Volver a leer a la argentina Sara Gallardo

Volver a leer a la argentina Sara Gallardo

Su obra comienza a ser recuperada. En Colombia acaba de publicarse su primera novela, 'Enero'.

Sara Gallardo

La escritora argentina Sara Gallardo, en 1985.

Foto:

Cortesía La Nación de Buenos Aires.

Por: Por Pedro Carlos Lemus
10 de mayo 2019 , 07:38 p.m.

SARA GALLARDO murió en Buenos Aires hace poco más de treinta años. Había nacido en la misma ciudad en 1931. Su padre fue historiador, su abuelo científico y ministro, su bisabuelo fundador del periódico La Nación. Se casó dos veces y tuvo dos hijos. Se dice que murió por un ataque de asma, tenía cincuenta y siete años. Se dice que pensaba escribir una biografía de Edith Stein. Se habla de la clase a la que pertenecía, se comenta la belleza de sus fotos. Se dice que cultivaba una imagen de mujer frívola; se dice que fue muchas y que fue siempre seria y profunda. Durante un tiempo, de Sara Gallardo se decía más de lo que se le leía. Su obra, que consta de su trabajo periodístico –fue periodista de Confirmado, La Nación y Atlántida–, varios cuentos infantiles, el libro de cuentos El país del humo y las novelas Enero, Pantalones azules, Los galgos, los galgos, Eisejuaz y La rosa en el viento, estuvo en un relativo olvido luego de su muerte y hasta hace algunos años, con ayuda de las reediciones y de una nueva valoración por parte de la crítica, y gracias sobre todo a su rareza y su calidad, se le ha vuelto a leer y reconocer como una de las escritoras latinoamericanas más relevantes e innovadoras de la segunda mitad del siglo XX. Su ópera prima, Enero (1958), recién ha sido publicada en Colombia.

Enero empieza con un secreto. Nefer, la adolescente protagonista de la historia, es casi invisible para los demás, pero su cuerpo pronto cambiará y entonces todos la notarán y sabrán. Es un relato sobre una adolescente y su embarazo no deseado, pero es, antes de eso y más allá de eso, un relato sobre una adolescente sola: “¿Qué puede hacer una chica, sola en el campo, en un campo tan ancho y tan verde, todo horizonte, con trenes que se van a ciudades y vuelven quién sabe de dónde? ¿Qué puede hacer?”.

El libro ahonda en la angustia de Nefer, que se narra tanto como estado mental como con efectos físicos, como enfermedad (“Ya nada le interesa más que esto que llena sus días y sus noches como un hongo negro y creciente, y que tal vez se le nota en los ojos”). Nefer quisiera morir, quisiera sacarse el hongo que le crece adentro, a veces alcanza a imaginarse que está acompañada.

Entre la incomodidad con las personas, aparecen los animales –los caballos, las vacas, los pájaros–, con los que Nefer logra a ratos evadirse y olvidarse de su sufrimiento, o recordarlo y entonces buscar consuelo. Ella misma actúa a veces como animal angustiado (“Corre atropellando todo, sale a la lluvia, cruza la mañana y los charcos, entra por el monte y las ramas y al llegar al fondo se abraza al tronco de un árbol, se deja caer y se muerde los puños, y gime, la cara contra la corteza de terciopelo húmedo, gime como si ladrara, como si el gemir le despellejara los huesos, como si el alma saliera tal vez por sus gemidos y echara afuera la desgracia”) y también detiene sus impulsos, piensa en lo que haría si no fuera ella misma, animal humana, si no trabajara y si no se supiera parte de una familia (“Si Nefer no tuviera las uñas gastadas por el trabajo; si no fuera hermana de la novia; si no fuera ella misma, ¡cómo hubiera despedazado a desgarrones esa cara, ese cuerpo odiado, cómo hubiese terminado con esa risa de chajá!”).

En el texto se inventa un lenguaje –una forma de decir– (luego se dirá que en Eisejuaz (1971) también hay un lenguaje inventado para ese otro, como Nefer, radicalmente solo: el que recibe mensajes de Dios) para narrar la soledad y la angustia de la joven: “El corazón de Nefer se espesa”, “Al verlo se le apoca el corazón”, “Nefer no puede bostezar. Tiene el corazón hecho una trenza”. El cuerpo de Nefer –el corazón en las citas anteriores y el cuerpo todo en el resto del texto– parece ceder ante las emociones sin que ella lo consienta (“La angustia le cierra las manos sucias de tierra y leche”), y en esa elaboración de un lenguaje del cuerpo, visto como Otro, se hace explícito que Nefer tiene (¿habita?, ¿está en?) un cuerpo sobre el que no tiene el control, que no le pertenece (“Nefer cree que el mundo se acaba y que sus piernas no responderán. Pero el cuerpo la lleva detrás de la madre”).

Las implicaciones políticas que tiene esa decisión narrativa y estética resultan relevantes para los debates actuales sobre el aborto y el cuerpo de las mujeres, y podrían alcanzar para una tesis sobre el cuerpo gestante: la historia de una adolescente embarazada sin quererlo y cuyo cuerpo, en sentido metafórico, literal –y legislativo–, no le pertenece: un cuerpo sobre el que no tiene soberanía. (Más adelante en Eisejuaz se le dice a su protagonista: “Tus manos son mías, dámelas”). Es un tema de interés actual, pero decir que hay que leer a Sara Gallardo porque se ocupa de un tema actual sería decir poca cosa, pues se sabe que la coyuntura no hace literatura.

Habría que leer a Gallardo por la precisión y belleza de su prosa, por lo novedoso de sus formas y por la exploración que hace de los personajes al margen. Su literatura se pregunta por los abandonados, los alucinados, los poco frecuentes (y valdría la pena mencionar el enamoramiento de Nefer: tan delirante como adolescente). Al leerla se descubre a una escritora única (se dice que ninguno de sus libros se parece entre sí, se dice que sus libros recuerdan a Di Benedetto y a Rulfo, se dice que sus libros no se parecen a nada), y se corrige la exclusión del canon de la que fue objeto por años ella, genia, rara, alucinada y lúcida, cada vez más leída, menos abandonada. 

Descarga la app El Tiempo. Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias. Conócela acá

Logo Boletin

Estás a un clic de recibir a diario la mejor información en tu correo. ¡Inscríbete!

*Inscripción exitosa.

*Este no es un correo electrónico válido.

*Debe aceptar los Términos y condiciones.

Logo Boletines

¡Felicidades! Tu inscripción ha sido exitosa.

Ya puedes ver los últimos contenidos de EL TIEMPO en tu bandeja de entrada

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.