Avedon revelado

Avedon revelado

Una biografía sobre Richard Avedon está causando polémica. Rodrigo Fresán escribe sobre esto.

Richard Avedon

Richard Avedon es considerado uno de los grandes fotógrafos de todos los tiempos.

Foto:

AFP

11 de marzo 2018 , 09:00 a.m.



Cuando Richard ‘Rick’ Avedon (Estados Unidos, 1923-2004) era un niño se vio obligado a llevar gafas con cristales muy gruesos, de esas que inmediata e inevitablemente hacen que pierdas ganándote el poco original pero muy descriptivo apodo de “Cuatro ojos”. ¿Qué respondía entonces el pequeño Avedon a sus inmensos y poco compañeros compañeritos? Algo así: “De acuerdo. Pero como tengo cuatro ojos eso significa que siempre veré el doble que ustedes”.

Muchos años después, ya convertido en una estrella mundial y en un maestro del uso de la cámara fotográfica como telescópico microscopio o microscópico telescópico, el francés Henri Cartier-Bresson –seguramente el fotógrafo más grande de su tiempo– le decía a Avedon que “tus ojos observan con tanta agudeza y curiosidad y capacidad de maravilla y de maravillar a los rostros de las personas que fotografías que, de inmediato, se convierten en habitantes de un mundo de Avedon”.

Ejemplo entre muchos de lo anterior y de cómo el mundo real se avedoniza a su imagen y semejanza: el ídolo de juventud de Richard Avedon es Fred Astaire; Richard Avedon fotografía a Fred Astaire; Fred Astaire acaba interpretando al fotógrafo de modas Dick Avery (personaje inspirado directamente en la persona de Richard Avedon) en el filme Funny Face, de Stanley Donen; el consultor creativo y asesor personal de Fred Astaire para enseñarle cómo hacer de fotógrafo es Richard Avedon quien, además, diseña los créditos de apertura con un collage de sus fotos.

Click.

Bienvenidos a Avedonlandia.



Y MEJOR INTERNARSE en ella con una buena y bien enfocada y encuadrada guía de turismo a la hora de revelar y enmarcar una vida tan movida.

Buenas noticias: acaba de aparecer una y se titula Avedon: Something Personal (Spiegel & Grau) y está firmada por Norma Stevens (su mano derecha y fixer todoterreno y fundadora y directora durante cinco años de la Richard Avedon Foundation) y Steve M. L. Aronson (autor de muy buenos true-crimes y periodista especializado en artes varias firmando en Vanity Fair, Interview, The Village Voice, Esquire, The Nation, New York, etc.).

Y relativamente mala noticia: el pasado 20 de diciembre de 2017, The Richard Avedon Foundation subió a su site un comunicado de prensa con aires y fraseo digno de declaración de guerra denunciando que Something Personal rebosaba de imprecisiones y falsedades y conminaba a la editorial a cancelar la impresión y salida del libro. Spiegel & Grau no hizo caso y apenas se comprometió a corregir erratas que, lo cierto, no eran tan graves (después de todo el propio Avedon siempre fue un gran fantaseador de sí mismo; acaso más preocupante era la acusación en cuanto a que Stevens se había quedado con el manuscrito original e inconcluso de una suerte de memorias/ficticias o “autobiografía no autorizada” de Avedon compuestas junto a Doon Arbus, hija de la legendaria Diane Arbus, del que Stevens había citado libremente sin precisar la fuente ni solicitar ninguna autorización). Y dije que se trataba de una relativa mala nueva porque todo esto ha envuelto la salida del libro en un aire de escándalo que no le añade nada a una vida escandalosamente interesante, como dice la maldición/bendición china.

La vida de Avedon –quién fue, vio y reveló– es algo así como una historia político-social-artística-etc. desde la mitad del siglo XX hasta principios del tercer milenio.



Y, SÍ, EL ÍNDICE onomástico al final de Something Personal es algo así como la portada de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (y por supuesto que Avedon fotografió varias veces a los Beatles, juntos o por separado) luego de tragarse un frasco completo de anfetaminas para caballos. Están todos y está todo. La vida de Avedon –quién fue, vio y reveló– es algo así como una historia político-social-artística-etc. desde la mitad del siglo XX hasta principios del tercer milenio. Lo que, claro, no resulta en una vida fácil de mantener quieta para la cámara de autores. Así, lo que sí se le puede reprochar a Something Personal es que no se decide por un único estilo. En el libro se sobreimprimen los modos de una biografía clásica desde afuera, las espasmódicas idas y vueltas en el tiempo de una memoir, y las diferentes voces de una de esas biografías orales/corales que Jean Stein y George Plimpton casi patentaron a la hora de ordenar la desordenada existencia de una de las más glamurosas superstars de la Factoría Warhol en Edie: An American Biography (y está claro que Andy y su torso cruzado por las cicatrices cortesía de las balas de Valerie Solanas fueron debidamente capturados por Avedon) y así desfilan por el libro los testimonios de Calvin Klein, Claude Picasso, Brooke Shields, David Remnick, Twyla Tharp, Mikhail Baryshnikov, Bruce Weber, Cindy Crawford, Donatella Versace, Jann Wenner and Isabella Rossellini, entre otros y otras que se quedaron quietos para que Avedon más tarde nos conmueva con ellos (y alguien que posó para él precisó: “Ponerse frente a la cámara de Avedon es como prestarse a una decapitación”).

Superado el primer desconcierto, la verdad es que el método (o su ausencia de método) acaba funcionando. Porque una cosa es fotografiar a Avedon y otra ponerlo por escrito. No es fácil diseñar un centerfold que cuente las relaciones incestuosas con su hermana trágica y primera musa Louise y su prima Margie, sus sismos a lo largo y ancho de varios matrimonios y la sorpresa para todos de su affaire homosexual de más de una década con Mike Nichols, director de El graduado. Así que para ser fiel a su figura no queda otra que redactarlo en movimiento.

Richard Avedon

Avedon fotografió tanto a grandes estrellas como a personajes anónimos.

Foto:

AFP

Richard Avedon

Avedon fotografió tanto a grandes estrellas como a personajes anónimos.

Foto:

AFP

Richard Avedon

Avedon fotografió tanto a grandes estrellas como a personajes anónimos.

Foto:

AFP

Richard Avedon

Avedon fotografió tanto a grandes estrellas como a personajes anónimos.

Foto:

AFP

AUNQUE TANTA ida y vuelta y ahora me ves y ahora no me ves no sea suficiente para ocultar el conflicto central en la vida de Avedon extendiéndose desde la primera hasta la página 700 de Something Personal: el tránsito de alguien en permanente conflicto con su obra mientras salta de Vogue a Rolling Stone y de ahí a Vanity Fair y luego a The New Yorker... Alguien que sufrió a lo largo de toda su carrera un permanente tira y afloja, un conflicto à la Jekyll & Hyde, un duelo nunca del todo batido y dirimido entre lo histérico y lo histórico.

Así, de un lado la faceta fashion y dionisiaca en la que siempre fue considerado no sólo un precursor sino también un revolucionario creador de imágenes icónicas (ahí está esa foto suya de Dovima enfundada en un Dior y rodeada por elefantes considerada una de sus cumbres). Y del otro sus trabajos apolíneos y más allá de toda temporada como In the American West (esos rostros curtidos de desconocidos con el fondo blanco “tan blanco como un paisaje de Beckett o una nevada” que aprendió a dominar durante su paso por la marina, encargado de fotografiar a los nuevos reclutas), o la serie de agonizantes retratos de su conflictivo padre o de pacientes de un hospital mental, o su libro “de denuncia” junto a James Baldwin o su Portraits of Power en los que, de algún modo, descubre el corrupto retrato detrás de los Dorian Gray de la clase gobernante de los Estados Unidos.

Sí: Avedon quiere ser artista celebrado por lo suyo y no le interesa ser, apenas, celebratorio del arte de los demás. Y, de acuerdo, está muy bien lo de la boa rodeando a la Kinski o lo de los jeans marca Calvin Klein apretando a la Shields. Grandes cuerpos pero, a la hora de la verdad, Avedon prefería ser recordado por el rostro sin piernas largas (“los rostros son los archivos de nuestra experiencia”, decía) de esa granjera pecosa del Medio Oeste cuyos pantalones no eran de marca y que, seguro, en más de una ocasión le hizo bang-bang a una serpiente. “He fotografiado a todo el mundo. Pero lo que espero hacer es fotografiar a gente que haya conseguido cosas, no sólo ser famosa, y ayudar a definir la diferencia entre una cosa y otra que se ha perdido”, dijo resignándose a la idea de que él era alguien muy famoso gracias a lo que supo conseguir.

Sí: Avedon quiere ser artista celebrado por lo suyo y no le interesa ser, apenas, celebratorio del arte de los demás.

Pero no había caso y –más allá de récords en subastas fotográficas y numerosas retrospectivas en vida en los mejores museos y libros deluxe siempre entrando para quedarse en las listas de best-sellers y hasta su rostro en una portada de Newsweek con el titular The Avedon Look– la intelligentzia norteamericana (Susan Sontag fue una de las voces más acusatorias) siempre le puso peros. Y lo consideró poco más que un astuto diletante cuya mayor virtud era la de estar siempre en el sitio exacto y con su cámara cargada para dispararla con un estilo a mitad de camino entre la crueldad amorosa de Diane Arbus y los efectos especiales de Annie Leibovitz.
Lo de ellos con él era, sí, algo personal.

Richard Avedon

'Avedon. Something personal'.

Foto:

RICHARD AVEDON, en vida y ahora en Something Personal, explicó que si alguna vez firmaba sus memorias éstas se titularían Here Lies Richard Avedon. Aquí yace Richard Avedon; y lo cierto es que –obsesivo desde el principio hasta el final– el fotógrafo llegó a diseñar su lecho de muerte y a fotografiarlo y su foto aparece en Something Personal. Pero no se cumplió su voluntad y Avedon se derrumbó lejos de casa y dormitorio víctima de un derrame cerebral durante un encargo, en Texas, una serie de fotos a titularse Democracy, acerca de las convenciones para elegir candidatos para la Presidencia.

Antes, conversando con Norma Stevens, Avedon le confió –es la versión de ella al menos– la misión de que asumiese el trabajo de escribir su vida. “El mejor retrato es siempre la verdad. No seas amable conmigo. No quiero un tributo, quiero un retrato. Haz de mí un Avedon”, le pidió y le ordenó.

En Something Personal –trece años después de su muerte, para bien o para mal es el único libro de cierta importancia sobre Avedon– Norma Stevens cumple y obedece. Pero son muchos los que aseguran que miente; porque el fotógrafo nunca quiso que lo fotografíen sin poder elegir filtros e iluminación y perfil considerándose un obsesivo del control de su imagen y figura (le preocupaba mucho el centimetraje de los obituarios en The New York Times de sus conocidos; no le hubiese gustado nada leer que el suyo, aunque largo y exhaustivo, abría con un “Richard Avedon, el ojo de la moda, muere a los 81 años”) y definiéndose con un “soy mi propia viuda”.

Una cosa sí es segura y cierta. De nuevo, en el principio, Avedon de niño caminando con su padre por la Quinta Avenida de su Manhattan y “frente al Plaza Hotel, vi a un hombre calvo con una cámara en alto fotografiando a una mujer hermosa apoyada contra un árbol. Alzó su cabeza, acomodó un poco el vestido de la modelo, y tomó algunas fotografías. Al poco tiempo vi esa foto en las páginas de Harper’s Bazaar. No entendí por qué hasta que años más tarde llegué a París y descubrí que la corteza de aquel árbol era exactamente igual que los de los Champs-Élysées”.

El mejor retrato es siempre la verdad. No seas amable conmigo. No quiero un tributo, quiero un retrato. Haz de mí un Avedon.

Después, el largo y sinuoso camino hasta descubrir que “un retrato fotográfico es la foto de alguien que sabe que está siendo fotografiado, y lo que hace con ese conocimiento es tan parte de la fotografía como aquello que viste o el cómo luce”. Todo ese conocimiento Avedon lo (des)ordenó en un libro enorme de 1993 al que tituló Autobiografía pero que en realidad –fotos y nada más que fotos– era una automirada sobre lo visto y revelado.

Apenas, frases sueltas que acababan configurando un credo estético y espiritual en el que “el momento en que una emoción o un hecho es transformado en una fotografía ya no es un hecho sino una opinión. No existe cosa como la inexactitud en una fotografía. Todas las fotos son precisas. Ninguna de ellas es verdad”.

De ahí, tal vez, por eso, este libro rebosante de fotografiados transformados por las órdenes de los ojos ultrapoderosos del fotógrafo oficial de Avedonlandia.

Aquí yace.


LECTURAS

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.