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La 'Fiebre tropical' de Juli Delgado
Juli Delgado

Juli Delgado también ha escrito el libro de ensayos Quiéreme, y uno dedicado a cuentos, ¡Cuéntamelo!

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Paola Rodriguez

La 'Fiebre tropical' de Juli Delgado

Juli Delgado también ha escrito el libro de ensayos Quiéreme, y uno dedicado a cuentos, ¡Cuéntamelo!

El escritor y activista queer ha despertado elogios de la crítica con su primera novela.

Aburridas. Así le parecían a Juli Delgado Lopera las tertulias literarias a las que asistía a leer sus textos o a escuchar lo que otros escribían. Cada vez que estaba en una pensaba: ‘por qué, si la literatura era tan hermosa, esos eventos eran tan simplones’. Entonces empezó a ir vestido de drag; ya se había enamorado de transformarse y maquillarse y buscar ropa y pelucas que hacían que cualquiera se volteara si él pasaba.

Así, con unas botas altas e imposibles del color de la plata, unos pantalones negros ajustadísimos y una chaqueta enorme de peluche, subió al escenario de las Ted Talks en San Francisco. En la cara tenía pegadas perlas y en los ojos, de color azul grisáceo, se pintó sombras como el humo. Comenzó la charla así: “Mi pasión por la poética del lenguaje de todos los días. Tenemos las cinco de la tarde de un sábado en el comedor de mi abuela, una mesa llena de escandalosas e imparables mujeres, (...) todas quejándose de la ineptitud de sus maridos o de los precios al alza del supermercado.
Algunas hacen gestos grandilocuentes señalando con sus bocas, otras inventan palabras…
”. Habla de sus tías y de las tías de su madre, en la casa de su abuela materna.

(Puede leer: El arte de la soledad, según Stephen Batchelor).

Después del colegio, cuando vivía en Bogotá, donde nació, Juli Delgado Lopera llegaba a la casa de su abuela en el barrio Cedritos a pasar la tarde. Lejos de la vida estricta y ordenada que reinaba en la casa de su madre, este espacio estaba lleno de dicha; podía hacer desorden. Fue su abuela y los entornos que ella creaba los que le enseñaron del performance femenino, del drama en los gestos y de cierto spanglish. También fue su abuela quien le dijo: “Tú te vas a hacer rica contando mis historias”. No se equivocó.

Juli es escritor; emigró a Miami y ahora vive en San Francisco, donde escribe ensayos, novelas y cuentos. También allí tiene su familia queer y desarrolla proyectos para que la comunidad LGBTI, que es la suya, pueda escribir y expresarse. Obtuvo una licenciatura en Estudios de Mujeres y Género en la Universidad de California, en Berkeley, y se graduó de una maestría en Escritura Creativa en la Universidad Estatal de San Francisco. Además de escribir, ha desarrollado proyectos que van desde reconstruir la historia de la comunidad LGBTI migrante en San Francisco hasta generar rutas para que personas trans lean libros para niños en bibliotecas públicas.

Juli Delgado estará  presente en la Feria del Libro de Bogotá. 

Foto:

Rebeka Rodriguez

Ha publicado tres libros: Quiéreme, que son ensayos sobre su universo íntimo; ¡Cuéntamelo!, una colección bilingüe de cuentos sobre inmigrantes LGBTI latinos y Fiebre tropical, su primera novela, publicada por The Feminist Press en Estados Unidos.
En sus libros le gusta explorar la falta de límites del spanglish, las mujeres tenaces, la migración y el género. Con ellos ha ganado premios como el Lambda Literary Award, el Independent Publisher Book Award y el Ferro Grumley, y ha recibido becas de Hedgebrook, Headlands Center for the Arts o Brush Creek Foundation of the Arts.

Sobre Fiebre tropical, el periodista Dwight Garner del New York Times dijo: “Puedes abrir esta novela en cualquier lugar y encontrar rayos de sol, los signos de un escritor que está puliendo sus propios colores”. “Una voz inimitable”, dijo en su crítica Los Angeles Review of Books.

La paleta enorme de tonalidades de este libro fue traducida este año por la editorial Planeta pensando en un público que habla más español que inglés, pero que puede armarse en la cabeza una atmósfera latina y caliente cuando al abrir una novela la primera frase que se lee es:

Creció en Bogotá, una ciudad muy distinta a Miami, a donde terminó mudándose con su familia. ¿Cómo fue llegar allá?

Yo me imaginaba que iba a ser como vivir en Saved by the bell, un lugar lleno de gente mona y bonita, pero no fue tan así. Lo primero fue el clima, pasé del frío a un sitio caliente con mucha humedad. Recuerdo que si me alisaba el pelo, al segundo ya estaba esponjado. Había otro tema, y es que yo no vivía en Miami propiamente, sino a media hora, en un suburbio, y llegué de 15 años. Entonces no podía manejar y eso quería decir que estaba encerrada. En Bogotá yo cogía un bus y podía ver la ciudad, pero acá no. También me encontré con una familia que se estaba volviendo muy cristiana y todo giraba alrededor de la iglesia y yo intenté encajar, pero había algo dentro de mí que pegaba gritos. Realmente cuando llegué no encontré un lugar para mí.

(También puede leer: 'Quería entender qué piensa una mujer que quiere amar a otra mujer').

Usted cuenta que cuando vivía en Bogotá hablaba mucho, y al llegar a Miami esto cambió radicalmente. ¿Por qué?

En Bogotá yo era muy vocal. Protestaba, preguntaba, hablaba mucho… Pero en Estados Unidos no sabía expresarme y cuando lo hacía la gente se burlaba de mi acento y de cómo hablaba. Sin embargo, me interesaba mucho el idioma de la calle, me encantaba ver a los cubanos redefinir el español y el inglés. Ellos no decían: “I call you back”, sino: “Te llamo pa’ atrás”; no decían: “peanut butter”, sino: “pina bora”. Al principio me parecía terrible, pero luego me empezó a fascinar. Creo que el spanglish es el idioma del futuro, una intersección de idiomas que todavía no es reconocida, pero que representa a muchas personas que se expresan así. Solo en Estados Unidos hay cincuenta millones de latinos.

Y ¿fue en ese ‘silencio’ de Miami cuando empezó a escribir?

Creo que el spanglish es el idioma del futuro, una intersección de idiomas que aún no es reconocida, pero que representa a muchas personas que se expresan así

Yo he escrito cositas desde adolescente, pero no sabía que eso era lo que quería hacer. Cuando llegué a San Francisco empecé a escribir más; sin embargo, pensaba que en español nadie me iba a leer y en inglés me sentía raro y no entendía todas las texturas del lenguaje. Pero encontré muchos libros que me dieron como ‘permiso para escribir’ como yo quería, sin tantos límites. Leí a Pedro Lemebel, a Junot Díaz, y ellos me dieron licencias para hacer lo que se me diera la gana. Luego hice la maestría en Escritura Creativa y ahí entendí mejor cómo hacerlo.

¿Ver tantas telenovelas con su abuela también le ayudó de alguna manera en los procesos de escritura?

De las telenovelas aprendí ese amor gigante que todo lo puede, que es superintenso. Me dieron muchas estructuras dramáticas. Recuerdo que me aprendía todas las canciones y luego en mi habitación volvía a actuar todo el drama de la novela y me daba besos con mis posters. Las novelas me dieron amor por el conflicto y el drama. Y fue gracias a ellas y a las canciones que ‘aprendí’ cómo funcionaban el mundo y el amor. Me lo creía todo.

(Le recomendamos: Los rastros del destierro).

Usted ha dicho que la historia comienza con las palabras. Sus libros publicados en Estados Unidos están firmados como Juliana y la edición colombiana de Fiebre tropical como Juli, ¿por qué es así?

Yo llevo unos cinco años sabiendo que soy trans y todo eso es una cosa muy lenta, por lo menos en mi proceso. En Estados Unidos lo quería publicar como Juliana porque Juli no hace diferencia de género acá, el Juliana sí tiene más peso latino y yo quería ese marcador latino. Cuando sacamos la edición con Planeta pensé que el Juli sí hace diferencia de género en Colombia. Además llevo dos años con este nuevo nombre, que tal vez cambie.

Fiebre tropical cuenta la historia de Francisca, una chica que acaba de migrar a Miami y se enfrenta con la adolescencia, una familia muy religiosa y un idioma nuevo. Algo que llama la atención es la crítica al matriarcado y a ciertas formas de la maternidad, ¿por qué resuena con ese tema?

La novela acaba de ser traducida al español, en la colección Temas de Hoy (Planeta).

Foto:

Archivo particular

Crecí en un matriarcado que supuestamente me iba a proteger de todo y vivía superorgullosa de ser parte de algo así. No lo veía críticamente porque estaba muy cerca. Cuando salí del clóset –que me sacaron– me di cuenta de que ese matriarcado es muy frágil y que en realidad tiene un montón de cosas tóxicas. Entonces quería ser más crítica sobre la maternidad y sobre el estar rodeada de mujeres y ver que en muchos casos ahí hay mucho miedo a la diferencia.

En la novela le habla directo al lector y lo interpela en todo momento, ¿por qué decidió estructurarla así?

Viene mucho de andar por Bogotá y ver a la gente que te llama de todo lado, la gente que está en la calle como: “reinita venga, sin compromiso, llévelo”, eso me fascina. El idioma hablado me atrae mucho y esa parte de la estructura está basada en esto, en los sonidos de la calle que surgen porque todo el tiempo están tratando de venderte cosas.

(También lea: La industria del turismo les apuesta a los viajeros LGBT).

¿Qué lecturas hizo mientras construyó Fiebre tropical?

A Pedro Lemebel, Papi, de Rita Indiana, Un mundo huérfano, de Giuseppe Caputo, La maravillosa vida breve de Oscar Wao, de Junot Díaz, los cuentos de Lorrie Moore, Jennine Capó Crucet.

Usted a veces hace performance drag, ¿qué siente mientras lo hace?

Fui a estudiar a Berkeley y mi mejor amigo era maricón; él hacía drag y me llevaba a Esta Noche, que era un bar gay muy latino. Yo iba y le ayudaba a hacer las pelucas y recuerdo que un día me maquilló y, wow, me encantó. Pero yo en ese momento era chica y sentía que mi transcendencia de género debía ser hacia lo opuesto y el performance de masculinidad no es tan chévere. Pero sí me gustó mucho maquillarme y poder ir más allá del pensamiento binario de género que es tan violento. ¿La sensación? Que me puedo comer el mundo.

¿Qué piensa de la palabra queer? ¿Qué lo hace queer a usted en específico? ¿Cómo se ve eso en su escritura?

Yo llevo unos cinco años sabiendo que soy trans y todo eso es una cosa muy lenta, por lo menos en
mi proceso.

Queer es una aproximación al mundo que intenta deconstruir todas las violencias que existen e ir en contra de la normatividad. Tiene mucho que ver con la liberación. Para mí esa palabra también tiene que ver con llamar a ese linaje ancestral, sentirme conectado con otra gente LGBTI que ha existido antes de mí. Me ha costado mucho llegar hasta acá como transexual, entonces ahora me apropio de esas palabras y las llevo conmigo.

(Puede interesarle: 'Todo esto era nuestro', un cómic sobre el fin de un amor).

Ahora está escribiendo una novela que tiene lugar en Bogotá, ¿por qué decidió ‘volver’?

Es una novela que habla de una niña que pierde a su mamá y su papá es un maricón enclosetado. Ella ve la vida del papá desde los años cincuenta en Ibagué hasta los años setenta en el underground gay en Bogotá. Creo que es importante para mí conectarme con un linaje queer que viene de Colombia. También me gusta la idea de dejar de centrar la historia LGBTI en Estados Unidos o en Europa, porque en realidad la protesta criolla lleva sucediendo hace mucho tiempo y me interesa mucho mostrar eso. 

*Juli Delgado estará en una charla en la Feria del Libro de Bogotá, el sábado 14 de agosto a las 4 p.m.

ANDREA YEPES CUARTAS

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