Paul B. Preciado: ficción subversiva, filosofía provocadora

Paul B. Preciado: ficción subversiva, filosofía provocadora

En su nuevo libro, 'Un apartamento en Urano', describe su proceso de tránsito entre sexos.

Paul B Preciado

Paul B. Preciado invita a dejar de pensar en la identidad y se define como transfeminista.

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@Catherine Opie

Por: Diego Felipe González
13 de agosto 2019 , 11:04 a.m.

Paul B. Preciado es imposible de encasillar. Se puede decir que es filósofo, activista queer, comisario de arte o terrorista cultural. Se puede decir que fue mujer, que fue lesbiana o que fue trans. Sin embargo, Preciado es una ficción, una creación hecha a partir de testosterona, filosofía y disidencia. Un cuerpo modificado, ‘hackeado’. Un disidente del sistema sexo-género. Sus textos se han convertido en panfletos de lucha, en teoría combativa, en esperanza.

Su voz es una alerta contra una guerra que muchos no habíamos concebido ni imaginado. Preciado nos avisa que nuestros cuerpos son el último campo de batalla. Que entre las moléculas, los órganos vitales y los tejidos de la piel se está dando una lucha a muerte por salvar las últimas migajas de libertad que nos quedan como individuos. Su voz nos anuncia que: “Esta será la guerra de los Mil Años; la más larga de las guerras, puesto que afecta a las políticas de la reproducción y a los procesos a través de los cuales un cuerpo humano se constituye como sujeto soberano. La más importante de todas las guerras, por tanto, porque lo que nos jugamos no es el territorio o la ciudad, sino el cuerpo, el goce, la vida”.

Sus palabras, que nos llegan desde los rincones más lejanos del sistema solar, desde ‘un apartamento en Urano’, son revolucionarias y provocadoras, pero sobre todo son emancipadoras. Al leer a Paul Beatriz Preciado se siente una libertad única, un deseo de cambiar y cuestionar esas verdades naturales que damos por sentadas, como los géneros sexuales, la misma democracia o los supuestos avances de la industria farmacéutica. Es literatura que reta, es filosofía y lucha queer, es resistencia. Bien lo dice el escritor español Jorge Carrión en su artículo La mutación de la literatura provocadora: es en los textos de Preciado donde encontramos ese sacudón intelectual que puede producir la ficción, un sacudón que supera a los ya cooptados discursos como los de Michel Houellebecq. “Si la pregunta es quién puede encarnar una figura válida de agente provocador en ese nuevo y negro horizonte sociopolítico, quién es capaz de escribir tras idear nuevas estrategias artísticas y filosóficas para intranquilizar las conciencias, Preciado es la respuesta”. Por eso, estas líneas son una invitación a entrar en ese mundo ideado por Paul B. Preciado.

Pero ¿por qué digo que nos habla desde un apartamento en Urano? Porque esa fue la metáfora que creó para darles un caparazón a sus crónicas del cruce, de transformación y de revolución, publicadas en el periódico francés Libération entre el 2013 y el 2018 y que ahora reúne Anagrama precisamente bajo el título Un apartamento en Urano. Tomando el término ‘uranistas’, inventado por el primer activista sexual europeo Karl-Heinrich Ulrichs para definir el ‘tercer sexo’, Preciado se hace su habitación propia lo más lejos posible de la Tierra y dice: “Como Ulrichs, no les traigo ninguna noticia de los márgenes, sino un trozo de horizonte. Les traigo noticias desde Urano, que no es ni el cielo de dios ni la cloaca, sino todo lo contrario. Me fue asignado el género femenino en el nacimiento. Se dijo de mí que era lesbiana. Decidí autoadministrarme dosis regulares de testosterona. Nunca pensé que fuera un hombre. Nunca pensé que fuera una mujer. Era muchos. Nunca me consideré transexual (...). Quise funcionar con la testosterona, producir la intensidad de mi deseo en conexión con ella, multiplicar mis rostros metamorfoseando mi subjetividad, fabricar un cuerpo como se fabrica una máquina revolucionaria”.

Nunca pensé que fuera un hombre. Nunca pensé que fuera una mujer.


Tal vez muchos ya han tenido uno de los libros de Preciado en sus manos o visto una de sus clases magistrales por YouTube, solo que en la portada o en el link de los videos el nombre del autor era Beatriz Preciado. Nacida en Burgos, España, el 11 de septiembre de 1970, Beatriz (en ese entonces) creció en una familia conservadora y en un país que estaba viviendo las últimas horas del franquismo. Como escribió en su libro Testo yonqui, desde niña supo que su cuerpo y sus gustos no correspondían a las normas o a las convenciones tradicionales. Fue estudiante de filosofía en una universidad jesuita de Madrid: “Allí fue todo muy extraño. Con los jesuitas leí por primera vez a Marx, también leí mucho sobre la teología de la liberación”, afirmó en una entrevista, y por eso dice que en el fondo esa educación católica la convirtió en una “jesuita-queer-transgénero de extrema izquierda”. Luego fue a Estados Unidos a terminar sus estudios en filosofía en la New School for Social Research, donde investigó sobre la teoría queer, que ella define como la “teoría de los perversos, de los subalternos y un asalto a la epistemología hegemónica de la diferencia sexual”. Fue alumna y discípula del famoso filósofo Jacques Derrida. Además, es doctora en Arquitectura de la Universidad de Princeton y fue profesora en varias universidades francesas. Una heredera, y crítica, de Michel Foucault. Una intelectual que no es capaz de ver la academia por fuera de la política, ni el conocimiento alejado del activismo. También trabajó en museos como el Macba, en Barcelona, y hoy es comisario del Pabellón de Taiwán en la Bienal de Venecia 2019.

Su primer libro, Manifiesto contrasexual, fue su primera bofetada al sistema sexual de reproducción y control: “Este es un libro sobre dildos, sobre sexos de plástico y sobre la plasticidad de los sexos”, escribe en la introducción. Volvió a sacudir a la intelectualidad europea y norteamericana con Testo yonqui. Sexo, drogas y biopolítica, una especie de diario filosófico donde Beatriz, ya en camino de ser Paul, fue registrando todos los cambios que sufrió su cuerpo desde que empezó a consumir testosterona. Aquí se ve cómo Preciado convierte su cuerpo en su propio laboratorio de experimentos y cómo todos los cambios que se van dando están relacionados con su entorno, con la filosofía, las crisis económicas y la misma política. El siguiente libro fue Pornotopía. Arquitectura y sexualidad en «Playboy» durante la guerra fría, finalista del Premio Anagrama de ensayo en 2010. Allí esbozó su teoría sobre la pornografía como un mecanismo de control y de producción de capital a través de la manipulación del deseo sexual y sobre cómo el imperio de Hugh Hefner fue un proyecto arquitectónico que buscaba crear un nuevo escenario donde moldear la identidad masculina.

Y así, después de este viaje bibliográfico, llegamos a Urano. “Bienvenido al apartamento de Paul B. Preciado. Suba a bordo de una cápsula de la que no saldrá ileso, pero verá que nada de lo que va a ocurrir será violento. Simplemente, al pasar estas páginas, verá que, poco a poco y sin darse cuenta, el mundo empezará a darle vueltas y la sensación de gravedad no será más que un vago recuerdo. Estará en otro lugar. Y, al salir de esta lectura, sabrá que ese espacio existe y que está abierto, que hay un lugar donde es posible ser algo completamente distinto de lo que hasta ahora le habían permitido imaginar”. Este recibimiento a la trinchera ‘uranita’ nos lo da en el prólogo la escritora, cineasta y activista francesa Virginie Despentes, que fue pareja de Preciado. En adelante nos encontramos con un mundo que va desde las costas griegas, donde llegan los inmigrantes que cruzan el Mediterráneo, pasa por las selvas de Chiapas, los suburbios de París, el barrio gótico de Barcelona, el Santiago de Chile de Pedro Lemebel y los museos de Nueva York. Pero más allá de una radiografía de nuestra época, Un apartamento en Urano es casi un manual de contracultura, un manual de subversión pacifista y no es un detalle menor que este sea su primer libro publicado en la colección de ficción de Anagrama.

Al pasar estas páginas, verá que, poco a poco y sin darse cuenta, el mundo empezará a darle vueltas


En cada crónica se combina una profundidad teórica con la sutileza del lenguaje mediático, cada capítulo nos obliga a preguntarnos cosas como ¿por qué la industria farmacéutica invierte millones de dólares en desarrollar una pastilla como el viagra y es tan lenta para descubrir la cura a enfermedades como la malaria? O ¿por qué la pastilla anticonceptiva, más que una liberación para las mujeres, se pudo convertir en una técnica de control poblacional a través de los fármacos y en un control del útero por parte del Estado? O ¿por qué el feminismo debe dejar de pensar en las mujeres blancas heterosexuales? O ¿qué es la farmacopornografía, esa industrialización del proceso de reproducción? “Truvada (medicamento utilizado para tratar y prevenir el VIH/sida), como la píldora, quizás no tenga como objetivo mejorar la vida de sus consumidores, sino optimizar la explotación dócil de los mismos, asegurar su servidumbre molecular, manteniendo una ficción de libertad y emancipación al mismo tiempo que refuerza las posiciones sexo-políticas de dominación de la masculinidad normativa”, así responde Preciado a uno de los interrogantes.

Mientras recorremos este apartamento, nuestros prejuicios van tambaleándose. Cada crónica es una especie de ventana que nos muestra un horizonte que ignorábamos. Las palabras son una invitación a una nueva forma de entender el deseo y el placer, y de nuevo nos advierte que: “Nuestra mayor urgencia no es defender lo que somos (hombres o mujeres) sino rechazarlo, desidentificarnos de la coerción política que nos fuerza a desear la norma y repetirla”. Al cerrar la puerta uno siente, al igual que Paul B. Preciado, que hay que inventar una nueva realidad, un nuevo mundo, nuevas palabras que nos hagan más libres “y después, dejadnos follar, con nuestra propia política del deseo, sin hombres ni mujeres, sin penes ni vaginas, sin hachas ni fusiles”.

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