‘Solo se aprende a partir de la experiencia propia'

‘Solo se aprende a partir de la experiencia propia'

La escritora mexicana Liliana Blum habla sobre su libro de cuentos 'Tristeza de los cítricos'.

Liliana Blum

La escritora LIliana Blum es considerada una de las mejores cuentistas actuales en México.

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Lisbeth Salas

Por: Pablo Concha
11 de mayo 2020 , 11:06 a.m.

¿Puede una fruta experimentar un sentimiento humano como la tristeza? Con esta inquietud se adentra el lector en los cuentos de Tristeza de los cítricos, de la autora mexicana Liliana Blum, (Páginas de Espuma), cuyo curioso nombre da una buena pista de lo que van a encontrarse los lectores si están familiarizados con la citricultura o saben el significado de la expresión. La tristeza de los cítricos es una enfermedad provocada por un virus que afecta a naranjos, mandarinos y pomelos y que debilita el árbol, causando producciones escasas, y llega a matarlo en cuestión de meses o semanas si el virus es violento.

Las protagonistas de estos relatos parecieran haber sufrido el contagio de algo, aunque se trata de una afectación a nivel emocional o psíquico que se ha ido extendiendo y propagando hasta afectar las decisiones presentes. Esta infección puede haberla provocado una retahíla constante e interminable de refranes populares repetidos por una madre abnegada a su hija joven, o las justificaciones vacías de un esposo para engañar a su mujer, o la falsa seguridad en el poder del dinero fácil y la certeza –injustificada también– de que se reaccionará adecuadamente en una situación de vida o muerte; las causas del posible contagio no siempre son claras. Las mujeres de estos relatos deben pagar un alto precio por la ingenuidad con la que en ocasiones enfrentan el mundo, las revelaciones y la sabiduría llegan cuando es ya muy tarde para cambiar algo. Blum muestra estos escenarios sin vacilar y con la crudeza necesaria para resaltar lo absurdo de la violencia que infligimos a otros, a nosotros mismos y lo implacable que puede ser el mundo con quien no aprende.

Blum, que nació en Durango, México, en 1974, se formó en Literatura Comparada en la Universidad de Kansas (Estados Unidos). Luego, adelantó una maestría en Educación con especialidad en Humanidades. Es autora de las novelas El monstruo pentápodo (2017) –que también se consigue en el país– Pandora (2015), Residuos de espanto (2013) y varios libros de relatos.

Los libros de cuentos son usualmente bautizados con el nombre de alguno de los relatos que los integran. No es el caso de 'Tristeza de los cítricos'. ¿De dónde viene este título y por qué decide utilizarlo?
En lo personal, no me gusta bautizar un libro con el título de un texto del mismo. Prefiero usar líneas de libros que me gustan o autores que admiro, como en el caso de mi novela breve Residuos de espanto, título que tomé de Los pasos perdidos de Alejo Carpentier. En el caso de Tristeza de los cítricos, mi editor y yo decidimos usar este nombre que viene en uno de los relatos del libro y que aludía a un personaje muy decaído. La tristeza de los cítricos es el nombre de un virus que ataca a todos estos frutos y es capaz de echar a perder cosechas enteras. A mí siempre me ha parecido un nombre muy poético y una buena metáfora de la atmósfera de casi todos mis cuentos. Mis personajes, ante la violencia, la imposibilidad de relacionarnos como seres humanos, caen invariablemente en una tristeza absoluta.

¿Los cuentos de este libro fueron escritos pensando en formar un conjunto?
No fueron concebidos como un proyecto de libro. Los fui escribiendo a lo largo de varios años. Luego me di cuenta de que había una cierta unidad temática entre los textos: los unía la tristeza, la violencia, las relaciones fallidas, el desamor. Fue entonces que armé el conjunto. Sin embargo, el orden de los relatos se lo debo a mi editor.

En la mayoría de historias, las mujeres parecen ser castigadas por su ingenuidad, tienen que soportar vejámenes y atrocidades. La enseñanza o experiencia siendo devastadora. ¿Solo a través del sufrimiento es posible aprender?
Yo no veo lo que les sucede a mis personajes femeninos como un castigo, porque eso implicaría que se merecían de alguna manera lo que les ha ocurrido a partir de algo que hicieron previamente, y creo que nadie se merece una violación, una infidelidad, tortura o la muerte. Sin embargo, creo que solo es posible aprender a partir de la experiencia propia. Muy pocas personas tenemos la capacidad de ‘escarmentar en cabeza ajena’. Si así fuera, sin duda nos ahorraríamos mucho sufrimiento a lo largo de nuestra vida.

En el cuento 'Agua en los pulmones' hay una frase que dice: “Pero casi nunca esperamos ninguno de los eventos determinantes que os suceden en la vida”.
Parece algo que podría aplicarse a cada una de las historias del libro: lo impredecible que es el mundo. ¿Podría ser este uno de los temas centrales de este libro?

Sin duda. Creo que la vida es un conjunto de eventos fortuitos que se combinan con nuestras propias decisiones, pero en el esquema general de las cosas, nuestra injerencia es mínima comparada con lo azaroso de la fortuna. No importa qué tan bien planeemos las cosas o trabajemos con un objetivo en mente, el mundo es totalmente impredecible y está siempre dispuesto a soplarle a nuestro barquito de papel para hundirlo.

No importa qué tan bien planeemos las cosas o trabajemos con un objetivo en mente, el mundo es impredecible y está dispuesto a soplarle a nuestro barquito de papel.

El relato 'El diablillo en la balsa' parte de dos noticias reales para configurar la narración. ¿Cómo fue el proceso de escritura de este cuento?
Siempre me pareció una malísima broma del destino que un cubano lo arriesgue todo para salir de su país en una balsa con el sueño de llegar a Florida, y el maldito viento dirija la embarcación hasta el puerto de Tampico, Tamaulipas. Por más que a los mexicanos nos guste rasgarnos las vestiduras en cuanto a la situación de nuestros migrantes en Estados Unidos, el Gobierno mexicano en su trato con otros migrantes hace que Trump luzca como un santo varón. Apenas los pobres cubanos son interceptados en el mar, son encarcelados de inmediato mientras el Instituto Nacional de Migración contacta al Gobierno cubano para repatriar a los escapistas sobrevivientes, puesto que varios perecen en el trayecto. Desde luego sabemos que de vuelta en la Cuba castrista la recepción no será amistosa. En verdad es una vergüenza lo que el Gobierno mexicano hace. Una falta total de humanidad y solidaridad. Así que decidí unir estas dos notas: unos cubanos rescatados y otros que logran huir de la cárcel, en una especie de justicia poética. Además quise tejer una historia de amor alrededor, criticando la terrible exigencia cultural que, al menos en México, invariablemente nos enseña que como mujeres necesitamos un hombre al lado.

En una ocasión usted dijo: “Cuando hago novelas sigo los pasos de Stephen King, me enfrentó a él”. ¿A qué se refería exactamente?
Lo que quería decir en la entrevista a la que aludes (de alguna manera suena muy extraño eso de “me enfrento a él”) es que algo que me fascina de King es que aunque sean mil páginas, nunca es tedioso avanzar en su lectura, pues él sabe cómo llevar la trama fluyendo a través de un excelente manejo del conflicto. Se dirá lo que sea de Stephen King, pero hay mucho que aprenderle a su técnica. Entonces me prometí que el día que escribiera una novela, si bien sabía que no iba a cambiar el mundo ni a revolucionar conciencias (mi soberbia no es tanta), me conformaría con que fuera una novela que mis lectores no abandonaran a las primeras veinte páginas porque la encontraban lenta o tediosa. Que la terminaran sin ningún problema, y si de paso podía sacudirles un poco el pensamiento y hacerles cuestionarse algunas cosas, ya había ganado la batalla. Así que sí, King es uno de varios de mis referentes literarios.

En el último cuento del libro, 'Palabras bajo tierra', hay un curioso homenaje/juego metaficcional con la obra de las escritoras mexicanas Amparo Dávila y Cristina Rivera Garza. ¿Qué puede contarnos sobre la creación e intenciones de este relato?
Amparo Dávila es una escritora maravillosa, genial en pocas palabras, y nunca ha sido reconocida o leída como se merece. Siempre me pareció genial que en la novela de Rivera Garza una mujer se hiciera pasar por Amparo Dávila. Así que decidí seguir el juego de esa autora y jugar un poco con su propio juego, haciendo que la mesera, el personaje de mi cuento, confundiera a Cristina Rivera Garza con Amparo Dávila. Al igual que en La cresta de Ilión (Literatura Random House, 2018), el tema de la pérdida de la cordura y dejar de estar en contacto con la realidad, paulatinamente, es una temática que siempre había querido explorar. Así que el último texto de mi libro Tristeza de los cítricos viene justamente de este afán lúdico y el deseo de explorar la locura.

Aparte de la influencia de Amparo Dávila, Cristina Rivera y los guiños a Stephen King y a Nabokov, ¿qué otros autores podría decir que han influenciado o inspirado su narrativa?
Supongo que todo lo que he leído en algún momento de mi vida confluye de alguna manera, pero hay otros autores que me han inspirado: Margaret Atwood (que me parece la mejor escritora viva), así como Rosario Castellanos y otras escritoras como Joyce Carol Oates, Lorrie Moore, Barbara Gowdy y Alice Munro.

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