‘Este reto nos abre la oportunidad de reconocernos y reconciliarnos’

‘Este reto nos abre la oportunidad de reconocernos y reconciliarnos’

El inevitable aislamiento en casa ha traído consigo efectos que revelan un pobre manejo de emociones

Pueblo

Entender las visiones de la sociedad en 110 países es el reto que tiene la Encuesta Mundial de Valores.

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César Melgarejo/EL TIEMPO

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
30 de marzo 2020 , 03:33 p.m.

Entender la forma en la que piensa una sociedad puede ser una hoja de ruta en tiempos de crisis, como la actual pandemia.

Ese es el trabajo al que se dedica Andrés Casas, investigador de la Encuesta Mundial de Valores, un proyecto que desde 1981 busca comprender las características del pensamiento de comunidades de 110 países, entre ellos Colombia, y ha servido de insumo para documentos elaborados por la ONU y el Banco Mundial.

Casas toma como base sus hallazgos del último estudio en Colombia, en 2019, para señalar que los valores propios de los colombianos, como la resiliencia y una preocupación creciente por el conocimiento científico, constituyen un potencial para enfrentar la epidemia.

El manejo de esta emergencia, a su juicio, modificará la forma en la que los ciudadanos se relacionarán con las instituciones y entre sí en los próximos años.

¿Importa la cultura local a la hora de pensar en la mitigación de la pandemia de covid-19?

Las ciencias del comportamiento nos invitan a ser realistas sobre las barreras que enfrentan las sociedades en situaciones que obligan a que millones de personas incorporen información de forma rápida y adopten simultáneamente hábitos distintos a los cotidianos. 

Quienes tienen a su cargo en Colombia las decisiones para mitigar los impactos de la pandemia aún tienen la oportunidad de diseñar respuestas que prevean las barreras mentales que impiden nuestro bienestar en esta situación. ¡Pilas! Pues como reza la famosa frase de la administración: “La cultura se come a la estrategia”.

La paradoja yace en que, en situaciones nuevas, que demandan mente abierta, los humanos tendemos a usar respuestas previas. Para lidiar con la ausencia de información recurrimos a nuestras intuiciones y prejuicios, y a imitar a otros.

Por miles de años, la cultura nos ha servido como caja de herramientas cognitiva para navegar la realidad. Lo anterior puede ser un coctel de barreras para mitigar el virus o una ecuación fértil para transformar la catástrofe en oportunidad.

Usted ha mencionado que, cuando la supervivencia está en riesgo, nociones como la democracia y la libertad dejan de ser prioridad. ¿La pandemia pone en peligro estos valores?

La evidencia muestra que tendemos al altruismo y la cooperación cuando enfrentamos desastres naturales o de origen humano, como la guerra, la tiranía o la injusticia. Sin embargo, corremos el riesgo de que el miedo, como mecanismo primitivo de preservación, active el reflejo de apoyar decisiones de facto sin las ataduras de la Constitución, de activar lógicas amigo-enemigo (el trato a los extranjeros) y de ver la realidad como un juego de suma cero en el que lo que otro gana yo lo pierdo (la acumulación de papel higiénico y mascarillas). El miedo incrementa el riesgo de desconexión moral.

Como una sociedad cuya democracia atraviesa momentos difíciles por la crisis de derechos humanos y los escándalos de corrupción, incluida la electoral, no podemos perder de vista el inmenso reto institucional de tomar medidas excepcionales e inevitables, como la restricción de la movilidad. Esto, sin dejar caer el balón de la responsabilidad ciudadana para exigir a los gobernantes y defender los derechos de la población.

Preocupa la velocidad de expansión de las ideas que correlacionan virus y nacionalidad. Según la última Encuesta Mundial de Valores, el 69 por ciento considera que se debe dar prioridad a los colombianos sobre los inmigrantes cuando los trabajos escasean y, aunque solo el 15 por ciento no quisiera tener de vecino a un inmigrante, el miedo al contagio puede agravar la curva del virus xenófobo.

El mejor remedio a la deshumanización es el liderazgo basado en el ejemplo de los gobernantes y los funcionarios encargados de aplicar las medidas y, sobre todo, en la capacidad de los medios de comunicación para mostrar los asomos cotidianos de solidaridad, cooperación y esperanza.

Sus estudios señalan que el lugar percibido como más inseguro por los ciudadanos es, curiosamente, su residencia, en especial si se trata de mujeres o niñas. ¿Qué efectos puede tener esto durante la cuarentena?

Los datos de homicidio, suicidio, riñas y violencia doméstica nos confirman que a los colombianos nos cuesta estar juntos; en particular, a ciertas horas y ciertos días, como los domingos. El machismo no es el único mal de larga persistencia en nuestra cultura. El manejo de las emociones y de los conflictos es otro.

Es importante que las medidas de aislamiento consideren estos aspectos y ofrezcan mecanismos de monitoreo en los hogares, así como canales de denuncia, apoyo y respuesta amigables, visibles y disponibles, especialmente en las horas en que se incrementa la probabilidad de ocurrencia de estos hechos.

Los gobiernos y la sociedad tienen hoy la oportunidad de hacer un experimento único: un piloto ya no de seguridad nacional, sino de seguridad doméstica, para que los hogares se conviertan en refugios cuidadores y sanadores. Esto se logra volcando la atención y los servicios a los hogares.

En Estados Unidos se preparan para 18 meses de pandemia. Nosotros tendremos que buscar la manera de que la gente se goce su casa por varias semanas, que los jóvenes y los hombres –que sufren más del sesgo de ilusión de inmunidad– puedan ser conscientes de que se cuidan más cuidando a otros, pues cada vez que salen aumenta el riesgo de que contagien a sus seres queridos al volver a casa.

¿Qué implica en una crisis como la actual la falta de confianza en las instituciones?

El manejo exitoso de las pandemias depende en gran medida de la confianza de los ciudadanos en sus gobernantes e instituciones. Para mediados de 2019, nueve de cada diez colombianos no confiaban en el Gobierno Nacional ni en los locales; el 90 por ciento pensaba que la corrupción es generalizada; la mitad consideraba que pagar sobornos es una experiencia frecuente para la gente común, y en una escala de 1 a 10 calificaron con 3,5 su satisfacción con el sistema político.

Todos estos son factores de riesgo, ya que con las medidas pueden crecer las transacciones indebidas, el cobro por acceso a servicios básicos, o la percepción de ineficacia o desigualdad en el cumplimiento de la ley. Esta crisis abre una oportunidad para que los mandatarios entiendan que son gestores de creencias, que las emergencias pueden ser aprovechadas para ponerse al día.

¿Cómo hacerlo?

Tratando a todos como VIP, mostrando que nadie está por encima de la ley y que el acuerdo y la unión pueden ser señales de madurez política. Y, sobre todo, viendo que con la forma como manejen esta crisis podrán darle vida nueva a la relación entre Estado y ciudadanía, sanar las heridas de la indolencia con las víctimas de la desigualdad.

Según sus estudios, Colombia es uno de los países más desconfiados. ¿Qué implica el aislamiento en una sociedad así?

Trabajar colectivamente es la clave para afrontar los retos que se vienen. Sin lugar a duda, el desafío es el bajo nivel de confianza interpersonal. Solo el 5 por ciento de colombianos confía en el otro. Por esto es muy acertada la narrativa de solidaridad con la que algunos gobiernos, medios y gremios han aceptado los sacrificios que implica la mitigación del covid-19.

Muchos países han aprovechado los ‘papayazos’ del destino para unir a sus pueblos después de profundas divisiones. Si otros han usado el deporte, los desastres naturales o la reconstrucción después de la guerra para recuperar la confianza, ¿no podremos usar esta pandemia para curar el síntoma más agudo de nuestra enfermedad crónica?

Durante los últimos 26 años, la Encuesta Mundial de Valores les ha preguntado a miles de colombianos qué es lo más importante para su sociedad. Entre distintas opciones, solo el 15 por ciento piensa que la prioridad debe ser una sociedad más humana. Tal vez tiempos de crisis como estos puedan servir para repensar nuestros valores.

La superación de la pandemia puede ser vista como un juego de cooperación, en el que la victoria depende de que hagamos nuestra parte y confiemos en que otros hagan la suya. Las políticas de mitigación se pueden basar en este mecanismo, garantizando la sanción al incumplimiento como una transgresión del bien más escaso: la confianza.

¿Qué otras características de la sociedad colombiana pueden dificultar la respuesta ante la crisis?

En lo político, me preocupa la desconexión entre gobernantes y ciudadanos. En lo económico, la vulnerabilidad de los sectores que laboran en la informalidad y como independientes. En lo social, la persistencia del familismo, que puede deteriorar la solidaridad con los demás. En lo psicocultural, me preocupa el mal estado de la salud mental de nuestra población y el déficit de empatía. Desestigmatizar la salud mental y facilitar canales de primeros auxilios emocionales harían la diferencia en las semanas que siguen.

Muchas de estas características se pueden moderar si las acciones coordinadas de nuestros líderes se acompañan de la preocupación por visibilizar los comportamientos prosociales como la norma y no la excepción.

Según Amnistía Internacional, esto se puede hacer siguiendo unos pasos sencillos: hablar de las soluciones, no de problemas; resaltar lo que representamos, no a qué nos oponemos; crear oportunidades, descartar amenazas, enfatizar el apoyo a los héroes y, sobre todo, ¡demostrando que podemos con esto!

¿Qué características de nuestra sociedad son útiles para afrontar la crisis?

Tenemos varias que son fuente de resiliencia. La gran mayoría de los colombianos se considera bastante feliz o muy feliz (86 por ciento). El 77 por ciento además afirma que tiene un estado de salud bueno o muy bueno. Este optimismo es clave para enfrentar tiempos de incertidumbre.

Para el 97 por ciento, trabajar es muy importante. Así mismo, el 59 por ciento piensa que el trabajo es siempre lo primero, así eso signifique menos tiempo libre. En épocas con modalidades de trabajo distintas y más espacio en casa, este es un valor que se puede ver afectado o que se puede potenciar con estrategias novedosas.

Alienta el proceso de transición cultural que vive Colombia. La secularización de nuestra sociedad y el incremento de las actitudes críticas frente al entorno, de la importancia de la ciencia y la tecnología y de la conexión con el mundo pueden facilitar un proceso que, bien liderado, puede salvar vidas y redescribir nuestra narrativa.

Este doloroso reto nos abre la oportunidad de reconocernos y reconciliarnos. Estemos a la altura. El coronavirus nos lanza a un nuevo mundo, nuestras vidas cambiarán por completo.

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