Es el momento de la solidaridad

Es el momento de la solidaridad

Frente al reto de una pandemia sin precedentes, los actos comunes no bastan.

infractores

Miles de personas regresaron a Bogotá tras incumplir la norma del simulacro de aislamiento.

Foto:

Hector Fabio Zamora/CEET

Por: ANNIE GÓMEZ 
30 de marzo 2020 , 03:14 p.m.

La vida hoy no es la misma, no corre con el mismo ritmo. Nueva York, la ciudad que nunca duerme se detuvo por el temor, en los canales de Venecia no transita ni una góndola y en el Vaticano el Papa ofrece una bendición sin espectadores y transmitida por televisión. El silencio que hoy se apodera de la mayoría de calles en el mundo, deja consigo un aire desolador. Pero, paradójicamente, cuando más parecemos estar solos, es cuando más unidos necesitamos estar y esta situación sin precedentes, nos enfrenta directamente con el significado de vivir en sociedad.

“Esta es, sobre todo, una crisis humana que llama a la solidaridad. La humanidad está angustiada y el tejido social se está desgarrando. La gente está sufriendo, enferma y asustada (...) mi mensaje central es claro: estamos en una situación sin precedentes y las reglas normales ya no se aplican. No podemos recurrir a las herramientas habituales en tiempos tan inusuales”, este fue el llamado de António Guterres, Sectretario General de la Organización de las Naciones Unidas durante la conferencia de prensa sobre la crisis mundial del coronavirus, donde algo quedó claro: la solidaridad es la principal arma de batalla que puede vencer la pandemia con más efectividad, incluso, que la de una vacuna.

Y aunque parece que conocemos bien esta palabra, lo cierto es que poco se puede aplicar en medio de la competitividad y el individualismo al que nos vemos sometidos día a día. No se trata solo de “ponerse en los zapatos del otro”, o de realizar un acto de caridad, no es “hoy por ti, mañana por mi”; esta vez se trata de un esfuerzo y un trabajo colectivo, “hoy por todos, mañana por todos”.

Así también lo recordó el Papa en su bendición: “Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados, pero al mismo tiempo importantes y necesarios. Todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca estamos todos (...) no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino todos juntos”.

Esta mentalidad, sin embargo, no puede ser impuesta por ninguna autoridad, ni política, ni moral, depende únicamente de la voluntad de cada uno. Y el jalón de orejas llega por sí solo cuando, en un esfuerzo desesperado y quizá provocado por el temor, intentamos navegar contra corriente y pretender seguir la vida como si nada pasara.
Los ejemplos en el mundo son cientos, pero no hay que ir tan lejos para darse cuenta del inmenso reto que nos exige la solidaridad. Justo la semana pasada, cuando la alcaldesa Claudia López decretó en Bogotá el simulacro de aislamiento obligatorio, miles de personas no tardaron en incumplir la norma y salieron de la ciudad por diferentes motivos. Primero, llegaron los regaños e insultos por las redes sociales, luego fue la misma alcaldesa quien sugirió que no podrían regresar y, finalmente, aunque pudieron entrar, no faltó una última advertencia de las autoridades exigiéndoles que se fueran directamente para sus hogares, tras pasar varias horas en el tráfico. Pero la lección preocupante de este desacato, es el posible esparcimiento del virus por otros territorios más vulnerables con menor acceso a servicios de salud.

Si me cuido, te cuido

Sin duda, el aislamiento y el autocuidado es en este caso la principal muestra de solidaridad, comprender que mientras yo esté saludable ayudo a que muchos lo estén. Es, como muchos lo han dicho, una cadena de cuidado, y cuando uno de los eslabones se rompe, tiene repercusiones inmediatas en el panorama colectivo. Pero no es el único ejemplo, esta mentalidad debe aplicarse desde diversos frentes.

Ante la incertidumbre y preocupación de miles de trabajadores, tanto informales, como contratistas y hasta con puestos fijos, el presidente de la Asociación Nacional de Industriales de Colombia (Andi), Bruce Mac Master, dijo hace unos días a este diario: “Es uno de nuestros principales llamados al sector empresarial: hagan todos los esfuerzos posibles por no disminuir empleos. Si no, la cuarentena no va a funcionar, porque la gente tendrá que salir a buscar un modus vivendi”. Efectivamente es lo que vimos en las grandes ciudades los primeros días del aislamiento obligatorio decretado por el Gobierno Nacional.

Aunque algunas medidas se han tomado respecto a las grandes empresas, hay que pensar en las contribuciones directas como mantener el salario de trabajadoras domésticas o personal de seguridad, aún cuando no estén cumpliendo con sus obligaciones, algo que, como lo dijo Mac Master, requiere un esfuerzo extraordinario por parte de los empleadores pero que corresponde con el extraordinario panorama general.

Otra condición a las que nos enfrentamos es al consumo responsable. No es algo nuevo, es la súplica que desde hace años nos hacen los promotores del cuidado medioambiental en el mundo.

Las compras desmedidas de quienes se dejaron llevar por el desespero y el temor, de quienes compraron grandes cantidades de papel higiénico, tapabocas o gel antibacterial; fueron uno de los primeros impactos a los que nos enfrentamos como sociedad, pues el mismo personal médico se estaba quedando escaso de estos productos básicos sin los que no podrían continuar su lucha contra la pandemia, la más importante de todas. Además, fueron estas mismas compras excesivas las que, finalmente, llevaron a varios fabricantes a elevar los precios de sus productos, pues, como bien sabemos, entre más demanda, mayor valor. No nos queda otra salida que hacer compras conscientes y pensar que, si en algún momento nos falta algo, podríamos hasta intercambiarlo con los vecinos, como lo hacían nuestros antepasados.

Y por supuesto, esta consciencia va de la mano con la responsabilidad de cada uno, de consumir solo lo necesario, no comer de gula, servir porciones medidas, ser más cuidadoso que nunca con las fechas de vencimiento y con el estado de las frutas y vegetales; así como no usar el papel higiénico creyendo que el rollo es infinito, ni tomar baños de 20 minutos o más, con la idea ingenua de que nuestro país nunca sufrirá una escasez hídrica.

Recordemos que aunque el gobierno anunció algunos alivios en el pago de los servicios públicos, las mismas empresas prestadoras de estos servicios nos ruegan hacer uso eficiente de los recursos para evitar un desabastecimiento de cualquier tipo. Así, de una vez, podemos darle una mano al planeta que lo requería desde mucho antes.

Otro aspecto a cuidar es el Internet, por medio del que hoy muchos cumplen con sus actividades diarias. Para evitar una posible saturación de la red tenemos que cuidarla, hacer turnos de trabajo, en las llamadas procurar utilizar solo el audio y, de forma más general, desconectarnos de vez en cuando, algo que además le vendría muy bien a nuestra salud mental.

El sentido de humanidad entonces debe extenderse, además de actos de ayuda como regalar mercados a quienes más lo necesiten, tenemos que hacernos la crisis más llevable entre todos. Acciones sencillas como colaborar en el aseo de zonas comunes, hacer buen uso de las basuras, recoger el excremento de las mascotas, no hacer demasiados pedidos a domicilio para no abusar de los repartidores (preferiblemente uno con todo lo necesario por semana); son todas recomendaciones obvias y parece ridículo hacerlas, pero hoy más que nunca es necesario cumplirlas.

Sin duda, todos nos hemos equivocado de alguna forma durante esta crisis, pero si algo parece estar claro es que una lección muy grande nos estamos llevando como sociedad y que al final el resultado puede ser un cambio más beneficioso de lo que creemos. Lo que de entrada ya se sabe, es que esta batalla solo la ganamos entre todos.

Unidos somos más país

El momento que vivimos necesita de acciones que nos permitan demostrar que somos capaces de responder con solidaridad a la crisis. Por eso, la Andi lanzó esta semana la campaña #UnidosSomosMásPaís, la cual cuenta con el apoyo de EL TIEMPO y la W Radio. Se trata una convocatoria nacional que contempla, entre otras iniciativas, la invitación a adquirir un bono solidario con el que se entregará apoyo financiero a población vulnerable, informal y cesante para cubrir sus necesidades básicas.

Además, la campaña está abierta a quien quiera sumarse a las siguientes alternativas que se han definido con énfasis en temas de salud, atención humana alimentaria y no alimentaria, entre otros:

Ventiladores mecánicos #InnspiraMed

Con más de 100 voluntarios de 20 instituciones se tiene la meta de producir 2.000 respiradores para tratar a los pacientes contagiados de coronavirus.

Movilización de recursos para dotación de unidades de cuidados intensivos

Se apoyará la habilitación de 337 unidades de cuidados intensivos en 10 municipios de país: Cartagena, Chiriguaná, Montería, Cereté, Maicao, Villavicencio, Tumaco, Pereira, Sincelejo e Ibagué.

Apoyo a la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo y Desastres

Junto a la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo y Desastres (UNGRD) y Abaco se activó el Protocolo de coordinación del sector privado como parte del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (SNGRD) en respuesta a emergencias y calamidades.

Apoyo a iniciativas en curso a nivel territorial

A través de las gerencias seccionales de la Andi y entidades en todos los territorios se promueven iniciativas en salud, seguridad alimentaria y bienes de primera necesidad para la población vulnerable.

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