Una novela que no da respiro

Una novela que no da respiro

La nueva novela de Daniel Ferreira, 'El año del sol negro', hace parte de su Pentalogía de Colombia

Daniel Ferreira

Ferreira (San Vicente de Chucurí, Santander, 1981) también ha escrito ensayos y crónicas para diferentes medios.

Foto:

Alexis Múnera.

Por: Enrique Santos Molano
09 de septiembre 2018 , 08:50 a.m.



Después de su novela sobre las violencias políticas y sociales de la segunda mitad del siglo XX (Rebelión de los oficios inútiles), Daniel Ferreira brincó cincuenta años atrás para narrar la violencia política y social de los finales del siglo XIX. El año del sol negro tiene como escenario histórico la primera parte de la guerra de los Mil Días, y como escenario geográfico el departamento de Santander, donde estalló el gran conflicto tras el pronunciamiento del liberal Juan Francisco Gómez en Bucaramanga el 15 de octubre de 1899.

Con La balada de los bandoleros baladíes, Viaje al interior de una gota de sangre y Rebelión de los oficios inútiles, El año del sol negro suma la cuarta de una serie de cinco novelas arropadas por el título genérico de Pentalogía de Colombia, de temáticas y personajes diferentes cada una, aunque vinculadas por un común denominador: la violencia; pero no son novelas “de la violencia” en el sentido en que clasificamos aquellos relatos específicos sobre episodios de violencia en los años cincuenta (Viento seco, Marea de ratas, Lo que el cielo no perdona, por ejemplo), sino en el sentido en que Marx la define como “partera de la historia”.

El año del sol negro se inicia en una ciudad “que olía a tejados calientes” no determinada por el autor, la que sin problema podemos identificar como Bucaramanga, y en los días posteriores a la primera de las tres batallas importantes de la campaña de Santander, el asalto suicida del ejército liberal a Bucaramanga y su derrota desastrosa por las fuerzas del gobierno que defendían la capital del departamento, el 11 de noviembre de 1899. Ferreira no toca ese suceso inaugural. Su historia comienza con el palafrenero de una hacienda, cuyo propietario, negociante opulento, lo encarga de atender y cuidar a su única hija y heredera. En el momento de aparecer en escena, el palafrenero se dispone a renunciar a su trabajo, resuelto a unirse a la guerrilla liberal de Rosario Díaz. Solo espera conseguir un revólver, sin el cual no será admitido en las filas guerrilleras. La novela está concebida en espiral, los episodios van o vienen en el tiempo, y así, mientras obtiene su revólver, vamos conociendo la historia del palafrenero y el porqué de su plan repentino de abandonar el trabajo y largarse a una guerra que no le despierta ninguna emoción. Julia Valserra le hurta a su padre, comerciante próspero, un revólver Smith y Wesson, reluciente y costoso. En el interior de una iglesia, donde se dan cita, ella le entrega el arma al palafrenero, como una prueba de amor extraño y conmovedor.

DAniel Ferreira

'El año del sol negro', Daniel Ferreira. Alfaguara. 608 páginas. $58.000.

Foto:

Los personajes ficticios de la novela se desenvuelven en un perfil sicológico que va desentrañando la realidad desencantadora de sus vidas. Bajo ese mismo perfil, soportado en las circunstancias históricas, Daniel Ferreira desvela en El año del sol negro el alma de los protagonistas históricos, la enrevesada relación entre los jefes supremos del liberalismo, Uribe, Herrera y Vargas Santos, y la mezquindad envidiosa de uno de los altos jefes conservadores, el general Ramón González Valencia, hacia el comandante en jefe del Ejército del Norte, general Próspero Pinzón. Los ficticios y los reales son personajes trágicos, en sus triunfos o en sus fracasos, pero el más trágico de todos es el pueblo que los sigue. Para ese pueblo inocente no hay triunfos, ni fracasos, sino penalidades, miseria, locura y muerte.

La batalla de Palonegro, librada en los alrededores de Bucaramanga, que duró quince días con sus trasnoches en mayo de 1900, descrita con destreza literaria consumada, es el colofón desolador de El año del sol negro. Con hipérbole o sin hipérbole, la novela de Daniel Ferreira me ha parecido grandiosa. Su lectura no da respiro. A la par que entretiene, obliga a profundas meditaciones. 


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