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'Mugre rosa', la nueva novela de Fernanda Trías
Fernanda Trías

Fernanda Trías ha escrito otras novelas como 'La ciudad invencible' y 'No soñarás flores'.

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Fernando Montoro

'Mugre rosa', la nueva novela de Fernanda Trías

Reseña de la nueva novela de la escritora uruguaya, que se mueve entre lo oculto y lo expuesto.

En el comienzo de Mugre rosa están el puerto y la niebla. En el puerto, un pescador agarra un pez y lo devuelve al agua. La narradora y el pescador ven juntos al pez –el último pez–, que luego se pierde en el río contaminado. Es ese el comienzo que ella escoge –que ahora escojo yo también–: “Un día cualquiera a una hora cualquiera, excepto por ese pez que se elevó en el aire y volvió a caer al agua”. Se trata de un “falso comienzo”. “El comienzo nunca es el comienzo. Lo que confundimos con el comienzo es solo el momento en que entendemos que las cosas han cambiado”, escribe luego, con la conciencia, presente también en las novelas anteriores de Fernanda Trías, de que en el relato, en las intuiciones y las decisiones que se siguen al narrar los cambios, es posible encontrar algún tipo de redención.

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Las cosas, en efecto, han cambiado en la ciudad portuaria donde sucede la novela. La contaminación del río y la aparición de un viento rojo letal, que afecta la piel y que termina por dejar a los afectados en carne viva, condujeron a una epidemia que vació casi por completo la ciudad. Muchos se fueron a otras ciudades, adentro, lejos del río y del viento; otros viven guardados en los barrios alejados del puerto, donde hay menos posibilidades de viento y suele haber niebla; y en el hospital están los enfermos, que son clasificados entre pacientes agudos y crónicos. Ninguno de los pacientes tiene remedio, parece, pero los segundos tienen mayor estabilidad, más tiempo.

La narradora se ha quedado en la ciudad y vive cerca del puerto. Le pagan por cuidar a Mauro, un niño con un síndrome que lo hace comer sin parar. Pasa los días con él y también visita a su madre, que vive en uno de los barrios lejanos, en apariencia seguros, y a su expareja, Max, que está en el hospital como paciente crónico. Los vínculos que tiene con ellos también han cambiado: con su madre se ha reconciliado en la epidemia, en una relación de cuidados y rencores, y de Max se ha alejado – y se ha acercado a él también–, en una relación de cuidados y rencores. El deterioro de la ciudad y de los cuerpos enfermos es también el de estas relaciones: “Todo se pudría, también nosotros”.

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La madre quiere que ella se vaya de la ciudad –no entiende por qué se aferra ni a qué: ¿a Max?, ¿a Mauro?, ¿al fin?–. Max ha querido, desde antes de la enfermedad, separarse del cuerpo y del deseo. Y Mauro es el deseo puro, el hambre: tanta hambre que está casi más allá del cuerpo. ¿Qué quiere la narradora? Puede que solo quiera estar presente y dispuesta en estas relaciones deterioradas. Los otros personajes la necesitan, o ella lo cree así, y entonces en el hambre de ellos –en su necesidad– busca y olvida el hambre de ella. El Carnemás, la “mugre rosa” de carne procesada y envasada en plástico, es casi el único alimento disponible en este lugar: nadie está satisfecho.

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En Mugre rosa la niebla impide la vista, pero garantiza que se estará a salvo. Si puedes ver, quiere decir que el viento rojo se acerca. El viento despeja, y entonces las cosas dejan de ser contornos y se muestran. Esa visibilidad es el anuncio del daño. En la tensión entre ver y no ver, entre lo oculto y lo expuesto, va revelándose la novela de Trías. En el comienzo están el puerto y la niebla, y en adelante la narradora irá alumbrando en la memoria -esa otra niebla-, en las heridas y en los afectos para ver mejor y para dejar ver. El lector, admirado y hambriento, la sigue hasta esa zona de lesiones y dependencias, aunque en esa claridad quede expuesta también la propia piel.

 PEDRO CARLOS LEMUS

Mugre Rosa. Fernanda Trías. Random House. 280 páginas. $45.000

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