'Lazarus', una voz en defensa de los albinos de África

'Lazarus', una voz en defensa  de los albinos de África

El documental forma parte de la programación de IndieBO. Entrevista con su director, David Darg. 

Lazarus, documental IndieBO

Lazarus, protagonista del documental, comenzó a cantar por amor a la música, pero también para alzar la voz frente a lo que viven las personas como él.  

Foto:

Cortesía IndieBO

Por: Por Sergio Alzate
17 de julio 2019 , 01:02 p.m.

LO LLAMARON LAZARUS, como al leproso de la parábola bíblica. Lo llamaron así porque bajo el sol de Malaui su piel blanca, blanquísima, como los huesos de un
animal milenario, se abría en surcos de llagas sin nada ni nadie que pudiera evitarlo. Un niño que no sabía que por su cabeza ya había un precio. Por su cabeza y por sus extremidades, por sus dientes y por sus ojos, por sus órganos y cada uno de sus dedos.
Cada trozo de su cuerpo cotizado en cientos y miles de dólares, en un país cuyo ingreso promedio anual es poco más de un millón de pesos colombianos.

Lo llamaron Lazarus. Lazarus el padre de tres hijos. Lazarus el esposo amoroso. Lazarus el músico malauí. Lazarus la persona con albinismo. Y Lazarus: el sobreviviente de los secuestros y asesinatos de albinos en África.

Albinismo. Ese es el nombre de la condición congénita que reduce parcial o totalmente la melanina y los pigmentos en la piel, cabello y ojos, y que según datos
científicos afecta a 1 de cada 20.000 personas en Europa y América. Una cifra que se precipita en el caso africano: en un país como Tanzania, la ratio es 1 de cada 1.400. Y a pesar de no ser contagiosa, esta condición es un estigma sociocultural. Las personas
con albinismo son víctimas del exotismo macabro que los tilda como anunciadores de la mala suerte al tiempo que sus cuerpos son considerados amuletos para atraer la fortuna, derrotar el mal de ojo, curar enfermedades o tener buena estrella en
los negocios. Tanto en un caso como en otro, la suerte se consigue a través del desmembramiento de los cuerpos de las persona con albinismo. Vivas o muertas. Da igual. Lo importante es crear pócimas o entierros con esas partes mutiladas. La organización benéfica Under The Same Sun, que lucha por los derechos y la protección de la población albina en este continente, reporta que desde 2006 ha habido alrededor de 520 ataques en más de una veintena de países. Podrían
ser más, muchos más las mutilaciones y los asesinatos. Al vivir en el anonimato más profundo, muchos de los casos de violencia contra personas con albinismo
quedan sin denunciar. Y así la cacería humana prolifera entre el silencio y la superstición. Según datos de la Organización de las Nacionales Unidas (ONU), los
brujos africanos estarían pagando alrededor de dos mil dólares por una extremidad. Por un cuerpo completo, unos setenta y cinco mil.

En este contexto de sangre y miedo creció Lazarus. Además de la precariedad de haber nacido pobre, tampoco podía trabajar. Nadie lo contrataría por albino. Nadie querría estar alrededor suyo. Nadie sabría entender su fisionomía diferente: su piel
ultrasensible al sol, sus ojos cegatones, su cabello translúcido. Solo se tenía a sí mismo y a su hermano, también con albinismo, que moriría de cáncer de piel como muchas personas con esta condición. Así que para no morirse de hambre y a riesgo de
ser secuestrado, Lazarus empezó a cantar en las calles con un banjo casero, hecho de hojalatas, canciones propias sobre la vida y el amor, pero también sobre el miedo y el ostracismo. Y en una de sus correrías callejeras fue grabado por un turista
extranjero que le mostraría el video al productor musical sueco Johan Hugo Karlberg. Y este hombre, conmovido por la inocente fiereza de Lazarus, por su caudal artístico, por la melancolía de su voz y la alegría de su sonido, decidió que quería ayudarlo. A salir de pobre, sí, a no tenerle más miedo a los cazadores, también. Pero sobre todo a darle una voz y una plataforma desde la cual luchar.

Así, junto al documentalista nominado al Óscar David Darg, se puso en marcha el Proyecto Lazarus, conformado por un disco (Stomp on the devil), por una campaña
de Kickstarter para construirle al músico un hogar y por un documental producido por
Madonna y dirigido por David que se llamaría igual que su protagonista: Lazarus.

Lazarus, documental IndieBO

El director David Darg, junto a Lazarus, durante la realización del documental.

Foto:

Cortesía IndieBO

En el documental queda claro que los asesinatos de personas con albinismo están
sucediendo sin que nadie haga nada. ¿Por qué no se habla de estas masacres sistemáticas?

Justamente ese interrogante fue el que nos llevó a este proyecto. Ese pensamiento de “qué demonios está pasando con el mundo”. Esta es una de las violaciones más graves a los derechos humanos en cualquier lugar de la Tierra. En África se están cazando
humanos, pero solo se habla de la cacería de elefantes o leones. Y claro, son historias importantes. Los documentales sobre estas realidades tienen todo mi apoyo. Pero ¿por qué no hay cintas sobre la caza de personas? El saber que no había ninguna fue toda una revelación.

¿De qué modo este proyecto ayuda a las personas con albinismo en África?

A Lazarus le está yendo muy bien, su carrera está despegando, es una estrella en Malaui, da conciertos en África y pronto regresará a Estados Unidos. Estamos
emocionados de ver que lo que queríamos hacer está funcionando: hacer a Lazarus famoso para poder amplificar su voz y permitirle llamar la atención del mundo acerca de lo que está sucediendo en su país.

¿Qué más se puede hacer?


Hablar con familiares, amigos, colegas y mostrarles la situación en África. Tenemos que presionar a nuestros gobernantes para que hagan más. Sobre todo a la ONU, porque, como se puede ver en el documental, la persona encargada del tema tiene muchas dificultades para hacerse oír. Es importante que los gobiernos entiendan qué está pasando. No son solo asesinatos. Es una crisis humanitaria y hay que reconocerla, en especial porque como los albinos no hacen parte de un grupo étnico o político no se pueden tipificar estos crímenes como genocidio. Pero ya se empieza a hablar de la extinción de las personas con albinismo en África. Si no paramos esto, es posible que en unos años suceda.

Quizá la palabra ‘asesinato’ se quede corta ante la magnitud del horror...

Si bien no se puede llamar un genocidio, un grupo de personas está desapareciendo. Puede que no lo sea en la teoría, pero lo es en la práctica. Para mí no hay diferencia.
Los están asesinando y nadie hace nada. Son personas desprotegidas, los secuestros y
asesinatos pasan frecuentemente. Son un grupo muy pequeño: en cada país africano solo hay unos cuantos miles. Si esto sigue así, desaparecerán. Hay que llamarlo
algo más que asesinatos. Son masacres. Es un genocidio, una violación de los derechos humanos. Es una cacería de seres humanos. Eso es lo que está sucediendo.
Son cazadores que lo hacen por dinero y venden partes de humanos como venderían
partes de animales. Es horrible.

Lazarus sabe del riesgo. Una vez intentaron secuestrarlo y vender su cuerpo, por eso pensó que esta idea de hacer una película sobre su vida era un plan para asesinarlo. ¿Cómo ganaron su confianza?

Desapareció y dejó de responder nuestras llamadas. Luego entendimos que la triste realidad de las personas con albinismo es que no pueden confiar en nadie. A menudo lo que sucede es que son llevados a una trampa con alguna promesa. Y aquí llegamos
nosotros, un grupo de extranjeros diciéndole a Lazarus “queremos hacer un disco con
tus canciones y un documental sobre tu vida”. La primera reacción de él fue “este es otro plan para intentar matarme”. Le llevó semanas confiar en nosotros.

A pesar del contexto en el que sucede la vida de Lazarus y de los asesinatos, el documental apuesta por la vida, el arte y los sueños de él. ¿Son una forma de
resistencia frente al horror?

En mi carrera he dirigido muchas cintas sobre temas difíciles, como la de 2016 sobre la crisis del ébola en África occidental, que también trataba sobre una tragedia humana. Narré esa historia a través de los ojos de un héroe, de una mujer que arriesgaba su vida trabajando por los demás. Creo que si te enfocas en las historias de heroísmo, los relatos oscuros se vuelven más digeribles. Y para mí Lazarus es un
héroe. Uno poco común, porque él mismo ni lo sabía. Pero ahora lo es, uno inmenso para la causa de las personas con albinismo. Este documental es, finalmente,
una forma de mostrar ese camino de Lazarus hasta la cima. Sin embargo, también es un documental sobre el poder de la música, del arte y de la belleza.

Pero la oscuridad sigue. Está, por ejemplo, la historia de los gemelos Harrison y Harry: el segundo fue secuestrado y desaparecido por cazadores para venderlo a brujos...

Esta es de las historias más dolorosas con las que me he podido encontrar en mi vida. El destino de Harry es el resumen de nuestra condición humana. Porque el mundo está en un grado tal de desesperación que hay personas dispuestas a cazar niños durante la noche. Y la raíz de esto es la pobreza y la desigualdad, que hacen que haya gente lista a recibir las solicitudes de caza de los brujos. Son seres malvados, despreciables; lo hacen porque están desesperados por el dinero. Pero no podemos enfocarnos solo en eso, o estaríamos perdidos.

Me sorprendió el silencio de las personas con albinismo. Un silencio mezclado con miedo, desconfianza, dolor...

Es interesante que menciones eso, porque es muy común que las personas con albinismo tiendan a estar en silencio. Suelen ser rechazados y estigmatizados, así que sus interacciones humanas son casi nulas. Incluso los niños, que al crecer no tienen
con quien jugar y son apartados del resto. Sus vidas están llenas de dolor. Lazarus es interesante porque se hizo a sí mismo. Él decidió romper ese ciclo de violencia y convertirse en un músico. Y lo hizo por el amor a la música y por la desesperación de ver que nadie le daba un trabajo por ser albino. Decidió superar su silencio al ser una voz en las calles. Antes de todo esto, él ya era secretamente un vocero de esta lucha.

En el documental, Lazarus dice que lo que él quiere es ser considerado un humano…

Lo más triste es que la gente en África ha olvidado que ellos son seres humanos también. En el imaginario colectivo los ven omo criaturas mitológicas. Son víctimas de supersticiones que datan de cientos de años atrás. Y aunque creemos que la sociedad ha progresado, aún hay lugares con estas ideas primitivas. Las personas con albinismo son consideradas fantasmas. Creen que cuando una persona con albinismo
muere, se van sin dejar un cuerpo. Claro, creen eso porque cuando son cazados desaparecen sin rastro. Hasta ahora empiezan a atar cabos y a decir “tal
vez no volvemos a verlos porque están siendo secuestrados”.

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