Actos simbólicos o microrrituales que liberan vidas

Actos simbólicos o microrrituales que liberan vidas

La psicóloga Élisabeth Horowitz  ayuda a romper comportamientos rutinarios y a desbloquear traumas.

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Actos simbólicos, como escribir una carta, son soluciones exprés, fáciles, sencillas, que varían de una cultura a otra y ayudan a desbloquear vidas.

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César Melgarejo/ CEET

Por: FLOR NADYNE MILLÁN M.
30 de marzo 2020 , 02:43 p.m.

“Hace poco tuve en consulta a una señora a quien su esposo, que pasaba por un fracaso profesional, no tenía tiempo para hablarle, no estaba disponible para ella y se mostraba nervioso. Le recomendé que se comprara un suéter blanco, que se lo pusiera y escribiera en este: ‘Ante cualquier cosa que suceda, mi amor por ti permanecerá intacto’. Así él no quisiera escucharla o hablarle, este mensaje sí lo podría ver”. De esta forma, la psicóloga francesa Élisabeth Horowitz ilustra lo que es un acto simbólico y su poder transformador.

Para su paciente, ese simple gesto es liberador “porque está expresándole a su pareja algo que antes no podía, y también porque él no estaba en disposición de escucharla”, explica Horowitz. Un acto simbólico rápido y sencillo que desata cambios en la comunicación.

“Es que a veces las personas no quieren escuchar, pero no pueden dejar de ver”, asegura esta psicoterapeuta que ha notado cómo un gran número de hombres se sienten en ocasiones agredidos por la voz de la mujer. “En estos casos, lo mejor es enviarles mensajes escritos”, recomienda con cierta dosis de humor.

Horowitz es una autoridad en el manejo de lenguajes diferentes dirigidos al inconsciente. Estudió psicología en Burdeos (Francia), en 1979, y luego se interesó en la herencia transgeneracional. ¿Qué es eso? Básicamente, aquello visible e invisible que nos une o ata a nuestros antepasados, incluso a generaciones que ni conocimos o con las que ni siquiera convivimos. Su interés por el estudio transgeneracional comenzó a partir de un artículo que encontró en una revista de psicología. “Una publicación francesa muy seria, precursora de las nuevas formas de terapia y que, además, hablaba de la terapia breve y de todos los trabajos de hipnosis de la Escuela de Palo Alto, en California (Estados Unidos)”, recuerda.

Ella es la fundadora de la Asociación Francesa de Psicogenealogía, en París (2001), y autora de más de una docena de libros de psicología y desarrollo personal, entre los cuales se cuentan Liberarse del destino familiar y Los actos simbólicos (Psicología y magia de los gestos que liberan). En este último enseña, entre otras cosas, cómo a través de actos sencillos, inmediatos, lúdicos y que muchas veces no requieren una inversión económica, se pueden desbloquear vidas y lograr cambios.
De acuerdo con sus investigaciones y vasta experiencia con sus pacientes, objetos cotidianos como ropa, joyas, fotografías, cartas, piedras, semillas, llaves, colores, dibujos, plantas, etc., pueden ayudar a una persona a poner en escena una dificultad y, así mismo, liberarse emocionalmente de esta.

Situaciones como no gozar de un óptimo crecimiento profesional, elegir pésimas parejas afectivas, tener mal manejo del dinero, vivir en sensación de estancamiento, tristeza, agotamiento o sufrir enfermedades crónicas, entre muchas otras. Situaciones que la persona ha identificado como repetitivas en su vida, o que aparecen de forma repentina pero no menos traumática.

Los actos simbólicos son lo que Horowitz, terapeuta especializada en tratamiento breve basado en las soluciones, llama “microrrituales simbólicos” o “soluciones exprés” y que, dice, cada quien puede realizar solo o con ayuda de un terapeuta especializado.

Élisabeth, en entrevista con EL TIEMPO desde Burdeos (Francia), explica cómo por medio de actos simbólicos hechos a la medida de quien los necesita se pueden resolver traumas profundos e, incluso, destapar y liberarse de secretos que hacen daño y, lo más importante, sanar y seguir adelante.

¿Su experiencia se construyó en el terreno de las consultas personales?

Sí, a partir de preguntas básicas a los pacientes en torno a los problemas que tenían de salud, trabajo, pareja, etc. En consulta se trabaja exclusivamente lo concerniente a su historia familiar. Desde la primera sesión mirábamos su árbol genealógico, a partir de los elementos biográficos que las personas conocían, y les preguntaba qué había pasado en sus dos linajes (tanto en la rama materna como en la paterna) en la generación anterior. A veces llegábamos hasta la generación de sus bisabuelos.

¿Para qué sirve revisar nuestro árbol genealógico?

Para comprender no solamente su estructura, sino todos aquellos eventos traumáticos y la importancia que tienen las edades marcadoras, porque hay una reactivación de ciertas emociones a ciertas edades. Esto se conoce como edades marcadoras.

Un ejemplo...

Si mis padres se divorciaron cuando yo tenía 12 años, en la medida en que el divorcio haya sido traumático, el estrés postraumático será aún más importante, y puede resurgir cuando mi primer hijo cumpla 12 años, la edad que tenía cuando sufrí el trauma. O también puede suceder algo particular cuando alcanzo la edad que mi madre tenía al divorciarse, o si en mi relación de pareja aparecen problemas justo a la misma edad en la que mis padres se divorciaron.

¿Y estas repeticiones pueden suceder por algo no resuelto?

Si se ha trabajado, no resurge el trauma. Sin embargo, si es un problema muy fuerte, hay que resolverlo. Se trata de anticiparnos a las edades marcadoras.

¿Por qué insiste usted en que es importante liberarse del destino familiar?

Todos nacemos en una estructura familiar, y esta nos influencia de manera decisiva e inconsciente. Por un lado, hay un aspecto visible: el estatus económico, social y cultural que recibimos de la familia tiene un determinismo increíble. Por el otro está el aspecto invisible, que tiene que ver con los secretos familiares. Por eso es clave indagar en la familia, conocer el tipo de parejas que se conformaron, los oficios y las profesiones que se ejercieron y los eventos mayores que sucedieron, porque todo eso influirá en nosotros.

¿Cuál es el motivo de consulta más frecuente entre sus pacientes?

Las preguntas más graves son aquellas relacionadas con la salud. Yo veo que hay una urgencia por tratarlas rápidamente y que hay otros problemas que pueden esperar un poco más.

¿Como cuáles?

Los de pareja, los problemas en las relaciones interpersonales o los de orden profesional. En las dificultades de salud hay urgencia para tratarlas, y es aquí cuando se deben tener en cuenta los secretos de familia.

¿Por qué hace énfasis en los secretos familiares?

Cuando una persona tiene secretos que no ha podido revelar, está como prisionera o víctima de estos y quizá ni tenga conciencia de eso. Recientemente tuve en consulta a una señora de unos 50 años; su padre acababa de fallecer, y ella se enteró de que no era su padre biológico. De hecho, no ha conocido a su verdadero papá, y no solo eso, sino que también desconoce a sus tíos, abuelos, etc. Es decir, a toda su rama paterna.

Ha vivido engañada...

La consecuencia de esto es que ella nunca ha podido tener una pareja. Es víctima de un secreto de familia porque desconocía todo alrededor de su nacimiento. Y se establece un obstáculo para encontrar pareja y construir su vida sentimental porque la identidad del primer hombre de su vida, que es su padre, ha estado en el secreto.

¿Y por qué influye desconocer al padre real?

Es muy importante porque la primera filiación es la biológica. Claro, yo puedo tener un padrastro, pero hay un vacío en el primer afecto y se debe tener en cuenta lo fundamental de trabajar sobre la verdad, y la primera verdad es de orden biológico.

¿Qué pasa cuando hay ausencia de la figura materna?

Es mucho más grave cuando la madre falta porque, por un lado, se debe tener en cuenta que nos desarrollamos en el cuerpo de mamá y, en general, el 90 por ciento de las madres son protectoras y nutricias. Lo que he visto, según los testimonios de mis pacientes, es que la relación con la madre representa nuestra relación con el mundo. En personas que perdieron a su mamá a temprana edad se observa la dificultad para entrar a la adultez, para consolidar una relación sentimental o para ganarse la vida y tener dinero.

¿Guardar un secreto familiar puede salir caro?

La cuestión es que en la persona que está guardando un secreto esto supone un gasto de energía enorme. Uno de los aspectos positivos –si se quiere considerar así– es que habrá una o varias personas que sentirán cierto poder al poseerlo, pero también tiene su lado negativo porque mantener algo en la sombra significa evitar ciertos temas en las conversaciones familiares y presupone un control permanente en la comunicación. Eso es estresante, y a largo plazo pueden sobrevenir problemas de salud como ansiedad, depresión, enfermedades dermatológicas, etc.

¿Por qué la terapia breve tiene resonancia?

Porque se observan cambios importantes en un sistema. La terapia breve nació en la década de los cincuenta en Estados Unidos y se trabaja entre una y diez sesiones. En esos años se empezó a ver una propuesta de evitar el psicoanálisis. Yo considero que el psicoanálisis es muy útil, pero uno de los objetivos de la terapia breve es no centrarse en el pasado. Los terapeutas que la realizan son conscientes de que hay un pasado generacional, pero no lo evocan intencionalmente.

¿Cuál es el objetivo de esta terapia?

En la terapia breve y los actos simbólicos se busca cambiar los papeles que se juegan dentro de un sistema; por ejemplo, el sistema familiar, o en determinado escenario. Muchas veces, en últimas, es más fácil cambiar el contexto porque esto provocará que la persona cambie, antes que presionarla para que haga cambios.

Un ejemplo...

Si hay una adolescente anoréxica en una familia, con la terapia breve no nos vamos a interesar por todas las causas de la aparición de esta enfermedad, lo que se busca es cambiar ese síntoma lo más rápido posible, y hay varias formas de hacerlo.

¿Como cuáles?

Imaginemos que podemos intercambiar el papel de los padres y que la mamá, que era quien intentaba hacer que su hija comiera mientras su padre miraba televisión, ya no desempeñe esa función. En terapia breve, lo que se preconiza es primero tratar de cambiar estos papeles. Entonces se le puede pedir a la madre que vea televisión mientras el padre se ocupa de que la hija coma. Otras modificaciones tienen que ver con el horario de las comidas, los platos en los cuales se come, el orden de estos o los lugares en los que la familia se sienta a la mesa, porque hay una especie de cristalización al disponerse siempre todos en el mismo lugar.

¿Estos movimientos son un acto simbólico?

Sí. Esto nos recuerda a Sigmund Freud (médico neurólogo, considerado el padre del psicoanálisis). Él hacía que todos los miembros de su familia, que era numerosa, cambiaran de puesto frecuentemente.

¿Qué efecto tiene eso?

El lugar donde cada quien se sienta corresponde a un papel. Las familias están habituadas a hacer una misma cosa todo el tiempo, y la rutina cristaliza las disfunciones familiares. Por ejemplo, cuando se cambian los puestos en la mesa no miramos en la misma dirección a las personas del grupo familiar y no se hablará de los mismos temas. Lo mismo sucede cuando se cambia la hora de la comida o los atuendos que usamos en estas reuniones.

¿Cómo se evidencia la cristalización de una familia?

Cuando las personas empiezan a sentirse tristes, faltas de energía y también surgen conflictos personales y familiares.

Un acto simbólico que ayude a parejas con tensiones conyugales...

Cuando hay conflicto por el manejo y la dirección de la casa, por ejemplo, el poder se puede compartir por días. Los días pares, la mujer imparte sus reglas y los impares, el hombre. Este sistema de alternancia ha resultado exitoso porque saca de la rutina y los hace percibirse como aliados.

Usted también recomienda la terapia narrativa...

Sí, consiste en escribir cartas. Puede ser una carta que no se enviará a alguien o que sí tiene un destinatario. Buen número de personas que me consultan han sido víctimas de abuso sexual, y muchas veces el victimario está en el entorno familiar o cuenta con la complicidad de la misma familia. Recomiendo que la víctima le escriba una carta al agresor. Esta debe ser muy detallada, en la que se exprese lo que sucedió, las consecuencias que ha sentido y vivido, y también que exija una reparación por el daño.

¿Qué pasa cuando se pide reparación?

Extrañamente, esa solicitud es la parte más difícil al escribir la carta. Poco importa si el agresor no responde o no compensa el hecho, pero el solo acto de expresarlo ayuda en el proceso de sanación de la persona abusada o agredida.

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