'Somos herederos de los éxitos y los fracasos de Bolívar'

'Somos herederos de los éxitos y los fracasos de Bolívar'

Entrevista con la peruana Marie Arana, autora de la biografía 'Bolívar, Libertador de América'.

‘Bolívar y los lanceros en Corrales de Bonza

‘Bolívar y los lanceros en Corrales de Bonza, preparando el triunfo de la batalla del Pantano de Vargas’. Obra colectiva VIP Taller de Arte.

Foto:

Eduardo Malagón Bravo.

Por: Redacción LECTURAS
13 de agosto 2019 , 11:25 a.m.

 

“Cuando Bolívar entraba a una habitación su poder era palpable. Cuando hablaba, su voz motivaba. Tenía un magnetismo que parecía empequeñecer a los hombres más recios. (...) A pesar de todo esto era un hombre imperfecto. Podía ser impulsivo, testarudo, lleno de contradicciones”. A esos dos Bolívar, el carismático y el autoritario, el soñador y el cruel, los muestra Marie Arana de forma precisa en Bolívar, Libertador de América. Cuando este libro fue publicado en inglés, en 2013, los críticos de los grandes medios de habla inglesa quedaron sorprendidos. “Al fin Bolívar tiene la biografía que se merece”, afirmó el gran biógrafo Walter Isaacson. De padre peruano y madre estadounidense, Marie Arana vive en Estados Unidos desde los nueve años y allí ha desarrollado su carrera, que inició como editora en medios como The Washington Post y siguió como novelista, con títulos como American Chica y Lima Nights. Ahora el libro dedicado al Libertador por fin está en español.

¿Por qué se interesó en Bolívar?
Crecí en una familia que estaba profundamente consciente de nuestra historia. La casa de mis abuelos, donde viví por largos períodos mientras mis padres viajaban, estaba llena de evidencias de ese pasado. En la sala había retratos sombríos de mis antepasados, lo que me parecía fascinante y al mismo tiempo aterrador. A medida que crecía, aprendí sobre su extraordinaria historia: mi tatarabuelo, el general de brigada Joaquín Rubín de Celis, había sido el primer español en caer en la batalla de Ayacucho. Otro tatarabuelo, Pedro Cisneros de la Fuente, había luchado con los ejércitos de Bolívar en esa misma batalla. Pedro sobrevivió y se casó con la hija de Joaquín, Trinidad, que ni siquiera había nacido cuando su padre cayó muerto. La idea de que el destino de dos soldados que lucharon en bandos opuestos finalmente llegara hasta mí me resultó cautivadora. Desde entonces he estado interesada en Simón Bolívar y su liberación del Perú.

El libro deja ver un largo trabajo de investigación. ¿Cómo fue ese proceso?
Tuve la suerte de ser invitada como erudita visitante a dos grandes instituciones, con colecciones latinoamericanas envidiables: la Biblioteca del Congreso en Washington D. C. y la Biblioteca John Carter Brown de la Universidad de Brown en Rhode Island. Brown University es conocida por sus archivos de Bolívar; y la colección de la Biblioteca del Congreso sobre las guerras de independencia latinoamericanas es un verdadero regalo para los estudiosos de la historia. También pude investigar en Lima, La Paz y Bogotá. Mi objetivo era escribir el libro que quería leer, uno que profundizara en el lado humano de la historia de Bolívar e hiciera realidad su personalidad y sus logros. Me sumergí en sus cartas y en las crónicas de sus generales y soldados. Afortunadamente, Bolívar fue también un talentoso escritor. Su extensa correspondencia me permitió inyectar todo el color y todos los detalles que necesitaba para llevar a los lectores a su tiempo y a sus campos de batalla.

Marie Arana

Marie Arana ha sido editora en el 'Washington Post' y es autora de tres novelas

Foto:

Archivo particular


Usted habla del carácter de Bolívar y narra en detalle su niñez. ¿Cuánto afectó en su personalidad haber sido huérfano desde tan pequeño?
Como Bolívar quedó huérfano a tan temprana edad, fue criado por una serie de hermanas y tíos que nunca capturaron su amor como sí lo hizo “la negra Hipólita”, la esclava que lo había cuidado desde que nació. Ella era, en sus propias palabras, madre y padre para él. De niño, también prefería la compañía de niños esclavos a los de su propia clase. Esa familiaridad y nivel de comodidad con cada raza y casta le servirían muy bien en la revolución. Pero lo más importante, creo, fue la absoluta devoción que llegó a tener por las guerras de independencia. Sus ejércitos, su cohorte revolucionaria, sus ideales de libertad se convirtieron en la familia que nunca había tenido.

¿Y el haber perdido a su esposa a los 19 años también pudo llevarlo a elegir ese destino?
Bolívar dijo una vez que si su esposa, María Teresa, hubiera vivido, habría sido un hacendado feliz y bien alimentado, cuidando sus tierras y propiedades como cualquier otra persona. Fue esa pérdida insoportable la que lo llevó a la depresión y una vida disoluta en París. Hasta que su viejo maestro, Simón Rodríguez, logró sacarlo de esas profundidades, Bolívar se dio cuenta de que podría dedicar su vida a un objetivo más elevado.

¿Cuánto cree que influyeron sus viajes por Europa y Estados Unidos para tomar el rumbo que tomó, y su encuentro con personas como Humboldt?
Bolívar comenzó a despreciar el sistema colonial español incluso cuando era muy joven, viviendo en España; era muy consciente de la corte corrupta y depravada del rey Carlos IV y la reina María Luisa. Fue allí donde entendió la venalidad en las raíces del poder colonial. El rey era débil, la reina era degenerada. Esta impresión aumentó, tal vez, durante su breve visita a los Estados Unidos, donde vio por sí mismo una nación liberada de la esclavitud colonial que estaba creando una realidad completamente nueva para sí misma. Y la sensación de que eso era posible se confirmó al escuchar a Humboldt, que acababa de regresar de sus expediciones latinoamericanas y dijo que la región estaba llena de promesas, si los latinoamericanos decidieran reclamar esas oportunidades para ellos.

Cuando Bolívar comenzó su campaña libertadora, afloraron sus rasgos particulares de carácter. ¿Cómo definiría su personalidad?
Él era, en el fondo, un hombre de la Ilustración. Creía con pasión que la humanidad había nacido para ser libre y que la libertad era preciosa. También era intrépido, una característica nacida de la convicción de que no tenía nada que perder. Ya había perdido a muchos de sus seres queridos. Era intelectualmente brillante, también rápido y creativo, capaz de tomar decisiones originales en el fuego del momento. Prácticamente inventó la guerra de guerrillas latinoamericana en ese proceso. Y a pesar de que no era un hombre grande, estaba al mando con su presencia: llenaba una habitación cuando entraba, su voz era resonante. Era el tipo de líder natural que compartía los sacrificios de sus soldados, dormía en el suelo con sus tropas e inspiraba gran confianza.

El libro describe tanto sus triunfos como sus frustraciones. En su opinión, ¿cuál fue el principal error que cometió Bolívar?

Perdió la fe en las masas. Pero tenía razones para hacerlo. Vio que la estructura colonial española había dejado al pueblo empobrecido, ignorante, dependiente de un sistema de castas, con una grave incapacidad para gobernarse a sí mismo sin una jerarquía intrínsecamente injusta. Como Gabriel García Márquez dijo una vez, la clásica noción del caudillo o dictador nació con Bolívar. Empezó a pensar que solo él podía salvar la república.

Y esa es una de las principales críticas que se le han hecho: su desconfianza respecto a que en estos países podía funcionar la democracia. Su talante de dictador.
Creo que Bolívar comenzó como un libertador magnánimo, altruista, antes de ver que la democracia ‘estilo Filadelfia’ no era adecuada para el caos que siguió a su revolución. En Perú, donde asumió por primera vez el papel de un verdadero dictador, había poca unidad entre los criollos y una gran subclase se estaba volviendo cada vez más ingobernable. Una vez que experimentó el poder que una dictadura podía darle –el tipo de poder desmesurado que alguna vez había despreciado en Napoleón– se volvió dependiente de él.

Otras de sus decisiones, como haber declarado la guerra a muerte, o el exterminio de prisioneros, también lo muestran como un hombre dominado a veces por la crueldad. ¿Lo considera así?
Bolívar entendió que los ejércitos del rey se habían agudizado por la guerra napoleónica en España. Los soldados españoles llegaron a los campos de batalla de América Latina despiadados, fuertemente armados, entrenados para librar una guerra mortal hasta el final. Hay que entender que en aquellos días los ejércitos revolucionarios de Bolívar no eran completamente disciplinados: corrían para unirse al lado opuesto cada vez que parecía que ese lado opuesto podría ganar. La única forma en que Bolívar sentía que podía imponer disciplina y derrotar a un ejército experimentado era declarando una guerra a muerte a cualquiera que se atreviera a tomar las armas contra él.

En medio de su lucha, Bolívar saltaba de un romance a otro. Pero esto cambió cuando conoció a Manuela Sáenz, que usted dice que fue su gran amor. ¿Por qué?

Manuela Sáenz era tan fuerte y valiente como Bolívar. Había perdido su rango en la ‘sociedad respetada’ cuando dejó a su esposo por Bolívar, en primer lugar. Ella tampoco tenía nada que perder. Creo que la admiraba por ese poderoso sentido de sí misma. Bolívar había sido un mujeriego desenfrenado, llegó a tener más de treinta amantes desde la muerte de su esposa, María Teresa. Pero se volvió leal a Manuela y dependía de su instinto y de su inteligencia. Incluso, mientras se dirigía hacia el norte por el Magdalena, esperando entrar en una vida de exilio, él esperaba estar con ella por el resto de su vida. Si eso no es amor, ¿qué es?

¿Cómo explica la influencia posterior de Bolívar en América Latina? Su vida ha inspirado tanto a grupos guerrilleros como a ideologías de derecha.
Bolívar es único en esto. Fue tan admirado y amado por el general Pinochet como por Fidel Castro. Fue el modelo del régimen opresivo de derecha del generalísimo Franco, y fue el modelo de la revolución socialista de Hugo Chávez. Su leyenda ha sido utilizada por derecha e izquierda, y se ha torcido para servir a muchos maestros. Como quería que América Latina se uniera en una poderosa fuerza panamericana, esa noción ‘bolivariana’ fue adoptada por los regímenes de izquierda en este siglo para unir a las naciones marxistas como un baluarte contra Estados Unidos y Europa. Y como creía en los principios liberadores de una sociedad educada, se han fundado escuelas y universidades en su nombre en todo el continente. No puedo pensar en otra figura histórica que haya inspirado objetivos tan diversos.

¿Cree que lo que vivimos hoy en Latinoamérica, política y socialmente, es una herencia de su pensamiento?
Sí, sin duda. Somos herederos de sus éxitos y de sus fracasos por igual.  

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