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Un atlas de rarezas geográficas
Olivier Marchon

Marchon también es autor de 30 de febrero: y otras curiosidades sobre la medición del tiempo.

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Ediciones Godot

Un atlas de rarezas geográficas

Marchon también es autor de 30 de febrero: y otras curiosidades sobre la medición del tiempo.

El libro del francés Olivier Marchon funciona como un gabinete de curiosidades geográficas. Reseña. 

"Escribir la historia es armar un lío tremendo en la geografía”. Con este epígrafe, que funciona como aviso a navegantes, comienza Rarezas geográficas, del escritor francés Olivier Marchon. Un libro que funciona como los gabinetes de curiosidades del Renacimiento; repleto de objetos exóticos, lugares imaginados y fósiles maravillosos. En cada uno de los capítulos, el lector encontrará un relato de un territorio que se escapa a las 'normas' y las leyes establecidas, hasta convertirse en una especie de atlas de rarezas de un mundo que creemos conocer.

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De ahí que a lo largo del texto Marchon plantee una especie de aventura geográfica, que al recorrerla llevará a quien decida emprenderla por mapas que funcionan como una acrobacia jurídica, fronteras absurdas que nadie se esfuerza por comprender, egos desmesurados en mitad de un océano, islas que desaparecen –supuestamente– por culpa de la CIA, Estados medievales en pleno siglo XX o países donde sus gobernantes son una especie de aristocracia de escritores; el monarca en el trono, por ejemplo, es el español Javier Marías.

La primera escala de la travesía de Rarezas geográficas es una mirada a los territorios enclavados. La historia de viejas rencillas, como las de Bangladés y la India, se explican a través de los enclaves de cada uno de los países. Pero más allá de hacer un recuento aburrido o erudito, el autor opta por contarnos la complicación que tienen los habitantes del enclave de Cooch Behar para salir de sus casas, el cual estaba rodeado por un país, en muchos casos, hostil. Para moverse de sus enclaves, los chiitmahalíes necesitaban sus documentos, algo normal, el problema es que ninguno de los dos países permitían el paso de funcionarios, lo que hacía imposible para estos ciudadanos tener sus documentos, algo no tan grave frente a otros problemas derivados de esto como la imposibilidad de tener agua potable u hospitales.

También encontramos la historia de las bases militares inglesas en Chipre que derivaron en la separación actual del país o la historia de una isla en medio del río de la Plata que Argentina y Uruguay se han disputado y que en algún momento Domingo Faustino Sarmiento planteó que debía ser la capital de un futuro país compuesto por Paraguay, Uruguay y Argentina.

Rarezas geográficas. Olivier Marchon. Ediciones Godot. 192 páginas. $ 49.000

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Archivo particular

Después de las guerras, los malentendidos, las rarezas geográficas se van al plano simbólico, y es aquí donde vemos lo absurdo que en muchos casos pueden ser las fronteras o aquello que se representa en los mapas. Una de las mejores historias es la que cuenta cómo se dio el fin del reino de Yugoslavia. En esta historia entra en escena uno de los personajes más emblemáticos del siglo XX: Winston Churchill.

Como siempre, lo encontramos moviendo los hilos del gobierno y la diplomacia, en este caso para convertir la suite 212 del hotel Claridge’s, en Londres, en el último reducto de la nobleza de los Balcanes. Era el fin de la Segunda Guerra Mundial, el mariscal Tito empezaba a cosechar los réditos que le daba ser el héroe que expulsó a los nazis de Yugoslavia y, sin embargo, Churchill busca torpedear su ascenso al poder. En los anales de la diplomacia quedará que en ese viejo hotel el reino de Yugoslavia tuvo soberanía por un día en territorio del Reino Unido.

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El siguiente capítulo de este atlas de anécdotas curiosas se centra en los territorios en disputa, pero uno de los aciertos del libro es que se aleja de los conflictos que más difusión han tenido tanto en los medios de comunicación como desde la academia. Por eso encontramos las disputas que tienen países como Sudán y Egipto, que se aleja de lo bélico. De hecho, su disputa es porque ninguno de los dos países quiere hacerse cargo del triángulo de Bir Tawil. Cada país, en sus respectivos mapas, trata de deshacerse de este pedazo de tierra que ha sido la dicha para muchos desocupados internautas que reclaman la independencia de este ‘país’ de 2.060 km² y lo han bautizado como el ducado de Coqueland o la República Soviética de América del Norte.

Uno de los aciertos del libro es que se aleja de los conflictos que más difusión han tenido tanto en los medios de comunicación como desde la academia.

Otra parada del libro está en los territorios especiales o más bien aquellos que tienen unas historias no catalogables. Por ejemplo, el lector encuentra que en Grecia hay un lugar vedado a las mujeres: la República Autónoma del Monte Athos. Este Estado, que funciona como una especie de Tíbet dentro de la Unión Europea, ha sido testigo de robos de documentos históricos, encuentros de espías y peleas entre los propios monjes ortodoxos que viven allí: “[…] los monjes de Esfigmenou llevan una vida de piratas: separados de los otros monasterios e instados a abandonar el lugar, desestimados por la justicia, amenazados por el mismo ejército griego, los monjes rebeldes, no obstante, resisten parapetados detrás de las puertas de sus monasterios transformados en fortalezas y pobre del que se acerque.

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En 2007, enfrentamientos a golpes de extintores dejaron siete heridos graves en las filas de los monjes ‘moderados’. ‘Ortodoxia o muerte’, como proclaman los hoy llamados ‘talibanes del Monte Athos’". Otro de estos territorios no catalogables es la isla de Sercq: un feudo medieval que por la codicia de dos hermanos multimillonarios se convirtió en uno de los famosos paraísos fiscales.

El último puerto al que Marchon lleva al lector es a los territorios utópicos, y para eso emprende un viaje hasta Paraguay. A finales del siglo XIX, una pareja de alemanes cree que el mejor lugar para conformar una colonia aria es el país del guaraní. Casi como unos protonazis, la pareja recorre toda Alemania buscando aventureros o colonos que los acompañen en su proyecto, que nace como una respuesta antisemita a los cambios que se estaban dando en su país.

Al final, la colonia fracasa, pero la historia continúa porque la mujer que estuvo frente a este proyecto fue Elisabeth Nietzsche, hermana del reconocido filósofo. El intento de crear una utopía vegetariana en Sudamérica le ganó a Elisabeth el reconocimiento de un tal Adolfo Hitler y se convirtió en una leyenda del Tercer Reich.

Rarezas geográficas se disfruta en pequeñas dosis, que aumentan la curiosidad y las ganas de conocer esos rincones que solo los mapas parecen recordar. Además, es un libro con la vocación de dar a conocer y divulgar la historia de la forma más amena posible, una fórmula que repite Marchon en su otro libro, 30 de febrero: y otras curiosidades sobre la medición del tiempo (Ediciones Godot), y esa idea de acercar el conocimiento a un gran público siempre se agradece. 

DIEGO FELIPE GONZÁLEZ GÓMEZ

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