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Ursula K. Le Guin y el poder de imaginar dragones
Ursula Le Guin

Le Guin dejó una vasta obra de novelas y cuentos en los que reinó el género de ciencia ficción.

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Getty Images

Ursula K. Le Guin y el poder de imaginar dragones

Le Guin dejó una vasta obra de novelas y cuentos en los que reinó el género de ciencia ficción.

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Contar es escuchar reúne los ensayos de la escritora estadounidense. Una defensa de la imaginación. 

Ursula K. Le Guin fue una hechicera. Una hacedora de mundos que llegó a ser reconocida como una de las escritoras más importantes de ciencia ficción. Sus novelas Los desposeídos o La mano izquierda de la oscuridad —ahora reeditadas por la editorial Minotauro— no sólo son clásicos de dicho género, lo son de la literatura universal. Pero su obra va más allá. Le Guin también fue poeta y ensayista destacada. Esta última, tal vez, fue la faceta de la que menos le gustaba hablar y la que más le costaba escribir. Sus ensayos fueron una defensa de la fantasía, de la libertad y, sobre todo, de la imaginación. Era tal la importancia que le daba a esta última que afirmaba que: “[…] la imaginación es la herramienta singular más útil que posee la humanidad. Deja atrás al pulgar oponible. Puedo imaginar una vida sin mis pulgares, pero no sin mi imaginación”. Y sí, podemos pensar en una Ursula sin pulgares, pero no sin sus historias y sus ideas, que serán de las que hablaremos aquí.

El libro Contar es escuchar, publicado por la editorial Círculo de Tiza, es una selección de los ensayos escritos por Le Guin a lo largo de su vida. Entre ellos encontramos una defensa del Señor de los anillos —aunque ¿hoy habría alguien capaz de contradecir el valor literario de los libros de Tolkien?—, un análisis sobre el ritmo —esa quimera a veces inalcanzable— en los libros de Virginia Woolf, o una reflexión sobre la famosa Antología de literatura fantástica de Jorge Luis Borges, donde declara su admiración por el argentino y sus cómplices: Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares. También encontramos textos sobre Mark Twain, Cordwainer Smith —un olvidado escritor de ciencia ficción— o la enigmática Sylvia Townsend Warner, otra escritora que el “canon” se ha resistido a recordar.

Sin embargo, los textos sobre sus lecturas son algo más que una simple opinión, son una inmersión en los mundos que dichos autores se propusieron construir. Si bien Le Guin se adentra en la carpintería de alguna de estas autoras lo más revelador de es la interpretación que ella les da a sus obras. Por ejemplo, al hablar de Borges dice: «Sus cuentos y sus poemas, sus imágenes de reflejos, bibliotecas, laberintos, senderos que se bifurcan, sus libros de tigres, ríos, arena, misterios, cambios, son honrados en todas partes porque son hermosos, porque nos nutren y porque cumplen con la más antigua y urgente función de las palabras (incluso como lo hacen el I Ching y el Oxford English Dictionary: inspirarnos)».

Este libro de Le Guin es publicado por la editorial Círculo de Tiza.

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Archivo particular

Pero más allá de ser reseñas, elogios o críticas estos textos abogan por volver a entender la lectura como un espacio de liberación y de conocimiento: «Leer no es tan pasivo como oír o ver. Es un acto: lo hacemos. Leemos a nuestro propio ritmo, a nuestra propia velocidad, no de acuerdo con la corriente incesante, incoherente, confusa y chillona de los medios de comunicación. Asimilamos lo que podemos y queremos asimilar, no lo que nos echan encima deprisa y con tal ímpetu y volumen que acabamos apabullados. […] Y aunque por lo general leemos en soledad, entramos en comunión con otras mentes», dice Le Guin.

Por eso no es casualidad que también encontremos un ensayo en esta complicación donde Ursula define a la bibliotecas como lugares sagrados para las comunidades, en gran medida por ser accesibles y públicas; «un lugar para todos» sin distinciones. Es allí donde la lectura puede darse y no sólo en el sentido funcional, sino también en el sentido de crear comunidades. Además de ser lugares de libertad, dice Le Guin, lo son de felicidad y por ende: «Esa felicidad no debe venderse. No debe “privatizarse”, convertirse en un privilegio más de los privilegiados. Una biblioteca pública es un fondo público. Y con esa libertad no debe transigirse».

Y en todo esto: ¿dónde están los dragones? En cada página. Asoman la cabeza en cada párrafo y vuelan entre cada idea. Sin embargo, esto no responde al porqué Le Guin dice que les tememos. La última parte del libro trata de explicar este miedo a través de una reflexión sobre el arte de escribir. Aquí cualquier lector que haya sentido el impulso de contar una historia en un texto encontrará una clase increíble de creación literaria. Le Guin enseña cómo darle vida a un personaje, cuenta de dónde pueden venir las historias, habla sobre qué es escribir desde un cuerpo viejo y sobre esa idea recurrente en Contar es escuchar: la idea de que quien escribe y lee es libre.

Porque no es un simple taller de escritura lo que hay aquí, de hecho la colección de ensayos incluye un texto sobre los talleres de escritura. Más que herramientas fáciles o métodos para crear «superventas» Le Guin enfrenta a los aspirantes a escritores, con humor y un poco de maldad, al miedo a la página en blanco: «Pues bien, el secreto de la escritura está en escribir. Solo es un secreto para quienes no quieren oírlo. Se es escritor escribiendo».

Escribir es un acto de resistencia, un acto político, no por nada Le Guin dice que respeta «las comas mucho más que a los congresistas».

De paso no deja de criticar esa falsa idea que corre en la sociedad frente a la glorificación del escritor y su nuevo papel de superestrella, tanto que dedica unas buenas palabras a algunos «referentes» del mundo literario: «Papá Hemingway dijo que los escritores escriben por dinero y papá Freud, que los artistas trabajan para conseguir fama, dinero y el amor de las mujeres. Voy a saltarme el amor de las mujeres, aunque sería mucho más divertido hablar de ese asunto. Fama y dinero: éxito y poder. Si estás de acuerdo con los papás, existen muchos talleres diseñados a tu medida; pero este no es un ensayo escrito a tu medida. En mi opinión, los dos papás hablan por hablar. No creo que los escritores escriban para obtener fama o dinero, aunque ambas cosas les encantan cuando pueden conseguirlas. Los escritores escriben “para” nada, ni siquiera por amor al arte. Escriben».

Y no solo habla sobre la parte inventiva, también hace un llamado a no olvidar que quien escribe, de una u otra forma, también tiene una responsabilidad frente aquello que crea. Porque escribir es una forma más de habitar el mundo. Es un camino ideal para entender mejor al otro, para comprender el dolor y las experiencias que nos serán ajenas a lo largo de la vida, experiencias que ni la «realidad» nos brindará: «No conoceremos nuestra propia injusticia si no podemos imaginar la justicia. No seremos libres si no imaginamos la libertad. No podemos exigir que alguien intente alcanzar la justicia y la libertad si no ha tenido la oportunidad de imaginar que se pueden alcanzar».

Escribir es un acto de resistencia, un acto político, no por nada Le Guin dice que respeta «las comas mucho más que a los congresistas». Puede ser que por esto le temamos, o más bien, nos indujeran a temerles a los dragones, a la fantasía y a la imaginación. Porque los dragones son libertad, son la capacidad de transformar la realidad. De ahí que la escritura, contar historias o los libros sean peligrosos para algunos, de ahí que Ursula K. Le Guin nos quiera hacer ver el poder que hay detrás de ellos, el poder que confiere imaginar dragones.

DIEGO FELIPE GONZÁLEZ GÓMEZ

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