‘Me gusta hablar de lo que se guarda en silencio’

‘Me gusta hablar de lo que se guarda en silencio’

Entrevista al escritor francés Marc Levy, autor del libro 'Ojalá fuera cierto'.

Marc Levy

Desde que su libro 'Ojalá fuera cierto' cayó en manos de Steven Spielberg, a Marc Levy le cambió la vida. El autor francés habla de la identidad y los personajes cotidianos de sus libros.

Foto:

Yomaira Grandett.

Por: Liliana Martínez Polo
09 de septiembre 2018 , 12:39 a.m.



Marc Levy era un padre de familia francés, al frente de una empresa de arquitectos, que le contaba cuentos a su hijo. Ese mismo padre de familia un día se pone a escribir una novela titulada Ojalá fuera cierto que, por vueltas de la vida, termina en manos del mismísimo Steven Spielberg. Es ahí donde le cambia la vida, como a la mayoría de los protagonistas de sus 19 libros escritos hasta ahora.

Levy –nacido en Francia, en 1961– se convirtió en un escritor best seller, traducido a una treintena de idiomas, con cifras de ventas que se cuentan en millones de ejemplares.

Desde ese sorpresivo punto de partida, Levy ha conmovido con historias como El primer día o Ella y él, la más reciente traducida al español. Algunos dicen que el amor con tinte de comedia romántica es su constante. Él, en cambio, manifestó en entrevista con Lecturas que son dos temas los que evoca siempre en sus novelas:

“El primero es la búsqueda de identidad –dijo–. El segundo es mostrar cómo personajes ordinarios pueden enfrentar situaciones extraordinarias. Me gusta contar historias de personas como usted, como nosotros, con los que los lectores se pueden identificar".

¿Por qué esa constante de personas del común ante sucesos extraordinarios?

Porque ese hecho extraordinario es una manera de entrar en la parte íntima de las personas. Por ejemplo, en las películas de Almodóvar, las mujeres no son heroínas, pero ellas mismas son extraordinarias. A través de estos personajes se puede hablar de temas que uno ha callado. Me gusta hablar de lo que se guarda en silencio.

Me gusta contar historias de personas como usted, como nosotros, con los que los lectores se pueden identificar.

¿Por qué?

Tengo la sensación de que uno desde pequeño experimenta muchas formas de soledad. Cuando lee y encuentra a personas similares, con los mismos problemas, se siente menos solo.

¿Cuándo empezó a ver la literatura como una forma de compañía?

Lo viví cuando empecé a leer, a los 12 o 13 años, cuando leí un poema de Jacques Prévert, un poeta famoso, que uno lee en Francia cuando es pequeño. Este poema habla de un niño que no trabaja en la escuela, y me identifiqué con ese muchacho.

Ahora que usted mismo escribe, ¿con cuál de sus protagonistas hay una identificación especial?


Es tan difícil como pedirles a unos padres que elijan a su hijo favorito. Pero hay uno, el niño de El pequeño ladrón de sombras. Él camina en la sombra de las personas, y cuando lo hace, la sombra le habla de los sueños e inquietudes de la persona. Al principio, le da mucho miedo ese poder y no sabe qué hacer. Pero un día se da cuenta de que si la sombra le habla, se debe a que él tiene que ayudar a esa persona. Para mí, es uno de los personajes que más pueden impactar.

¿Cómo imaginó un personaje con un poder así?

Era como caminar en un pasillo de un hospital, detrás de una enfermera que va preguntándole a cada paciente cómo está. A los 18 años me uní a la Cruz Roja y durante seis años pude conocer a estas personas y entender por qué dedicaban su vida a ayudar a los otros. Ahí surgió. Cada una de mis novelas viene de alguna experiencia. Por ejemplo, está el libro La química secreta de los encuentros, que en francés se llamaría El extraño viaje del señor Daldry

¿Cuál era la búsqueda ahí?

Es de las que abordan la búsqueda de la identidad, algo que pasa por los abuelos y padres y la forma como el destino de ellos puede impactar nuestras vidas. La química secreta de los encuentros habla de una mujer en Londres, en 1950, que va de fiesta en la calle y se encuentra con alguien que le dice: “El hombre más importante de tu vida acaba de pasar por detrás de ti. Para encontrarlo deberás hacer un largo viaje y localizar a las seis personas que te conducirán hasta él”. Eso le cambia la vida. Un día ella viaja a Turquía y se da cuenta de que es adoptada, que no es inglesa, que sus orígenes son armenios y que fue salvada de un genocidio. Me gusta mostrar la actitud que toma el personaje, el cambio que se da cuando descubre sus orígenes.

Me gusta mostrar la actitud que toma el personaje, el cambio que se da cuando descubre sus orígenes.

Hablando de cambios de vida, usted vivió uno con su primera novela...

Tuve mucha suerte, porque el primer libro que escribí lo compró Steven Spielberg e hizo una película –Ojalá fuera cierto se convirtió en Just Like Heaven, con Reese Witherspoon como protagonista–. Fue una suerte gigante. Fue pasar a vivir algo totalmente opuesto, porque antes tenía una empresa de arquitectura, y cuando esa primera novela fue un éxito, decidí consagrarme a escribir cosas que me gustaban.

¿Recuerda el proceso de escritura de esa novela? ¿Existía el temor de que no fuera leída?

No pensé que funcionaría; es más, no pensé ni que la publicaran. No la escribí para eso. La escribí a los 38 años para dársela a mi hijo, pensé: ‘cuando él tenga 38, se la daré para que la lea a esta misma edad’. Aún no los tiene, pero ya la leyó.

¿Qué fue lo más impactante del éxito de la publicación?
Todas las mañanas tenía miedo de levantarme. Pensaba que al despertar descubriría que era un sueño y tendría que volver a la oficina. Lo vi como una lección de humildad. La vida me acaba de dar una oportunidad que no sabía si merecía. En la cultura judeo-cristiana te dicen que primero sufres y después llegan las cosas buenas, pero eso a mí no me pasó. Me llegó primero lo bueno y pensé que si quería disfrutarlo, tendría que trabajar mucho más.

Supongo que como autor de ‘best seller’, no faltará quien diga que encontró la fórmula…

Si alguien piensa que hay una fórmula para vender libros, me gustaría que me la dieran. Habría evitado mucho trabajo y angustia. Si hubiera una fórmula para que los libros funcionaran, todo el mundo los vendería y todos los editores publicarían best sellers. Pero la magia de la literatura es que no hay fórmula, porque cada uno publica cosas tan diferentes. En 19 novelas he podido cambiar diez veces de estilo literario.

¿Diez veces? ¿Cómo explica esa evolución?

Cuando tuve la oportunidad de hablar con Spielberg, él me dijo algo: que la clave en el trabajo de un realizador estaba en saber ubicar la cámara. Entonces, aprendí que el cambio estaba en dónde ubicar el punto de vista a través de la novela para captar al lector. Puedes poner ese punto de vista en la parte interna del personaje, cerca, lejos o muy lejos. Aprendí a escribir los silencios también. Me gusta dejar un silencio para dejar que la persona que lee pueda completarlo con las cosas que vienen a su mente. 


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