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Las historias que están transformando vidas en el Pacífico colombiano
Río Atrato

Río Atrato en Quibdó.

Foto:

Archivo Particular

Las historias que están transformando vidas en el Pacífico colombiano

Río Atrato en Quibdó.

Así constuyen paz y defienden los derechos en Quibdó, Buenaventura y Tumaco.

Niñas, niños, jóvenes y mujeres son las figuras claves que, con el acompañamiento de Fundación PLAN, la Unidad para las Víctimas y el Gobierno de Canadá, están trabajando por la construcción de paz y la defensa de los derechos humanos en Quibdó, Buenaventura y Tumaco.

Lexy Durán, en Quibdó, sueña con que ninguna mujer sea violentada. Danny Mauricio Vanegas, en Buenaventura, disfruta orientando a jóvenes de su territorio para que su trabajo artístico sea valorado y hasta remunerado; y María Victoria Ortiz, en Tumaco, gracias a los llamados ‘primeros auxilios emocionales’, en los que se entrenó, cuenta que ayudó a una vecina agredida por su esposo durante mucho tiempo a cerrar ese ciclo de violencia.

Son historias de vida esperanzadoras sobre liderazgos que han madurado durante los últimos cuatro años con el apoyo de la Fundación PLAN, la Unidad para las Víctimas y el Gobierno de Canadá a través de su programa Liderando por la Paz
, en el marco de un territorio en el que prácticamente la mitad de sus habitantes (341.840) han sido víctimas registradas del conflicto armado, según cifras de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas.

Por eso, hoy más que nunca, el Pacífico colombiano necesita de personas líderes (figuras claves como las denomina el programa) para trabajar por la niñez y juventud. Precisamente en eso se enfoca el programa Liderando por la Paz: en facilitarles a estas figuras claves herramientas para que se conviertan en defensores de sus derechos y sean multiplicadores de lo aprendido en sus barrios y con sus familias. De esta forma, no solo están transformando vidas, también los territorios y la sociedad.

Más de 155.000 personas (el 70 % de estas corresponde a víctimas del conflicto registradas) han hecho parte de este programa, que contribuye también a su atención, asistencia y reparación; proceso liderado y acompañado por la Unidad para las Víctimas.

Precisamente haciendo equipo con figuras claves como Lexy, Danny, Angie, Nelcy y María Victoria (ver recuadros y fotos), el programa, con el apoyo de la Unidad para las Víctimas y el Gobierno de Canadá, ha logrado impactar positivamente a 116.300 niñas, niños, adolescentes y jóvenes. Esto es parte de lo sembrado a lo largo de cuatro años en estos territorios, en los que se han cosechado logros, pero aún hay camino por recorrer.

Infografía_FundaciónPlan by Vanesa Castro on Scribd

4 PREGUNTAS A: ÁNGELA ANZOLA, CEO, FUNDACIÓN PLAN

Ángela Anzola, CEO Fundación Plan

Foto:

Archivo Particular

¿Cuál es esa magia de Liderando por la Paz?
La magia está en el cambio de realidades, en la posibilidad de llegar a un territorio afectado históricamente por la violencia y lograr que en donde alguna vez hubo balas, hoy haya sueños y esperanzas. Está en poder escuchar después de todo este tiempo las historias de transformación y liderazgo de niñas, niños y adolescentes víctimas del conflicto armado, quienes a lo largo de estos cuatro años, que el proyecto viene trabajando en sus comunidades, han aprendido a reconocer sus derechos y a participar de manera activa en el mejoramiento de sus territorios.

¿Por qué se pensó en el Pacífico colombiano?
El conflicto armado ha creado brechas socioeconómicas muy grandes en el país, siendo la región Pacífica la zona con mayor afectación de hechos victimizantes, especialmente en lo que concierne al desplazamiento forzado. En estas zonas, diferentes grupos al margen de la ley han generado un desmejoramiento de las condiciones de vida de la población, en especial en niños y niñas.

¿Por qué es importante el trabajo con las niñas y jóvenes?
Porque son la población más afectada por la violencia en el país y eso nos obliga desde PLAN a enfocar nuestros esfuerzos hacia la transformación de sus realidades. Si algo hemos identificado es que, al acompañar, visibilizar y empoderar a una niña, estamos cambiando no solo su realidad sino la de sus comunidades, no solo cambiamos su presente, transformamos su futuro.

¿Por qué es clave continuar?
La realidad de las familias víctimas en el país nos muestra que deben seguirse haciendo inversiones importantes en educación, posibilitar el acompañamiento y crecimiento de los nuevos liderazgos, hacer más consistente y efectiva la respuesta del Estado y brindar oportunidades económicas que permitan a las familias mantener un proyecto de vida en el territorio. Todo esto, manteniendo la idea de tener a la niñez en el centro de la acción.

En Quibdó saben el valor que tiene cada oportunidad

Lexy Durán, educadora y lideresa de paz en Quibdó.

Foto:

César Melgarejo / EL TIEMPO

Sentada frente al río Atrato, su lugar favorito de Quibdó, Lexy Durán resalta la importancia de este río para la comunidad. “Es un río que tiene magia, le permite a la niñez transitar a la escuela, es ruta de transporte de alimentos y de pesca”. Pero también recuerda con tristeza la época en la que “luego de ser un territorio muy pacífico, el río se convirtió en testigo silencioso de una guerra que no nos corresponde y que hoy nos tiene en el lugar que nos tiene”.

El Chocó es el departamento con mayor índice de pobreza en el país: 68,4 % (Dane, 2019). Según el RUV (Registro Único de Víctimas), para el 30 de abril de 2021 había 61.319 personas víctimas del conflicto armado en Quibdó, un poco menos de la mitad de su población, estimada en 130.825 habitantes.

Lexy se describe a sí misma como una mujer sobreviviente, que ha resistido y completamente pacifista. Por eso está convencida de la importancia de sembrar semillas de paz en su territorio. Así nació el colectivo llamado Te Acompaño, para dejar un legado a las mujeres, “que tenga que ver con dignidad, con la seguridad de poder caminar sin que te dañen, de poder amar sin que te violenten”.

En un momento de tristeza, al ver a su papá sumergido en un coma, escuchó en su interior una voz que la llevó a componer la canción Te acompaño.

Gracias al apoyo de la Fundación PLAN, la Unidad para las Víctimas y el Gobierno de Canadá, junto con otras mujeres grabaron la canción, que surgió como parte de una estrategia para abordar la violencia de género e invitar a la unidad entre mujeres. “PLAN ha sido el papá y la mamá, ha sido esa organización que ha puesto a volar nuestros sueños y en marcha nuestras iniciativas”.

Angie Paola, adolescente líder, Quibdó.

Foto:

César Melgarejo / EL TIEMPO

También está Angie Paola, una adolescente de 16 años, afrodescendiente, que quiere levantar su voz para hacer valer sus derechos. Y lo hace a través de lo que más le gusta hacer: el teatro.

Cuando ocurre un hecho lamentable, como el asesinato de algún joven, se reúnen, montan una obra y la llevan a las calles de Quibdó, su principal escenario, para concientizar a la gente.

También escribió un monólogo sobre el pasado que enmarca a las mujeres afrodescendientes. “Al mirarnos al espejo, sabemos que físicamente somos mujeres, pero que de tanto que hemos sufrido no llegamos ni a reconocernos”. Ese monólogo representa su transformación. De cómo pasó de ser una niña insegura, triste y con miedos a convertirse en una mujer empoderada, fuerte, valiente y a quien no le da miedo expresarse.

Ese empoderamiento, dice, es fruto del trabajo que ha hecho el programa Liderando por la Paz en Quibdó, el cual en los últimos 4 años alcanzó a realizar 3.761 actividades en la ciudad.

Ella inició con tan solo 13 años, “pero eso no me impedía cambiar. Comencé a ver las cosas diferentes y a no aceptar que me discriminen, ni a ninguna persona que esté a mi alrededor. Yo renací cuando conocí a PLAN”, precisó. Así logró aprender sobre liderazgo, participación, toma de decisiones y género. Le gustó tanto que, junto con sus compañeras de teatro, quiere formar una fundación para seguir empoderando a niñas, niños y jóvenes en estos temas.

Para Angie y Lexy, el principal problema es la falta de oportunidades. “Hay cultura, hay amor, hay teatro, hay arte, pero no hay oportunidades. Una forma muy bonita de uno crecer como persona es a través de la cultura”, dice Angie. Por su parte, Lexy sueña con ver en Quibdó una escuela de ballet, un salón de literatura, una sala de cine o un laboratorio de artes plásticas y de fotografía, pues a través de esas líneas se le apuesta a la paz “el poder no es para mandar, es la posibilidad de transformar”, precisa. Por ello, cuando llegan oportunidades como las que les ha dado el programa Liderando por la Paz, no dudan en aprovecharlas y valorarlas.

Tumaco vive el verdadero significado de la resiliencia

María Victoria Ortiz, figura clave de Tumaco.

Foto:

Santiago Saldarriaga / EL TIEMPO

Resiliencia es quizá la mejor palabra que describe a la población de Tumaco. Delineado por las aguas del mar Pacífico, este municipio nariñense ha sido escenario, durante los últimos 30 años, de disputas y presencia de casi todos los actores de la guerra: Farc, Eln, autodefensas y bandas criminales de todo orden. A abril 2020 se habían contabilizado 118.009 víctimas del conflicto armado.

Esa capacidad que muchas personas tumaqueñas llevan en la sangre para superar las situaciones difíciles se ha fortalecido con el acompañamiento del programa Liderando por la Paz.

Así lo reconoce María Victoria Ortiz, una afrocolombiana resiliente –como se describe– que no pasa inadvertida: se ríe duro y habla con fuerza, mientras irradia con todo el cuerpo una potente energía. Para ella, el programa Liderando por la Paz es la familia que impulsó el liderazgo con el que nació, pero que expresaba con timidez. “Los talleres y capacitaciones me empoderaron. He aprendido mucho de liderazgo, de derechos de la niñez, de entornos protectores”. Vicky, como la conocen, es una de las denominadas por el programa Liderando por la Paz como Figura clave, por la capacidad que tiene para aprender, replicar y ayudar.

Precisamente, gracias a los llamados ‘primeros auxilios emocionales’, en los que se entrenó, ayudó a una vecina violentada por su esposo durante mucho tiempo, que, luego del apoyo, logró separarse. Vicky y varias de sus compañeras aplicaron lo aprendido bajo el lema ‘Yo me cuido, yo te cuido’, que significa también autoprotegerse antes de actuar. Así que no intervinieron durante la agresión para evitar una confrontación con el esposo. “La buscamos, la escuchamos y la orientamos sobre los pasos que podía dar para liberarse y a qué instituciones acudir, con lo que pudo soltarse de ese macho posesivo”, dice Vicky.

Orgullosa de haber ayudado a esta mujer, que ahora participa en las actividades de su territorio, recalca que a través de encuentros comunales se busca replicar lo aprendido. “Hacemos bingos, ‘golombiaos’ mixtos (partidos de fútbol), brigadas de limpieza, pintamos carteleras, buscamos refrigerios, en fin, nos las ingeniamos para hablar de igualdad de género, autoprotección, contar sobre rutas institucionales de ayuda y todo lo que nos han enseñado”.

Vicky, lideresa, madre de dos adolescentes y esposa, está dispuesta a seguir trabajando por su territorio, a pesar de los muchos problemas existentes en Tumaco. Quiere continuar estudiando, liderando procesos sociales, especialmente en defensa de las niñas y los niños, y ejerciendo labores relacionadas con la salud, como inyectar, tomar la tensión, hacer curaciones, que ha desarrollado desde hace varios años.

Sueña con organizar más ollas comunitarias en esas mismas calles donde vieron caer guerrilleros y soldados, cuando era un riesgo salir de sus casas después de las 6 de la tarde. Aunque siente que con el Acuerdo de Paz ha bajado la tensión y reconoce los retos existentes en términos de seguridad: “Ellos siguen por ahí (los grupos armados), pero ahora uno tiene más libertad. Si aparecen cuando hacemos nuestras actividades, les explicamos quiénes somos y qué hacemos. Luego se van”.

Orgullosa de su tierra, sonriente y alegre, tiene la esperanza de que ahora que su comunidad es más visible, todo lo hecho por Liderando por la Paz y con el apoyo de la Unidad de Víctimas dará frutos. Así lo han hecho siempre ante tantas fatalidades que por culpa de la violencia han tenido que vivir. Eso es resiliencia.

Buenaventura se la está ‘jugando’ por cambiar vidas

Nelcy Victoria Mondragón, figura clave en Buenaventura

Foto:

Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO

A Nelcy Victoria Mondragón Mina, una bonaerense de 40 años, estar vinculada al programa Liderando por la Paz le ha ayudado a sobrellevar la ausencia de sus hijos desplazados por la violencia y a desarrollar su vocación de servicio a la comunidad.

“Nos la jugamos por los derechos de las niñas y niños del PAZcífico”, dice el mensaje impreso en la camiseta blanca que siempre luce con orgullo y que la identifica como figura clave, un reconocimiento que le dio Fundación PLAN a las personas que desde hace cuatro años multiplican en sus entornos las enseñanzas del programa.

Nelcy trabaja con y para la niñez y la juventud, consciente como es de la realidad de Buenaventura. Allí, el número de víctimas del conflicto armado registradas equivale al 52 % de la población total de Buenaventura, que hoy se estima en 311.827 habitantes.

A ese escenario, en el que el 41 % de los hogares enfrentan lo que los estudios llaman pobreza multidimensional, llegó hace cuatro años el programa Liderando por la Paz.
Durante este tiempo se han realizado 3.825 actividades, como talleres, obras de teatro, jornadas artísticas, deportivas y lúdicas. En estos espacios se ha trabajado para mejorar las prácticas de protección, la denuncia de situaciones de violencia, los servicios del Sistema de Reparación Integral para Víctimas del Conflicto Armado y el acompañamiento a las y los emprendedores.

Danny Mauricio Vanegas, músico y líder en Buenaventura.

Foto:

Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO

“La presencia de programas como Liderando por la Paz, de la Unidad para las Víctimas, en el territorio nos permite crecer, ver desde otras perspectivas, nos permite facilitar. A nosotros, nos ha podido llevar un escalón más arriba, para poder brindarle a nuestra comunidad, que necesita tanto esas oportunidades”, cuenta Danny Mauricio Vanegas, un joven que es líder y fundador de Jóvenes Emprendedores de Paz, que ayuda a jóvenes a transformar su vida a través de la música y el baile.

Es músico y productor musical en Buenaventura y hoy, gracias a su participación en Liderando por la Paz, trabaja porque valoren a niñas y niños artistas a quienes enseña. “Se había generalizado que los llamaban para hacer un trabajo; les grababan una canción o un video, pero nunca les preocupaba cómo llegó ese artista a su casa. Ahora, yo me encargo de que les paguen por su trabajo, que les den para el transporte”, cuenta.

Nelcy también ha liderado la recuperación de casetas comunitarias en los barrios para que niñas, niños, adolescentes y jóvenes tengan espacios seguros donde aprenden de sus derechos y estén alejados de los peligros de la calle.

Ella misma se ha transformado y ha superado los patrones de crianza en los que la niñez no era escuchada. “Me ha servido demasiado, he cambiado la forma de mirar las cosas, ahora trato a mis hijos diferente, porque yo comencé fue desde ahí, desde mi hogar, para dar ejemplo. Yo ahorita tengo mejor comunicación con mis hijos, con las niñas, con los niños”.

Nelcy y Danny coinciden en un objetivo: ayudar a niñas, niños, adolescentes y jóvenes a superar los estigmas, los estereotipos y el maltrato de toda índole. “Si les dicen que no sirven para nada, es que los demás no ven el potencial que tienen. Yo soy uno a los que les dijeron ‘usted no sirve para nada’ y aquí estoy, dándola toda por mi comunidad”, dice Danny con orgullo.

* +CONTENIDO, un proyecto de contenidos editoriales especiales, con el apoyo del Gobierno de Canadá.

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