Los viajes históricos de Santiago Posteguillo

Los viajes históricos de Santiago Posteguillo

Entrevista con el escritor español sobre su nuevo libro 'Y Julia retó a los dioses' .

Santiago Posteguillo

Santiago Posteguillo recibió por 'Yo Julia', primera parte de la biografìa de la emperatriz Julia Domna, el Premio Planeta 2018.

Foto:

EFE

Por: Carlos Restrepo
11 de mayo 2020 , 10:40 a.m.

“Yo... Julia... gobernaré Roma... desde mi tumba”. Esta frase contundente de la augusta Julia Domna define el carácter y la personalidad de una de las mujeres más poderosas de la antigua Roma, hacia el año 217 d. C. La fascinación por esta mujer llevó al escritor español Santiago Posteguillo a dedicarle varios años de su vida a husmear entre archivos y libros para desempolvarla del olvido. El resultado fueron dos tomos: Yo, Julia, con el que el autor ganó el Premio Planeta de Novela en 2018, y ahora Y Julia retó a los dioses, con el que está llegando a las librerías colombianas.

El interés de Posteguillo por el protagonismo de las mujeres en la historia de la humanidad se remonta a la primera década de este siglo, cuando publicó su trilogía Africanus, sobre los emperadores Escipión y Aníbal, que le significó un reconocimiento mundial. Gracias al comentario de una colega profesora, Posteguillo quedó pensativo sobre el trato injustificado que había tenido la mujer en la historia. “Los historiadores hemos sido hombres y hemos contado, sustantivamente, la historia de los hombres. De tal forma que me he rebelado contra eso y he procurado que mis novelas históricas y mis libros de relatos vayan encaminados a mostrar la auténtica realidad: que tanto hombres como mujeres hemos hecho cosas muy relevantes a lo largo de toda la historia”, dijo Posteguillo cuando publicó El séptimo círculo del infierno. En él, justamente, quiso reivindicar el legado de varias escritoras en la literatura.

El autor cuenta que desde Africanus se le había vuelto obsesión encontrar un personaje femenino que pudiera protagonizar una de sus series históricas noveladas. “Yo sabía de la relevancia de Julia Domna, que no había sido una emperatriz al uso, sino una mujer de cierta influencia, o mucha. Pero hasta que leí la biografía que la profesora Bárbara Levick escribió sobre ella me di cuenta de su auténtica dimensión”.

Para los que por primera vez se asoman a la vida de ella, ¿cómo están compuestos los dos tomos?
Aunque son tomos conectados, se pueden leer de forma independiente. En esencia, en el primero, Yo, Julia, narro su ascenso al poder. En el segundo, Y Julia retó a los dioses, cuento cómo mantenerse en el poder es siempre más difícil. De hecho, el lector puede empezar por cualquiera de los dos. Si empieza por el segundo volumen, encuentra todas las traiciones, problemas de salud y divisiones familiares a los que se enfrenta Julia para mantener a su familia en el poder. Y si todo esto lo atrapara, podría leer luego el primer tomo, en lo que sería una especie de gran analepsis o flashback para ver cómo empezó todo.

¿Por qué ella fue definitiva para evitar la división de Roma?
Hemos mencionado las divisiones familiares a las que se enfrenta Julia. Aquí es donde entra la posible división del Imperio romano. En todas las familias hay enfrentamientos viscerales, pero eso no suele afectar más que a su entorno, pero en el caso de la familia imperial de Roma es diferente: si hay división en la familia que controla el mundo, ese enfrentamiento tiene consecuencias para todos. Hubo un momento en que los dos hijos de Julia, los coemperadores Caracalla y Geta, se odian tanto que no quieren continuar cogobernando y prefieren dividir el imperio en dos mitades: Occidente y Oriente. Esto sería, muchos años después, el principio del fin de Roma. Julia tenía claro que lo que hacía fuerte a Roma era la unión de todos sus territorios y aboga frente a sus hijos a favor de mantener la unión de todo el imperio en una defensa a ultranza de la unidad que casi le cuesta la vida.


¿Qué destacaría de los rasgos de la personalidad de Julia que la convirtieron en una líder natural?
Su inteligencia, su belleza, bien empleada por ella para enamorar a uno de los hombre más poderosos del imperio, Septimio Severo, y su astucia. Además su tenacidad y resistencia ante la adversidad y la enfermedad también me parecen dignas de mención.

Que una mujer puede vencer a los hombres era algo que las sociedades patriarcales durante siglos han intentado ocultar.

La llamada batalla de Lugdunum fue definitiva en la consolidación del poder de Julia. ¿Por qué?
En esta batalla luchada en el corazón de la Galia, la actual Francia, cerca de la moderna ciudad de Lyon, Severo y Julia eliminarán al último gran enemigo de Severo por el control de Roma, al senador y gobernador de Britania, Clodio Albino. Fue un enfrentamiento militar feroz entre las legiones britanas, legionarios establecidos en la Galia e Hispania contra las legiones danubianas de Severo y Julia. Las del Rin mantuvieron una extraña medio neutralidad a la espera de ver cómo se decidía aquel pulso mortal. La batalla duró dos días. Desde la batalla de Filipos entre Marco Antonio y Augusto contra Bruto y el resto de asesinos de César, doscientos años antes, no había habido una batalla campal de esas dimensiones que durara más de un día. Esto da una idea de lo excepcional de la batalla de Lugdunum.

¿Podría decirse que ella encarna, de alguna manera, a otras grandes mujeres en Roma a las que, en este mundo machista –de historiadores hombres–, prácticamente dejaron anónimas?
En ella se dan varias claves sorprendentes: pese a haber conseguido todos sus objetivos políticos, su historia estaba casi olvidada, oculta por los historiadores hombres. Cuando pensamos en una mujer del mundo romano, enseguida nos viene a la cabeza el nombre de Cleopatra, pero Cleopatra terminó mal, teniendo que suicidarse y no pudo mantener su dinastía en el poder más allá de su vida. Y esta historia de mujer, en un mundo de hombres que pierde frente a los hombres, sí ha sido contada muchas veces. Pero Julia es una mujer que sí consigue sus objetivos políticos, que sí logra mantener su dinastía en el poder; esta vida de éxito, sorprendentemente, no es contada ni recordada. Bueno, quizá no sea tan sorprendente: que una mujer puede vencer a los hombres era algo que las sociedades patriarcales durante siglos han intentado ocultar.

Es paradójico que en ese momento también se presentó un conato de epidemia de peste. ¿Cómo fue?
Desde la época de Marco Aurelio aparecieron varios brotes de lo que los romanos llamaban peste, pero que nosotros sabemos hoy día que eran brotes muy agresivos y letales del virus de la viruela. Se declararon varias pandemias de viruela que se llevaron por delante centenares de miles de personas en una población total del Imperio romano de unos 65 millones. Fueron catástrofes de dimensiones colosales. Los emperadores Lucio Vero y el propio Marco Aurelio murieron por estos brotes virulentos.

En el sabio manejo de esta situación hay un personaje clave: Elio Galeno. ¿Quién fue?
Sabemos que se trataba de viruela porque el gran médico Galeno describe con mucho detalle los síntomas. Galeno es quien descubre que lavarse las manos y lavar las heridas reduce las infecciones. Ahora todos estamos lavándonos todo el día. Él se dio cuenta de eso. Es algo evidente para nosotros hoy, pero alguien tenía que darse cuenta. Y fue él. Era capaz de diagnosticar el cáncer, aunque no podía curarlo, y llegó a detener una nueva pandemia en sus orígenes en el sur de Egipto actuando con mucha rapidez: aislando a los infectados, separándolos de los sanos. Y, por supuesto, tratando a los enfermos, pero con mucho cuidado. Llegó a autoinmunizarse contra la viruela 1600 años antes de que se descubrieran las vacunas. Era un genio. Si él hubiera sido el director general de la Organización Mundial de la Salud y Julia la presidenta de las Naciones Unidas, el covid-19 no habría salido de Wuhan.

De él proviene que el término galeno sea sinónimo de médico…
Fue tan brillante, tan genial e inteligente que, junto con Hipócrates, es uno de los mejores médicos de toda la historia. De Hipócrates los médicos toman el juramento hipocrático y de Galeno toman su nombre, como dices, como sinónimo de médico.

A Julia le da cáncer. ¿Qué encontró interesante sobre lo que revela Galeno de esta enfermedad, desde entonces enemiga voraz de la humanidad?
Me sorprendió la pericia que tenía a la hora de diagnosticar el cáncer de pecho. Cómo lo detecta en la emperatriz y, luego, su dolor personal al ver su incapacidad para curar aquella dolencia.

El libro refleja algo interesante sobre la religiosidad romana. ¿Cómo era esa relación con el Olimpo y los dioses?
Para los romanos su creencia en los dioses del Olimpo era tan real como para los creyentes de hoy día su creencia en Dios y en Cristo. En el segundo libro doy un salto narrativo al no solo contar los hechos históricos, sino también al introducir a los dioses romanos como personajes de la novela.

Debe ser tentador para un escritor de un relato histórico encontrarse con este elemento fantástico. ¿Lo inspiró para abrir otra línea de narración en la trama?

Sin duda, el título hace referencia a la importancia que los dioses tienen en el relato. En Y Julia retó a los dioses introduzco a las deidades, pero esto no debería extrañarnos: es un guiño a la Ilíada y la Odisea de Homero donde los dioses participan en el relato. Al incorporar el mundo mitológico, la novela no termina con el final de la vida de Julia, lo cual habría sido un momento triste y anticlimático y, además, injusto con la gran victoria de esta mujer, que fue post mortem: conseguir que su dinastía continúe controlando Roma más allá de su propia vida. Pero al introducir la mitología, el relato sigue en el Hades, en el reino de los muertos, en la laguna Estigia del inframundo romano y hasta en el Olimpo, lo que me permite dar a la historia de Julia el final épico que merecía. 

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