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'Escribir, por mucho que me guste, puede ser una tortura’: Moehringer
J.R. Moehringer

El escritor y periodista J. R. Moehringer se dio a conocer con Open, el libro que relata de forma apasionante la vida del tenista estadounidense Andre Agassi.

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'Escribir, por mucho que me guste, puede ser una tortura’: Moehringer

El autor J.R. Moehringer, biógrafo de Andre Agassi, habla de periodismo y de su novela, A plena luz.

J. R. Moehringer llegó como becario a la sala de redacción del New York Times. Tenía poco más de veinte años y la emoción de sentir que comenzaba a hacer realidad su sueño de ser periodista en el diario que más admiraba. No importó que tuviera que dar los primeros pasos como “el chico de las fotocopias”. El entusiasmo, sin embargo, le duró poco. Sus jefes le dijeron que no había espacio para él en ese lugar y le recomendaron buscar camino en algún diario de una ciudad intermedia. La decepción todavía sigue viva en la mente de Moehringer, que en efecto salió de allí hacia un diario más chico y después llegó a la redacción de Los Angeles Times. Su particular madera de periodista –que no vieron en Nueva York– la desarrolló en ese periódico: con un reportaje que hizo sobre los descendientes de esclavos que vivían a orillas del río Alabama, en un lugar que parecía detenido en el tiempo, Moehringer ganó el Premio Pulitzer. Ese reportaje lo dejó, además, con algo rondando en la cabeza: si había logrado entrar en las historias de estas personas y narrar sus vidas, ¿por qué no podía hacerlo con la suya?

J. R. Moehringer nació en Manhasset, cerca de Nueva York, en 1964. Su padre lo abandonó antes de que él comenzara a hablar. Creció junto a su madre, en un hogar de muy pocos recursos económicos, apoyado en el afecto que encontraba en los hombres que frecuentaban un bar cercano. Esa fue la historia –su historia– que relató en El bar de las grandes esperanzas (The Tender Bar, su título original), publicado en inglés en 2005 y en español en 2015. El libro fue un éxito no solo por la trama que contaba, sino por la forma en que Moehringer lo hizo. En ese momento quedó confirmado que se trataba de un narrador de raza.

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Entre los miles de lectores que se conmovieron con esa historia hubo uno muy especial, que pensó que había encontrado en Moehringer lo que andaba buscando. Una tarde, mientras el escritor iba en un taxi, sonó su teléfono celular. La voz que le hablaba al otro lado de la línea se identificó como Andre Agassi. El tenista. Ex número uno del mundo. Moehringer no le creyó. Agassi tuvo que insistir hasta convencerlo. Luego lo invitó a uno de sus partidos para conocerse en persona. Sin tener claro de qué se trataba, Moehringer aceptó. Lo siguiente que recibió de Agassi fue la propuesta de que lo ayudara a escribir su autobiografía. Que fuera su ghost writer, mejor dicho. En un primer momento Moehringer le dijo que no. Quería seguir haciendo reportajes y no le sonaba la idea de ser un escritor fantasma: pensaba que su obra podía llegar a ser manipulada. Agassi no se conformó con su negativa, y al final Moehringer terminó aceptando, entre otros motivos, al ver que tenían cosas en común. La figura conflictiva del padre en sus vidas, por ejemplo. El suyo, ausente; el de Agassi, demasiado presente. El resultado de esta relación es Open, un libro alabado en todo el mundo y que le abrió a Moehringer las puertas de los lectores en español. Son unas memorias apasionantes que hacen que el lector pase las páginas sin importar si le interesa o no el mundo del tenis. Es la historia de un hombre, de sus victorias y sus derrotas, narrada de forma magistral.

Con la publicación de Open –y aunque ya tenía en su haber un Pulitzer y El bar de las grandes esperanzas–, los ojos de lectores y editores se volcaron hacia J. R. Moehringer. El sello Duomo, que ha sido el encargado de publicar su obra en español, sacó a la luz otra de sus creaciones: El campeón ha vuelto, un extenso reportaje que Moehringer había escrito para Los Angeles Times. Fue una historia que nació gracias a su insistencia de reportero. Era 1997. Alguien en la redacción del diario le entregó un pequeño recorte que incluía un dato: el boxeador Bob Satterfield, un peso pesado que había competido entre 1945 y 1957 y del que nada se había vuelto a saber, estaba viviendo en las calles como indigente y se hacía llamar ‘Campeón’. No había más información. Moehringer no descansó y tiró de la cuerda hasta armar la historia completa. Después la publicó en un libro titulado Resurrecting The Champ, que sirvió de base para la película del mismo nombre protagonizada por Samuel L. Jackson –y que, por cierto, a Moehringer no le gustó ni cinco. (Ahora espera que la versión que George Clooney va a hacer de The Tender Bar, con Ben Affleck como protagonista, resulté un experimento mejor).

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Pero Moehringer siempre había tenido atravesadala idea de escribir ficción. La posibilidad surgió cuando se encontró con la historia de Willie Sutton, el ladrón de bancos estadounidense que sumó más de cien asaltos entre los años veinte y treinta. Disfrazado de diferentes personajes, cuentan que robó más de dos millones de dólares de la época sin disparar un arma. Sutton fue llevado muchas veces a prisión, otras tantas se escapó. J.R. Moehringer se interesó en su leyenda y decidió recrearla usando la ficción. En A plena luz, el escritor narra la vida de este legendario ladrón que llegó a contar con la simpatía de muchos.

¿Recuerda la primera vez que oyó hablar de Willie Sutton?
No me acuerdo con precisión de la primera vez. Tengo recuerdos confusos de personas adultas a las que les oía hablar de él, generalmente con una sonrisa. Y recuerdo haber visto su rostro en las noticias, en los periódicos. Me acuerdo más vívidamente de haber visto su libro de memorias esparcido por mi casa. Un libro de bolsillo hecho jirones. Alguien debía estarlo leyendo, no sé quién. Yo era un niño, pero recuerdo haberlo recogido y hojeado el primer capítulo, fascinado y completamente confundido. También preocupado. ¿Un notorio criminal escribiendo sus memorias? Parecía un acto de tanto orgullo, un desafío tan descarado. Me pareció escandaloso.

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¿Qué le llamó la atención sobre la personalidad de Sutton? ¿Qué lo hizo querer escribir un libro sobre su vida?
No tengo amor por los criminales. De hecho, no tengo paciencia con los criminales. Pero Sutton era algo más que un criminal. Es importante destacar que se declaró no violento. También fue un actor, un escapista, un gran lector, un autor publicado, un verdadero caso atípico en lo que respecta a los criminales. Sobre todo era un símbolo. La gente seguía sus hazañas, lo vitoreaban; cantaban su nombre fuera de la cárcel cuando lo atrapaban porque lo veían como una expresión de su identificación antisocial. Durante la crisis financiera mundial de 2007 y 2008 pensé mucho en los bancos. Y en los banqueros. Cuánto daño le han hecho a Estados Unidos a lo largo de los años. Este pequeño grupo de idiotas descuidados y codiciosos había derribado la matriz financiera mundial. Un día, mientras sacaba mi dinero de un banco de Nevada que se tambaleaba al borde del colapso, estaba furioso. Me pregunté cómo podía descargar esa rabia y pensé en escribir un libro. Pensé en ficción histórica y me pregunté quién en la historia odiaba a los bancos más que yo en ese momento. Me vino a la mente Willie Sutton.

Willie Sutton, protagonista del nuevo libro de Moehringer, en una imagen tomada por el departamento de policía de Nueva York, 1950.  

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¿Cree que podría ser amigo de una persona como él?
No, no. No lo creo. Pero sí creo que podría haber tenido cenas maravillosas con él.

A plena luz es su primer libro de ficción. Su primera novela. ¿Cómo se sintió al escribirla?
La ficción es mi primer amor. Crecí leyendo novelas, amando las novelas, deseando ante todo ser novelista. Ahora que he escrito una, ahora que he experimentado la alegría y el dolor, no puedo esperar el momento para volver a hacerlo. Aprendí mucho. Espero aplicar esas lecciones en la próxima. Y en la siguiente.

El libro deja ver un gran trabajo de investigación sobre la vida de Sutton, que debió estar sustentado en su brazo periodístico. ¿Cómo fue ese proceso?
Escribir, por mucho que me guste, puede ser una tortura. La investigación, en cambio, es el puro e inagotable placer. La investigación combina dos de mis cosas favoritas: leer y leer más. Enterrarme en una biblioteca, examinar documentos antiguos, juntar datos de periódicos y entrevistas policiales y tratar de resolver un misterio de hace décadas. Para mí eso es lo más divertido que puede haber.

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La novela cubre un día en la vida de Sutton y en ese lapso recorre toda su vida. ¿Pensó mucho en la manera en que debía ser contada la historia?
Pensé en que sucediera totalmente en el pasado, avanzando rítmicamente hacia la víspera de Navidad de 1969, cuando Sutton fue liberado de la cárcel. Básicamente, cuando terminó su historia. No lo sentí como una decisión consciente. La mayoría de las historias –en el periodismo, en la ficción, en la narrativa de no ficción– quieren ser contadas de cierta manera. Sé que suena extraño, incluso casi místico decir que “la historia quiere”, pero esa ha sido mi experiencia. Las historias tienen una forma y el trabajo de uno como escritor es encontrarla, no crearla.

Portada de la novela de J.R. Moehringer, editada por Duomo.

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Archivo particular

Ahora que ha escrito una novela, y que tiene amplia experiencia con el periodismo, ¿qué opina de verdad es más fuerte que la ficción?
No suscribo esa máxima. A veces la verdad supera a la ficción, a veces sucede al revés. Pero a menudo son inseparables. Entonces, ¿quién puede decirlo? Nos esforzamos por decir la verdad, por saber la verdad, pero al final siempre estamos adivinando.

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En El bar de las grandes esperanzas hay un personaje con el que el protagonista –es decir, usted– tiene amores y desamores, pero que está lleno de sabiduría y que resulta clave: su madre. ¿Cuánto ayudó ella a hacer posible ese libro?
De hecho, escribí en los agradecimientos que, así como yo no habría existido sin mi madre, tampoco existirían mis memorias. El libro está dedicado a ella, y ella es su heroína. También fue su primera lectora y su primera editora, además una editora muy brillante. Su habilidad para diseccionar una oración, una escena, fue asombrosa. Pero eso no fue ni la mitad. Mientras planeaba El bar de las grandes esperanzas, mientras hacía los primeros bosquejos y entrevistas, ella me ayudó a recordar. Por medio de largas conversaciones, en persona, por teléfono, me ayudó a procesar esos recuerdos, intelectual y emocionalmente. Me dio cajas de fotos, diarios y cartas, compartió memorias complicadas que habían estado guardadas durante años. Ella me animó, me advirtió, me aconsejó y luego abrazó el libro cuando apareció, aunque describía escenas que todavía le resultaban dolorosas. Y años después de la publicación del libro, todavía recibía llamadas telefónicas de extraños, a altas horas de la noche, madres solteras que pedían consejos sobre la crianza de los hijos. Nunca los rechazó. Hizo todo lo posible por ayudar. Ella fue una de las grandes bendiciones de mi vida. Me dio muchos regalos y el libro solo es uno de una larga lista.

Entre los lectores de habla hispana su nombre fue conocido por Open, el libro que narra la vida de Andre Agassi. ¿Qué significó ese libro para usted, en términos de aprendizaje sobre el trabajo y la vida?
Significó todo para mí. Primero, me dio la oportunidad de dejar el periodismo diario, dar un paso hacia otro lado, hacer algo diferente. Algo más creativo. Me liberó para poder ir tras muchas pasiones y placeres diferentes. Pude hacer una profunda, muy profunda investigación en ese libro. Andre me concedió acceso completo a todas las personas de su vida. Y cuando la investigación estuvo hecha, me permitió contar la historia de forma novelística. Aunque todo en el libro es cierto, usé las herramientas de la ficción. Diálogo, suspenso, escenas... También tuve la alegría de vivir dentro de una historia que fue un viaje absolutamente emocionante. Solía bromear con Andre diciéndole que me sentía como si me hubiera dado las llaves de un Ferrari nuevo. Nunca me he divertido más escribiendo. Y la diversión siempre es la clave, sea cual sea el trabajo.

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¿Qué debe tener en cuenta un escritor al hacer un libro sobre la vida de otros, como este de Agassi o el que también hizo sobre Phil Knight, creador de Nike?
Una regla subestimada: al escribir sobre la vida de alguien, preste atención a las personas que lo rodean. La historia de todos es en gran parte la historia de aquellos que los ayudaron, les enseñaron, los amaron, los abandonaron, los frustraron. Esas otras minimemorias son parte de cualquier memoria convincente. Por otro lado, cuando se está investigando la vida de otra persona, cuando se le entrevista, a menudo va a contar una y otra vez una historia extraña que de alguna manera no conecta. Simplemente no aterriza. Tal vez sea ajena a tu experiencia, o tal vez no está bien contada. Quizás parezca redundante o aburrida. Pero hay que detenerse, considerar esa historia, no ser desdeñoso. Muchas veces ahí está la clave. Cada uno de nosotros tiene al menos una historia como esta, o una serie de historias, fundamentales para nuestra experiencia y nuestra alma, pero difíciles de transmitir a otra persona.

Sus libros anteriores. El de memorias de Andre Agassi le abrió las puertas de los lectores en español.

Foto:

Archivo particular

¿Aprende algo sobre usted mismo cuando escribe sobre otros?
Siempre. Es una ‘práctica’ maravillosa, como diría un budista. Imaginar el camino desde lo más profundo de la experiencia de otra persona y desarrollar ese tipo de empatía extendida.

¿Cómo ve el periodismo hoy? ¿Qué espacio está quedando para historias como El campeón ha vuelto?
Muy poco. Y ese poco espacio que queda, por desgracia, se está reduciendo permanentemente. Pero vivo con esperanza. Tenemos que encontrar espacio, como escritores, como lectores, como mundo, para el periodismo de largo aliento y duración. Es muy hermoso, muy importante, para dejar que se desvanezca. Es un vehículo de descubrimiento como ningún otro.

¿Ahora en qué tema está trabajando, ficción o no ficción?
En ambos. Estoy colaborando con alguien, pero no puedo decir con quién. Y al mismo tiempo estoy terminando una novela, ambientada en la década de los años cuarenta del siglo pasado. La Alemania de la posguerra.

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¿Quiénes son sus escritores de cabecera?
James Salter, Joseph Conrad, John Cheever, Renata Adler, Alice Munro,
Katherine Anne Porter, Ann Beattie, Zadie Smith, Rachel Cusk, W. G. Sebald, Saul Bellow, Gabriel García Márquez, Ernest Hemingway, A. J. Liebling. Y esta es una lista intensamente abreviada.

¿Qué les debe a ellos?
Solo puedo decir que todo. No podría señalar algo que he escrito y decir: esto lo aprendí de tal, o aquello de tal otro. Pero cada uno de ellos me ha dado, como lector, esa sensación de magia, de trascendencia, de conexión oceánica intensa; esa sensación de levitar levemente de excitación, y que es algo que trato de dar a los demás. Espero haberlo logrado.

Usted contó alguna vez que tenía una foto de Bob Satterfield en el baño de
su casa. ¿Todavía está ahí?
La saqué del baño, la llevé a la habitación de huéspedes y luego la moví a mi
armario cuando la habitación de huéspedes se convirtió en la del bebé. Alcancé a pensar en dejarla allí, pero me parece que todavía hay tiempo suficiente para que él aprenda sobre la belleza y la crueldad del boxeo. Ahora mismo le gustan
los conejitos. 

MARÍA PAULINA ORTIZ
Editora de Lecturas 
@mpaulinaortiz

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