La transmisión del relato

La transmisión del relato

Reseña de la novela En la tierra somos fugazmente grandiosos, del vietnamita-americano Ocean Vuong. 

Ocean Vuong

Ocean Vuong, de 32 años, es novelista, poeta y ensayista.

Foto:

Getty Images

Por: Sergio Alzate
13 de septiembre 2020 , 02:45 a. m.

En su ensayo titulado El fuego y el relato, el filósofo italiano Giorgio Agamben recoge una historia judía que podría resumirse de la siguiente forma: un sabio se dirigía al bosque, encendía un fuego, decía unas oraciones y pedía ayuda a una fuerza superior que atendía sus plegarias. Con las generaciones se perdieron el bosque, el fuego y las oraciones, pero el relato permaneció y con eso era suficiente para que la magia ocurriera. Porque el relato es una sustancia en sí misma, cósmica, narrativa, una molécula que lleva el germen de una imagen o de un milagro. Y esa es la principal reflexión que atraviesa las páginas de En la Tierra somos fugazmente grandiosos: qué es un relato y cómo nuestras familias, nuestras madres, nuestras naciones y las fronteras que nos cercan o atravesamos lo moldean, lo completan, lo mutilan o lo destruyen. 

El escenario propuesto por Ocean Vuong surge de sus propias experiencias vitales. Hijo de inmigrantes vietnamitas asentados en Estados Unidos, el narrador de esta novela reflexiona sobre el relato al tiempo que construye uno: le escribe una carta a su madre en inglés, sabiendo que ella no puede leer en esta lengua, porque lo importante aquí no es el ajuste de cuentas, sino entender a través de las palabras los orígenes familiares y su posición en un país donde siempre será visto como otro. Y al modo de esa modificación corporal que consiste en cortar la lengua en dos, para hacerla bífida como la de las serpientes, con un hemisferio carnoso independiente del otro, la historia del narrador se mueve en dos códigos que se enfrentan, se niegan y se complementan: el ser vietnamita de origen y estadounidense de crianza. 

Porque mientras en Vietnam a los niños débiles, nos cuenta el narrador, los protegen del mal al darles nombres indignos e insultantes (el suyo es ‘Perro pequeño’), en Estados Unidos su nombre es otro y nadie pensaría en llamar a su hijo de esta manera. Y mientras el amor gringo está hecho de golosinas, caricaturas y regalos bajo el árbol navideño, en el país asiático: “Amar algo, por tanto, es darle el nombre de algo tan falto de valor que se puede ignorar y dejar intocado y vivo. Un nombre delgado como el aire, puede ser también un escudo”. Porque el amor es un relato, al igual que la guerra y la maternidad. Dos temas en los que el autor centra su mirada con obsesión y poesía. 

La reflexión de la maternidad se da en dos tiempos emocionales: el pasado, revisitado no como anécdota, sino como herida que se niega a sanar, y el presente, en el que el adulto intenta reconstruir el enigma materno. “Eres una madre, mamá. Y también eres un monstruo. Pero también lo soy yo, y por eso no puedo apartarme de ti”. Un monstruo, porque se aleja de la imagen prefabricada de la maternidad; imposible de apartarse de ese ser monstruoso, porque le heredó una narrativa que lo marca, que lo une a otro país, a otro continente, a otra cultura. Un monstruo que a su vez es hija de otro: la abuela del narrador, que se mueve senil y demente, desgajando a su vez su relato, el mismo que le heredó a su hija y que ella le dio al suyo. 

Ahí es donde entra la guerra: ambas, madre e hija, sobrevivieron a la guerra de Vietnam. Vieron campos en llamas, escuelas destruidas, cuerpos incinerados, trenzas de humo escaldando el cielo. La una, desde los ojos de quien tuvo que sobrevivir acostándose con el enemigo. La otra, desde la estatura de quien descubrió el mundo a través del filtro de la violencia. Y desde el útero del tiempo, desde el parto que nunca termina de parir, el hijo de ambas se embebe con esas palabras que le llegan en vietnamita y que él traduce al inglés.

El mismo hijo que crecerá para escribir una carta a una destinataria que no puede leerla y a quien le pregunta: “¿Y si la lengua materna está atrofiada? ¿Y esa lengua no es solo el símbolo de un vacío sino un vacío en sí mismo? ¿Y si la lengua está amputada?”. Un hijo que es adulto y niño al tiempo, que tiene un relato incompleto que es milagro y amenaza, poesía y belleza, violencia y refugio.

En la tierra somos fugazmente grandiosos
Ocean Vuong
Anagrama
232 páginas
$ 104.900

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