María Mercedes Carranza, la voz de una patria en ruinas

María Mercedes Carranza, la voz de una patria en ruinas

La publicación de su obra completa es una oportunidad para volver a su poesía, cada vez más actual.

María Mercedes Carranza

María Mercedes Carranza fue una lectora incansable de su tradición, pero también leyó con pasión a poetas latinoamericanos.

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Archivo EL TIEMPO

Por: Federico Díaz-Granados
19 de noviembre 2019 , 12:09 p.m.

HACE POCAS SEMANAS se rindió un homenaje nacional a la Generación sin nombre, ese grupo de poetas provenientes de diferentes regiones del país que respondían a la actitud iconoclasta del Nadaísmo. Era 1968 en todos los almanaques y María Mercedes Carranza dirigía en ese momento la página literaria del periódico El Siglo. Desde allí fue una de las más entusiastas animadoras de este naciente grupo de poetas, además de ser una de las integrantes más representativas del grupo. Pasaron 51 años desde entonces y la voz de María Mercedes se sitúa de manera indeleble no solo en la historia literaria del país, sino en la memoria de los colombianos. A través de su palabra recobramos una identidad y una manera de traducir nuestro desencanto y escepticismo. Sus poemas derrumban monumentos y solemnidades y nos
recuerdan la fugacidad del tiempo y la tragedia de nuestro destino.

Por eso su poesía siempre será necesaria para entendernos como nación, pero también para comprendernos en nuestra soledad y los asuntos cotidianos. Cada poema da cuenta de una época y de unos hechos que le dieron un carácter y unos rasgos a ese tiempo. “Soy hija de Benito Mussolini / y de alguna actriz de los años 40 / que cantaba la “Giovinezza”./ Hiroshima encendió el cielo /el día de mi nacimiento
y a mi cuna / llegaron, Hados implacables”. Así empieza su recordado Poema de los hados, como una suerte de declaración de principios generacional y como un manifiesto de su instante vital.

La impecable edición que nos entrega Lumen de su Poesía completa no solo es un viaje a lo largo de su obra y de su trayectoria poética, sino que nos permite volverla a leer y releer como una crónica del presente. Si bien su padre, Eduardo Carranza, era el poeta de la patria y su paisaje, María Mercedes es la cronista de su horror y de su ruina. La violencia, el tedio, la guerra y la muerte forman parte de unas preocupaciones personales que ella supo nombrar en registro poético. Su lenguaje parte de la sencillez cotidiana y cobra una fuerza en cada poema. Con esas mismas palabras que sirven de moneda de cambio para hacer mercado o diligencias  diarias, al combinarlas se llenan de nuevos sentidos y significados para todos. De ahí, también, la pertinencia y actualidad de su poesía desacralizadora donde los horrores del vivir y las variaciones del desamor tienen sus palabras exactas.

María Mercedes Carranza fue una lectora incansable de su tradición, pero también leyó con pasión a poetas latinoamericanos, españoles y del mundo. Desde el afecto fue parricida, no solo con el apellido Carranza, sino con esos hitos nacionales. Sin embargo, su poesía se nutre de esa ironía de Gotas amargas, de José Asunción Silva, y algunos poemas de Luis Carlos López, y asume su genealogía en un árbol donde
Neruda, Vallejo y García Lorca son nombres tutelares. Pero, sin duda, la presencia de Nicanor Parra y Ernesto Cardenal es fundamental para darle a su voz un registro personal y definitivo.

Ella fue víctima de todas las violencias posibles en el país, y de eso da testimonio su poesía. Como un san Sebastián, fue atravesada por todo tipo de pérdidas y dolores: su amigo Luis Carlos Galán, su compañero en la sala de redacción de la revista Nueva Frontera, fue asesinado por orden del narcotráfico. En su poema 18 de agosto de 1989, los versos traducen el dolor de una nación: “Cae el cuerpo, cae la sangre, caen los sueños. / Acaso este hombre entrevé como en duermevela / que se ha desviado el curso de sus días, / los azares, las batallas, las páginas que no fueron, / acaso en un horizonte imposible recuerda / una cara o voz o música. Todas las lenguas de la tierra maldicen al asesino”. De igual forma a la trágica muerte de su amiga Genoveva Carrasco, el secuestro de su amigo Guillermo la ‘Chiva’ Cortés, la desaparición y asesinato de su hermano Ramiro por las Farc y el posterior exilio por amenazas de los paramilitares de su exesposo y padre de su hija Melibea, Fernando Garavito, se sumaron el abandono de las administraciones distritales del proyecto de la Casa de Poesía Silva, que fundó y dirigió desde 1986 hasta el momento de su muerte. Por eso no resultaba extraño que para el número CL de la revista Golpe de dados, dirigida
por su amigo Mario Rivero, ella entregara de manera exclusiva una “Versión de los acontecimientos”. El canto de las moscas sería no solo un recorrido por las masacres y escenarios de nuestra guerra, sino que trazaría una cartografía de la impunidad y de nuestra impotencia. Necoclí, Mapiripán, Dabeiba, Barrancabermeja, Caldono, Cumbal y Soacha tendrían, de una vez y para siempre, un lugar en el mapa de Colombia y de nuestra memoria.

Esta edición nos permitirá recobrar su figura como poeta y su lugar en nuestra modernidad. Como bien mencionó Fernando Garavito “en la noche del 10 de julio del año 2003, María Mercedes Carranza detuvo el curso de su vida. Serían –altas– las dos de la mañana. Al 11, los asuntos de Colombia, país duro y sin conciencia, siguieron su curso habitual: un día más, para terminar con un día menos. Pero en esa mínima gota
de sangre que en esa fecha y hora se desprendió de su costado, todos perdimos una voz clara, una voz verdadera”. De ahí la actualidad de su poema-epitafio Oración. “No más amaneceres ni costumbres, / No más luz, no más oficios, no más instantes./
Sólo tierra, tierra en los ojos, / entre la boca y los oídos; / tierra sobre los pechos aplastados; / tierra entre el vientre seco; / tierra apretada a la espalda; / a lo largo de las piernas entreabiertas, tierra; / tierra entre las manos ahí dejadas./ Tierra
y olvido". 

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