El escritor Pierre Lemaitre vuelve con 'Los colores del incendio'

El escritor Pierre Lemaitre vuelve con 'Los colores del incendio'

El francés publica la segunda parte de su trilogía, que comenzó con 'Nos vemos allá arriba'. 

Pierre Lemaitre

El escritor Pierre Lemaitre ya tiene preparada la tercera parte, que se llamara 'Espejo de nuestras penas'.

Foto:

François Deladerrière

Por: Por Melissa Serrato Ramírez 
PARÍS
10 de mayo 2019 , 07:56 p.m.

A PIERRE LEMAITRE lo invade la serenidad del que no debe nada y la confianza del que sabe a dónde va. No se apresura a responder preguntas, bebe un sorbo de café entre una y otra y, a pesar de que quienes llevan su agenda le acomodan varias entrevistas en una misma tarde, ni siquiera en la última se muestra hastiado de hablar durante varias horas de Los colores del incendio, su más reciente novela, en la que da continuidad a la trilogía que inauguró en 2013 con Nos vemos allá arriba, con la que se llevó el Goncourt ese mismo año.

“No tengo pruebas que pasar ni nada qué esperar. Obtuve el premio literario más prestigioso que se puede lograr, soy un autor adaptado al cine, estoy traducido en treinta y nueve lenguas y la Biblia en cuarenta y dos –dice y al mismo tiempo se dibuja en sus labios una sonrisa–. Tengo lectores en todo el mundo e incluso los periodistas vienen desde Colombia a entrevistarme al bar Roxo del Bains Douches”. Por eso decidió dejar la capital para irse a vivir en el sur de Francia, cerca de Arles, con un ritmo más lento que le permite ocuparse del jardín, desplazarse en bicicleta y, claro, escribir. Desde allá le da cuerpo a la tercera entrega de su trilogía, que aparecerá en Francia a comienzos del próximo año y se traducirá al español en 2021.

En todo caso, esa tranquilidad que refleja nada tiene que ver con el ritmo trepidante de sus novelas: Lemaitre siempre encuentra la manera de sorprender y de embestir al lector con tramas voraces, personajes emotivos y mordaces, intrigas y sarcasmo sobre el mundo que lo rodea. Un mundo que, si bien corresponde en Los colores del incendio a los años 30 europeos, por momentos resuena con fuertes ecos en la época contemporánea. El fraude, la corrupción y las traiciones están a la orden del día.

En esta entrega, Lemaitre sigue los pasos de la familia Pericourt a través de la vida de Madeleine –hermana de Édouard, quien protagonizó la primera parte– y de otros tres personajes femeninos imprescindibles: Vladi, una ninfómana que no habla una palabra de francés; Solange, una cantante de ópera, con “una voz desgarradora”, a la que se le escapa en cada nota “una inmensa tristeza” y Léonce, que cuenta con una belleza que hace que los hombres acudan “a ella como moscas”.

La historia arranca con la muerte del padre Marcel Pericourt, y su ataúd se vuelve el lugar geográfico sobre el cual fracasa la vida entera de los que lo rodean, incluso la de su nieto Paul, quien sufre simultáneamente un accidente que le sirve a Lemaitre “como metáfora para mostrar que estamos frente a un mundo que está terminando y que va a destapar e imponer otra concepción de mundo en Europa, con el desastre y la tragedia alemana que conocemos”.

En 'Nos vemos allá arriba' la acción y la palabra las detentan los hombres; en 'Los colores del incendio', las mujeres. ¿Fue una decisión intencional, una especie de equilibrio?
No. Hay historias en las que las intrigas tienen un código genético. El de la primera novela es masculino, el de la segunda es femenino. La razón es que, al ser Madeleine el personaje central, tenía que hacerla evolucionar como una mujer de los años 30, que lucha, como las demás, en contra de los hombres.

¿No son, más bien, los hombres los que luchan contra el poder de Madeleine?
No, creo que es un libro sobre la dominación masculina, que en ese periodo es aplastante, y sobre la resistencia de las mujeres, que lo único que tenían en ese momento era su cuerpo: el cuerpo que canta, que hace el amor, que seduce, que resiste. De hecho, las mujeres están desnudas. No tienen dinero ni derecho al voto, nada. Su cuerpo es el espacio último de libertad.

El deseo de los hombres por el poder atraviesa el libro…
El dinero es el motor de la intriga porque es la encarnación del poder masculino. Eso lo aprendimos con Freud. El poder fálico representado por el dinero es la primera herramienta de la masculinidad y de la dominación masculina. Una mujer rica sin hombre es un insulto insoportable para el ego del hombre. Así que ellos van a intentar por todos los medios reparar esa anomalía y la única manera es arruinándola.

¿Cómo logró hacer evidente que lo que había de fondo era misoginia pura?

A través de lo que Simone de Beauvoir llamó “un ser relativo”; es decir, que la mujer es relativa a un hombre: es la hija de, la esposa de, la madre de… Lo difícil no fue mostrar la opinión de los hombres de la época respecto a las mujeres, sino que esa opinión era compartida y asumida por ellas, como algo indiscutible.


Aunque hay un personaje, el señor Dupré, que no tiene esa mentalidad…
Sí, porque comienza su carrera como comunista y termina como anarquista. Igual que yo.

¿Se siente identificado con él?
Sí. Su manera de ver el mundo corresponde con la mía. Me parece que es un samurai, es un guerrero. Y yo soy un guerrero.

¿En qué sentido?
Estoy en guerra contra todo y con todo el mundo. No dejo de pelear ni cuando escribo. Tengo la impresión de que todo lo que puedo obtener debo ir a buscarlo con los dientes. Es terrible... Mejor volvamos a Dupré. Es un anarquista porque tiene cuentas por arreglar con el poder. Si puede armar un caos, lo va a hacer y participará en él.

Hablemos de Jules Guilloteaux, el director de un periódico, “famoso por su enfermiza tacañería”, que paga “sueldos pequeños” y se justifica en que necesita “más publicidad para mantener el periódico”, aunque tiene millones en paraísos fiscales…

Es un personaje por el que me preguntan mucho. En los años 30, los periodistas eran particular y masivamente sobornables, más que ahora, así que aprovecho para ser un poco irónico con respecto al periodismo. Esos años fueron el hueco de la honestidad y muchos periódicos y periodistas se vendieron al poder del dinero. Es un hecho histórico.

En relación con sus otros libros, en este hay un sentido más desarrollado de ironía…
Es porque soy un escritor en libertad.

¿Qué significa eso?
Me liberé de las obligaciones, ataduras e imposiciones que pesan sobre todos los novelistas. ¿El libro va a funcionar? Como ya no me pregunto eso, trabajo sin angustia.
Una libertad que le permite decir, con sarcasmo, lo que piensa del mundo…
Soy honesto en mi contrato con el lector. Le digo desde dónde hablo, cuáles son mis valores y mi concepción del mundo. No voy enmascarado. Cualquiera que lea diez o quince páginas puede saber quién soy, qué pienso y cuál es mi marco de referencia. Después el lector puede pensar lo que quiera con respecto a la historia que le estoy contando. Trato de dejarle un espacio para su propia crítica.

La juventud y la tragedia son comunes en tres de sus últimos personajes: Paul ('Los colores del incendio'), Édouard ('Nos vemos allá arriba') y Antoine ('Tres días y una vida', una novela que no hace parte de la trilogía).
Hay un vínculo natural entre la juventud y la tragedia porque la juventud implica la promesa del futuro. Cuando llega una tragedia, se rompe esa promesa. El futuro de un viejo a nadie le importa, porque no tiene, son los jóvenes quienes lo tienen. Ifigenia tiene 16 años. Antígona y Electra tienen 20 años. Fueron Esquilo, Sófocles y los griegos quienes lo quisieron así. No fui yo.

Este libro es un homenaje a 'El conde de Montecristo', de Dumas. ¿Tomó prestado algo de él para esta novela?
Dos de sus talentos: la manera en la que teje la intriga entre los personajes para hacer que se crucen y encuentren. Y también la habilidad para construir una historia por entregas; es decir, concebir cada capítulo como una nueva entrega de una novela del siglo XIX.

Creo que también tomó el hablarle al oído al lector: “Para que el lector comprenda mejor esa impaciencia, quizá convenga explicarle que…”
Sí, no me pude resistir. Es un guiño que le hago al siglo XIX y que me divierte mucho. Incluso Víctor Hugo lo hizo en Los miserables. Aunque es algo que voy a usar mucho más en la tercera novela. Es muy útil porque vuelvo sobre personajes que habían aparecido en la primera o la segunda novela y es necesario recordarle al lector quiénes son.

¿Ya empezó a escribir el cierre de la trilogía?
Sí. Se llamará Espejo de nuestras penas (Miroir de nos peines). Ya hice el primer capítulo, que es una verdadera sorpresa. La protagonista será Louise, la pequeña amiga de Édouard que en los años cuarenta, cuando se desarrolla la historia, tendrá más o menos treinta años.

'Nos vemos allá arriba' fue llevada al cine, ¿quedó satisfecho con la película?
En la medida en que participé en la escritura del guion, puedo decir que no está mal escrito –suelta una pequeña carcajada–. Sí, estoy muy contento. Es una película que funciona bien. Es elegante y popular, creativa y respetuosa. Los colores del incendio también irá al cine en 2020.

¿Antes de escribir, volvió a leer la primera parte?
Nunca releo mis libros. Solo pasajes, por ejemplo donde describía a Dupré, para ser coherente. Así, si era un gordo en el primero, no me fuera a dar por hacerlo un flacuchento en el segundo. Solo eso, no me gusta leerme.

¿Le da miedo?
¡No! Es solo que sé que si vuelvo a leer toda la novela me van a dar ganas de rehacerla y además voy a empezar a pensar: “Ay, por qué hice eso”. L

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