La apuesta de 2020: mejorar la calidad de la educación superior

La apuesta de 2020: mejorarla calidad de la educación superior

Actualmente en el país hay 88 Instituciones de Educación Superior acreditadas.

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A la fecha, hay más de 360 Instituciones de Educación Superior en Colombia. 1.677 programas académicos cuentan con la Acreditación de Alta Calidad.

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Por: REDACCIÓN MÁS CONTENIDO
28 de enero 2020 , 12:00 a.m.

Colombia avanza a buen ritmo para mejorar la calidad de su educación superior. Prueba de esto es que el Ministerio de Educación Nacional (MEN) el año pasado socializó con toda la comunidad académica del país el Decreto 2389, que reemplazó al Decreto 1280 de 2018, actualizando el sistema de aseguramiento que hasta entonces regía a las Instituciones de Educación Superior (IES).

Durante la discusión del nuevo Decreto de Registro Calificado se presentaron más de 600 participantes de 247 instituciones, recopilados en los 29 Talleres ‘Calidad ES De Todos’, realizados entre octubre de 2018 y junio de 2019 por el MEN.

Según los expertos, el nuevo sistema alivianó las cargas impositivas a las universidades y buscó ajustar el plazo propuesto para que las instituciones y programas evolucionaran en sus condiciones de calidad e implementaran los cambios y adecuaciones necesarias para garantizar un mejor servicio educativo.

Para la ministra de Educación, María Victoria Angulo, este decreto responde a una necesidad sentida por todos los actores de la educación superior para avanzar en la calidad educativa. “Este esfuerzo se traduce en unos lineamientos sólidos que permiten aportar a la discusión sobre Aseguramiento de la Calidad, respetando la diversidad de las IES, su naturaleza y objetivos e impactando positivamente la vida y los resultados de aprendizaje de los estudiantes”, señala.

En otras palabras, a partir de este decreto se generaron unas nuevas reglas de juego para que las Instituciones de Educación Superior expidan los registros calificados –licencias de funcionamiento– de sus programas académicos y logren la acreditación de sus carreras y la acreditación institucional de alta calidad.

Hoy se analiza si su fuerte es la investigación, la formación vocacional o la formación para el trabajo

En cuanto al proceso de acreditación institucional y de programas académicos, el nuevo modelo entendió que cada universidad e institución tiene unas particularidades y no se puede medir con la misma vara.

“Hoy se analiza si su fuerte es la investigación, la formación vocacional o la formación para el trabajo”, comenta Andrea Escobar, directora ejecutiva de Empresarios por la Educación.

Escobar, igualmente reconoce que el nuevo sistema de acreditación por fin entendió que “no es lo mismo una universidad en Bogotá a una que está ubicada en una zona rural del país, pues sus necesidades son diferentes”.

Mientras el anterior sistema exigía un número de docentes con doctorado por institución para que pudiera ser acreditada, este nuevo modelo valora más los resultados del profesor, sin importar si tiene o no PHD. “¿Se necesita un PHD en una zona rural del Meta o del Amazonas? No, pues un docente por el hecho de que haya estudiado un doctorado no significa que sea un buen maestro”, advierte.

A partir de este nuevo sistema tampoco será necesario buscar la acreditación programa por programa si la universidad o la institución ya cuentan con la acreditación institucional de alta calidad. “Esto también ha hecho más viable y justo este reconocimiento”, señala Escobar.

El nuevo sistema, pese a que ha sido abiertamente criticado por algunos rectores que afirman que ha vuelto más lento el proceso de acreditación, también es más flexible y hoy responde a la demanda de los diferentes modelos de educación, como son la formación virtual, dual y a distancia.

Oportunidades de mejora

Actualmente en el país hay más de 360 Instituciones de Educación Superior, pero solo 88 cuentan con acreditación de alta calidad, de acuerdo con el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (Snies).

Del total de IES acreditadas, 53 son privadas y 35 públicas; 23 están en Bogotá, 11 en Medellín, nueve en Cali, seis en Barranquilla y el mismo número en Cartagena. Por programas académicos, de los 11.328 que ofertan en todo el país, solo 1.677 tienen este importante reconocimiento.

En cuanto al tipo de formación de los programas acreditados, 1.377 son pregrados y 300 son postrados; en cuanto a su modalidad, 1.647 son presenciales, 18 se dictan a distancia y 12 son virtuales.

Según el Ministerio de Educación Nacional, unas 10 universidades actualmente están en el proceso de obtener la acreditación institucional por primera vez, mientras que por lo menos 15 se encuentran trabajando para alcanzar su renovación.

Para Julián De Zubiría, director del Instituto Alberto Merani, el actual sistema no alcanza a medir en su totalidad el nivel de calidad de la educación superior. “Aún el país desconoce cuáles universidades están haciendo bien su trabajo”, dice.

Según De Zubiría, las universidades e instituciones acreditadas no son las que precisamente alcanzan mejores resultados en las pruebas de Estado Saber Pro, conocidas anteriormente como Ecaes, “sino las que están agregando más valor, porque reciben estudiantes más atrás en lectura, razonamiento numérico y competencias ciudadanas y les permiten avanzar de manera más significativa”, asegura.

De acuerdo al experto, “este modelo (la acreditación de alta calidad), debería complementarse con un sistema de valor agregado en el que se reconozca qué tanto aporte están haciendo las universidades en la generación de competencias esenciales y disciplinares en los estudiantes”, destaca.

Por su parte, Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional y uno de los máximos referentes y columnistas en temas de educación que tiene el país, es menos crítico del sistema actual de acreditación. Señala, al contrario, que este ha dado un gran impulso a la calidad de la educación superior.

“Las universidades empezaron a preocuparse por tener mejores docentes, bibliotecas, laboratorios y en general instrumentos educativos. Se organizaron también con sistemas de autoevaluación que las obligan a mirarse críticamente, y a veces con la ayuda de pares amistosos. Muchas que no tenían empezaron a hacer investigación y los programas de bienestar se multiplicaron. En resumen el efecto ha sido positivo”, afirma.

Con relación a los cambios que hay que hacerle al actual modelo, Wasserman indica que se deberá migrar a uno que se concentre más en el resultado (es decir en el egresado) y no tanto en indicadores de condiciones y de procesos institucionales.

“El MEN en el gobierno pasado y en el actual ha avanzado en modificaciones en ese sentido, usando instrumentos “rúbricas” que son matrices que no solo permiten evaluar factores (como un simple listado), sino que dejan ver la dinámica de mejoramiento y las tareas que se esperan para ir avanzando por etapas”, explica.

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