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'En el fin del mundo', las memorias de James Huntington
James Huntington

El relato lleva al lector a vivir con él en el Yukón, Alaska, al borde del círculo polar ártico.

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Cortesía de la editorial

'En el fin del mundo', las memorias de James Huntington

El relato lleva al lector a vivir con él en el Yukón, Alaska, al borde del círculo polar ártico.

Un libro que nos conduce a un mundo inimaginable y atrapa desde la primera página. Reseña. 

"Mi madre era atabascana. Nació alrededor de 1875 en un pequeño poblado en la boca del río Hogatza, a una larga jornada a pie del círculo ártico. La región era bastante agreste, con ventiscas y un frío de sesenta bajo cero durante todos los meses invernales, y se inundaba siempre tras el deshielo de primavera, empantanando la tundra con ciénagas musgosas, de manera que un hombre podía navegar por los ríos, pero por nada conseguía abrir una trocha de más de una milla entre ellos”.

(Le recomendamos leer: El cronista de los libros viejos).

En el fin del mundo atrapa desde el principio por el poder mágico que imprime el uso de la primera persona. No existe hechizo más potente que sentirse depositario de la narración del otro. Ese otro es James Huntington (1916-1987) quien, a través del trabajo fino y minucioso de todo lo que le contó en 1966 a Lawrence Elliott –que fue editor del legendario Reader’s Digest–, nos traslada sobre el vuelo de sus memorias a un mundo que también es otro, ajeno, lejanísimo, inimaginable para nosotros, lectores del trópico latinoamericano en el siglo XXI. Con Huntington caemos de bruces en el Yukón, en Alaska, al borde del círculo polar ártico.

Las memorias fueron escritas por Lawrence Elliott, antiguo editor del Reader’s Digest.

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Cortesía de la editorial

Las memorias de Huntington –hijo de madre indígena y padre estadounidense– resultan fascinantes no solo porque su vida está llena de retos, tragedia, reveses, belleza y triunfos en un escenario agreste y rabiosamente vivo –porque Alaska no es solo un lugar geográfico, es el otro gran personaje de este relato vital encarnado por la naturaleza como un todo–, sino porque nos ilustra sobre la otredad absoluta, la del norte total, la que aun en nuestra imaginación desconocemos.

Un relato autobiográfico trasciende el ‘libro de aventuras’ cuando logra crear el retrato social, natural, cultural e histórico de un espacio geográfico en un tiempo dado, y eso es lo que logra En el fin del mundo. Además de descubrir la rivalidad entre indígenas y esquimales, asistimos al poblamiento de Alaska por parte del hombre blanco guiado por la explotación del oro en un territorio que, durante siglos, estuvo ahí para tomar solo lo que el hombre ha necesitado para sobrevivir, ni más ni menos.

(Le recomendamos leer: Un atlas de rarezas geográficas).

Pero, además, estas memorias son un homenaje al espíritu humano, a la persistencia, a la valentía cotidiana. A la lucha en el escenario más bello y más agreste imaginable. No todos tenemos que medirnos con osos pardos ni distribuir trampas entre la nieve a 50 grados bajo cero para cazar zorros, osos, martas, liebres o visones para sobrevivir de su carne y vender sus pieles.

En el fin del mundo. Editado por Hambre Libros. 237 páginas. $ 66.000

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Archivo particular

Tampoco sabemos de la alegría que puede despertar en el pescador la llegada del cardumen de salmones que deberá secar para guardar para el futuro y alimentar a sus perros, de los que dependerá para sobrevivir en un entorno que se antoja infinito y que solo puede remontar en trineos tirados por ellos, barcos o avionetas precarias.
Valga decir que la edición de la editorial bogotana Hambre Libros hace aún más gozosa la lectura de estas memorias prodigiosas y rabiosamente humanas.

La traducción de Diego Uribe-Holguín –primera que se hace al español– construye una narración suave, cercana y fluida que, junto a las ilustraciones del artista colombiano Kevin Simón Mancera que salpican sus páginas, no sumerge en las entrañas de este relato intrépido y salvaje que “nos estremece con su aliento glacial y borrascoso, como una ventisca en medio de la tundra”.

ZANDRA QUINTERO OVALLE

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