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'Las Travesías', nueva novela de Gilmer Mesa
Gilmer Mesa

El escritor Gilmer Mesa estudio filosofía y letras y ha sido docente universitario.

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Mauricio León

'Las Travesías', nueva novela de Gilmer Mesa

El escritor Gilmer Mesa estudio filosofía y letras y ha sido docente universitario.

Reseña de la segunda novela del escritor antioqueño, que logró reconocimiento con La cuadra. 

Una familia y su historia, las vicisitudes del odio y la certidumbre de la revancha, las muchas y variadas violencias de un país que no conoce otra manera de entenderse que matándose, las esperanzas de una vida mejor, de la felicidad (y sus respectivos bulos, fantasías y falsas esperanzas): todo esto cabe y por momentos se desborda en Las Travesías, la segunda novela de Gilmer Mesa (Medellín, 1978), un viaje vertiginoso de 431 páginas al corazón de un malentendido. El malentendido, por supuesto, es Colombia, pero también podría ser Las Travesías, el nombre de la finca donde casi todo pasará, especie de microcosmo del país.

(Le recomendamos leer: 'En Colombia existe una tradición que hizo aceptable usar la violencia’).

La historia comienza como una épica montañera y familiar: Cruz María García, exsoldado del ejército liberal, llega con Mercedes, su mujer, y con su cuñada, Carmela –además de otros hombres y sus familias–, a un territorio agreste y sin colonizar de Antioquia, decidido a hacerse con un lugar para vivir, formar un hogar con muchos hijos y nietos y morir de viejo. Casi todo eso que soñó sucederá, sí, pero a su manera furiosa, desajustada, bíblica: como un destino signado –con esa idea tribal de un destino imposible de modificar–, las venganzas, los engaños, las muertes (más bien las masacres, los festines de odio y sus métodos impensables de no haber existido un país como Colombia que los inventara) se sucederán una tras otra, en cascada, sin descanso, revelándose de esa manera, entre charcos de sangre, cuerpos despedazados y anémicas victorias, la fotografía de una familia que a la vez es la fotografía de un país que es a la vez la fotografía de un fracaso común.

(Puede consultar: 'Bogotá no ha cambiado demasiado desde que escribí 'Sin remedio'').

Las travesías. Gilmer Mesa. Random House. 431 páginas. $ 55.000

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Archivo particular

Es así como vamos conociendo los destinos de Abraham, Fidel, Ismael, Carolina, Martin, Esther, Fidelito, Laura, entre muchos otros, todos hijos y nietos de la unión entre Cruz, Mercedes y Carmela. Estas vidas y sus ramificaciones –por lo extensas e intrincadas– se favorecen de uno de los aciertos más felices de la novela: esa prosa rarísima y bella que combina una capacidad de concreción bíblica (con frases que encapsulan en dos o tres renglones toda una biografía, un temperamento o una época) con un ritmo desbocado, napoleónico, fascinado por su propia música y receloso de la sobriedad.

El estilo de Mesa –característico también de su primera novela, La cuadra (2016 )– se acopla dócilmente a las necesidades de la historia: sería imposible pasar escenas tras escenas de horrores sin esa especie de embriaguez que nos ofrece ese estilo devoto de las oraciones complejas; pero aun así, uno siente que, en algunos pasajes, ese salvavidas de la sintaxis no es suficiente: tal vez hizo falta repensar una estética propia del horror (por más superficial que parezca ante la magnitud de lo que se cuenta) que ajustase los resortes de ese frenesí de violencia (aquí podemos recordar el texto de García Márquez, del año 1959, sobre la novela de la violencia en Colombia).

(Le puede interesar: Sara Stridsberg, una revolución en la ficción sueca).

Por fortuna, gran parte de Las Travesías resuelve con inteligencia y rabia, con resignación y sensibilidad la tentación de ser solo un inventario gratuito de horrores. Sí, hay pasos en falso, puntos ciegos, situaciones que pudieron tener mejor resolución (el epílogo, por ejemplo, sobraba), pero en conjunto Mesa nos regala un libro incómodo –realmente incómodo–, clásico en muchos registros, pero a la vez delirante, desesperanzado, que no abre puertas sino que cierra tumbas.

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