Controlar el impacto ambiental, el gran reto de Bogotá

Controlar el impacto ambiental, el gran reto de Bogotá

Este es uno de los contenidos más importantes de la propuesta del Plan de Ordenamiento Territorial.

AMBIENTAL POT

La revisión general del POT contó con las concertaciones ambientales de la Corporación Autónoma Regional (CAR) y la Secretaría Distrital de Ambiente, proceso que duró siete meses.

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Archivo EL TIEMPO

Por: MÁS CONTENIDO
16 de octubre 2019 , 12:00 a.m.

Contexto actual
Desde 2016, año de inicio de los estudios de diagnóstico de la Secretaría Distrital de Planeación, se identificó que, en los últimos 12 años, la ciudad de Bogotá aumentó en 2.600 hectáreas su área urbanizada para viviendas que ocuparon 1,4 millones de personas (19 m²/habitante), mientras que los municipios de la sabana de Bogotá ocuparon 19.500 hectáreas nuevas para albergar tan solo 930.000 habitantes (209 m/habitante), 11 veces más que Bogotá.

¿Qué significa esto? Que disminuyó la capacidad de resiliencia ambiental de la región (es decir, la capacidad de un sistema de reponerse a las alteraciones) al haberse ocupado desordenadamente suelos productivos, al impactarse negativamente cuerpos hídricos regionales y también al propagarse la suburbanización desorganizada y en baja densidad. Por eso, hechos como el crecimiento planeado de Bogotá y controlar su huella ecológica suponen un desafío fundamental.

Es claro que Bogotá quiere y debe dar el mensaje a la región de proteger y reconocer la importancia de espacios naturales como humedales, ríos, quebradas, etc., como una estrategia fundamental para la sostenibilidad ambiental metropolitana. Con el fin de lograrlo se deben planear y armonizar los procesos de urbanización alrededor de estos espacios protegidos, sin que se vean afectadas sus dinámicas naturales.

Aparte de lo anterior, Bogotá consume 8.000 toneladas de alimentos al día, provenientes en un 48,2 % de Cundinamarca, 19,1 % de Boyacá, 12,3 % del Meta, 3,3 % del Tolima y 17 % de otras regiones del país, lo cual significa que es menos del 1 % lo que se produce en el mismo Distrito. Esto implica una huella ambiental que abarca varias regiones del país.

Igualmente, la urbanización de la Sabana de manera dispersa conlleva la saturación de los sistemas de movilidad, basados en el automóvil particular, y dificulta la implementación de sistema de transporte masivo sostenible (circulan a diario unas 380.000 personas desde y hacia Bogotá).

Por otro lado, es un hecho que en Bogotá se han localizado asentamientos humanos en lugares inadecuados sobre cuerpos hídricos y zonas vulnerables a deslizamientos, lo que ha puesto en riesgo la vida de sus habitantes.

¿Cómo cambiar el pasado?
Dadas las condiciones actuales, el POT propone como el mayor reto ambiental el control de la huella ecológica de la ciudad y la región.

Edward Buitrago, de la Dirección de Ambiente y Ruralidad de la SDP, explica que para este fin se han propuesto cuatro objetivos:
1) Reconocer y proteger los diversos ecosistemas que rodean la ciudad y que están dentro de ella.
2) Conectar a la ciudadanía con la naturaleza y aumentar los actuales niveles de biodiversidad.
3) Compactar la ciudad para que no avancen los procesos de urbanización sobre espacios protegidos, de alto riesgo y de la Sabana.
4) Generar estrategias que gestionen medidas de mitigación y adaptación al cambio climático.

¿Cuáles serán las acciones?
Según Edward Buitrago, se trata de reconocer que hay retos regionales sobre los cuales debemos trabajar, respetando la autonomía municipal. Se han planteado acciones compartidas, como la integración a través del río Bogotá y la conectividad ambiental de los páramos de Chingaza, Cruz Verde, Guacheneque y Sumapaz.

Este reto de conectividad ecológica regional se ve reflejado en el POT al aumentar las áreas de protección ambiental alrededor del Río Bogotá, por ejemplo, el plan identifica 67 cuerpos de agua que van desde el humedal La Conejera hacia al norte, que entran a conformar un nuevo parque de humedal.

También, la declaratoria de otro nuevo humedal, El Escritorio, cerca del aeropuerto; este cuerpo de agua se articula con la propuesta de aumentar las áreas de los humedales El Tunjo, en Ciudad Bolívar, y Capellanía, en Fontibón. Esto porque se reconoce que hay unos valores ambientales más allá de los que hoy están delimitados.

Se aumentarán las áreas de los parques de montaña Entrenubes, Cerros de Suba y Cerro de La Conejera. Protección completa de los páramos de Sumapaz y Cruz Verde a través de una red de áreas protegidas nacionales y distritales.

Se crea una nueva categoría, llamada parques de protección, que acogerá las áreas que hoy son suelos de alto riesgo, que no se podrán ocupar con viviendas sino con espacios ambientales y recreativos.

En cuanto a gestión del riesgo, se actualizaron los estudios de zonas vulnerables a inundación, movimientos en masa, avenidas torrenciales (crecientes súbitas) e incendios forestales. Se determinan acciones concretas para la mitigación y adaptación al cambio climático que se ven reflejadas en normas, programas, proyectos, indicadores y metas.

Se propone incentivar el contacto y disfrute responsable de la naturaleza por los ciudadanos, junto con la conservación y restauración de la biodiversidad en los diferentes espacios que conforman la estructura ambiental y de espacio público.
Se darán normas específicas para que elementos comunes que forman parte del espacio público –como plazas y plazoletas– tengan arborización adecuada a los objetivos ambientales.

Con respecto a parques, la ciudad tendrá 5.618 hectáreas, lo que equivale al 15 % del total del área urbana. El POT incluye cuatro nuevos megaparques semejantes al Simón Bolívar, los cuales serán tanto biodiversos como recreativos. Estos son: Guaymaral (150 hectáreas); Bicentenario, en Bosa (53 hectáreas); Lagos del Tunjuelo, en Usme (130 hectáreas), y Cerro Seco, en Ciudad Bolívar (250 hectáreas).

Se contemplarán también grandes parques lineales hídricos como los del Río Fucha, que tendrá 124 hectáreas; Río Tunjuelo, con 250 hectáreas, y Río Bogotá, con 623 hectáreas y 67 km de largo.

Breves ambientales

Reserva Van der Hammen
Lo primero que hay que decir al respecto es que el Plan de Ordenamiento Territorial tuvo un proceso de concertación con la Corporación Autónoma Regional (CAR) a partir de la conservación de la delimitación definida en 2011 -y ratificada en 2014 por la misma CAR-.

La Van der Hammen por sí sola no es la única área protegida en el borde norte de Bogotá. Por eso se propone:

1) Aumentar el área del Parque Ecológico de Montaña Cerro de La Conejera para que conecte con la reserva.
2) Crear el Parque Lineal del Río Bogotá y aumentar su área en el costado occidental de la reserva Van der Hammen (300 metros de ancho), garantizando su conexión con el río Bogotá.
3) Crear el Parque Distrital Humedales del Río, y que sus más de 74 hectáreas, así como los 67 cuerpos de agua que lo componen, se declaren nuevas áreas protegidas.
4) Reconocer los vallados como los cuerpos que permiten la conectividad ecológica con la reserva en espacios intervenidos por la ganadería y floricultivos.
5) Modificar el trazado de las vías que atraviesan la reserva para minimizar el área por sustraer de la reserva y así mismo su impacto.

Sendero Las Mariposas
La propuesta del POT es consolidar el proyecto denominado el Circuito Ambiental de Bogotá. Siempre se ha pensado en conectar los Cerros Orientales con el Río Bogotá, pero ¿cómo lograrlo? Este circuito, que integra como eje oriental el Sendero de Las Mariposas a través de los Cerros Orientales generará un recorrido desde el norte hasta Usme que conectará con una serie de corredores oriente-occidente en Bogotá que serían los Parques Lineales de los Ríos Fucha, Tunjuelo, Salitre, Arzobispo y Juan Amarillo, los cuales se irán conectando a través de parques de humedal hasta el Río Bogotá. También se prioriza el Humedal de Torca y la conexión en el borde norte a través de la reserva Van der Hammen.

Cabe resaltar que el sendero de Las Mariposas es un proyecto que, independientemente de lo que se plantea en el Circuito Ambiental, debe cumplir con la normatividad respectiva. “Al ser una reserva nacional, cualquier intervención tiene que ser avalada, primero por el Plan de Manejo de 2016 (que incluye una zona de uso público) y debe ser permitida a través de una licencia ambiental, la cual regula que la intervención tiene que hacerse en función de proteger la reserva y no deteriorarla”, explica Edward Buitrago.

Novedades

Este POT plantea nuevos componentes:
1. Programas ambientales:
Se propone un plan de arborización urbana cuya meta es llegar a los 350.000 árboles nuevos, para así lograr 1.6 millones de árboles en espacios públicos: es decir, en parques metropolitanos, zonales, de bolsillo, plazas y plazoletas, elementos que componen el espacio público efectivo de Bogotá.

Este proyecto se refuerza con un programa de restauración ecológica que plantea rehabilitar 1.600 hectáreas. La idea es que con esos proyectos no se dependería de la voluntad política, sino ya se tendría un horizonte establecido en el POT con indicadores, metas y responsables.

2. Estrategias de gestión del cambio climático:
El POT trae por primera vez acciones concretas y transversales para mitigar los efectos del cambio climático y generar estrategias puntuales de adaptación del territorio ante estos efectos.

Entre las estrategias de mitigación están: movilidad sostenible y baja en carbono; gestión integral de residuos sólidos (reciclaje); eficiencia energética; urbanismo y construcción sostenible; desarrollo rural sostenible; y sumideros de carbono.
Entre las estrategias de adaptación están: manejo y conservación de ecosistemas estratégicos; protección del recurso hídrico; implementación de sistemas de drenaje sostenibles; reverdecimiento del Distrito; y delimitación, manejo y adecuación de los suelos de protección por riesgo

3.Urbanismo y construcción sostenible:
Bogotá tiene una nueva norma (Resolución 1874 de 2019) que garantiza que las edificaciones nuevas en la ciudad cumplan con los estándares globales de eficiencia en el uso de agua y energía, logrando un ahorro mínimo del 20 por ciento en comparación con los consumos promedio. Los ahorros beneficiarán a los habitantes de Bogotá que verán estas reducciones en el costo de sus facturas de servicios.

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