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Apicultura, innovación y comercialización
Abejas

Según el Eearthwatch Institute, las abejas son los seres vivos más importantes del planeta.

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Según el Eearthwatch Institute, las abejas son los seres vivos más importantes del planeta.

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Las abejas cumplen un papel crucial en el mundo, su conservación depende del respeto hacia su labor.

Sin duda la pandemia mundial ha cambiado todas las dinámicas sociales a las que estábamos acostumbrados. La crisis social y económica ha tocado la puerta de muchos hogares, negocios y empresas y en medio de este mal momento la apicultura en Colombia busca su reinvención.

Fabio Diazgranados, presidente de Fedeabejas señala que “en Colombia hemos ido creciendo, aún falta mucho, el año pasado llegamos a casi las 120.000 colmenas en el país y a una producción de cerca de 4.000 toneladas de miel”. Agrega que es importante seguir capacitando a los apicultores y formalizar su actividad, para que la apicultura sea un factor clave en la recuperación económica del país.

En este sentido, cabe mencionar que la mayor cantidad de colmenas se ubica en las regiones Andina, Orinoquía y Caribe, además los departamentos de Meta, Antioquia, Sucre, Córdoba y Huila producen cerca del 52 por ciento de la producción nacional. Boyacá y Cundinamarca son los departamentos con mayor producción de polen, alcanzando un 60 por ciento.

En Colombia resulta fácil impulsar proyectos de apicultura por sus condiciones
climáticas, cualquier lugar y altitud son aptas para las abejas; sin embargo, aún falta un largo camino por recorrer ya que es necesario incitar a los colombianos a consumir miel producida en el país. “En el territorio nacional no se satisface el consumo local, solo el 20 por ciento de lo que se produce es consumido, mucha de la miel importada es falsificada y modificada con ingredientes no naturales” afirma Diazgranados.

Innovación, clave

La apicultura ha estado en Colombia desde hace 50 años, esta actividad
pecuaria de tiempo parcial tiene una inversión relativamente baja pero rentable que favorece en su mayoría a comunidades rurales. El aporte vital de estos insectos es la polinización de cultivos de manera natural o técnica dentro de los que figuran más de 70 cultivos vegetales, entre estos, frutales, hortalizas, oleaginosas y semillas; los cuales proveen de alimento a la humanidad.

Esta actividad no ha escapado a los avances tecnológicos de las últimas décadas, organizar, controlar y mejorar la actividad es el objetivo. Alfonso López Durán, zootecnista y docente de la Fundación Universitaria San Martín, expresa que “actualmente ya se lleva una tecnificación de la apicultura eficiente. Ahora se hacen registros que permiten el mejoramiento genético, teniendo varios diagnósticos de la sanidad de la colmena, aspectos que antes no tenían el conocimiento”.

Tiempo atrás la apicultura era rústica y no se tenían en cuenta muchos aspectos vitales para el desarrollo de la misma. Las cajas no eran las adecuadas porque no estaban estandarizadas, no importaba la genética, la
cantidad de abejas, ni las enfermedades que tuvieran, además todas las abejas se sacaban para producción sin saber si eran productivas o no.

“El mayor avance es que estandarizando todos estos aspectos se puede
hacer un manejo más fácil en una cantidad de colmenas. Por ejemplo, antes podías cambiar una colmena de lugar, pero los panales que están dentro de
cada caja no se acoplaban con otros, este avance ha hecho que la apicultura sea más eficiente” agrega Durán.

Una cantidad mínima aún de empresas ha buscado por medio de software y aplicaciones web llevar un registro de producción, sanidad y cantidad de colmenas. Mejorar estos procesos ha facilitado conocer cuánta miel, polen o propolio se produce. Sin embargo, solo el 10 por ciento de los apicultores llevan este tipo de registros.

De la comercialización

Otro de los grandes retos que tienen estas productoras es la salida de la miel, el polen y la jalea que fabrican, la falta de apoyo de los entes gubernamentales dificulta la labor. Son ellos mismos los encargados de buscar las herramientas que les faciliten dar a conocer sus productos
y comercializarlos.

La apícola San Antonio está ubicada a tan solo dos horas de Bogotá, en el municipio de Vianí, Cundinamarca. Debido a la pandemia y a la baja circulación del producto que producen, transformaron su objetivo e hicieron parte a toda la comunidad que quiera participar en “ser apicultor por un día”. El apiturismo es hoy uno de los pilares de esta empresa que busca llegar a todos los residentes y turistas de la región con un fin: la conservación y trasmisión del conocimiento para preservar el oficio.

Los recorridos que se realizan consisten en mostrar todo el apiario, las diversas clases de abejas, capacitar sobre estas especies y su respectivo cuidado. Este plan se ha extendido a pueblos aledaños como La Vega, Villeta, Lenguazaque y Cachipay.

Francy Jiménez es la ingeniera ambiental de Apícola San Antonio, aparte de su labor como protectora, guía y representante legal de la empresa realiza una labor de “marketing”. El voz a voz ha sido un constante en su trabajo para impulsar la salida de sus productos.

“Desde hace 4 años, empezamos a hacer presencia en los mercados campesinos de diferentes municipios de Cundinamarca, pero quien verdaderamente nos fortaleció el mercado fue el municipio de la Vega, allí fue donde nos dieron la oportunidad de participar por primera vez y ahí nos fuimos para Villeta, el Rosal y la Peña, eso nos dio la oportunidad de llegar a Corferias antes de la pandemia” cuenta Francy Jiménez.

Durante la situación actual que vivimos y gracias al apoyo de empresas privadas de mensajería y envíos de Colombia, llegó una mano amiga para la reinvención de su negocio. Las redes sociales como Facebook e Instagram se convirtieron en la herramienta para promocionar e impulsar sus productos. “Cuando tenemos una producción muy grande, nosotros hacemos la publicidad y por medio de estas empresas hacemos envíos a nivel nacional”, agrega Francy Jiménez.

Dos puntos claves contribuyen al crecimiento de estos negocios en toda la región: La calidad y precios asequibles para cualquier persona en cualquier estrato socioeconómico. Además, es Cundinamarca la región pionera en la producción de polen, conocido como el milagro de la vida por sus propiedades y vitaminas.

Pese al crecimiento en los últimos años, aún hay un largo camino por recorrer, esta actividad netamente rural carece de impulso y apoyo de los diferentes entes gubernamentales, además, es necesario generar una educación ambiental, un proceso de concientización y sensibilización en toda la comunidad.

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