Ida Vitale: la fiesta de la palabra

Ida Vitale: la fiesta de la palabra

La poeta uruguaya gana el Premio Cervantes 2018. Semblanza en LECTURAS.

Poeta uruguaya Ida Vitale

Poeta uruguaya Ida Vitale, de 95 años.

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EFE

Por: Por Federico Díaz-Granado
15 de noviembre 2018 , 12:22 p.m.

Podía haber sido un breve poema de Gabriela Mistral o aquel ejemplar en latín de La Ilíada que encontró en el baúl de su abuelo el inicio de una vocación desbordada hacia la poesía.

Lo cierto es que para la poeta uruguaya Ida Vitale (1923) la poesía es, desde su infancia, un refugio y un ejercicio de reflexión donde el triunfo de la vida es la materia constante de una obra que ha logrado el reconocimiento de los lectores en el mundo. Por eso, más allá de esa mirada que se intuye inocente en esos ojos azules hay un carácter y una contemplación atenta de la realidad y de las preocupaciones humanas.

Por eso versos suyos como ¿Mirar atrás será pasar / a ser de sal precaria estatua, / un perecer petrificado / preso en sí mismo, parte / del roto encanto de un paisaje / cuya música no logro más oír? dan cuenta de esa visión profunda y verdadera de nuestro tránsito sobre la tierra.

El pasado 2 de noviembre cumplió 95 años. Una jornada de casi un siglo de intensas vivencias y grandes memorias que han quedado registradas en muchos de sus libros de poemas, ensayos, traducciones y escritos periodísticos. El próximo 24 de noviembre recibirá el 28° Premio FIL de la Literatura en Lenguas Romances en Guadalajara por “su capacidad inextinguible de revelarnos el mundo a través de su poesía" afirmó el jurado. Una merecida recompensa a una incansable labor que se viene a sumar a una serie de homenajes y galardones que en los últimos años ha recibido esta inmensa poeta uruguaya: El premio Octavio Paz, El Federico García Lorca, el Alfonso Reyes, el Max Jacob y el Reina Sofía.

Vitale viene de Uruguay, país pequeño en geografía pero gigante en su literatura que desde el Modernismo ha legado a la lengua española una gran literatura donde autoras como Delmira Agustini, Juana de Ibarbourou, Cristina Peri Rossi, Marosa di Giorgio, Circe Maia e Idea Vilariño entre otras, han sido las voces que han trazado la cartografía exacta de una poética y de un destino de nación.

Desde niña ha sido amante de los diccionarios. Su tía le ponía la tarea de aprenderse una palabra diaria. Siempre supo que allí encontraría la genuina biografía del idioma y que allí están con sus signos y secretos el universo de cada palabra. En su casa también desplegaban, después de la cena, grandes mapas sobre la mesa para hacerle seguimiento a la guerra que vivía España por aquellos días y cuyas narraciones radiales permitían tener un curso de los acontecimientos. Los mapas eran una posibilidad de reinventar los sucesos para traducir estrategias sobre el plano físico. Su maestra de tercer grado le regaló en esa edad de la conciencia 'El maravilloso viaje de Nils Holgersson', de Selma Lagerlöf, libro que sirvió de compañía durante ese año de constantes ausencias al colegio por culpa de la rubeola, la escarlatina y fuertes y repetidas gripes. Quizás ese sería el primer libro que leyó y la impactó para siempre.

Hizo parte de la reconocida Generación del 45 que significó un quiebre en la vida intelectual de Uruguay. Hacían parte de este grupo escritores como Juan Carlos Onetti (el mayor de todos los integrantes), Mario Benedetti, Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama (su primer esposo y padre de sus dos hijos, Amparo y Claudio) entre otros. Allí tuvo cercanía con Juan Ramón Jiménez y José Bergamín a quiénes Ida Vitale consideró maestros tutelares. Gracias a ellos llegó a conocer a María Zambrano y a la obra de Antonio Machado, poeta al que considera aún el “Cervantes de nuestro tiempo”.

De la imprenta artesanal 'La Galatea', instalada en el garaje de la casa de José Pedro Díaz y su esposa, la poeta, Amanda Berenguer salen los ejemplares del primer libro de Ida Vitale: 'La luz de esta memoria' (1949). Este libro vendría a trazar los puntos cardinales de lo que posteriormente sería una poesía original y con un registro propio que vendrían a ratificarse en volúmenes como 'Palabra dada' (1953), 'Cada uno en su noche' (1960), 'Oidor andante' (1972), 'Jardín de sílice' (1980), 'Sueños de la constancia' (1984), 'Léxico de afinidades' (1994), 'Donde vuela el camaleón' (1996), 'Procura de lo imposible' (1998), 'Reducción del infinito' (2002) y 'De plantas y animales. Acercamientos literarios' (2003) además de numerosas antologías donde se recogen las mejores páginas de su obra.

Supo muy temprano de mudanzas y destierros. La férrea dictadura civil y militar de Uruguay la llevó al exilio en México en 1974, donde trabajó al lado de Octavio Paz en las revistas Plural y Vuelta. Eran los sangrientos días en que un grafiti a la entrada del Aeropuerto de Montevideo sintetizaba el sentir de un país: “El último que salga apague la luz”. Entre aquellos trasteos y trashumancias retorna al Uruguay en1984 al final de la dictadura. Su segundo esposo, el poeta Enrique Fierro, fue nombrado director de la Biblioteca Nacional. Fue tal la desolación y la ruina en la que encontraron dicha biblioteca y el despojo en la que la habían dejado los militares que a los pocos años la pareja vuelve a emprender el vuelo esta vez con destino Austin (Texas) donde residen un poco más de veinticinco años hasta la muerte del poeta Fierro. Esta viudez la lleva de regreso definitivo a Montevideo donde actualmente se dedica a organizar archivos y recopilar sus textos completos.

Cuando recibió el Premio Reina Sofía nos recordó en su discurso, a manera de Arte poética, que “La poesía, que no requiere ideologías ni propicia fanatismos, la poesía que abre fronteras sin peligro, sin transportar el mal y el arbitrario dolor, rampa ignota de lanzarse al aire de la libertad”. Nada más fiel a ese credo que su obra donde encontramos una poesía libre y atenta a la observación del mundo y de las cosas donde la sensibilidad y la inteligencia conviven en una común preocupación por el tiempo y la precisión del lenguaje. La palabra más allá de ser moneda de cambio es el lugar de la precisión “Una de las tareas importantes de la poesía, aunque no sea consciente, es rescatar el pasado. Al futuro lo podemos imaginar, pero el pasado es algo que tiende a perderse y que puede tener un ancla en la poesía, en la palabra”.

La poesía, que no requiere ideologías ni propicia fanatismos, la poesía que abre fronteras sin peligro, sin transportar el mal y el arbitrario dolor, rampa ignota de lanzarse al aire de la libertad

A pesar de los exilios, las pérdidas, las muertes propias y ajenas Ida Vitale nos recuerda que la vida es una celebración. Todas las esperas han valido la pena porque la vida, en su caso casi un siglo de aventuras, ha sido una Fiesta propia, como titula uno de sus más bellos poemas:

"Sí, cantar es alegrarse, / como el aire se alegra en la mañana / por cada cosa que a la vida vuelve. / Cantar, dichosa entrega / a vivísimos vientos, / a ráfagas regidas por la gracia / o la lenta paciencia. / Tenderse e ir nombrando / las cosas, los sucesos, / la ardiente zarza del abrazo, / el odio, la seda que en las noches / el sueño pone sobre las frentes / como un llanto. / Porque entonces el tiempo / se detiene y aguarda, / deja a la voz que nombre, / que se gane a sí misma / o que se pierda, / a la medida del olvido ajeno, /a la medida de la propia fiesta".

FEDERICO DÍAZ-GRANADOS
LECTURAS

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