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'Ñamérica': un retrato de América Latina, sin lugares comunes
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El Tiempo en Vivo: Libro del mes de septiembre: 'Ñamérica' de Martín CaparrósEl Tiempo en Vivo: Libro del mes de septiembre: 'Ñamérica' de Martín Caparrós.
Martín Caparrós

Juan Manuel Vargas. Archivo EL TIEMPO

'Ñamérica': un retrato de América Latina, sin lugares comunes

El escritor y periodista Martín Caparrós habla de su nuevo libro, en el que relata el continente. 

La llama Ñamérica. A lo que el mundo conoce como América Latina. Y la verdad es que ese nombre le encaja bien: la ñ es “nuestro signo particular”, el idioma que hablamos es el único que lo usa. Es una región que el escritor y periodista Martín Caparrós ha caminado desde hace años y que en su nuevo libro se dedicó a investigar, explicar y describir. Ñamérica pone en duda –o desmonta– esa serie de lugares comunes con los que suele definirse este territorio. Con la intención de responder qué somos, Caparrós recorre ciudades –Buenos Aires o Bogotá, Ciudad de México o Caracas– y las crónicas de cada lugar las une a ensayos que analizan las características que hoy marcan el continente. Un libro necesario para tratar de entendernos.

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¿Por qué escogió el mercado de Chichicastenango, en Guatemala, para empezar el libro?

Quería pintar una imagen muy folclórica, tradicional, que el lector se sintiera confortado entrando a un lugar que de alguna manera esperaba, para después decirle que esto no es, que esto es la estampita, que hemos cambiado y somos otra cosa. Había leído en una guía que en ese mercado andaba el espíritu latinoamericano. Me sorprendió la idea de un espíritu que funciona jueves y domingo. Un espíritu vago, en varios sentidos de la palabra. Me interesó desarmar ese lugar común.

Dice que uno de los sectores interesados en mantener esa idea de que lo auténtico es solo lo originario es el de los llamados ‘progres’. Paradójico, ¿no?

Sí, muchos progres actúan como si el cambio fuera un daño para ciertos sectores y culturas. Gente que pide, que reclama, que los indios puedan vivir como sus tatarabuelos y lo último que harían sería vivir como sus tatarabuelos. Aquellos que quieren que las cosas cambien, piden para ciertos sectores que no cambien. ¿De qué tienen miedo? ¿De que ellos no sepan cambiar, no sepan integrarse? ¡Que se mezclen!, como estamos todos. Lo bueno de América Latina, de Ñamérica, es la mezcla. Lo interesante es seguir así, no encontrar historias de pureza de sangre.

Es un territorio que primero recibió gente y ahora la gente se va. ¿Eso es un fracaso?

Es el gran síntoma del fracaso. En Ñamérica las olas inmigrantes están muy claras. Hace veinte mil años llegaron unos humanos de Asia Central, cruzaron el estrecho de Bering, se repartieron por todo el continente y durante quince mil años estuvieron solos. Después, en la segunda gran ola, llegaron los españoles. En los dos o tres siglos siguientes los españoles trajeron africanos a la fuerza para ser esclavos. Entre esas tres olas se armó la amalgama de lo que entendemos por ñamericano. Después hubo una cuarta, que fue muy numerosa: los europeos pobres que llegaron a finales del siglo XIX, sobre todo al sur de la región. Es muy fuerte que la quinta ola sea de expulsión y no de recepción. Y no hay más prueba del fracaso de una sociedad que el hecho de que la gente denigre de ella. Porque eso lo que quiere decir es que hay mucha gente que considera que no puede hacer en esa sociedad lo que querría hacer con su vida, que ha perdido la esperanza de cambiar esa sociedad junto con sus conciudadanos. Migrar es renunciar al cambio colectivo.

No hay más prueba del fracaso de una sociedad que el hecho de que se denigre de ella. Gran parte se va para lo que usted llama ÑUSA, y entre las crónicas incluye a Miami...

Miami es la capital de Ñamérica. O quizá no es la capital sino el capital. Habría que discutirlo. En todo caso sí es el lugar donde se realiza la idea de lo ñamericano. En el resto del continente tú eres colombiana, yo soy argentino, el otro es boliviano, el otro es mexicano. En Miami somos hispanos. Ahí se realiza la amalgama que hace que los ñamericanos seamos algo semejante. Es un modelo cultural muy fuerte. Lo que vemos en los barrios ricos de las ciudades ñamericanas ya no es imitación de París o Nueva York, es imitación de Miami. Es el modelo que triunfó. La difusión de la cachucha en toda la región es una marca muy fuerte de eso. El primer grito de liberación debería ser ‘quememos la cachucha’.

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¿En realidad somos tan parecidos en América Latina?

Hace doscientos años estamos construyendo las diferencias. Hablamos de unidad latinoamericana y construimos la desunión. El trabajo de las élites de cada país ha sido edificar el relato por el cual ese país es distinto del de al lado, por el cual en los llanos hay una línea que dice que el llanero de un lado es distinto al del otro. Eso es inverosímil. No sé si somos todos parecidos, pero sí sé que las fronteras no son las que marcan las verdaderas diferencias. Lo que trato de pensar en el libro es que hay rasgos comunes. Trato de entenderlos.

Uno de esos rasgos es la desigualdad, que parece imposible de eliminar. ¿Qué la ha hecho tan inamovible?

El libro es editado por Random House. 674 páginas.
$ 62.000

Foto:

Archivo particular

Mi hipótesis es que se relaciona con la forma en que se accede a la riqueza en Ñamérica, desde el principio y todavía, y que no tiene que ver con la construcción de una serie de medios de producción que te hagan ser lo suficientemente rico como para conseguir poder político –que es un poco el desarrollo tradicional de las grandes burguesías europeas. En nuestros países, desde antes de que fueran nuestros países, desde la Colonia,  la forma de conseguir la riqueza era tener poder político. Primero venía ese poder que te permitía quedarte, por ejemplo, con la mina de oro o la plantación de caña, y eso nunca cambió del todo. Seguimos viviendo el mismo esquema económico. Sigue siendo decisivo tener poder político para quedarse con las fuentes de la materia prima, que antes se llamarían oro y caña, y ahora quizás sean petróleo, soja o coca. Y si tu forma de riqueza consiste en extraer e importar, necesitas poca mano de obra y no necesitas mercado interno. Puedes darte el lujo de tener pobres muy pobres. No los necesitas para trabajar ni para que te compren, entonces qué te importan. Mientras ese siga siendo el esquema económico de la región, es probable que la desigualdad no se solucione.

Latinoamérica no es como la pintan. En esa imagen que se vende, por ejemplo la de ser la región más violenta del mundo, dice que tienen que ver los periodistas...

Es más fácil adaptarse a lo que esperan que digas que tratar de explicar por qué vas a decir otra cosa, y además encontrar otra cosa que decir y justificarla. Hay muchos periodistas muy bien intencionados que creen que lo más importante de contar es la violencia. Está bien contarla. Pero también es importante contar lo demás, y no se cuenta. Todo el tiempo nos dicen, y aceptamos, que Latinoamérica es el lugar más violento. Yo me puse a hacer cuentas y me impresionó ver que a lo largo del siglo XX era el continente menos violento. Durante ese siglo, en Europa hubo 70 u 80 millones de muertos violentos; en Asia casi 100 millones, en África 15 o 20 millones. En América Latina hubo dos millones, que es muchísimo pero infinitamente menor. Esa violencia era pública, de Estados contra Estados o sus ciudadanos. Después, en los años 80 y 90, la violencia se privatizó y empezó a ser un instrumento ya no del Estado sino de unos empresarios que extraían y exportaban cocaína y que para hacerlo necesitaban sus pequeños ejércitos. Esto produjo un grado de violencia privada que ha hecho que ciertas zonas de América Latina sean más violentas que casi todo el resto del mundo. Hay muchos matices.

El narcotráfico es otro de los temas ñamericanos. ¿Al poder le sirve mantener las cosas como están?

Yo sí sospecho que hay muchos gobiernos que les interesa que haya un sector delictivo que en última instancia no cuestiona sus fundamentos de poder, pero que les da una buena justificación para mantener un aparato de represión, y por supuesto les permite hacer negocios muy a menudo.

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¿Y a ese poder también le interesa que sigan existiendo pobres?

En un punto sí porque muchos partidos políticos se basan en el clientelismo asistencial, en el Estado como una máquina de dar limosna, y a cambio de eso se aseguran el apoyo electoral o político. Es un clásico de la región. Para que eso funcione necesitan que haya gente lo suficientemente pobre que tengan que entrar en ese mercado.

¿Una dinámica parecida a la de las iglesias en Latinoamérica?

Esa es otra historia interesante de la región, que es la más católica del mundo. La iglesia católica está perdiendo cada vez más espacio en los países más desarrollados y tiene que concentrarse en los lugares donde subsiste, que son los que tienen mayor proporción de pobres: América Latina y África, básicamente. Pero en Ñamérica les salió la competencia evangélica. Hace treinta o cuarenta años las iglesias evangélicas eran nada; ahora hay países donde son el cuarenta o cincuenta por ciento. Creo que por eso nombraron un papa ñamericano, para apoyar esa pelea en la zona donde todavía tienen más fieles.

Los estallidos sociales han sido protagonistas en estos últimos años latinoamericanos. ¿Se apagarán antes de lograr cambios reales?

No creo. Porque la insatisfacción está. El problema es que, mientras no haya un proyecto que todos los insatisfechos puedan pensar en llevar adelante, va a seguir siendo la lógica del estallido –ah, no soporto más, salgo, grito, corro– sin construir con eso. Ese es el problema, y no solo en América. En general en el mundo no hay ideas claras sobre cómo querríamos que fuera el futuro, cómo querríamos que fueran nuestras sociedades para vivir mejor. Esta es la característica principal de estos tiempos. No se trata de que haya un líder ni un iluminado, es un proceso que se va armando poco a poco, de mucha gente que intenta, suelta, busca, y de pronto algo cristaliza. Pero eso puede tardar décadas, siglos.

Y mientras tanto ponemos a los mismos en el poder, como un círculo vicioso...

Eso parece, sí. Viste que en la mayoría de los países se vota en contra del que está en el poder. Muchas veces, para hacerlo, votas por el que estaba antes que ese, por el que ya habías votado en contra. Y como tampoco hay tantas alternativas, vuelves a ponerlo ahí. Eso pasó últimamente en Argentina, en Chile, en tantos lugares. Es la mejor prueba de que no sabemos para dónde ir. Damos vueltas y vueltas.

En este panorama, ¿cómo ubica a personajes como Bukele o Maduro?

A mí no me sorprende que ciertos sectores quieran permanecer en el poder. Es lo que hace la gente en esa posición: aferrarse. Lo que me sorprende es que mucha de esa gente sea tan bruta, intelectualmente tan bruta. Sea tan mediocre que en cualquier otra actividad fracasaría. Imagínatelos siendo neurocirujanos, cineastas, ingenieros de caminos. Serían una catástrofe. No tendrían trabajo. Entonces, ¿qué tiene la política que cada vez favorece más el éxito de gente que no podría funcionar en cualquier otro ámbito? ¿Por qué los ponemos a gobernar?

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Otro sello de estos tiempos latinoamericanos es la fuerza del movimiento feminista...

Creo que esos movimientos –distintos, según los países– consiguieron mejoras increíbles en las condiciones de vida de las mujeres, en una región particularmente machista, que siempre fue bastante cruel con sus mujeres. Además, hoy estos movimientos son de los más activos políticamente en toda la región. Entre otras cosas, porque saben lo que quieren. Cosa que, como decíamos antes, no le pasa a la mayoría de los demás. En su caso las metas son muy claras. Funcionan mejor. 

Hablemos de reguetón, la música que Latinoamérica hoy le envía al mundo y que usted define como “una caricatura de lo peor del sueño ñamericano”. ¿Por qué?

Pone en escena un modelo de éxito económico, de conquista en distintos aspectos, de mujeres, de objetos caros, casas despampanantes. Si hubiera que hacer el reguetón por excelencia, sería Yo tengo, yo tengo, yo tengo. Me impresiona que pueda ser el eje tan exhibicionista de un movimiento cultural. Todo es brillo y oro, coches y rubias. Me hizo gracia cuando Maluma dijo que había llorado de emoción al recibir su primer avión privado. Si eso te hace llorar de emoción, disimúlalo. Pero no digas que eres artista y que lloras porque tienes tu primer avión privado. En un continente donde, además, hay cientos de millones de personas que no comen lo que deberían. Es muy curioso cómo han conseguido acceder a esta posibilidad pornográfica de mostrar y de decir cualquier cosa.

Termina su libro con un capítulo dedicado a ‘la peste’. ¿Qué tanto cambió la pandemia la realidad latinoamericana?

Lo que hizo con mucha fuerza –y no solo en América, sino en general– fue desvelar realidades que estaban allí y que muchas veces se nos ocultaban y muchas veces no queríamos mirar. En América Latina, donde hay muchos sectores particularmente jodidos, se puso en evidencia de manera extrema. Lo que va a producir ese desvelamiento es algo que se va ir viendo poco a poco. Todavía estamos en ese momento en que muchos tienen –o tenemos– la ilusión de que todo va a volver a ser como en diciembre de 2019. Cuando se pase esa ilusión, y terminemos de entender que no va a volver aquella normalidad, mucha gente va a reaccionar porque se va a dar cuenta de que no tiene salida.

MARÍA PAULINA ORTIZ
Editora de LECTURAS
@mpaulinaortiz

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