El rastreador de virus que advirtió llegada de una peligrosa pandemia

El rastreador de virus que advirtió llegada de una peligrosa pandemia

En Contagio, el escritor habló de un virus con la capacidad de poner el planeta al revés.

David Quammen

David Quammen se ha dedicado a estudiar los virus zoonóticos desde hace más de de una década. Ha escrito varios libros al respecto. 

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© Ronan Donovan

Por: María Paulina Ortiz
09 de noviembre 2020 , 06:00 p. m.

David Quammen ha recorrido medio mundo persiguiendo la historia de los virus. En selvas, en cuevas, en laboratorios. En países africanos, en rincones de China, en regiones del continente americano. Al lugar donde haya tenido que ir, hasta allá ha llegado este escritor y periodista científico estadounidense en busca de datos. Sus primeros intereses fueron la ecología y la biología evolutiva. Pero cuando se dio cuenta de que estas dos áreas estaban muy relacionadas con el fenómeno conocido como zoonosis –infecciones que surgen en los animales y que se transmiten a los seres humanos– su foco de interés se centró en eso: en los peligrosos virus con ese origen. Y comenzó a perseguir sus huellas, a buscar sus rastros. Su primera investigación a este respecto fue sobre el ébola. De ahí siguieron búsquedas sobre otros virus, como el VIH, la gripe aviar, la gripe porcina, el H1N1, y algunos cuyos nombres son menos conocidos, como el virus Hendra.

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Fue en 2007 cuando Quammen empezó a escribir sobre enfermedades zoonóticas para medios como National Geographic, Outside o The New York Times. Se concentró también en la divulgación científica por medio de los libros. Ya ha escrito más de quince –casi todos centrados en los temas de la evolución, la ecología y los virus – y en ellos mezcla de tal manera los datos científicos con las historias humanas, que el lector puede sentirse entre un thriller. Pero el libro que hoy se ha vuelto casi de lectura obligatoria, que ya es referencia de lo que está afrontando el mundo, fue publicado por Quammen en 2012, con el título de Spillover: Animal Infections and the Next Human Pandemic. Hace pocos meses se editó en español como Contagio, la evolución de las pandemias. En este libro el escritor estadounidense se dedicó a recorrer la historia de los principales virus zoonóticos, pero en sus páginas también se refirió a lo siguiente: la posible llegada de lo que llamó The Next Big One, un peligroso virus con la capacidad de poner el planeta totalmente al revés. Lo describió con tal precisión que hoy, cuando lo estamos viviendo en tiempo presente, no deja de causar asombro. Y Quammen agregó: “Cuando dejemos de preocuparnos por ese brote, tendremos que preocuparnos por el siguiente. O hacer algo para cambiar las circunstancias actuales. (...) Zoonosis es una palabra del futuro destinada a usarse mucho en el siglo XXI”.

Va a cumplirse un año desde cuando oímos las primeras noticias del nuevo coronavirus. ¿Qué lo ha sorprendido más del desarrollo de la pandemia?

Cuando escuché en enero que un nuevo coronavirus estaba infectando a personas en Wuhan, supe de inmediato que había un grave peligro de pandemia. Los coronavirus habían ocupado un lugar destacado en la lista de vigilancia de posibles virus pandémicos, para cualquiera que hubiera prestado atención a la ciencia durante los últimos quince años. Que el virus probablemente tuviera su origen último en un murciélago, también era predecible. Lo que más me sorprendió, a medida que se desarrolló la pandemia, fue lo poco preparados y dispuestos que estaban algunos líderes políticos para hacerle frente. El menos preparado para afrontar la situación fue Donald Trump, por lo que Estados Unidos se convirtió en líder mundial de casos y muertes. También me llamó la atención lo duro que se vio afectado el norte de Italia. Y que las grandes ciudades de África Central, como Kinshasa, Libreville y Brazzaville, no hayan sido impactadas en absoluto. Estas diferencias de patrón deben explicarse mediante la epidemiología y la investigación molecular.

(De su interés: Las huellas que dejan las rocas).

En su libro recorre varios de los casos más importantes de enfermedades zoonóticas. ¿Sigue pensando que este nuevo coronavirus tuvo el origen que se ha informado? ¿O cree que el Sars-CoV-2 pudo haber estado entre nosotros desde mucho antes y no surgió en el mercado de Wuhan?

Ahora está claro que el virus probablemente no se propagó a los humanos en el mercado mayorista de Wuhan, como se informó en un primer momento. Parece que el virus llegó a ese mercado en un ser humano. Probablemente estuvo circulando en la ciudad por lo menos durante el mes de noviembre del año pasado. ¿Cuánto tiempo antes también? Eso no lo sabemos, pero probablemente provino de un murciélago en algún lugar del sur de China, penetró en humanos, se transmitió de manera discreta y luego desencadenó su primer brote notable en Wuhan.

Ha hablado de la coexistencia de factores que pueden influir en la aparición de nuevas pandemias. ¿Cuáles son esas condiciones que nos están llevando a vivir este riesgo?

La causa última de estos derrames o desbordamientos que traen nuevos virus a los humanos es la interacción humana disruptiva con la vida silvestre, especialmente en los ecosistemas altamente diversos, donde existen tantas especies de animales, todos portadores de virus únicos. Cuando perturbamos esos ecosistemas, para extraer recursos, nos exponemos a ellos. Pero no todos los efectos generados por esto se convierten en un gran brote, una epidemia o una pandemia. Lo que permite que un nuevo virus se propague ampliamente es el hecho de que vivimos en concentraciones densas y viajamos constantemente. El tamaño de la población humana y el consumo impulsan todo este ciclo. Y es importante recordar que el problema no es solo el tamaño de la población: hay familias en el África rural, con ocho hijos, que consumen menos que una familia en los Estados Unidos, o quizás que una familia en Bogotá con solo dos hijos. La población multiplicada por el consumo produce un impacto en el mundo natural. Y ese impacto provoca nuevos virus.

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Los humanos nos enfrentamos a tres grandes problemas, creados por nosotros mismos: el cambio climático, la amenaza de una nueva pandemia y la pérdida de la diversidad biológica

La humanidad ha conocido en el pasado otras pandemias, como la generada por la llamada gripe española. ¿Qué características particulares ve en este nuevo virus en relación con otras epidemias y pandemias que ha estudiado?

El virus que causa el covid-19, que es conocido con precisión como Sars-CoV-2, es especialmente nefasto, sutil y peligroso por varias razones: se transmite muy fácilmente de persona a persona, la transmisión puede ocurrir de una persona infectada incluso antes de que esa persona sienta los síntomas, se transmite a menudo a partir de eventos de superpropagación, en los que una persona infecta a muchas otras. Además, tiene una tasa de letalidad significativa, aunque relativamente baja. Esta tasa de mortalidad baja (alrededor del uno por ciento) ha permitido que líderes políticos idiotas, como Donald Trump, se nieguen a tomar el virus en serio, mientras que su gran transmisibilidad le permite infectar a millones y matar a cientos de miles en un solo país. Al final, este virus puede matar a tantas personas como la gripe de 1918 (no la llamo ‘española’), es decir, cincuenta millones de personas o más. Porque fácilmente podría infectar a cinco mil millones de personas en los próximos años, y si mata al uno por ciento, eso son cincuenta millones de personas.

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Es interesante cómo en su libro muestra la lucha contra otros virus de características distintas y frente a los cuales la humanidad ha logrado ganar la partida, como con la viruela…
La viruela era un virus peligroso y letal que había estado en los seres humanos durante mucho tiempo, tanto que había evolucionado hasta convertirse en un virus exclusivamente humano, aunque su antepasado pudo haber llegado originalmente a partir del ganado. Debido a que era solo humano, pudimos erradicarlo mediante una vacuna y medidas de salud pública. No había peligro de que simplemente se extendiera nuevamente desde su huésped animal, ya que no había ninguno. Los virus más problemáticos son precisamente los zoonóticos, los que se propagan a los humanos desde los animales. Porque estos nunca podrán ser definitivamente erradicados de los humanos, a menos que también lo sean de sus huéspedes
animales.

Usted le dedicó al ébola un libro completo. ¿Cómo entiende lo que ese virus ha generado, en relación con lo que vivimos hoy con el nuevo coronavirus?
El ébola es un virus infame (en realidad, es un grupo de seis virus, de los cuales el más letal, para ser más precisos, se llama virus del ébola de Zaire) y es terrible para las personas a las que infecta. En su mayoría, sus víctimas han sido personas africanas, de aldeas remotas. En el 2014, afectó las aldeas y las principales ciudades de tres países de África Occidental, donde la guerra civil y la pobreza habían dejado un gobierno disfuncional y muchas personas sin acceso a una atención médica decente. Pero el ébola no es tan transmisible como un coronavirus. Incluso durante la terrible epidemia ese año en Guinea, Sierra Leona y Liberia, estaba claro para los que estudiamos los virus que este no era un evento que pudiera producir una pandemia mundial. Incluso en ese momento pudimos decir: esto es terrible para África Occidental, pero para el mundo los coronavirus y las influenzas son un riesgo mayor.

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David Quammen

David Quammen es autor de otros libros como' Ébola', 'El árbol enmarañado' y 'El remiso Mr. Darwin'.

Foto:

© Lynn Donaldson

Hay unos animales que son citados en varias ocasiones en sus textos: los murciélagos. Dos preguntas al respecto: ¿qué tanto deberíamos temerles?, y ¿qué caracteriza su sistema inmunológico, que hace que puedan ser portadores de virus peligrosos y no enfermarse?
Los murciélagos son un grupo muy diverso de animales maravillosos e importantes. Aproximadamente hay mil cuatrocientas especies de ellos, que realizan funciones valiosas en muchos ecosistemas. Su diversidad, y quizás también su inusual sistema inmunológico, les da una representación relativamente alta como huéspedes de nuevos virus que podrían poner en peligro a los humanos. Sus sistemas inmunológicos parecen haber evolucionado para ser más tolerantes a los agentes infecciosos, como los virus. ¿Por qué? Posiblemente debido al estrés fisiológico de ser los únicos mamíferos verdaderamente voladores del mundo. ¿Cómo debemos afrontar el hecho de que los murciélagos son portadores de muchos virus? La respuesta es simple: debemos dejarlos en paz para que vivan sus vidas y realicen sus servicios en los ecosistemas sin ser perturbados por los humanos. Molestarlos les da a sus virus la oportunidad de convertirse en nuestros virus. Si mantenemos la distancia, esos virus no tendrán esa oportunidad y continuarán viviendo discretamente en los murciélagos.

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El menos preparado para afrontar la pandemia fue Donald Trump, por lo que Estados Unidos se convirtió en líder mundial de casos y muertes

En Contagio, tanto usted como los investigadores con los que habló advirtieron sobre el riesgo de una posible pandemia que vendría de un virus. ¿Es la que estamos viviendo, o debemos esperar una peor?
Hace diez años, los investigadores de enfermedades y yo hablamos sobre lo que llamamos The Next Big One, una próxima pandemia grave. Los estudiosos en el tema me predijeron que sería causada por un nuevo virus, posiblemente un coronavirus, surgido de un animal salvaje, posiblemente un murciélago. Entonces: sí, este es ese evento. Este es el Big One que discutimos en ese momento. Pero esta no es la última amenaza de pandemia que enfrentaremos. Todavía podría llegar fácilmente otra Big One, en la medida en que continuemos aumentando nuestra población, aumentando nuestro consumo y nuestro impacto en el mundo natural.

Hay expertos que dicen que una futura pandemia podría venir de un virus surgido en el Amazonas. ¿Está de acuerdo?
En efecto, una pandemia futura podría ser causada por un nuevo virus que surja del Amazonas. ¿Por qué? Porque la Amazonia todavía es rica en diversidad biológica (aunque la estamos reduciendo a diario) y por lo tanto en virus desconocidos. Pero un futuro virus pandémico también podría surgir fácilmente de los bosques del Congo, o de Borneo, o del sudeste asiático, o del sur de México, o del noreste de Australia... de cualquier lugar con una rica diversidad biológica. También podría provenir del oeste de la India, o del suroeste de Estados Unidos, o de los altos Andes. De lo que se trata es de diversidad biológica y disrupción. Los seres humanos nos enfrentamos a tres grandes problemas en este planeta, todos creados por nosotros mismos: el cambio climático, la amenaza de una pandemia y la pérdida catastrófica de la diversidad biológica. La población multiplicada por el consumismo es la causa común de los tres. No podemos resolver ninguno de ellos sin la voluntad de limitar nuestro consumo y nuestra reproducción. También necesitamos la cooperación comunitaria y la voluntad política.

Precisamente, en un texto que usted escribió al inicio de esta crisis para el New York Times, habló de la necesidad de enfocarnos, a corto plazo, en tratar de controlar la pandemia, y a largo plazo, en reconocer que todos tenemos responsabilidad. ¿Cómo ve hasta ahora las medidas que se han tomado en el mundo para superar esta situación?
Algunos países lo han hecho bien en cuanto al control de la pandemia, una vez llegó a sus territorios. Hablo de Singapur, Taiwán, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Australia, Alemania (durante un tiempo) y China. El desempeño de China fue malo en los primeros días, sobre todo en Wuhan, debido a las malas decisiones del gobierno local y la falta de transparencia. Pero desde entonces sus medidas draconianas han sido muy efectivas. El trabajo en otros países va desde confuso y desafortunado, malo e inepto, hasta horrible. En el extremo más alejado de lo horrible se encuentra Estados Unidos, gracias al orgullo estadounidense por el ‘individualismo rudo’ que se niega a valorar la salud comunitaria por encima de la conveniencia personal, y a la ineptitud egoísta e ignorante de Trump. Corea del Sur lo ha hecho mucho mejor, aunque no libre de contratiempos. Quiero ir allí, cuando las restricciones de viaje lo permitan, y aprender qué hicieron bien. También tengo muchas ganas de volver a Italia para saber qué hizo bien, qué hizo mal y hasta qué punto el norte de este país tuvo mala suerte.

¿Qué opina de la forma como se ha abordado la pandemia en los países de América Latina?
Brasil: terrible, debido al mismo tipo de liderazgo beligerante y tonto que tenemos en Estados Unidos. Colombia: sé que el país se ha visto muy afectado, a pesar de un largo bloqueo, y que ahora hay un resurgimiento. Creo que esto revela la extrema dificultad de controlar este virus en cualquier país robusto, con ciudades abarrotadas, un campo disperso y diverso y fuertes tradiciones de libertad individual. México, Perú y Argentina también la han tenido muy difícil.

(Puede leer: Un recorrido por la melancolía).

Con más de cien iniciativas en marcha, adelantadas por brillantes científicos en el mundo, espero
que tengamos varias vacunas disponibles el próximo año

En muchos países ha sido evidente cómo la política, o mejor, los políticos, se han convertido en protagonistas y en muchos casos están definiendo las medidas contra el virus teniendo en cuenta asuntos electorales. ¿Qué piensa de esto?
La mezcla de una emergencia pandémica con una elección nacional, hablando en particular de lo que hemos vivido en Estados Unidos, ha sido desastrosa. Ha costado decenas de miles, incluso pueden ser cientos de miles, de vidas que no se habrían perdido si se hubiera establecido una buena preparación para una pandemia y se hubiera implementado un plan nacional coordinado de reacción. En China, la situación ha sido la contraria: las libertades civiles y la acción del gobierno se equilibran de manera muy diferente allí.

Mirando a lo que viene: ¿qué tan posible ve la llegada de una vacuna en poco tiempo, además de efectiva?
Con más de cien iniciativas distintas de vacunas en marcha, adelantadas por brillantes científicos de todo el mundo, espero que tengamos varias vacunas disponibles el próximo año. El desafío será superar años de mal liderazgo y falta de respeto por la ciencia, teorizaciones de conspiración, paranoia sobre la intrusión del gobierno en la vida privada, para persuadir a las personas de que se vacunen y se la pongan también a sus hijos. No hay vacuna contra la ignorancia y el miedo humanos, excepto la paciencia, la educación y la democracia bien informada y tranquila.
Usted ha escrito también sobre el virus del sida, incluso dice que hubo muchos casos de infecciones por este virus antes de conocerse mundialmente sobre todo en los años ochenta. ¿Por qué cree que en este caso la vacuna ha sido tan esquiva?
Sí, el virus del sida (el grupo M del VIH-1 es la cepa pandémica) se propagó a un solo humano, de un solo chimpancé, en 1908 (más o menos, con margen de error), probablemente en el sureste de Camerún. De allí se transmitió lentamente de una persona a otra, quizá adaptándose para una mejor transmisión, quizá ayudándose en la transmisión por el uso imprudente de agujas hipodérmicas recicladas, hasta que finalmente salió del Congo y explotó en todo el mundo en la década de los ochenta del siglo pasado. Los detalles de esto están en un libro corto que escribí, El chimpancé y el río, cuyo contenido esencial está incluido en Contagio. Y la razón por la que una vacuna contra el sida ha sido inalcanzable es porque el virus evoluciona muy rápidamente dentro de cada víctima individual.

(Siga leyendo: Lo que nos dicen los astros).

Cuando empezó esta pandemia usted estaba escribiendo un libro sobre el cáncer, y lo detuvo para dedicarse a hacer uno sobre este nuevo coronavirus. ¿De qué se trata la investigación sobre el cáncer?
Sí, en febrero estuve en Tasmania, investigando una parte para un libro sobre el cáncer como fenómeno evolutivo, que incluye el extraño hecho de que a veces un cáncer evoluciona para volverse transmisible de un individuo a otro. Cáncer contagioso. Eso ha sucedido entre el demonio de Tasmania, un carnívoro marsupial pequeño y muy belicoso. Es una situación extraordinaria que arroja luz sobre otros aspectos más familiares del cáncer, como la capacidad de un tumor para enviar células a otras partes del cuerpo de una persona, lo que se conoce como metástasis. Da un paso hacia delante de la metástasis, hasta el extremo, y entonces se tiene un cáncer contagioso. Estas son partes de un libro para el que estaba investigando, en efecto, y que eventualmente escribiré. Pero en marzo, mi casa editorial estadounidense, Simon & Schuster, con la que acordé escribir ese libro, me pidió que lo dejara a un lado por ahora y escribiera uno sobre el covid-19. Así que actualmente estoy investigando para este libro. Hay grandes desafíos al hacer en este momento un libro sobre ese tema porque la historia aún se está desarrollando, viajar es casi imposible hoy en día y, además, habrá cientos de otros libros que hablen de lo mismo. Son retos interesantes. Trataré de superarlos y producir un libro único.


MARÍA PAULINA ORTIZ

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