Lo mejor y lo peor de nosotros mismos

Lo mejor y lo peor de nosotros mismos

Si pensáramos más frecuentemente en que somos seres mortales, amaríamos más y mejor la vida.

cuarentena

Esta pandemia nos ha permitido –y nos permitirá aún– ver en las relaciones humanas lo mejor y lo peor de nosotros mismos.

Foto:

iStock

Por: Alejandro Rojas-Urrego
24 de mayo 2020 , 01:56 a.m.

La realidad presente ha logrado fracturar nuestro marco de pensamiento, tanto a nivel individual como social. Uno de los territorios más comprometidos ha sido el de las relaciones. En cuestión de días, la representación que teníamos del mundo, del espacio, del tiempo, de la vida, del otro, de los vínculos que nos unen a nuestros semejantes se vio totalmente trastornada.

El miedo al otro, portador eventual de la enfermedad y la muerte, surge aquí y allá a la luz del día, sin tapujos, en distintos grados e intensidades diversas. La otredad como amenaza y fuente de desconfianza ha dado lugar a discursos y conductas asumidos como comprensibles e incluso recomendables. Ni siquiera dentro de una misma familia resulta el otro exento de peligro, aun si se trata de un niño para sus abuelos.

La necesidad de distancia social (sería preferible llamarla física y no social) nos ha confrontado también, en negativo, con la importancia de elementos tan esenciales y básicos en las relaciones humanas como es el tacto. Gestos como el apretón de manos, el abrazo, la caricia o el beso se han tornado un peligro y nos hacen ver en ausencia lo vital que hay en la necesidad humana de tocar y ser tocados. El tacto, como lo decía alguien recientemente, es una lengua que sabemos hablar, ejercer y transmitir, aunque ignoremos su gramática. Y existe el riesgo no solo de sufrir de su carencia en tiempos de pandemia, sino de caer y quedarnos luego en un mundo aseptizado y sumido en una visión ‘higienista’.

Justamente porque la vida es breve, limitada en el tiempo y extraordinariamente frágil, nos resulta tanto más preciosa

La pandemia ha traído de regreso al territorio de las relaciones humanas a la muerte. La muerte que hace parte de la vida. Veo en ello una realidad dolorosa para muchos, por supuesto, pero también una oportunidad. Si pensáramos más frecuentemente en que somos seres mortales, amaríamos más y mejor la vida y a quienes nos son cercanos. Justamente porque la vida es breve, limitada en el tiempo y extraordinariamente frágil, nos resulta tanto más preciosa. El porqué el covid-19 ha dejado esto tan evidente daría para un largo análisis (¡hay tantas otras realidades más mortales y escandalosas!). Quizás, como vi en un grafiti cerca de mi casa, porque nos ha hecho ver que “vamos todos en el mismo barco”. Y esta toma de conciencia da para todo. El ser humano se debate entre egoísmo y altruismo, individualismo y solidaridad, muerte y vida, fuerzas opuestas que lo habitan y constituyen. Esta pandemia nos ha permitido –y nos permitirá aún– ver en las relaciones humanas lo mejor y lo peor de nosotros mismos.

ALEJANDRO ROJAS-URREGO
Psicoanalista, jefe de Servicio Fundación de Nant, Suiza

Descarga la app El Tiempo

Noticias de Colombia y el mundo al instante: Personaliza, descubre e infórmate.

CONOCE MÁS
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.