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¿Vigilancia ilimitada?
Datos personales

Podemos entregar ciertos datos a algunas autoridades por salud, pero evitemos construir un futuro en el que aceptemos la vigilancia ilimitada.

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¿Vigilancia ilimitada?

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La privacidad es una conquista democrática frente al ejercicio expansivo del poder.

La privacidad se ha posicionado como el principal cuestionamiento al poder que empresas y gobiernos han adquirido a través de la tecnología para divulgar, agregar, analizar y distribuir nuestra información personal. Un poder que se materializa cada vez más en sistemas que usan datos para vigilarnos, vigilar consumo, desplazamientos, hábitos, enfermedades, personas, etcétera. Aunque es una preocupación central, la privacidad es solo la punta del iceberg. Hay mucho más.

Los sistemas de vigilancia con datos se despliegan ahora desde la disyuntiva “salud o privacidad”, sin consideraciones sobre cómo resuelven o no complejos problemas sociales. La tecnología se despliega de urgencia saltándose preguntas importantes. Desaparecen cuestionamientos sobre si hay alternativas, si es efectivo lo que ofrecen, si la tecnología tiene las capacidades requeridas, y qué riesgos mitigar. El afán evita preguntas críticas y supervisión pública. Así, aceptamos fácilmente sociedades policivas y autocráticas, y nos quedamos con una falsa sensación de seguridad.

No cuestionar la vigilancia es alimentar estímulos homogeneizadores que disciplinan nuestro comportamiento

Sabemos que estas tecnologías representan riesgo para la privacidad. De ser sistemas de vigilancia de la enfermedad pueden convertirse en sistemas de vigilancia de personas. Al sentirnos vigilados nos inhibimos frente a lo que otros consideran reprochable, pero además estos sistemas se prestan a abusos, especialmente contra poblaciones vulnerables. No cuestionar la vigilancia es alimentar estímulos homogeneizadores que disciplinan nuestro comportamiento. Restringen las expresiones diversas a los márgenes, mientras se normalizan sesgos por culto, posición política, clase, identidad sexual o raza.

La privacidad es una conquista democrática frente al ejercicio expansivo del poder, tanto como lo es cuestionar y discutir colectivamente soluciones a problemas sociales. Podemos entregar ciertos datos a algunas autoridades por salud, pero evitemos construir un futuro en el que aceptemos la vigilancia ilimitada. Resistamos la datificación, que por sí misma no responde a problemas técnicos ni a preocupaciones individuales. Privacidad y participación pública son asuntos de política vinculados con nuestra democracia.

CAROLINA BOTERO
Abogada. Directora de la Fundación Karisma

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