‘La nueva era cuántica cambiará el mundo’: José Ignacio Latorre

‘La nueva era cuántica cambiará el mundo’: José Ignacio Latorre

El físico español plantea que en el futuro el debate será de máquinas frente a humanos.

José Ignacio Latorre

El campo de investigación del físico español José Ignacio Latorre se centra en las partículas elementales y en la teoría de la información cuántica.

Foto:

Fotografía • Cortesía José Ignacio Latorre

Por: Lecturas Dominicales
29 de enero 2019 , 01:51 p.m.

El futuro del mundo será cuántico. El presente ya lo es, en muchas formas. El físico español José Ignacio Latorre, catedrático de Física Teórica en la Universidad de Barcelona, investigador del Centre for Quantum Technologies de Singapur y director del Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual, es uno de los mayores expertos en el tema. En su libro más reciente, Cuántica, tu futuro en juego, plantea que está próxima una segunda revolución tecnológica que nos llevará a la era de la cuántica y que sin duda cambiará el mundo.

El mundo es cuántico, dice. ¿Cómo le explica esto a alguien sin conocimientos profundos sobre el tema?

El mundo es cuántico, sí, porque el mundo de lo más pequeño, hecho de átomos y de partículas aún más elementales como quarks y fotones, obedece las leyes de la mecánica cuántica. Pero no es fácil comprender estas leyes porque los humanos somos mucho más grandes que esas partículas elementales. En nuestro día a día podemos tomar un coche y preguntarnos cómo se acelera, qué ley rige un giro, hablamos de velocidad, peso, posición. Esas ideas dejan de ser ciertas en el mundo subatómico. Allí todo es especial, diferente. Por ejemplo, si tenemos una partícula elemental y la medimos, el propio acto de medir la somete a una acción brutal para ella, incluso puede salir disparada o destruirla. En ese caso, ¿qué significa saber? Al medir, alteramos el mundo de forma incontrolada. Lo que medimos ha dejado de existir porque lo hemos cambiado ¿Qué es la realidad objetiva? La mecánica cuántica debe lidiar con este cambio fundamental en la descripción de la naturaleza. Los humanos no lo han tenido fácil. Les ha costado polvo, sudor y lágrimas comprender las leyes cuánticas que verdaderamente sustentan al universo. Pero déjame que te diga que adentrarse en la mecánica cuántica es apasionante, es una droga intelectual.

De muchas maneras ya vivimos un presente cuántico, pero usted dice que está por llegar una segunda revolución en este campo. ¿Qué va a marcar el inicio de esta era?

La mecánica cuántica empezó a ser comprendida hacia el año 1900. Solo tiene un siglo de existencia. Toda la ciencia se halla en su infancia. Los humanos hemos empezado a atisbar la profundidad de las leyes que nos rigen y estamos empezando a aprovechar nuestro conocimiento. Al comprender las leyes cuánticas, hemos logrado crear ordenadores que controlan cada aspecto de nuestra vida, láseres que soportan todas nuestras comunicaciones y también nos operan la vista o leen un DVD, relojes atómicos que mantienen el sistema de geoposicionamiento GPS. Ahora, en el inicio del siglo XXI, los humanos somos capaces de controlar partículas individuales, dominamos la materia de forma que jamás habíamos imaginado. Esta segunda revolución cuántica está permitiendo crear los primeros ordenadores cuánticos, y también sensores cuánticos, comunicaciones cuánticas; empezamos a saber simular cuánticamente a la propia mecánica cuántica. Los centros de investigación bullen.

¿Quién será, para usted, ‘el dueño’ del primer gran computador cuántico en el mundo? Algunos dicen que Google lleva la delantera.

Somos muchos los que trabajamos para que los ordenadores cuánticos no tengan un solo dueño. El saber, la ciencia, es absoluto; no tiene que ver con razas, credos o geografía. Está en la mano de cada científico conducir su investigación por el camino que crea más conveniente. Es cierto que los primeros ordenadores cuánticos han llegado de la mano de IBM, de Google, de Rigetti, de IonQ, todas empresas de Norteamérica. Pero también es cierto que se están construyendo ordenadores cuánticos en otros lugares de la Tierra. Google lleva la delantera, pero no la exclusividad, que es inaprensible. En el pasado, la ciencia asistió a la lucha por patentar el genoma humano. No fue así. Afortunadamente, el saber sobre el genoma es compartido por toda la humanidad. La computación cuántica debería dar lugar a recursos que toda la humanidad pueda disfrutar. No será fácil, dada la enorme trascendencia geoestratégica que la construcción de un ordenador cuántico acarrea.

¿Qué características tendrá este computador cuántico? ¿Qué será capaz de hacer?

Un ordenador cuántico se basa en el control de estados cuánticos individualizados, como los que hallamos en corrientes superconductoras a 15 milikelvin, o en iones atrapados en trampas. Es fascinante. Podemos codificar información cuántica en el sentido de rotación de una corriente superconductora. Tenemos un qubit, o bit cuántico. Si disponemos de muchos qubits bien controlados, disponemos de un instrumento de cálculo sin precedente. Podremos tratar problemas complejos como los de la química cuántica, la generación de medicamentos, el entrenamiento de redes neuronales, o diseñar una nueva forma de trabajar en inteligencia artificial. Lo más asombroso es comprender que un ordenador cuántico podrá romper la forma en que hacemos secretos los mensajes que enviamos a través de internet.

Es decir que la seguridad informática estará en riesgo.

Efectivamente. Toda la criptografía que protege nuestra intimidad está en peligro. Cada vez que nos conectamos a nuestro banco, leemos el correo electrónico o accedemos a una red social estamos empleando criptografía clásica. El secreto es necesario, nadie quiere despertarse y ver que alguien ha accedido a sus cuentas y las ha vaciado. Un ordenador cuántico rompe este tipo de códigos secretos. Quien disponga de uno potente puede alterar el orden político de la Tierra, porque tiene acceso a todas las comunicaciones secretas de empresas, bancos, Estados y personas. Será necesario sustituir los protocolos de comunicación secreta, sea por una nueva criptografía poscuántica, o por la llamada criptografía genuinamente cuántica. La propia agencia estadounidense NSA tutela el proceso de hallar un buen sustituto para la criptografía obsoleta. Todo un reto apasionante.

¿Dice que habrá cambios en el orden político y económico mundial derivados de este desarrollo cuántico?

Sin duda. La construcción de un ordenador cuántico ya está polarizando al planeta. Estados Unidos dejará de hacer pública su investigación, como lo hace China. La Unión Europea va a la zaga, pero dispone de los mejores científicos que iniciaron esta segunda revolución cuántica. Es paradójico: el Viejo Continente sabe más, pero lo aprovecha menos. Todo este escenario irá cambiando vertiginosamente. Ya nadie duda de la relevancia extrema de la tecnología cuántica. Cada país deberá decidir si participa del futuro o si será títere. La decisión es simple, o bien se paga la investigación ahora, o se pagará con creces los resultados obtenidos por otros.

La revolución cuántica traerá progresos obvios en la inteligencia artificial. ¿Por qué cree que este tema genera tanto temor entre mucha gente?

Los humanos hemos cedido el poder físico a las máquinas. Tenemos grúas, coches veloces, ascensores, barcos. También hemos cedido el cálculo bruto a los ordenadores. Como consecuencia, los humanos somos físicamente más débiles e intelectualmente más perezosos. La inteligencia artificial está acaparando un nuevo estadio, el de las decisiones, el lugar intelectual que creíamos reservado para nuestros cerebros. Pero no somos inimitables. Sabemos programar máquinas que toman decisiones más sabias que los humanos. Una inteligencia artificial bien entrenada podrá diagnosticar enfermedades mejor que un médico porque ostenta amplias bases de datos que contienen todo tipo de historial médico. Es imparable. Ante esa invasión de la inteligencia artificial, los humanos perdemos nuestra identidad. No sabemos qué significa ser una persona y tememos profundamente este nuevo cambio. No sabremos con quién nos relacionamos porque muchas tareas serán realizadas por máquinas indistinguibles de los humanos.

Otra consecuencia es que el ser humano vivirá más tiempo. ¿Estamos preparados?

No. Ninguna sociedad avanzada se está preparando seriamente para los problemas que conlleva la longevidad. Tememos enfrentarnos a gestionar una sociedad envejecida. ¿Cómo distribuiremos el poco trabajo reservado a los humanos? ¿Quién pagará el sistema de pensiones? ¿Cuál es el límite ético para la supervivencia? Probablemente se hará necesario un cambio de profundidad insondable para el sistema político actual. No lo duden: el problema que se avecina no trata de izquierdas y de derechas, sino de máquinas frente a humanos, o de pocos jóvenes frente a muchos viejos.

¿El día a día de una persona común y corriente, en su casa, en su trabajo, cambiará cuando viva en este futuro cuántico?

Será un humano aumentado. Todas sus opciones serán más potentes e inteligentes. Deberá aprender a moverse en un mundo que lo supera. En cierta forma, ya vivimos un atisbo de este mundo. Nuestros teléfonos móviles nos controlan, nos asisten, nos influencian. Cada relación entre personas jóvenes viene condicionada por el uso de redes sociales. Un futuro cuántico aderezado con enorme cantidad de inteligencia artificial hará nuestra vida muy diferente a la actual. El sistema educativo deberá prepararnos para intentar ser felices en un mundo cuya complejidad pocos entenderán. La gran masa de personas ahondarán en el entretenimiento banal. No es un futuro halagüeño, si no lo preparamos con esmero.

En una ocasión usted dijo que dentro de trescientos años el ser humano ya no necesitará cuerpo. ¿Qué quiso decir?

En una entrevista abogué porque la evolución natural de los humanos es complementar su cuerpo a voluntad. Queremos ser guapos, con más pelo (los hombres calvos como yo); si se nos rompe un hueso, lo sustituimos con una prótesis; si no vemos bien, usamos gafas; si enfermamos, tomamos elementos químicos artificiales que nos curan. Poco a poco, la esencia humana física se diluye. Todo se orienta a que nuestro cerebro se sienta bien. El razonamiento sigue su curso natural hacia cuerpos cada vez más aumentados, cerebros más estimulados artificialmente. La realidad no nos basta, nuestra mente quiere más. En cierto instante, nuestro soporte biológico será insuficiente. El camino hacia un futuro sin cuerpo que parece inconcebible, se va haciendo más imparable, más posible. LJosé ignacio latorre en el hay festival. Su charla en el encuentro de Cartagena será en Unibac, el viernes 1 de febrero, a las 7 p. m.

Descarga la app El Tiempo. Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias. Conócela acá

Logo Boletin

Estás a un clic de recibir a diario la mejor información en tu correo. ¡Inscríbete!

*Inscripción exitosa.

*Este no es un correo electrónico válido.

*Debe aceptar los Términos y condiciones.

Logo Boletines

¡Felicidades! Tu inscripción ha sido exitosa.

Ya puedes ver los últimos contenidos de EL TIEMPO en tu bandeja de entrada

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.