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El jardín de las palabras
Alejandra Lerma

Alejandra Lerma es una de las autoras que participan en esta antología. • Cortesía de la editorial

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Cortesía de la editorial

El jardín de las palabras

Alejandra Lerma es una de las autoras que participan en esta antología. • Cortesía de la editorial

Reseña de Como la flor, que reúne voces de la poesía queer  colombiana contemporánea.

Las palabras no construyen líneas, párrafos, páginas, libros. Las palabras construyen realidades y cuerpos, instantes políticos y futuros. No son adornos lingüísticos ni comodines ornamentales con los cuales llenar el espacio y cumplir con una mínima de caracteres.

Somos todos los animales / todas las flores convertidas en animal / y el agua en su devenir animal...

Las palabras son el inicio y el final, el todo, la nada. Porque lo que no se nombra no existe y justamente la antología de poesía queer Como la flor es un manifiesto sobre cómo nombrar: el deseo, el cuerpo, el amor, el dolor, la felicidad, el desamor, la rutina y al propio lenguaje.

Este es un crisol de voces e intenciones. Los treinta autores y autoras invitados dejan su impronta personal en cada uno de los textos, que van de los versos a la prosa, de la poesía más canónica a una intención más ensayística o narrativa. Así, el resultado es una diversidad de miradas, sensaciones y caminos. Cada poema-ensayo-relato es la construcción personal de un sentir, pero también de una biografía personal, un modo de entender conceptos como género, sexo y clase social. Al contrario de lo que de forma absurda se ha enseñado (vida y obra son antítesis, sustancias que deben ser observadas por separado), acá la cuestión gira en torno a de qué hablamos cuando hablamos de literatura gay, lésbica, no binaria o trans. Y la respuesta no podía ser otra que de lo que realmente hablamos es de estética y política.

“No es una escena griega / El decorado nunca se desgarra / sí uno que otro tejido / ofrecido como don a tan exiguos dioses”, se lee en un poema de Pedro Adrián Zuluaga en el que la corporalidad (con sus recovecos y zonas blandas) y el deseo son elevados al grado de materia democrática y fundacional de las civilizaciones. Las tradicionales vergüenzas y culpas desaparecen y dan paso a la celebración de la sexualidad, con sus claroscuros y zonas agridulces.

Como la flor. Varios autores. Temas de Hoy. 128 páginas.
$ 39.000

Foto:

Archivo particular

Por su parte, la poeta bogotana Tania Ganitsky refunda la humanidad, al liberarla de sus cadenas meramente racionales y retratarla desde su dimensión más animal, instintiva: “Somos todos los animales / todas las flores convertidas en animal / y el agua en su devenir animal / el sueño animal / la muerte animal / los nacimientos animales / el romper de las olas animal / el yo-tú animal / el te quiero, dulce animal”.

Los anteriores solo son dos ejemplos de esa diversidad de estilos, miradas y estéticas que se encuentran en Como la flor. No siempre los encuentros son armónicos: a veces los poemas parecen colisionar entre sí, negarse unos a otros, morderse con rabia, como dos perros criados para el combate. Pero esa desarmonía no es un punto flaco, sino su característica más sólida. Porque, como un jardín de flores infinitas, no hay dos flores iguales, ni siquiera dos pétalos que se asemejen. Así, la antologización de autores y autoras y de sus textos es un acierto digno de mención, ya que se pudo correr el riesgo de crear un estándar sobre lo que es la diversidad, un deber ser de la mariconería. Afortunadamente, este no fue el caso.

Como la flor responde a las necesidades no solo editoriales, sino políticas y sociales del momento. En un contexto que pareciera dar por sentado los avances y victorias de los cuerpos diversos, esta antología nos recuerda que no se puede abrazar un jardín y conocer cada una de sus raíces. Cada poema y cada texto son un recordatorio de que existen y existirán siempre cuerpos, deseos y miradas únicas, diferentes. Bellas palabras que, ante el riesgo de ser acalladas, son gritos y posibilidades.

SERGIO ALZATE

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