'Los feminicidios son una epidemia'

'Los feminicidios son una epidemia'

La argentina Dolores Reyes habla de su novela 'Cometierra', en la que trata el duelo y la pérdida.

Dolores Reyes

Dolores Reyes, nacida en Buenos Aires en 1978, es reconocida también por su constante activismo en causas políticas y feministas.

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Malena Q

Por: Andrea Uribe Yepes
13 de julio 2020 , 12:44 p.m.

Son muchos los elementos que se ofrecen como puentes para quienes dicen ser videntes: el futuro o trazos de pasado pueden aparecer en las vetas del café o del chocolate, en los restos de un cigarrillo, en las líneas de las manos, en la intensidad de la mirada, en las cartas del tarot. La vidente de la novela Cometierra, sin embargo, no usa ninguno de estos caminos. Es la tierra la que aparece como un medio para conectarse con cuerpos que fueron violentados y que ya no están. Dolores Reyes, escritora, activista, docente, madre argentina y autora de esta novela, dice que no fue una elección la de convertir la tierra en este canal, sino que la imagen le sobrevino sin poder evadirla.

Estaba en una de las sesiones de un taller de escritura al que asistió durante años, cuando el poeta y novelista argentino Marcelo Carnero comenzó a leer un cuento breve, de una sola página. Ella cerró los ojos para concentrarse más y siguió así, totalmente volcada en el cuento, cuando oyó la frase: “Tierra de cementerio”. Ahí la vio: “Una nena muy chiquita, flaca, con el pelo largo sentada en un cementerio empuñando la tierra y dispuesta a comérsela”. Esa imagen fue la piedra angular, el inicio del hilo que al tejerse se convertiría en su primer libro.

Aunque la autora es feminista y defensora del aborto libre desde que tenía 14 años (hoy tiene 42), y ha hecho activismo con su escritura por medio de artículos y publicaciones, en la novela se aleja del tono panfletario para hablar de feminicidios, dolores y pérdidas a través de un personaje único: una niña que ha sido víctima y testigo de violencias atroces y que está en un contexto en el que no parece haber horizontes, pero que siempre encuentra la suficiente piedad para ayudar a quienes sufren, cerrando el puño sobre la tierra y metiéndosela a la boca.

Es una novela sobre dolor, abandono, desapariciones, y en gran parte sobre feminicidios. ¿Por qué la decisión de hacer ese tema protagonista?
Los feminicidios son realmente una epidemia. Esto pasa todos los días y todos los meses y todos los años. Nos la pasamos viendo chicas violentadas, muertas, desaparecidas, arrojadas a la basura. Me pregunto mejor: ¿cómo dejarlo pasar?, ¿cómo no tomarlo como material de escritura?

Tanto Cometierra, la joven vidente, como los personajes que piden su ayuda están buscando un cierre a un momento de dolor. ¿Es, entonces, una novela sobre el duelo?
Sí, pero es más una suerte de reclamo con las investigaciones. ¿Qué tiene que pasar para que una familia vaya a un barrio marginado a buscar a una vidente que come tierra para saber qué pasó con sus mujeres? No es que van desde el principio, sino que agotaron una serie de instancias ligadas al Estado y ese Estado no dio respuesta. Eso interrumpe el duelo y la posibilidad de despedirse.

El lenguaje de la novela es muy directo y cotidiano. No hay muchos artilugios. ¿Esto responde a su estilo o hay una intención de narrar esta obra de esa manera?
Hay una intención narrativa. Uso el lenguaje de grupos sectarios y sociales muy determinados. Escribo como hablan los adolescentes y los adultos muy jóvenes cuando están golpeados por la vida, cuando han perdido a sus seres queridos y están muy dolidos y metidos para adentro.

El libro renuncia a la teatralidad de la violencia. Aparece enunciada, pero no es descriptiva ni morbosa. ¿Por qué tomó esta decisión?
Me parece que el cuerpo violentado ha estado en la historia del arte, en la literatura, en los medios de comunicación, demasiado; hay un morbo y un placer extendido por ver el cuerpo de las mujeres violentadas, una erotización. Yo quería despojar de toda esa carga a un cuerpo muerto. Porque no es un espectáculo. También estoy contando desde la voz de una hija de un feminicidio, de manera que no puedo estar narrando como si fuese un acontecimiento morboso, erótico o magnético. Lo narro desde la aflicción.

¿Qué tipo de lecturas la acompañaron mientras estaba escribiendo la novela?
Es muy raro esto. Tengo los procesos bastante separados. Por mucho tiempo me dediqué a leer a nivel bestial, pero cuando me dediqué a escribir me puse dentro de los personajes. Mientras más adentro era mejor porque más perseguía la voz de ellos, su voz genuina, y eso me servía para escribir mejor. No sentía que leer libros en ese momento fuera útil; no quería ninguna otra cosa que oír las voces y ver los espacios del universo de Cometierra.

El cementerio es un lugar y una presencia que atraviesa la novela. ¿Tiene una fascinación particular por ese lugar?
Sí, empecé a ir con mi abuela una vez por mes cuando era chica y la veía lustrar la tumba de mi abuelo. Le sacaba brillo y la ponía bonita. Ahora en todos los lugares a donde voy, visito el cementerio. Me encantan los epitafios, el tema de la concentración de la palabra y cómo se puede decir tanto en tan poco. Además pienso que la ubicación, la edad en la que la gente se muere y otros elementos que pueden verse en el cementerio dicen mucho de la sociedad de la que hace parte ese lugar.

¿Qué tanto estuvieron presentes sus hijos mientras escribió 'Cometierra'? ¿Es una novela para ellos?
Mientras escribía pensé en mis siete hijos un montón, tanto en mis hijos hombres como en las mujeres. Estas luchas vienen a liberarnos no solo a las mujeres o a los cuerpos feminizados, también es un mandato espantoso el de potencia y virilidad que hace que destruyas a tu pareja o expareja y destruyas la vida de tus hijos por violencia. Se lucha contra la violencia de género para liberar a todos de esta sociedad horrible que construimos y que necesita matar mujeres y niños.

En una entrevista dijo que 'Cometierra' se le apareció y usted fue detrás de ella intentando escribir. ¿La dejó ir o la sigue rondando?
No, no la dejé ir de ninguna manera. Sabía desde el comienzo que había casos y personajes dentro de la novela que no iba a poder cerrar en una primera novela. Tenía claro que iba a continuar escribiendo, y es lo que estoy tratando de hacer ahora: seguir la escritura de Cometierra

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