar donde se realizó el encuentro y que, además, recibe y ayuda tanto a colombianos en exilio como a venezolanos, que huyen de la situación social y económica de su país.

'Espero algún día poder regresar a Colombia'Ana se exilió en Ecuador

El sueño de la familia Rincón era conseguir una mejor vida; para esto, el padre y el hermano mayor se fueron en el 2000 de Medellín a El Charco, Nariño, para trabajar en una panadería.

“En el 2004 nos obligaron a ir a reuniones con las Farc, en las que nos decían que los comerciantes del municipio teníamos que pagar una vacuna mensual para que la guerrilla construyera una represa y tuviéramos agua potable”, contó Ana Milena Rincón.

La guerrilla los amenazó diciendo que si no pagaban las cuotas, corrían el riesgo de ser secuestrados, desaparecidos o asesinados. Promesa que casi se cumple.

“El peor momento fue cuando la guerrilla intentó secuestrar a mi hermano, pero, gracias a Dios, el Ejército colombiano lo pudo salvar. A los dos días de eso, nos llegó una carta que decía que nos pusiéramos al día con las cuotas o teníamos tres días para irnos o nos mataban”, recordó esta mujer.

Los Rincón dejaron todo y huyeron hacia Palmira, Valle del Cauca, pero al poco tiempo fueron ubicados y esta vez tuvieron que irse a Ecuador.

Vivir en el exilio no es fácil. En otros países, cuando escuchan que uno es colombiano, de una vez a las mujeres las tildan de prostitutas y a los hombres, de narcotraficantes

“Vivir en el exilio no es fácil. En otros países, cuando escuchan que uno es colombiano, a las mujeres las tildan de prostitutas y a los hombres de narcotraficantes, incluso a los niños en el colegio les hacen bullying”, dijo Ana Milena.

No obstante, esta familia asegura que también han dado en Ecuador con personas y organizaciones que los han ayudado, y que su deseo es “volver algún día a Colombia, pero sin el miedo que siento. Te amo, Colombia”, recalcó Ana.

Comisión de la Verdad

Agosto/2015. Cierre por tres días del puente Francisco de Paula Santander, en frontera de Colombia y Venezuela, dificultó el paso de colombianos al país vecino.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

‘Los Ziobain nos reconocemos como transfronterizos’Por el conflicto, este pueblo indífgena ha tenido que dividirse entre Colombia y Ecuador.

A pesar de que los Ziobain (también conocidos como Siona) se reconocen como un pueblo indígena transfronterizo e históricamente han estado ubicados entre la frontera de Colombia y Ecuador, la violencia del conflicto armado los obligó a cambiar la forma en la que se movilizaban en sus tierras.

“Legítimamente, los pueblos indígenas no hemos tenido fronteras, estas solo existen en la diplomacia. Antes, nosotros éramos como las aves, que podíamos ir libres a cualquier lugar”, aclaró Mario Erazo, indígena Ziobain del resguardo Buenavista en el departamento de Putumayo.

Los primeros desplazamientos fueron en los años 60, cuando las petroleras llegaron a esta zona, luego en 1983 se unieron los actores armados ilegales, como las guerrillas.

Para los Ziobain es tan importante y valioso el territorio que si nos exilian, ya estaríamos muertos así tengamos vida en otro país, porque están acabando con nuestra cultura y espiritualidad

“Fue una etapa dura para nuestra comunidad, y más con la llegada de los cultivos ilícitos. Nuestros territorios comienzan a ser minados y la comunidad es desplazada, los jóvenes, reclutados, y vivíamos amenazados. Por lo que a muchos les tocó irse a Ecuador y a otros, quedarse”, dijo Erazo.

Incluso, esta comunidad llegó a ser declarada objetivo militar por ejercer su derecho al control y autogobierno territorial.

“Para los Ziobain es tan importante y valioso el territorio que si nos exilian, ya estaríamos muertos así tengamos vida en otro país, porque están acabando con nuestra cultura y espiritualidad”, aseguró Mario Erazo, y agregó que, producto de lo vivido, actualmente este pueblo indígena se encuentra en riesgo de exterminio físico.

Comisión de la Verdad

En la fotografía, colombianos en el 2003 desplazados del Catatumbo,Norte de Santander, dirigiéndose hacia la frontera con Venezuela.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

‘La guerra marcó mi cuerpo’David recordó su travesía desde el Chocó hasta Costa Rica.

En 1995, cuando tenía 8 años, a la finca donde vivía David, en Majagual, Sucre, llegaron más guerrilleros de los que estaba acostumbrado a ver. Cuando los vio se ocultó en unas tablas.

Estuve escondido tres horas mientras escuchaba gritos. Cuando pararon busqué a mis papás, pero no estaban”, relató David, quien por seguridad no puede dar su apellido.

De ahí tuvo que irse con una vecina a Sincelejo, y en 1999 un hombre que allí conocían como el ‘abuelo’ le dijo que lo podría ayudar a buscar pruebas de supervivencia de sus papás.

“El ‘abuelo’ nos citó con otros niños que pensé también buscaban a sus papás. Viajamos, nos vendaron los ojos y terminamos en un campamento de la guerrilla en Majagual. Cuando llegamos nos dijeron: ‘Bienvenidos a su nueva familia, ustedes van a ser parte del ejército del pueblo’. En ese momento un niño salió corriendo y lo mataron”, dijo David.

El bus en el que iba lo detuvo la guerrilla. Como pude me metí al Darién y crucé a pie la frontera sin saberlo. Llegué a Panamá y luego a Costa Rica

En el campamento estuvo secuestrado cuatro meses. Un día aprovechó un descuido de sus captores para huir.

“Corrimos por el monte con otros niños, pero escuchamos una explosión y yo caigo volando. Cuando volteo otro niño estaba despedazado porque había pisado una mina ‘quiebrapatas’. Yo sentía mi mano y mi pierna caliente. La guerra marcó mi cuerpo”, recordó este hombre.

Luego de eso y otros dos intentos de reclutamiento, David trabajó en derechos humanos; labor que le generó amenazas y tuvo que huir de Sincelejo hacia el Chocó.

“El bus en el que iba lo detuvo la guerrilla. Como pude me metí al Darién y crucé a pie la frontera sin saberlo. Llegué a Panamá y luego a Costa Rica, donde conté lo que me había pasado y recibí asistencia psicológica”, dijo David, quien vive en Centroamérica y continúa como defensor de derechos humanos.

‘Me siento invisible’Persecución y amenazas a una mujer trans.

Los paramilitares hostigaron a Adriana de todas las formas posibles. Ella siempre ha sido estilista, y los integrantes de este grupo armado la obligaban a cortarles el pelo en diferentes zonas de Antioquia.

“En 1996, muchas veces cuando terminábamos de peluquearlos nos obligaban a prestar sexualmente nuestros cuerpos. Llegué a contar hasta 20 hombres, fue muy difícil”, dijo Adriana.

Incluso la obligaron a guardar drogas en su negocio y su casa, por lo que se fue a Bogotá diciéndoles a los paramilitares que iba a seminarios de belleza, pero ellos insistían en que volviera.

“La situación se volvió invivible en el 2002, cuando falleció mi mamá y mataron a mis dos mejores amigas, las picaron y se las dieron a la familia. Finalmente, en el 2007 decidí huir de mi país hacia Costa Rica, donde tenía una amiga que decía tener un spa y me ofreció trabajo. Para llegar allá pasé por Panamá y me tocó prostituirme, y cuando llegué a Costa Rica mi supuesta amiga era narcotraficante”, aseguró Adriana.

En 1996, muchas veces cuando terminábamos de peluquearlos nos obligaban a prestar sexualmente nuestros cuerpos. Llegué a contar hasta 20 hombres, fue muy difícil

Nuevamente le tocó dedicarse a la prostitución para sobrevivir, pues al no contar con los documentos para trabajar en ese país y el hecho de ser trans le cerraban las puertas en todos los lugares.

“Viví una crisis y no sabía qué hacer, hasta llegué a pensar en suicidarme. Me sentía invisible y que no existía para nadie. No me daban refugio y me decían que yo era un hombre y que me quitara el maquillaje. Costa Rica es un país demasiado cerrado para la población LGBT”, enfatizó esta mujer.

Adriana completa 13 años en Costa Rica, aún sigue a la espera que le den una condición de refugiada en este país para poder trabajar en las mejores condiciones y espera que algún día el miedo se vaya.

Comisión de la Verdad

Durante el reconocimiento en Ibarra (Ecuador), jóvenes colombianos de segunda generación le entregaron a la Comisión de la Verdad un lienzo, que representa la igualdad y la unión entre países.

Foto:

Geovanny Tapia

Exiliados en Panamá y reasentados en BrasilUna familia cundinamarquesa fue amenazada primero por la guerrilla y luego, por los ‘paras’

Fueron 11 miembros de una familia los que tuvieron que huir en junio de 2004 del municipio de Quipile, Cundinamarca, cuando fueron amenazados.

“Llegaron unos personajes armados que se identificaron como miembros de las Farc y le dijeron a mi madre que se fuera de ahí. De la noche a la mañana tuvimos que desaparecer y en busca de ayuda llegamos a la Defensoría del Pueblo, donde nos dicen que no pueden hacer nada, pero nos recomiendan irnos a otro país en el que preferiblemente se hable español para hacer más fácil el nuevo inicio”, contó un miembro de esta familia, que por seguridad no puede dar su nombre.

En agosto de ese mismo año, la familia entera buscó los medios y se fue a Panamá, donde luego de ocho meses fueron reconocidos como refugiados, pero el Gobierno de este país no les concedió el permiso de trabajo, por lo que les tocó dedicarse a trabajar como vendedores ambulantes.

Llegaron unos personajes armados que se identificaron como miembros de las Farc y le dijeron a mi madre que se fuera de ahí

Un día nos llamó el novio de mi hermana y nos dijo que nos visitaría. Fuimos al aeropuerto, pero llegó con un supuesto amigo, que cuando estuvimos solos me dice: ‘Soy paramilitar y vengo a quitarle la vida, pero antes su mamá debe firmar las escrituras de las fincas y la casa en Bogotá”, contó una mujer de esta familia, que acudió a las autoridades y pudieron capturar a este hombre, que fue encarcelado por ocho meses en Panamá, pero cuando salió se quedó en ese país.

“Al estar otra vez en riesgo se buscó la salida inmediatamente y nos reasentaron en Brasil en julio de 2006, donde esta vez sí les dieron permiso de trabajo”, relató esta mujer, que ha estudiado y trabajado en el país vecino. Actualmente se recupera de episodios de depresión.

‘Colombia ha vivido el exilio más largo’Reflexiones de los comisionados Carlos Beristain y Leyner Palacios

El décimo Encuentro por la Verdad: ‘Reconocimiento del exilio en las fronteras con Colombia’ fue dirigido por los comisionados de la Verdad Carlos Beristain y Leyner Palacios, quienes dieron sus apreciaciones sobre este fenómeno que aún se vive en el país.

“Hemos visto cómo mucha gente trató de protegerse primero en los abrazos de sus familiares en otras ciudades o pueblos, se desplazó a otros lugares antes de ser expulsado del país. Es una situación que duele, por eso estamos aquí. Colombia ha vivido probablemente el exilio más largo del mundo como consecuencia de la guerra desde los años 70 hasta ahora mismo. El conflicto colombiano también se ha exportado a otros países”, afirmó Beristain.

Sumado a esto, el comisionado señaló la responsabilidad del Estado por la desprotección de sus ciudadanos y la necesidad de que haya una política regional de acogida y atención a la población colombiana con necesidad de protección internacional.

Carlos Beristain

Carlos Beristain, comisionado de la Verdad.

Foto:

Geovanny Tapia

Además, Beristain resaltó que el haber escuchado estos testimonios conlleva una gran responsabilidad de la Comisión de la Verdad.

“La primera vez que vine a Ecuador con la Comisión de la Verdad tuvimos un taller en el que una mujer refugiada me dijo: ‘Queremos hablar, pero queremos saber que si esta vez sí se va a hacer algo con lo que nosotros contemos’, eso es un compromiso para la Comisión. Hemos venido a escuchar para hacer cosas, hemos escuchado 1.600 testimonios individuales”, afirmó Carlos Beristain.

Para concluir, Beristain recordó lo que le dijo otra mujer que había estado exiliada en Ecuador y luego en Canadá, para hacer énfasis en la lucha que han tenido estas víctimas del conflicto: “Ella dijo que los refugiados se han pasado la vida tratando de convencer a los otros Estados que su verdad vale la pena, que lo que les ha pasado es cierto y necesitan protección internacional”.

Hay una responsabilidad del Estado por la evidente desprotección y una necesidad de una política regional de acogida a la población colombiana

Por su parte, el comisionado Leyner Palacios resaltó que reconocimientos como este ayudan a poner en el centro lo vivido por los colombianos, quienes han tenido que huir del país como consecuencia de la guerra.

Estas víctimas han tenido que salir forzosamente del país, atravesando fronteras para proteger sus vidas, las de sus familiares y a sus comunidades. En este acto, la Comisión de la Verdad quiere ser el altavoz de todas y cada una de las víctimas”, dijo Palacios.

Sumado a esto, el comisionado también destacó que muchos casos de exilio en los países con los que Colombia tiene frontera son apenas la primera parada de las víctimas, quienes buscan ser reasentados en lugares como México, Costa Rica, Canadá o Europa.

Leyner Palacios

Leyner Palacios, comisionado de la Verdad.

Foto:

Geovanny Tapia

En el momento en el que los jóvenes colombianos de segunda generación en Ecuador le entregaron el lienzo con un mensaje de igualdad, el comisionado Leyner dijo: “Estoy sin palabras después de semejante mensaje que nos dejan nuestros jóvenes. Es un mensaje esperanza y de unidad a pesar de la dificultad, también es un llamado a la igualdad y a la fraternidad. Esto nos convoca a todos los países. Gracias por mostrarnos este talento, la Comisión recibe este símbolo con alegría y esperamos contribuya para la reflexión de nuestro informe final”, dijo Palacios.

*Una alianza de Contenidos Editoriales Especiales de EL TIEMPO y la Comisión de la Verdad, con el apoyo de la Unión Europea en Colombia. #EuropaCreeEnColombia

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