'Mil novecientos treinta y ocho'

'Mil novecientos treinta y ocho'

Reseña de la obra reunida del poeta Charles Simic.  

Charles Simic

'Mil novecientos treinta y ocho', Charles Simic. Valparaíso Ediciones. 220 páginas. $45.000.

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Por: Santiago Espinosa
09 de septiembre 2018 , 08:50 a.m.




Charles Simic nació en Belgrado, en 1938, antes de que “Hitler y Stalin urdieran una compleja conspiración” para convertirlo “en un poeta norteamericano”. Poeta Laureado en 2007, muchos lo consideran el escritor vivo más importante de los Estados Unidos. Esta antología nos da buenos motivos para pensarlo, ahora que estará por primera vez en Colombia para el Festival de Literatura Las líneas de su mano:

1) En un mundo saturado de imágenes -redes sociales, publicidad-, Simic le devuelve a lo visual su capacidad de sorprendernos. 2) Su poesía nos recuerda que no hay mejor manera de responder a la barbarie que a través de la ironía y el humor. 3) En muchos de sus poemas la función de la poesía es rescatar la “historia de lo particular”, de las personas que se las arreglan como pueden detrás de los sucesos. 4) Y sin embargo, a pesar de su sencillez, también es capaz de detener el tiempo, poniendo en suspenso los sistemas. 5) Podríamos encontrar en sus poemas una filosofía del cosmos, la filosofía de los insomnes que escriben a las 3 de la mañana. 6) A través de sus poemas y sus ensayos, sus memorias, sentimos una conversación intermitente con un amigo. 7) Porque en su poesía no hay temas vedados, un hacha, una alcachofa, una estación de Gas o el bombardeo de Belgrado, todo en Simic es un pretexto para el poema. 8) Porque en su obra se reúnen de manera más o menos coherente las cosas más distintas, como llegar a las calles de Nueva York o de Chicago. 9) Y a pesar de todo lo anterior sus mejores poemas logran la mística en lo cotidiano, mirando las hojas en un árbol o arrastradas por el viento. 10) Porque a diferencia de la complejidad artificial de tantos poetas, a Simic le bastan unos pocos versos para poner de cabeza al universo, como ocurre con su admirada Emily Dickinson.

Simic ha dicho que ya no hay “poetas mayores”, pero precisamente por esto ha sido reconocido como uno de los últimos: “La época de los poetas menores se acerca. Adiós Whitman, Dickinson, Frost. Bienvenido tú, cuya fama no irá más allá de tu familia y de quizás uno o dos buenos amigos reunidos después de la cena alrededor de un intenso vino tinto…”.


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